Opinión
Por: José Félix Lafaurie Rivera.- Los escuderos de Santos, sin embargo, pretenden convertir en acto de dignidad presidencial su silencio frente a las investigaciones por el ingreso de dineros de Odebrecht y Cemex a su campaña reeleccionista, mientras él acumula honores y lanza consignas de moderación, extrañas frente a la intolerancia de su gobierno, que convirtió a medio país en “enemigo de la paz” y persiguió a sus opositores. ¡Sé por qué lo digo!
Su secretario de “Transparencia”, el señor Cifuentes, hoy dedicado a cubrir con un manto de opacidad cualquier intento de investigar a “my president”, justifica el sospechoso silencio de su exjefe, afirmando que “hace bien en no descender al lodazal a donde lo quieren meter”, lodazal –habría que recordarle–, que el mismo Santos rellenó con mermelada durante ocho años.
La defensa de Santos recusó al parlamentario Ferro, del Centro Democrático, a cargo de la investigación en la Cámara, por su “odio evidente”, y Cifuentes se copia titulando como “Los odios a Santos” su obsecuente columna en la revista Semana, como si las diferencias políticas fueran sinónimo de enemistad personal. Lo que pretende es evitar un juicio a toda costa o, en caso contrario, ser juzgado por sus amigos.
Las evidencias y testimonios son abrumadores. Sanmiguel confesó que le consignaron 3.850 millones; que su empresa –Gistic– soportó con un contrato para una obra de la Ruta del Sol II que no existió. Confesó que su socio, Portilla, lo urgió para entregar el dinero a Moreno y que esa plata era para la reelección de Santos.
Portilla creó una empresita en 2010 y la liquidó en 2014, después de recibir 18 contratos públicos e incumplir varios con Findeter, entidad que nunca lo demandó, gerenciada por un amigo de Roberto Prieto, quien, por esa entrañable amistad, recibió contratos de publicidad para su empresa por más de 3.800 millones durante el “gobierno de la transparencia”. Yo te doy, tú me das, todos nos damos.
Todo eso ya era escandaloso cuando explotó la “bomba Cemex”, por cuenta del señor Ramírez, vicepresidente de esa empresa y, hoy, testigo protegido en Estados Unidos.
En 2012, recién posesionado Germán Vargas como ministro de Vivienda, Cemex tuvo el repentino impulso de meterse a constructor, y a poco de anunciarlo ya tenía en el bolsillo contratos para 5.338 casas por 229 mil millones de pesos; negocio que redondea en 2014, siendo ministro Luis Felipe Henao, con otras 4.930 por más de 200 mil millones.
Es entonces cuando, antes de la segunda vuelta, la empresa, según relata Ramírez, decide repartir ¡un millón de dólares! –2.100 millones de pesos– entre los partidos de La U, Cambio Radical y el Liberal, de a 700 millones cada uno. ¡Oportuna generosidad! Cuando se destapa el entuerto, Henao, escudero de turno, afirma que “Las donaciones fueron por encima de la mesa”, que estaban acordes con la ley –puede ser– y que desconocía cualquier “motivación política”. Ni él se lo cree. Yo te doy, tú me das…
Y mientras sus segundos le limpian el camino, Santos calla y se viste de “líder mundial”, de Nobel, de honoris causa y defensor de la legalización de las drogas –¡Umm! –, pretendiendo esconderse bajo ese “prestigio internacional”. Calla porque, frente a los hechos, poco tiene que decir. Calla y…, entre más calla, más otorga.
Nota bene 1. Como si poco fuera, después de la victoria, Impregilo cuadró la caja de la reelección 2014 con otros 1.400 milloncitos.
Nota bene 2. Santos y los suyos lograron el relevo en la Comisión de Acusaciones para engavetar la tan temida investigación. Vamos camino a reeditar el sainete Mogollón/Samper.
Bogotá, D. C, 02 de Agosto 2019
*Presidente de Fedegan
@jflafaurie
Por: Mons. Ismael Rueda Sierra*.- El siete de agosto se conmemoran los 200 años de la Batalla de Boyacá, según la historia, fecha de culminación del proceso de emancipación de Colombia del imperio español e inicio de su vida como nación soberana. Por tal razón en este tiempo se realizan diversos actos conmemorativos. Pero igualmente, es una ocasión para discernir lo que ha significado para la vida de los ciudadanos y para la configuración de la identidad de nuestra patria, estas dos centurias de historia. Luces y sombras, como en todos los eventos humanos, se pueden descubrir y su reconocimiento honesto y objetivo, como también crítico, debe ayudarnos en esta hora, a interpretar lo que pudiéramos llamar “indicadores de logro” o de “frustración” en el camino recorrido.
Por definición, poder vivir en libertad, con autodeterminación, es un valor, sobre todo si se reconocía entonces, el menoscabo a la dignidad humana y al real bien común y equidad de los habitantes originarios de Colombia, condición de la que se querían liberar, para sembrar un orden nuevo, un proyecto de Nación y de Estado justo para todos. Pero el valor de la libertad, si no va acompañado de la justicia, la equidad y solidaridad y del propósito genuino y trasparente para construir la paz, queda trunco. Es lo que continúa como agenda retrasada en los intentos de darle la condición estable y sostenible a la construcción de un nuevo país.
El Papa Francisco con su Encíclica programática “La Alegría del Evangelio” (Evangelli Gaudium”), nos puede ayudar indudablemente en el discernimiento sobre la patria real de hoy que compartimos, aplicando los cuatro criterios o principios que identifica en la búsqueda del bien común y la paz social, “para avanzar en la construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad” (221) a saber:
“El tiempo es superior al espacio”, lo cual nos permite reconocer las tensiones coyunturales del momento presente pero sin perder el horizonte futuro para realizar el proyecto de nación que deseamos; ojalá las polarizaciones, por ejemplo, puedan ceder sensatamente, para caminar hacia la unidad deseada por todos, que no es uniformidad. Y aquí se enlaza el segundo principio: “la unidad prevalece sobre el conflicto”, lo cual significa, no ignorar el conflicto, pues debe ser asumido, sin dejarnos atrapar por él, como pareciera que está sucediendo actualmente en nuestro país, sino “aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso” (227). La tercera dimensión es “la realidad es más importante que la idea”; la realidad es, la idea se elabora, pero debe haber un diálogo constante entre las dos, de lo contrario se puede caer en idealismo que ocultar la realidad.
Es muy frecuente escuchar discursos y programas políticos elaborados sin compromiso con la situación concreta de nuestro pueblo. Y finalmente, el cuarto criterio “el todo es superior a la parte”. Se produce una tensión entre lo global y lo local. Es necesario mirar el bosque para encontrar el árbol; pero es preciso también reconocer que el árbol forma parte del bosque juntamente con otros árboles. Gran tarea construir una Colombia con autenticidad, identidad propia e independencia pero sin desconocer las condiciones y la trama de la compleja marea de un mundo globalizado. Pidamos a nuestro Dios y Padre que podamos construir un país en reconciliación, unidad y paz. Con mi fraterno saludo.
Bogotá, D. C, 3 de julio de 2019
* Arzobispo de Bucaramanga
Por Gabriel Ortiz.- Egan es un joven que almacena grandes cualidades y virtudes. Podría convertirse en el ejemplo que Colombia busca afanosamente, para salvar esta patria tan convulsionada, tan corrupta, tan destrozada por acción de políticos que impulsados por el odio, han sembrado, abonan y cultivan la polarización que divide familias, amistades y comunidades.
Egan sudó y entregó todas sus energías en las carreteras francesas, para que nuestros tres colores brillaran y, que el primero de ellos, -el amarillo- se convirtiera en la camiseta que lo llenó de gloria. Aún a él y a muchos colombianos nos cuesta creer, asimilar y disfrutar semejante conquista, porque estilamos ese odio con el que muchos líderes impregnan nuestros corazones, sin que sepamos por qué.
Este muchacho, debe servirnos de guía para salir del marasmo, la inconsciencia y la atonía que nos dominan.
Sus profesores y mecenas Rodríguez, Mazuera y Savio, fortalecieron su carácter, sus principios hogareños y su inteligencia. Quiso ser periodista, pero el alto costo de la carrera, lo alejó de esa vocación y lo montó y aferró a la bicicleta. Por fortuna no tuvo que entrevistar al enjambre de corruptos que deambulan por el Capitolio.
Su gran aptitud para dominar el ¨caballito de acero¨, lo empezó a consagrar en esas disciplinas y su fortaleza física e intelectual, forjaron en él, un hombre íntegro, disciplinado, generoso y consagrado, lleno de fama, triunfos, medallas y trofeos. Capítulo especial merece la suntuosidad con la que acarició a su abuelo, un agricultor que frisa los 70 años, al destinar su primer premio como rutero, en aporte para una casita con terreno para sus siembras.
Egan y los deportistas colombianos son gente humilde, emprendedora. Aman a su patria y se esfuerzan por darle brillo nacional e internacionalmente.
Egan, nació en Zipaquirá como el ¨zipa¨ Forero, los periodistas y escritores Germán y Gustavo Castro y otros personajes de altura. Allí estudió el Nobel Gabriel García Márquez, quien con gran sabiduría expresó que ¨para ser periodista, se debe ser buena persona¨.
Y nuestro héroe Egan, lleva en la sangre ese lema, no como el periodista que no fue, pero si como persona. Lo dicen sus tres formadores Rodriguez, Mazuela y Savio: ¨ante todo es una buena persona¨.
Y ese símbolo es el que necesita Colombia en estos terribles momentos en los que la polarización nos envenena, nos envilece, nos desorienta y nos corrompe.
Tenemos, desde luego, muchas buenas personas y muchos prohombres que pueden formar un frente común con Egan Bernal, para que podamos salir de la encrucijada en que nos encontramos. Rigo y Nairo, son del mismo talante y también le dieron un triunfo a nuestra patria en Francia.
Lástima grande que la Cruz de Boyacá haya caído tan bajo en el pecho de Macías, pero Egan puede recuperar el valor que debe alcanzar este galardón. Son muchos los compatriotas buenas personas para recuperar la Cruz y la Patria.
BLANCO: Muy productivo el viaje del Presidente Duque a China.
NEGRO: ¿Saben los colombianos en donde está Andrés Felipe Árias en estos momentos?
Bogotá, D. C, 1 de agosto de 2019
*Exdirector del Noticiero Nacional
Por Lorena Rubiano.- He crecido cerca de las vías y por eso sé que la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren. Fito Cabrales.
“Abandonar los rieles trajo atraso industrial”
Definitivamente Colombia es un país al que el Creador dotó de grandes riquezas, humanas y físicas y que, a pesar de nuestros dirigentes, muchos de mente corta y de poca visión, sigue sobreviviendo y progresando.
Haber acabado con uno de los mejores medios de transporte como es el tren, fue un error garrafal, incomprensible y de graves consecuencias para nuestro desarrollo.
Además, acabaron con la alegría de los viajeros de este medio de transporte, con la inspiración de los poetas y compositores musicales y con una forma de económica de llevar nuestros productos al exterior.
Pero es necesario también señalar que ni siquiera nuestros ríos, que muchos países del mundo envidian, son utilizados para movilizar carga y pasajeros, para el turismo y la recreación, solo los utilizamos para descargar las aguas negras y contaminadas.
Recuerdo haber visto películas, cortometrajes y de escuchar historias, en que muchos enamorados, o viajeros de a pie, hacían grandes recorridos por la fría carrilera, para llegar a sus destinos, mientras que a su lado pasaba raudo el tren con su resonante pito y dejando su estela de humo, como señal de su paso.
Triste historia, pensar que el país, tuvo más de 4.000 kilómetros de ferrocarril, 20 ferrocarriles funcionando, creados y operadas entre 1851 y 1991. En 1825 hasta 1850 operó el primer tren entre Panamá y Colón, cuando aún hacían parte de Colombia.
Ese medio de transporte nos trajo el desarrollo, comunicó nuestras principales ciudades, unió capitales como Cali y Medellín, puertos como Buenaventura y Santa Marta, beneficiando al sector cafetero, cementero, textil, metalúrgico, ensambladoras de carros y al sector exportador de caucho y cuero entre otros.
El tren nos dejó cerca de 600 históricas y hermosas edificaciones entre estaciones, como la de Chipichape en Cali, bodegas y almacenes en todo el país, llevando progreso en todas las poblaciones de su recorrido.
El ingeniero Luis Guillermo Gómez, exgerente de los Ferrocarriles Nacionales en Antioquia, dijo en su momento que “el precio que paga Colombia por abandonar sus rieles representa un retraso industrial de casi 50 años”.
Ahora se anuncia la reactivación del corredor férreo Bogotá – Belencito, buscando impulsar el comercio y el turismo en la región”, sostuvo el gobernador de Boyacá, Carlos Amaya.
Sera el tren Bicentenario con el que se reactivará el corredor férreo y la ministra de Transporte, Ángela María Orozco, hizo un recorrido en el tren Bicentenario con el que esperamos se reactivará este medio de transporte en todo el país.
El desafío es grande, el ferrocarril, necesita voluntad política para asignar inversiones para reactivar y modernizar sus líneas férreas, los expertos aseguran que hacerlo es el mejor camino para el desarrollo industrial.
Soñemos con el regreso mágico del tren en Colombia como cuando macondo era un pueblo visionario e innovador, después de 8 meses de retraso apareció Aureliano con el fantástico y ruidoso tren amarillo, que trajo el sorprendente mundo del hielo.
Bogotá, D. C, 1 de agosto de 2019
Por José G Hernández*.- Como lo mostraron las marchas de este 26 de julio en el país y fuera de él -al menos en 110 ciudades-, el pueblo colombiano se cansó de ser un simple espectador y quiere participar y hacer oír su voz. El pueblo rechaza la violencia, el crimen, el malévolo plan de exterminio de líderes sociales, defensores de Derechos Humanos, reclamantes de tierras, desmovilizados, servidores de la colectividad.
Muchas familias han perdido a sus seres queridos, y muchas comunidades a sus orientadores y guías, sin que se sepa cuáles son los verdaderos motivos del macabro proyecto, ni quién o quiénes lo han puesto en marcha. Según el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), sin contar los crímenes cometidos en junio y julio, entre el 1 de enero del 2016 y el 20 de mayo de 2019, fueron asesinados en territorio colombiano 837 líderes sociales y defensores de Derechos Humanos y desmovilizados de las Farc.
Una sola muerte provocada por un ser humano es de suyo grave, y debe ser investigada de inmediato. Pero la cifra en mención no solo es alarmante y estremecedora, sino que muestra, a la vez, la capacidad criminal de las malvadas organizaciones que planean y ejecutan los homicidios y la inconcebible incapacidad del Estado y de sus organismos competentes para poner freno al baño de sangre que nos conmociona internamente y nos avergüenza ante el mundo.
Como lo señala el artículo 2 de la Constitución, la primera y más importante finalidad de las autoridades consiste en proteger la vida e integridad, los derechos, creencias y libertades de todas las personas residentes en Colombia, sin ninguna clase de discriminación.
El derecho a la vida es sagrado. Es el primero y básico de todos los derechos. Nuestro sistema jurídico y el Derecho Internacional lo conciben como inviolable. Por eso, aquí no existe la pena de muerte. Pero sin embargo, en la práctica, la están decretando y aplicando –a ciencia y paciencia del Estado- organizaciones criminales que quieren “castigar el delito” de reclamar los derechos y buscar la paz.
La defensa de la vida debe ser un propósito nacional, y garantizarla es una obligación del Estado. Como lo decíamos en reciente columna radial, cada rama del poder público, cada órgano y cada funcionario, dentro de la órbita de sus atribuciones constitucionales y legales -Gobierno, Fiscalía, autoridades locales, jueces, organismos oficiales de inteligencia y seguridad, fuerza pública- , debe actuar de manera coordinada, con la colaboración de la ciudadanía, para prevenir los crímenes y para asegurar que los criminales -autores materiales y autores intelectuales- paguen por los que han cometido.
Que no sea una proclama, ni un discurso, ni una promesa de campaña, sino una verdadera política nacional, trazada y ejecutada con decisión y firmeza.
Bogotá, 31 de julio de 2019
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Jairo Gómez*.- No se trata de esos guiones cursis a los que nos tiene acostumbrado Hollywood en donde los sueños, de la noche a la mañana, se vuelven realidad, como por arte de magia; se trata de un guion ceñido a la realidad, de esos que tocan la fibra todos los días, que no da espera y cotidianamente golpea a tu puerta: el de superar la pobreza, las dificultades, el agobio económico y espiritual y, a partir de allí, escribir un libreto esperanzador que, con suerte, algún día se hará realidad.
Esa es la historia de Egan Bernal Gómez y su familia, y la de millones de colombianos. Son muchas las apuestas que a diario se hacen y pocas las que llegan felizmente a su fin, porque los proyectos son individuales no colectivos y porque las oportunidades son tan cortas que hacen que los triunfos sean escasos y las ilusiones perdidas.
Sin embargo hay hechos que de un momento a otro cambian la historia, y a partir de Egan esperamos que ello ocurra. Ganarse el Tour de Francia, como lo hizo Bernal, es abrirle una autopista al ciclismo colombiano, sendero que Nairo ya había señalado con sus triunfos en el Giro y la Vuelta España. No queremos emocionarnos para que esos éxitos, en lugar de volverse costumbre, sean efímeros, flor de un día.
El mensaje que nos envían los cuatro colombianos en esa postal en plena carrera -Henao, Nairo, Egan y Rigo- no sólo resume la importancia del ciclismo como deporte nacional, es también la narrativa de un país que parece lamentar que pese a la exclusión social y económica no se amilana y le apuesta a la gloria antes que jugársela por el dinero fácil derivado del narcotráfico y la corrupción. “La vida no consiste en encontrarte a ti mismo, consiste en crearte a ti mismo”, decía el polemista y dramaturgo George Barnard Shaw: esa parece ser la idea que ronda a estos cuatro titanes del ciclismo colombiano y mundial.
Tanto Egan como sus socios de carrera saben de qué están hechos: vienen de hogares humildes que lo sacrifican todo para llevarle alegría a un país que en muchos casos los abandona a su suerte. Eso es verdad; y a la vuelta de cada triunfo no faltan los mecenas de papel. Qué bofetada para esas instancias de poder que se cuelgan la medalla de un éxito del cual no hicieron parte.
Bien por Egan, por su aplomo personal a pesar de su corta edad -22 años-, por su elocuente humildad que expresa en pocas palabras. “Es un triunfo de Colombia. Nos merecíamos ganar el Tour hace muchos años”, lo dijo generosamente a sabiendas que el camino recorrido se lo debe a él mismo, a su dedicación, sacrificio y disciplina y, por qué no decirlo, a las virtudes innatas de un deportista fuera de serie.
Con Egan Nace una Estrella, una maravilla hecha realidad que derrotó a los mejores del ciclismo mundial; un ejemplo a seguir para las nuevas generaciones, pero también para los adultos: cada una de sus palabras es meditada y pensada; de sus labios sólo brotan humildad y reconocimiento para un país que él mismo, entre líneas, sabe que necesita de estos triunfos para desahogar sus frustraciones y desbloquear sus esperanzas.
Bogotá, D. C, 30 de julio de 2019
*Periodista y Anaista Político.
@jairotevi
Por Guillermo García Realpe* – Colombia marcho y más de un centenar de ciudades en el mundo también hicieron lo propio en solidaridad y respaldo con las familias de los líderes y lideresas sociales asesinados en nuestro país en estos últimos años.
Es un claro ejemplo de que nuestra sociedad hace mucho rato se cansó del exterminio sistemático de los grupos armados ilegales y de fuerzas oscuras que están callando la voz de nuestra gente, sobre todo, en la otra Colombia, sí, esa donde con mayor rigor se vivió el conflicto, donde están las mayores riquezas y donde el Estado ha llegado muy poco, por no decir que nada en inversión social.
Es el inconformismo de las multitudes, que al unísono alzaron la voz para gritar no más asesinatos de líderes y lideresas sociales, ¡basta ya!, toda vida es sagrada, necesitamos preservarlas, necesitamos blindarlas del accionar criminal y la marcha del pasado 26 de julio, es un claro ejemplo de respaldo para frenar entre todos este baño de sangre que enluta a Colombia.
Durante muchos años la sociedad parecía adormecida, indiferente y distante de esta cruel realidad, pero ante este exterminio que es evidente todos los días, se ha logrado despertar para dejar esa indiferencia y para decirle a los violentos que no queremos un solo asesinato más.
Las cifras son alarmantes, según la Defensoría del Pueblo, desde el 2016 van más de 482 asesinatos de líderes sociales, más de 1351 han sido amenazados y 44 más han sido víctima de atentados.
Responsabilidades fundamentales, por supuesto, en el Estado, en el gobierno, que da tantas declaraciones y avances en estos temas, pero mientras da las declaraciones hay asesinatos a lo largo y ancho del país.
Los anuncios, los comités o las estrategias puede que tengan una labor como para justificar un asesinato que se presenta a diario en Colombia, o muchas veces más, pero el país está exigiendo resultados, que se frene esa ola de violencia, esa ola de sangre contra los líderes sociales.
La intolerancia política es uno de los factores que atiza el exterminio contra los líderes y lideresas, porque desde Bogotá con tanta polarización que tenemos prácticamente influenciamos a los campesinos, y a la gente de la provincia, de la Colombia profunda a que tenga la misma confrontación, en Bogotá se disparan palabras, en la Colombia profunda se disparan balas, balas que matan, que enlutan a centenares de familias y que deja acéfalos, en la mayoría de los casos a humildes hogares en las regiones colombianas.
Los líderes y lideresas sociales no son personas de estratos altos, tampoco son personas acaudaladas, que vivan con todas las comodidades, son personas dedicadas a garantizar un bienestar colectivo a sus comunidades, hombres y mujeres que luchan a diario para alzar la voz en contra de las multinacionales que los acorrala en sus propios territorios, ciudadanos que defienden el medio ambiente, el recurso hídrico, que velan para que no sean vulnerados sus derechos humanos, son ellos quienes se oponen a la minería ilegal, al despojo de sus tierras y muchos de ellos, campesinos que defienden los procesos de erradicación voluntaria de los cultivos ilícitos, todos estás circunstancias son razones suficientes para que los violentos, empuñen sus armas contra ellos.
Estos son los verdaderos factores que ponen en riesgo la vida de nuestra gente en la provincia colombiana y no problemas o líos de faldas como lo quiso justificar en algún momento el Ministro de Defensa, para ocultar la incapacidad del Estado colombiano en frenar un problema que se agrandó y que no han podido minimizar.
Se creó el Programa de Atención Oportuna –PAO-, sin resultados puntuales, un chaleco antibalas o un celular con minutos no son la solución para contener esta triste realidad, se requiere de acciones concretas, de toda la fuerza del Estado y el respaldo institucional de generar políticas públicas eficientes, que permitan erradicar el narcotráfico de las regiones, apoyando a los campesinos en la transición a economías legales, se necesita promover y sustituir los cultivos ilícitos por una economía rentable con proyectos productivos que tengan precios justos, a invertir en infraestructura, en lo social, a defenderlos del dominio de las multinacionales, a erradicar y a combatir frontalmente a las bandas criminales y organizaciones armadas ilegales que ante el abandono estatal encuentran en estas zonas un caldo de cultivo para sostener sus negocios ilegales.
Necesitamos que la sociedad colombiana no baje la guardia y acompañe siempre a estos (as) valientes hombres y mujeres que todos los días luchan por una Colombia en Paz, en equidad y libre.
¡Qué vivan los líderes (as) sociales!
Pasto, 29 de julio de 2019
Senador de la República
@GGarciaRealpe
Por Amylkar D. Acosta M*.- El estancamiento de la economía se tradujo en un aumento de la tasa de desempleo, revirtió la tendencia de la última década, en el transcurso de la cual se logró reducir la pobreza monetaria desde el 42% hasta el 26.9% de la población total en 2017 y lo que es peor el coeficiente GINI, que mide el grado de concentración del ingreso, ya de por sí elevado, también empeoró. Como lo afirma la consultora McKinsey, “la lenta expansión de los empleos de mayor productividad y salarios más altos ha dejado a muchos vulnerables” y “siguen con un alto riesgo de volver a caer en la pobreza”. El aumento de la tasa de desempleo y la pobreza, así como la persistencia de la desigualdad son secuelas de la ralentización del crecimiento del PIB.
La mayor reducción de la pobreza se había logrado al amparo del largo ciclo de precios altos de los commodities entre 2010 y 2014, con -8.7 puntos porcentuales menos, luego, en el intervalo 2015 – 2017 se redujo -1.6 puntos porcentuales más, hasta tocar fondo para luego subir al 27% la tasa de desempleo monetaria. Este +0.1 puntos porcentuales significa el aumento en 190.000 personas que durante el último año se sumaron a los 13.8 millones de pobres que se registraron en 2017.
Es claro, como lo afirma ANIF, “que se mantiene una gran heterogeneidad en las cifras de pobreza a nivel nacional. El nivel de pobreza monetaria urbana estuvo cerca del 16% durante 2015-2018, pero los niveles de pobreza en las áreas rurales se mantuvieron en un alarmante 36.1% al cierre de 2018”. No obstante, entre las mismas ciudades se presentan diferencias abismales: mientras en Bogotá la pobreza monetaria se estabilizó alrededor del 12.4% en 2018, Cartagena registró un índice del 25.9%, más del doble (¡!). Asaz difícil le va a quedar al gobierno alcanzar las metas del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018 – 2022 de reducir la pobreza monetaria al 21% en promedio a nivel nacional y al 29% en el campo.
En cuanto al Índice de pobreza multidimensional (IPM), esta se había reducido de manera continua, pasando de 30.4% a 17.8% en 2016, pero en 2018 repuntó elevándose hasta el 19.6, para un incremento de 1.1 puntos porcentuales, el cual se tradujo en casi 1.1 millón de personas que volvieron a caer en la cuneta de la pobreza multidimensional en los últimos dos años, pasando el número de ellos de 8.5 millones a 9.6 millones. Cabe anotar que esta es la primera vez que aumenta el IPM desde que empezó a calcularse en 2010.
Existe, además, una brecha interregional que se pone de manifiesto cuando cotejamos las cifras de la pobreza entre unas y otras regiones, destacándose el hecho que según las más recientes cifras del DANE en más de la mitad de las regiones del país aumento el porcentaje de la población por debajo del umbral de la pobreza. Mientras en la región Caribe y la región Pacífica, por ejemplo, que siguen siendo las más rezagadas y en donde se concentra casi la mitad de los pobres del país, 4.1 millones (30%) en el Caribe y 2.4 millones (17%) en el Pacífico, la incidencia de la pobreza multidimensional pasó del 26.4% en 2016 al 33.5% en 2018 y del 33.2% al 33.3%, respectivamente, en Bogotá llegó a su punto más bajo con el 4.3%. Pero también se mantienen las brechas intrarregionales. En efecto, nuevamente, la pobreza multidimensional se ensaña sobre departamentos como La guajira con el 51.4% y el Chocó con el 45.1% y las zonas rurales del país, alcanzando el 39.9%.
Yo he sostenido que Colombia es el país de las desigualdades y no lo decimos a humo de paja, pues según la OCDE Colombia hoy por hoy es el país más desigual de Suramérica, el segundo en Latinoamérica después de Haití y el cuarto en el mundo (¡!). El coeficiente GINI (un número entre cero y uno, uno concentración absoluta) que venía bajando, aunque lentamente, desde 0.56 en el 2010 al 0.508 en 2017, lejos aún del nivel promedio observado en Latinoamérica (0.48), en 2018 subió a 0.517, uno de los peores registros de toda Latinoamérica. Y la explicación no es otra que una caída en los ingresos de los hogares más pobres en contraste con el aumento en los hogares de mayores ingresos. En este aspecto se presentan también grandes desequilibrios entre unos departamentos y otros, en donde varios de ellos se alejan del promedio nacional, es el caso del Chocó y La guajira que registran coeficientes GINI aún más alarmantes, de 0.579 y 0.552, respectivamente.
Este dato cobra mayor relevancia si tenemos en cuenta que el magro ingreso per cápita de Colombia sigue estancado cuando lo comparamos con otros países. Si nos remontamos a hace 100 años, el ingreso per cápita en Colombia era el 20% del de EEUU. 100 años después, sigue siendo igual. Creciendo al 4.5% anual Colombia duplicaría su ingreso per cápita en 20 años, mientras que al 2.8% actual tardaría 40 años. Por ello, no es de extrañar que, como lo sostiene el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes “Colombia tendría que esperar aproximadamente 475 años para cerrar la brecha entre nuestro ingreso por habitante y el de EEUU, si los dos países siguen creciendo al ritmo que lo hicieron en ese período (1980 – 2017)”. De allí que el reto es crecer más y mejor y para ello es fundamental replantear y repensar el modelo de desarrollo actual, con una apuesta seria y sostenida para diversificar la economía, las exportaciones y el destino de estas, con inclusión social. Como lo ha dicho y repetido la Secretaria ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena, la economía debe “crecer para igualar e igualar para crecer”, porque la desigualdad, además, frena el crecimiento. Esta debe ser la consigna!
El Socorro, julio 28 de 2019
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía
www.amylkaracosta.net
Por Juan Camilo Restrepo.-El “Álvaro, su vida y su siglo “de Juan Esteban Constaín es, ante todo, un libro muy bien escrito. En esta época en la que tanto se descuidan las formas es reconfortante encontrar un ensayo como éste, tan bien documentado y de factura impecable.
Hay que decirlo de entrada: contra lo que el título sugiere se trata de un ensayo sobre dos magníficas vidas paralelas como las hubiera querido Plutarco: la de Laureano Gómez y la de su hijo Álvaro.
El libro de Constaín cubre la vida política de Colombia de prácticamente todo el siglo XX, a través del hilo conductor de las biografías políticas del padre y del hijo. No es, pues, un ensayo solo sobre Álvaro; lo es también sobre Laureano. Y sobre las épocas de ambos.
Desde la primera hora -y no desde la última como a veces se cree- los Gómez lucharon contra el “Régimen”, aun cuando no lo llamaran así. Lucharon contra el Régimen durante el gobierno del señor Suárez, lucharon contra el Régimen en los años treinta (época de los gobiernos liberales que se inician con la caída del partido conservador y la elección de Enrique Olaya Herrera en 1930),lucharon contra el Régimen durante los años de la dictadura de Rojas que los exilió, lucharon contra el Régimen cuando de aclimatar la concordia nacional se trató al crear el Frente Nacional, y, finalmente, Álvaro luchó contra el Régimen en sus tres intentos para alcanzar la Presidencia y en la Asamblea Constituyente de 1991.
Fue en cierta manera la razón de ser de su lucha política, y éste a mí entender es uno de los principales méritos del libro de Constaín: demostrar cómo la lucha contra el Régimen no fue solo una fortuita frase de Gómez, sino algo mucho más profundo y consustancial en su larga vida política.
Ahora bien: ¿qué era entonces ese “Régimen” que tan bien describe Constaín a lo largo de su libro?
Era la corrupción, la mermelada, el desprecio de los principios, el pragmatismo amoral, el entender al Estado como una burda repartija burocrática, y la política como un ejercicio despreciable que se practica simplemente para apoderarse de la burocracia y repartirse a dentelladas el botín de la Hacienda Pública en beneficio de unos pocos.
Otra de las facetas de Ávaro Gómez que mejor describe Constaín en su libro es la parábola vital de alguien, así dijeran lo contrario sus contradictores, que buscó la paz en Colombia. A su estilo, claro; pero siempre estuvo empeñado en contribuir a aclimatar la paz en nuestro país.
A pesar de sus defectos el Frente Nacional fue un gran tratado de paz. En alguna parte del libro se dice que el Frente Nacional fue el mejor tratado de concordia que nos hemos dado los colombianos. Le puso fin a la violencia partidista que durante treinta años azotó y ensangrentó a Colombia. Y los dos Gómez, padre e hijo, fueron arquitectos y protagonistas principalísimos del Frente Nacional.
Y luego, por ejemplo, durante el gobierno de Belisario Betancur, Álvaro Gómez salió a defender con coraje los esfuerzos de paz con la guerrilla que en aquel entonces se ensayaron por Betancur, y que tan despiadados ataques recibieron por parte de algunos grupos políticos.
La similitud con la situación actual no deja de tener similitudes. Constaín cita por ejemplo un editorial del Siglo de 1987 en el que Álvaro Gómez dijo lo siguiente: “si los acuerdos son defectuosos, ¿por qué no han sido modificados? La verdad es que el actual gobierno se ha limitado a criticar la estrategia de paz de la anterior administración, la cual fue un esfuerzo arriesgado, valiente y costoso que los todos los colombianos en su momento apoyamos, y no han tenido las agallas para presentar otra distinta a la consideración del país”.
El asesinato, aún impune , de Álvaro Gómez el 2 de noviembre de 1995, le permite a Constaín cerrar su libro con esta frase certera y premonitoria a la vez, tomada del que escribió Álvaro Gómez luego de su secuestro ,“Soy Libre”: “Quizás no era un “bel morir”, como lo reclamaba Segismundo de Malatesta; pero en las circunstancias actuales del país y del mundo, una muerte así podía no ser un sacrificio inútil, sino la creación de un símbolo que convocara un movimiento de restauración”.
Bogotá, D. C, Julio 28, 2019
*Abogado y Economista, Exministro de Estado.
Por José Felix Lafaurie Rivera*.- Con su poderío comercial, hoy China puede transformar el sector rural colombiano. Acompañamos al presidente Duque en un viaje que, no lo dudo, será histórico para el sector. Para el caso de la carne de res, se alinean los astros para abrirle espacio en el comercio mundial y convertirla en el motor de la transformación de la ganadería nacional.
No es optimismo gratuito; existen factores estructurales que marcan ese rumbo. Mientras en 1980 la población mundial era de 4.449 millones de habitantes, en 2017 alcanzaba los 7.550 millones, con un crecimiento de 69%. En el mismo periodo el hato mundial pasó de 1.217 millones de cabezas a 1.492 millones, con un crecimiento de apenas 22%, menos de la tercera parte del poblacional. Hoy la producción mundial de carne es de 64 millones de toneladas, de las cuales solo 11 millones se comercializan. Más gente, menos carne.
A esa tendencia estructural se suma un factor coyuntural de enorme peso: La peste porcina que hoy azota al continente asiático y, particularmente, a China, con el mayor hato porcino del mundo -¡435 millones de cabezas!-, del que podría perder hasta la tercera parte, por lo cual los expertos vaticinan una “disparada” de las importaciones de carne de res.
Así pues, aunque suene a beneficio con desgracias ajenas, como cuando nuestras bonanzas por la roya o las heladas en Brasil, lo cierto es que el futuro de la carne de res está en China, no solo por su calamidad porcícola, sino por la potencialidad estructural de su economía.
El mercado chino suma 1.400 millones de personas, cinco veces más grande que el de Estados Unidos, tres que el de la Unión Europea y dos que toda América Latina.
El ingreso per cápita en China fue de 9.770 dólares para 2018, todavía modesto frente a los 62.927 de Estados Unidos, pero su crecimiento sostenido es extraordinario, pues en 1978, hace 40 años, apenas superaba 200 dólares por habitante. En esas cuatro décadas, 800 millones de personas han salido de la pobreza y el gobierno chino anuncia que, para 2030, el país habrá ingresado al exclusivo club de los “países de ingreso alto”. Hoy ya alberga a ¡la mitad! de la clase media del mundo.
En 2018, China le compró al mundo productos agropecuarios por 126.000 millones de dólares y a Colombia apenas 64,4 millones, equivalentes a -ríanse- el 0,05%.
En 2018, importó 1.039 millones de toneladas de carne de res, más de la mitad desde América Latina, y Colombia no aportó un solo kilo a ese volumen. Con la combinación de factores mencionada, en el corto plazo triplicará sus compras, superando el 25% del comercio mundial.
¿De dónde saldrá esa carne? Colombia ocupa una posición importante en la producción, con el hato número doce del mundo y alto potencial de crecimiento; y para alinear un astro más, la carne de res es el único commodity con tendencia sostenida de aumento de precio, desde 2.480 dólares por tonelada en 2006 a 4.714 -casi el doble- en 2019, gracias a lo cual nuestro precio es competitivo a nivel mundial.
No obstante, para aprovechar esa oportunidad, es urgente la recuperación del estatus sanitario, prevista para septiembre, gracias a los esfuerzos del Minagricultura, el ICA y FEDEGÁN.
De ahí la importancia del viaje a China del presidente Duque. Para el caso de la carne, si no nos subimos a ese tren de futuro, nos resignaremos una vez más a verlo pasar.
Nota bene: insensata mezquindad la de quienes pretenden desvirtuar, con argumentos populistas, la importancia estratégica de los viajes presidenciales.
Bogotá, D. C, 26 de julio de 2019
*Presidente Fedegan
@jflafaurie