Opinión
Por Jaime Durán Barrera.- Por iniciativa de los empresarios y comerciantes del Sur de Santander, se presentó el proyecto para crear la nueva Cámara de Comercio, que le prestará servicios y desarrollo a los 49 municipios de las provincias de Guanentá, Comunera y Vélez.
Liderada por Fenalco Sur del Departamento, este proyecto busca el emprendimiento y progreso de sus habitantes de estas localidades y es el resultado un proceso de más de dos (2) años de recolección de información, análisis, evaluación y reconocimiento de las necesidades regionales y de concebir su importancia económica, a nivel departamental y nacional.
Los promotores destacan que el proyecto persigue el fortalecimiento y competitividad de su rol comercial y empresarial, ya que el aumento de la población y progreso del Sur del Santander en los últimos años, con la inversión privada, el desarrollo urbanístico y el marcado crecimiento comercial, permite proyectarse como una de las regiones más prosperas de Colombia, en los próximos años.
Tradicionalmente nuestro departamento se ha dividido en tres regiones: Bucaramanga con su área metropolitana, Barrancabermeja con el Magdalena Medio y el Sur de Santander. Esta división territorial evidencia las diferencias culturales, económicas y sociales de cada una y reafirma la pertinencia de tres cámaras de comercio en Santander. Esto es uno de los argumentos que geopolíticamente hacen viable la iniciativa.
La cercanía geográfica de la nueva Cámara de Comercio del Sur de Santander, con los empresarios y sus comunidades, aportará a la competitividad regional y a la participación en las actividades del ente gremial, un gran impulso y un posible desarrollo sostenible.
Crear la Cámara de Comercio del Sur de Santander, como lo mostró su estudio de factibilidad socioeconómica, mostraría aún más la importancia económica de la región y las necesidades propias del territorio alrededor de nichos muy definidos como el turismo, la agroindustria, la educación, los servicios y la construcción.
Asimismo, es el mejor modelo para cumplir las políticas públicas que buscan la descentralización de procesos y el fortalecimiento territorial a partir del desarrollo de la región.
De los 49 municipios que suman 371.450 habitantes, certificados por el DANE a 2015, son 10.876 comerciantes con matricula vigente a 2015 en los municipios del Sur de Santander, certificado por la Cámara de Comercio de Bucaramanga, lo que hace que dicha iniciativa cumpla, entre otros aspectos, con los requisitos exigidos.
Es de interés señalar, que una nueva Cámara de Comercio contará con el presupuesto público de $2.072.376.985, certificado por la Cámara de Comercio de Bucaramanga, conforme a lo establecido en el Decreto 1074 del 2015 por medio de la cual se dictan los requisitos para la creación de esos entes que regulan el comercio en Colombia.
Como Senador y oriundo del Departamento de Santander apoyo esta iniciativa, que hará posible el desarrollo integral de las localidades del Sur de Santander, en uno de los momentos más cruciales de Colombia, cuando el Proceso de Paz ya concretado, exija la construcción de una sociedad más equitativa, más incluyente y más productiva, lo cual requiere de la organización de los habitantes, del equilibrio regional y la sinergia de los procesos sociopolíticos, socioeconómicos y socioculturales, en pos del futuro de todos.
Por: Jorge Enrique Robledo / @JERobledo. Como una idea acertada, se promueve un referendo en defensa del agro, sector maltratado en extremo por todos los gobiernos desde 1990 y condenado a serlo para siempre, de acuerdo con los intereses de las trasnacionales y los intermediarios que ganan poniendo a perder a Colombia. Es más: los TLC y la Alianza del Pacífico, como camino al TPP que impone Estados Unidos, demuestran que las medidas tomadas en años anteriores a favor de algunos productos agrícolas contenían el truco de dividir al sector, generando entre algunos la ilusión de que a ellos no les llegaría la hora de ser víctimas del libre comercio.
Algo semejante se intenta con la Ley de las Zidres, diseñada, entre otros cálculos negativos, para engañar a los colombianos, metiéndoles el cuento de que los graves problemas del común de los agricultores y ganaderos se resolverán si se ultra favorece, y violando la Constitución contra los derechos del campesinado, a unos pocos muy poderosos y especialmente a los extranjeros.
Una historia ilustra las razones que sustentan este referendo modificatorio de la Constitución. La Corte Constitucional no encontró que violara la Carta de 1991 ni una sola frase incluida en las 1.531 páginas del TLC con Estados Unidos ni con los otros países –exceptuando una cláusula del nefasto tratado anti industrial con Corea–, con lo que quedó establecido que, constitucionalmente hablando, el sector agropecuario y toda la economía carecen de verdadera protección frente a los ataques contra el país, por desproporcionados que sean, de las potencias globalizadoras.
No es exagerado entonces afirmar que el sector agropecuario puede reducirse hasta la insignificancia –y ello está sucediendo– o incluso desaparecer, reemplazado por las importaciones amparadas por los TLC, ¡sin que ello viole la Constitución! ¡Y también sin violarla!, puede suceder que todas las tierras de Colombia pasen a manos de los extranjeros. Así es de deficiente la Constitución y de brutal el proceso de recolonización al que estamos siendo sometidos. ¿Cuánto se demorarán en decir que Simón Bolívar fue un imbécil por dirigir la independencia de España?
El referendo desarrolla una idea fácil de comprender y defender: Colombia debe tener relaciones de todo tipo con los demás países, pero los colombianos tenemos el derecho de lograr que dichas relaciones no nos impidan salir de la trampa del atraso y la pobreza.
El proyecto de referendo en defensa del agro, diseñado para que podamos votar y decidir al respecto, lo promueven o apoyan, entre otras organizaciones, Dignidad Agropecuaria, el Comité de Respaldo a la Agricultura Familiar, CIN-AF, Conalco, Anuc, Acción Comunal, UITA, Oxfam y las tres centrales de trabajadores –CUT, CGT y CTC–. Cómo luce de bien, y con tantas potencialidades, una convergencia de propietarios rurales y obreros agrícolas en defensa de la producción agropecuaria, el trabajo y la soberanía y la seguridad alimentaria.
Entre los objetivos del cambio de la Constitución están que pueda defenderse en serio la producción de los campesinos, los indígenas, las negritudes y los empresarios, que no puedan suscribirse tratados internacionales que la desquicien, se restablezcan los mecanismos de protección del mercado interno y se renegocien los TLC suscritos. También se establece que el gobierno tramite una ley que respalde de verdad la economía agrícola familiar y que constituya un banco público que brinde créditos suficientes, oportunos y baratos. Y le pone controles a la extranjerización de la tierra. Para conocer mejor el referendo y si se desea ayudar a recoger firmas de respaldo: http://referendoporelagro.com/.
Coletilla. No hay dos posiciones sobre el plebiscito. Hay tres. La del santismo: proceso de paz sí, gobierno de Santos sí; la del Centro Democrático: proceso de paz no; gobierno de Santos no; y la del Polo: proceso de paz sí, gobierno de Santos no. Si la pregunta fuera sobre si nos gusta el gobierno de Santos, los polistas votaríamos no. Pero lo que se pondrá en votación no es eso, sino si queremos desarmar, inmediatamente, a las Farc. Quien ponga en una balanza todas las críticas posibles a los acuerdos, frente a la inmensa ganancia que significa terminar con una lucha armada de medio siglo que nada bueno le produjo al país, le dará que debe votar por el sí.
Por Paul Krugman. Foto Fred R. Conrad/NY Times.- Qué semanas hemos tenido en política. Por un lado, la Convención Demócrata fue prácticamente una celebración de Estados Unidos. Por otro, el candidato presidencial republicano, presionado por el respaldo evidente que recibe de Vladimir Putin, elogió una vez más el liderazgo del presidente ruso, sugirió que está de acuerdo con su agresión en Crimea y exhortó a los rusos a hacer espionaje a Hillary Clinton. Y no, no fue una broma.
Sé que algunos republicanos sienten como si hubieran caído en una dimensión paralela. Después de todo, ellos suelen ser los que cantan “¡USA! ¡USA! ¡USA!”. Además, ¿no han pasado años sugiriendo que Barack y Michelle Obama odian a Estados Unidos, y que incluso tal vez apoyan a los enemigos de la nación? ¿Cómo fue que los demócratas terminaron siendo los patriotas aquí?
Pero los partidos no están experimentando realmente un intercambio de roles. El discurso de Barack Obama en la Convención Demócrata fue maravilloso e inspirador, pero cuando declaró que “lo que oímos en Cleveland la semana pasada no fue particularmente republicano”, estaba diciendo una pequeña mentira. En esencia fue muy republicano; la única diferencia es que estuvo menos disfrazado que de costumbre. La “incitación al resentimiento” de la que Obama se lamentaba no empezó con Donald Trump, y las banderas ondeando nunca tuvieron mucho que ver con el verdadero patriotismo.
Piénsenlo: ¿Qué significa amar a Estados Unidos? Seguramente significa amar al país que efectivamente tenemos. No sé ustedes, pero cada vez que regreso de un viaje al extranjero, mi corazón crece al ver la diversidad de mis conciudadanos, tan diferentes en su apariencia, su herencia cultural y sus vidas personales, pero todos ellos —todos nosotros— estadounidenses.
Ese amor al país no tiene que —y no debería—, estar exento de críticas. Sin embargo, los errores que encuentren y las críticas que puedan ofrecer deberían atacar que todavía no estamos a la altura de nuestros propios ideales. Si lo que les molesta de Estados Unidos es, más bien, el hecho de que ya no es exactamente como era en el pasado (o de la forma en que ustedes imaginan que se veía en el pasado), entonces ustedes no aman a su país… solo les interesa su tribu. Demasiadas figuras influyentes de la derecha son tribales, no patriotas.
Tuvimos una demostración de esta realidad en el discurso de Michelle Obama, cuando habló de lo maravilloso que era ver a sus hijas jugando en el césped de “una casa que fue construida por esclavos”. Eso fue una imagen optimista y, sí, patriótica, una celebración de una nación que siempre está buscando ser mejor, trascender sus defectos.
Sin embargo, lo único que escucharon muchos en la derecha —particularmente las figuras mediáticas que marcan la agenda republicana— fue una agresión a la gente blanca. “Ellos no pueden dejar de hablar sobre la esclavitud”, se quejó el comentarista Rush Limbaugh. Los esclavos la pasaban bien, insistió Bill O’Reilly, un presentador de Fox News: “Todos eran alimentados y tenían alojamientos aceptables”. En efecto, ambos hombres estaban diciendo que los blancos son su tribu y nunca deben ser criticados.
Esta misma urgencia tribal seguramente subyace en la retórica de la derecha respecto de la seguridad nacional. ¿Por qué los republicanos están obsesionados con que el presidente use la frase “terrorismo islámico”, cuando los expertos en terrorismo coinciden en que esto efectivamente dañaría la seguridad nacional, porque aleja a los musulmanes pacíficos?
La respuesta, argumentaría yo, es que el alejamiento de los musulmanes no es un efecto secundario que ellos han pasado por alto; ese es justamente el punto: todo se trata de trazar una línea entre nosotros (cristianos blancos) y ellos (todos los demás). Y la seguridad nacional no tiene nada que ver con eso.
Lo cual nos lleva de vuelta al bromance entre Vlad y Donald. Trump busca echar por tierra la reputación que hemos ganado arduamente como un aliado confiable. Lo mismo sucede con su apoyo a ciertas prioridades de Putin, lo que contrasta considerablemente con la vaguedad de todo lo demás que ha dicho sobre política. Además, Trump solo ha ofrecido evasivas a preguntas sobre sus vínculos comerciales con oligarcas relacionados con Putin.
Pero lo que más me asombra es el silencio de tantos republicanos frente a una conducta que habrían denunciado como traición viniendo de un demócrata, sin mencionar el apoyo activo a la postura de Trump entre las bases republicanas.
Lo que nos dice esto, creo, es que todo su ondear de banderas y las posturas militaristas no tuvieron nada que ver con patriotismo. Fue más bien sobre utilizar la supuesta debilidad de los demócratas en seguridad nacional como un mazo para aporrear a los adversarios en el país, y servir a los intereses de la tribu.
Ahora llega Trump, cumpliendo la voluntad de una potencia extranjera e invitándola a intervenir en nuestra política… y eso está bien, porque también le sirve a la tribu.
De modo que, si les parece extraño que en estos tiempos los demócratas parezcan patrióticos y los republicanos no, sencillamente no estaban prestando atención. La gente que ahora parece amar a Estados Unidos siempre lo hizo; la gente que de pronto ya no suena como patriota nunca lo fue.
Por Mauricio Cabrera.-Con la excusa de protestar contra la ideología de género han salido del closet con furia y con pasión las ideologías del odio, alimentadas de falsos principios religiosos y lecturas sesgadas de la Biblia, y aprovechadas por políticos oportunistas que en ese río revuelto buscan adeptos para su oposición a la Paz.
“Ambientes escolares libres de discriminación” es el título de la cartilla preparada por un grupo de expertos cuya divulgación desató la ira santa y cabe preguntarse el porqué de la reacción agresiva e intolerante contra un intento de educar para el respeto de la diversidad y la tolerancia, y así evitar fenómenos de matoneo y hostigamiento que pueden llevar a desenlaces tan trágicos como el suicidio del joven Sergio Urrego, discriminado en su colegio por su orientación sexual.
Por desgracia parecería que la humanidad tiene una tendencia atávica, casi una necesidad, de discriminar, de marcar diferencias y establecer barreras entre nosotros (los buenos, los superiores, los correctos) y ellos (los malos, los equivocados, los inferiores). Hoy en Colombia las baterías se enfilan contra los homosexuales, -y con más rabia porque una valiente Ministra ha tenido la osadía de reconocer que ella lo es-, pero antes han sido muchos los grupos sociales víctimas del acoso y la persecución.
De hecho la llamada “ideología de género” no surgió como una defensa de la comunidad LGTBI sino que fue una bandera del movimiento feminista en su lucha por la igualdad de derechos para las mujeres en las sociedades machistas que les daban un tratamiento de ciudadanos de segunda categoría. Después el concepto se extendió a los otros géneros que siguen siendo discriminados y hostigados.
Grande es el esfuerzo que debe hacerse para superar esa tendencia discriminatoria de las sociedades y construir una sociedad donde impere el respeto por el otro, la tolerancia, la aceptación de las diferencias, la valoración de la diversidad.
Educar para la tolerancia, es el nombre del juego. Esta labor pedagógica debe iniciarse desde el seno mismo de la familia, donde cada uno de nosotros experimenta por primera vez la importancia del respeto por el otro y la necesidad de la aceptación de las diferencias como elemento esencial de la convivencia en la vida cotidiana; casi que se puede afirmar que quien no lo aprendió allí, difícilmente podrá llegar a comprender su importancia.
Pero por supuesto, la pedagogía de la tolerancia debe ser un elemento esencial en las instituciones educativas, y por eso es indispensable que se incluya en los manuales de convivencia, para que no se reproduzcan las ideologías del odio y no repitamos la historia.
Por Amylkar D. Acosta M[1].- Una de las mayores fortalezas del Sistema energético colombiano es la diversificación de su matriz, pero esta puede ser mayor porque Colombia cuenta, además, con un gran potencial de generación de energías alternativas, particularmente de aquellas que son renovables y limpias, tales como la eólica y solar, totalmente desaprovechadas.
Precisamente, para responder al reto de incursionar con fuerza en la generación y uso de las energías alternativas no convencionales, especialmente aquellas que son renovables y limpias, fue lo que llevó al Congreso de la República hace ya dos años a expedir la Ley 1715 de 2014. Se busca a través de esta la integración de las energías renovables al Sistema energético nacional.
Al incorporar estas al Sistema, además de darle robustez y firmeza, se posibilita ampliar la cobertura de la prestación del servicio de energía llevándola al 52% del territorio nacional, hasta donde no ha llegado todavía y posiblemente tardará en llegar el SIN, por tratarse de asentamientos de poblaciones además de distantes, dispersas y de baja densidad.
Es de anotar que esta Ley no se limita a la promoción e impulso de las energías no convencionales, sino también del uso racional y eficiente de la energía. Se parte de la base de que la energía más costosa es aquella de la que no se dispone justo en el momento que se requiere y la más barata es aquella que dejamos de consumir.
Son cuatro tipos de incentivos los que contiene la Ley para la investigación, desarrollo e inversión en fuentes no convencionales de energía (FNCE): la deducción del impuesto de renta hasta el 50% del monto invertido, la exclusión del IVA para la adquisición de maquinaria, equipos, elementos y servicios nacionales o importados que tengan como destinación la producción y utilización de energía a partir de FNCE, la exención arancelaria para la importación de maquinaria, equipos, insumos, materiales y accesorios para ello y, finalmente, el beneficio tributario que significa la depreciación acelerada de los activos.
Con los beneficios que otorga esta Ley, sumados a la decisión tomada por la UPME de soltar las amarras que impedían abrirle un espacio importante en la canasta energética de Colombia a las energías no convencionales, son muchos los proyectos que estaban en la incubadora y que ahora van a despegar.
Pues bien, con la decisión de la UPME de abrirle paso a la construcción de la línea de interconexión desde la Subestación de Cuestecitas hasta la Alta guajira, que es en donde hoy por hoy, hay la mayor capacidad de generación de energía eólica, al permitirlo, le ha dado el banderazo a por lo menos 9 de esos proyectos para una capacidad instalada de más 1.600 MW, equivalentes al 10% de toda la capacidad instalada de generación con la que se cuenta actualmente en el país.
Sólo hace falta que el Ministro de Minas y Energía Germán Arce le quite el freno de mano a la implementación de la Ley 1715, logrando que la CREG salga de su abulia y proceda a su reglamentación a la mayor brevedad, el Sistema energético del país y Colombia toda lo requieren y se lo agradecerán. Ese es su mayor reto.
Bogotá, agosto 13 de 2016
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1] Director ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos
Por Jairo Gómez.-A Andrés Pastrana hay que abonarle su compromiso con la paz. La reunión del ex presidente en 1998 con "Tirofijo" fue trascendental, pero se equivocó.
Al expresidente Andrés Pastrana hay que abonarle su compromiso con la paz durante su gobierno. Una vez electo primer mandatario de los colombianos en 1998, el 9 de julio de ese mismo año, tomó la audaz decisión de irse a entrevistar con el jefe máximo de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, en las montañas de Colombia en secreto.
Todo era euforia, y el país se encaminaba a una supuesta paz definitiva con la guerrilla más organizada ideológica y militarmente que ha tenido el país. En esa conversación Pastrana, con un puro entre sus dedos, le decía a “Tirofijo”: “Bueno Manuel, conmigo es diciendo y haciendo como ocurrió en la alcaldía (…) La primera obligación de mi gobierno es hacer la paz, así no haga nada más”.
En calidad de presidente Electo llegó al encuentro acompañado por Víctor G. Ricardo, a la postre Comisionado de paz de su gobierno. Todo ocurrió en un ambiente de camaradería. Saludos iban y venían.
Sorprendió que el nuevo mandatario llegase a ese encuentro sin ningún documento escrito en el que plasmara su propuesta previa de paz y por lo menos arrancara de los insurgentes un pacto serio; es decir que fuera el gobierno el que marcara el derrotero de una futura negociación, y no las FARC como evidentemente ocurrió en la reunión de marras.
“Vamos a buscar la paz sin cartas marcadas, sin agenda, (vamos hacer) una cosa abierta”, dijo Pastrana. Craso error. Por ello fracasó en su propósito. Pastrana, como muchos de la élite, siempre creyó que las guerrillas eran unos facinerosos sin vitalidad ideológica y organizativa, y calculó que, de palabra y con buenas intenciones, abriría el camino a la reconciliación.
Fueron las FARC, como consta en el vídeo, quienes llegaron con documento en mano y con la propuesta del despeje de cinco municipios. A esa audaz iniciativa de la guerrilla no hubo una respuesta convincente, y menos una manifestación de rechazo sobre el impacto que provocaría el retirar a la fuerza pública. Es más al nuevo presidente de los colombianos no se le pasó por la cabeza que esa región era crucial en la lucha contrainsurgente. Fue tal la improvisación con que el expresidente Pastrana “diseñó” su encuentro, que solo atinó a decir: “Pongamos 90 días a partir del siete de agosto. Se decreta el despeje de los cinco municipios a término definido y si hay condiciones nos sentamos a hablar”.
Después ocurrió todo lo que el país conoció en su momento: 42 mil kilómetros de despeje que la guerrilla manejó a su antojo sin rendirle cuentas a nadie, y convirtieron la región en una especie de zona franca que les sirvió para rearmarse y ocultar a todos los secuestrados, mientras hacían efectiva su liberación a cambio de cuantiosas sumas de dinero.
El entonces presidente electo no exigía a la guerrilla, le suplicaba un “gesto, algún detalle” para que la comunidad internacional viera con buenos ojos un proceso de paz en Colombia.
Para rematar, en esa comentada reunión, que invitó a ver en YouTube, se habló de “plata” para erradicar el narcotráfico como si se tratara de pan comido; de incluir en el Plan Nacional de Desarrollo, sin saber qué, los temas de la paz; incluso, entre risas, de cómo el presidente electo y sus acompañantes evadieron la seguridad del estado para llegar a las montañas; se habló de una discrecionalidad que no se cumplió; pero nunca, por ejemplo, se habló de las víctimas.
Así pudiéramos seguir enumerando los desaciertos de un encuentro que pretendía crear confianza entre las partes, y que terminó en el anecdotario de los procesos de paz que en Colombia fracasaron por una sencilla razón, porque nunca se diseñó de común acuerdo una agenda con límites en los temas y compromisos de las partes, como lo pone de presente el actual proceso que está a punto de zanjar el conflicto vía negociación.
Entiendo en el expresidente Pastrana la nostalgia del fracaso y que se oponga a las negociaciones de hoy, pero sería más gallardo que lo hiciera desde una tribuna sesuda y atiborrada de argumentos y no desde el tremendismo, como decir que el acuerdo futuro en Cuba es un “golpe de estado” a la institucionalidad colombiana.
Eso no está bien.
Por Juan Fernando Cristo.-Hola papá. Cada vez que se acerca esta fecha mi mente retrocede de manera inmediata y ya son 19 años. Las imágenes son las mismas, los recuerdos tan tristes como entonces, el dolor reaparece y también la nostalgia por los momentos que vivimos juntos y tantos otros que la violencia no nos permitió disfrutar a su lado. En muchas ocasiones me siento en la terraza de la casa en Cúcuta, los domingos temprano, a escuchar a Mozart o Bach, sus preferidos en música clásica, y comienzo a pensar, a especular, a soñar, qué hubiera sido de nuestras vidas si ese 8 de agosto los asesinos hubiesen fallado en su propósito criminal. A los pocos minutos despierto de ese letargo y constato que el tiempo no da marcha atrás, que es implacable al igual que el destino. Ese mismo destino que quiso que usted partiera en la vitalidad de sus actividades, de la manera injusta y cruel que jamás pude aceptar.
Resulta increíble que 19 años después, una generación completa de colombianos, aún sigamos hablando de conflicto armado, de guerra, de la búsqueda de la paz. Triste que todavía existan las FARC y el ELN como movimientos armados, cuando en todo el hemisferio occidental la lucha armada desapareció. Tras su asesinato, los Presidentes Pastrana y Uribe intentaron el cese de la violencia y la consecución de la paz con esos grupos de distintas maneras. Pastrana a través de una generosa negociación con las FARC que lamentablemente fracasó y Uribe con una dura y exitosa ofensiva militar que combinó con ofertas de diálogo a la guerrilla, que ni siquiera alcanzaron a nacer. La realidad es que en ninguno de los dos casos la estrategia funcionó y las acciones de estos grupos siguieron causando a miles de familias el mismo dolor irremediable que causó a nosotros.
Como le contaba hace un año, con ese panorama asumió su mandato el Presidente Santos y muy temprano comenzó a marcar diferencias con su antecesor. Sus primeras decisiones fueron apoyar en el Congreso el trámite de la ley de víctimas y restitución de tierras, a la que Uribe se opuso con ferocidad y al tiempo restablecer las relaciones diplomáticas con los vecinos Ecuador y Venezuela. Dos claras señales de un nuevo talante de gobierno que abrirían las posibilidades de un intento de solución negociada al conflicto armado, comenzando por su propio reconocimiento en la ley, que el gobierno anterior desconocía. Así comenzaron a sentarse las bases de este proceso de paz que hoy llena de esperanza e ilusión a millones de colombianos, un proceso que nos ha llevado más lejos que nunca en el propósito de terminar un conflicto con la guerrilla más antigua del mundo, la más grande, la que mayor capacidad de generar violencia ha tenido en Colombia. Antes de cumplir los 4 años de negociaciones difíciles y complejas, en pocas semanas, con seguridad, se estará firmando un acuerdo de paz con las FARC que nos conducirá en 6 meses a su desarme total y definitivo, a su desaparición como grupo armado y posterior tránsito a partido político en la civilidad. Y recuerdo hoy con mucho orgullo que usted fue el ponente de la ley que incorporó a nuestro ordenamiento jurídico el Protocolo II de Ginebra, que es ahora de gran utilidad para garantizar la seguridad jurídica de esta negociación. Más de 23 años después su tarea parlamentaria genera un aporte concreto a la paz de este país.
Y con el ELN aún se insiste en comenzar un diálogo que no se ha podido concretar porque persisten las divisiones en su interior y algunos sectores de esa guerrilla insisten en el secuestro como arma política y económica, sin comprender que la sociedad colombiana hoy no está dispuesta a tolerar un secuestro más sin reaccionar de manera contundente contra este flagelo. Porque desde que se iniciaron los diálogos con las FARC y especialmente después de los anuncios de cese unilateral al fuego por parte de esa guerrilla, el número de víctimas en el país como consecuencia del conflicto armado ha disminuido dramáticamente. En fin, es indudable que nos acercamos a un momento histórico para Colombia, quedan pocos temas por acordar en La Habana y se llegará a un acuerdo definitivo que nos permitirá doblar esta triste página de la violencia. Y me la he jugado con todas mis fuerzas por esta posibilidad, como estoy seguro lo hubiera hecho usted si sobreviviera, con la ilusión que Dany y Nico puedan vivir en un país muy distinto al que nos correspondió vivir a nosotros, sin miedo, sin violencia, sin que tengan que llorar a su padre.
Cuando se firme el acuerdo habrá que esperar que los colombianos vayan a las urnas a votar en un plebiscito si lo respaldan o no para que pueda entrar en vigencia. Así como usted votó hace ya casi 60 años para que terminara la violencia partidista de entonces. Hay un debate muy duro y parece increíble que expresidentes que buscaron la paz, como Pastrana y Uribe, sean ahora los más duros e injustos opositores de esta posibilidad de paz para el país. Pareciera que les duele que el Presidente Santos pueda lograr esa paz que ellos por distintas razones no pudieron alcanzar para Colombia. Sin embargo, confío que una vez se conozcan los acuerdos definitivos y se puedan desvirtuar tantas mentiras sobre los mismos, la inmensa mayoría de los colombianos saldremos a votar SI y no dilapidaremos esta oportunidad única que tenemos de lograr la paz. Pasarán muchos años de más violencia y sangre antes que se repita una oportunidad igual.
Siempre me alargo cuando me siento a escribirle, papá, porque siento como si estuviéramos conversando los dos en esas largas caminatas por Bogotá o en su consultorio en Cúcuta. Este año le escribo lleno de tristeza como siempre, pero también con la emoción y la esperanza que será el último año que lo hago desde su muerte en el que aún estamos en guerra. Que llegó la hora del perdón y la reconciliación en este país. Con toda certeza el 8 de agosto del próximo año este será un país distinto sin el accionar de las FARC y espero que tampoco del ELN. No tendremos que seguir contando más muertos de la población civil, de nuestra Policía y Ejército, ni de la misma guerrilla y podremos trabajar por solucionar de verdad los problemas de exclusión y pobreza que nos afectan y que a usted tanto dolían con su preocupación permanente por los más humildes.
Le cuento finalmente que hace poco, al cumplir ya dos años en el Ministerio, que ha sido una experiencia maravillosa pero muy dura, pude escaparme dos semanas con María Cristina y los niños. Fue un paseo que disfrutamos enormemente y durante el cual en silencio pensé mucho en usted cuando en su favorita París nos paramos en la esquina de Saint Michel a contemplar la iglesia de Notre Dame, a la que usted por primera vez me llevó maravillado hace tantos años o cuando los llevé en Saint Germain des Prés al Café Les Deux Magots que tanto disfrutaba y donde pasamos momentos inolvidables. Dany y Nico están ya grandes, les gusta escuchar sus cuentos, sus historias, y a mí esos relatos me alegran el alma, me ayudan a nunca olvidar que a pesar de ser una víctima directa de esta guerra que mató parte de mi vida, soy una víctima privilegiada porque puede reconstruirla y tuve la suerte de contar con el mejor papá, el mejor amigo que nadie pueda tener en el mundo entero. Hasta pronto papá.
Por Horacio Serpa.-Aprendí a escribir en una Olivetti vieja que era el único patrimonio de mi papá, tinterillo de profesión. De entonces para acá nunca he dejado de mover los dedos. Se los cuento porque hace 8 días no escribo y me resultó extrañó abrir el computador para contarles un tema que en los tres últimos años he tocado un par de veces para hablarles de mis dolencias.
En líneas generales he sido de buena salud. Claro, teniendo en cuenta algunas cosas raras como que tengo una rodilla de titanio y que me dio zica. Pero ahí iba jineteando en la política, cuando en diciembre de 2013, comenzando mi enésima batalla electoral, me dio un infarto en un bello pueblito de Guanenta. Me salvaron en el Hospital de El Socorro y en la magnífica Clínica Cardio-vascular, donde me colocaron el primer stent.
Luego del susto averigüé que era eso y por qué, y supe que sufro, quien sabe desde cuándo, una enfermedad que se llama arterioesclerosis, que padecen muchas personas, sin saberlo. Le dicen la enfermedad silenciosa. Consiste en que las arterias se endurecen y se tapan. Estando así no entra sangre al corazón. Con el stent abren la arteria y pasa sangre. Me acordé de mi amigo el exministro Alfonso Gómez Gómez, quien decía que “la edad del hombre es la edad de sus arterias”.
La enfermedad se puede tratar con medicamentos, alimentándome sano y haciendo rehabilitación cardíaca. A eso me dediqué con la bella atención de Rosita, hijos y amigos. Pero hace tres meses sentí unas molestias y de urgencia me atendieron con excelencia en la Clínica Country. Las tres arterias coronarias estaban tapadas y me pusieron cuatro stent.
Hace ocho días me atendieron de maravilla en la Clínica Santa Fe, para un tercer cateterismo y el panorama no fue alentador. Obligaba cirugía de corazón abierto, inmediatamente. No les cuento de pensamientos y temores, pero les digo que estos gratos profesionales me pusieron tres puentes en el corazón y, como los otros, me salvaron la vida, en esta ocasión en una situación crítica. Pero falta la recuperación. Si no la hago, no habrá buenos resultados.
Los médicos me orientan a que abandone toda labor diferente a curarme, por lo menos durante un mes. Las veces anteriores no lo hice, mea culpa. En palabras de amigos, me toca bajarme del caballo.
Se los pido “de todo corazón”. Un mes completo, sin excepciones, sin llamadas, sin escritos, sin internet, sin artículos, sin documentos, sin Directorio, sin giras, sin clases, sin gestiones, sin desayunos de trabajo, sin redes, sin réplicas ni debates, sin visitas, sin viajes, sin conferencias ni entrevistas. No creo que sea mucho.
Alcanzaré a reintegrarme para estar con la paz. Más de 5 veces he quedado como “las novias de Barranca”, pero esta si es. Ahí voy a estar y con esa dichosa reconciliación en la que todas y todos vamos a abrazarnos sin odios, para por fin comenzar gozar una Colombia diferente.
Por Mauricio Cabrera Galvis.-¿Qué tienen en común el Plebiscito por la Paz, la votación sobre la salida de Inglaterra de la Unión Europea (el Brexit) y la candidatura de Trump a la presidencia de Estados Unidos? Dos elementos: que son decisiones fundamentales para el futuro de un país que se definen por mayorías y, que las campañas están plagadas de mentiras y engaños.
La voz de la mayoría es la regla de oro de la democracia, pero tiene un grave riesgo porque la mayoría no tiene siempre la razón. Son muchos los ejemplos históricos de las equivocaciones que han cometido las mayorías, como cuando prefirieron a Barrabás en lugar de Jesús o como cuando eligieron a Hitler. Los casos más recientes son el Brexit y la nominación de Trump como candidato del partido republicano. En ambos casos un grupo de votantes se ha arrepentido después.
El riesgo radica en que las mayorías pueden ser manipuladas mediante el engaño y la mentira, apelando a los instintos más primarios y tribales, despertando miedos ancestrales.
Un mensaje que circula en las redes ilustra este riesgo: en una supuesta entrevista en 1998 a la revista People, Trump habría dicho: “Si alguna vez decido ser candidato a la presidencia lo haría por el partido Republicano. Ellos son el más estúpido grupo de votantes en el país. Ellos creen cualquier cosa que les diga Fox News. Yo podría decir todas las mentiras y ellos se las creerían. Yo apuesto que ganaría”. Parece que la entrevista es falsa, pero el mundo tiembla ante la posibilidad de que esto se haga realidad.
El riesgo es mucho más grave porque frente a una mentira muchas veces repetida y aceptada por un grupo, no hay argumento que valga; ni con hechos que contradigan la mentira es posible convencer a quien ya la ha aceptado como verdad. No es asunto de ideologías sino de psicología de masas
Si eso es lo que está pasando con los colombianos que creen contra toda evidencia en que los acuerdos de La Habana son una entrega al castrochavismo, que van a acabar la democracia, el capitalismo y la propiedad privada en el país, hay que repensar con cuidado la estrategia de los partidarios del SI, para que en el Plebiscito no triunfe el No, y nos arrepintamos después como con el Brexit o con la nominación de Trump.
Por Claudia López.-Tras 2 años en el Congreso, al fin el miércoles logramos materializar nuestra primera ley ambiental: La Ley Pro bici que da incentivos en tiempo y descuentos para los ciudadanos que usen la bicicleta como medio de transporte y la obligación de ofrecer infraestructura, señalización y parqueaderos seguros para los biciusuarios.
No es fácil tramitar una ley en el Congreso, menos ahora que el debate público está copado por el proceso de paz con las Farc. Sin embargo, más allá de la desmovilización de esa guerrilla, es necesario consolidar un posconflicto con una economía política distinta y oportunidades de integración regional y social.
Por eso esta semana radicamos un paquete de 4 proyectos de Ley para fortalecer la planeación ambiental, el desarrollo sostenible y la participación ciudadana en la definición de grandes megaproyectos. El Gobierno no puede seguir comportándose como un colonizador que llega a los territorios a depredar sin consultarle a la comunidad ni a las autoridades locales. Por esa razón presentamos una propuesta de concertación entre las autoridades mineras y petroleras con el alcalde, para delimitar y declarar zonas en las que se habilita la exploración y explotación minera en su territorio desde la formulación del POT.
Así mismo proponemos reestablecer la licencia para exploración y garantizar la participación de la ciudadanía en el licenciamiento de grandes megaproyectos mineros y de hidrocarburos. Este requisito no solo lo demandan los ambientalistas, sino que hace parte de las recomendaciones de la OCDE, el club de países desarrollados al que quiere pertenecer Colombia. Así no se repetirán casos como la posibilidad de exploración petrolera en Caño Cristales.
Otra propuesta está dirigida a pagar la deuda de los colombianos urbanos con los que viven en zonas que nos proveen agua y oxígeno. También regulamos los pagos por servicios ambientales que prestan los privados en sus predios. Con estos ingresos podrían apalancar posibilidades de desarrollo sostenible. Estos son los proyectos que la Colombia en paz necesita para cambiar la economía política de la guerra que consiste en destruir por una economía con desarrollo sostenible y oportunidades para todos.