Opinión
El presidente de la JEP ha reiterado que no hay presupuesto para los proyectos restaurativos de sus condenas de opereta. Y entonces… ¿impunidad total…, la gran estafa?
Por: José Félix Lafaurie Rivera*. - “Hoy hablamos al corazón de Colombia”. Así inicia la sentencia condenatoria a los miembros del secretariado de las Farc por una variedad de crímenes de guerra y de lesa humanidad que agotan el Código Penal. Sin embargo, para ajustarse a la realidad debería iniciar, más bien, con la frase: “Hoy estafamos a Colombia”, pues la sentencia no es otra cosa que “la gran estafa” a las víctimas y al país, para cerrar, por fin, el capítulo anunciado de la vergonzosa impunidad de la “justicia especial” que Santos anunció como novedosa y única en el mundo…, tanto que daba para Nobel por parte de sus socios suecos en el proceso de negociaciones instalado en Oslo en octubre de 2012.
Y si digo “por fin” es porque han transcurrido siete años que suman 1.834 días hábiles, para que, con una planta actual (Acuerdo AOG 004 de 2025) de 1.456 empleados y a un costo que ya supera los 3 billones, esta magnífica justicia que enorgullece a Santos lograra establecer la culpabilidad de unos criminales que la justicia ordinaria no solo había investigado hasta la saciedad, sino también juzgado y condenado.
Para la muestra, el botón de Rodrigo Londoño Echeverri, alias “Timochenko”, director del Partido Comunes, quien se sentó a conversar con el gobierno Santos con circular roja de Interpol, recompensa de Estados Unidos por 5 millones de dólares, 182 procesos judiciales abiertos en Colombia, 141 órdenes de captura, 57 medidas de aseguramiento y 13 condenas que ya sumaban ¡448 años de prisión!
¡Vaya si la sacaron barata! 448 años en la cárcel contra apenas 8 años de “sanciones propias”, como responsables de 21.396 secuestros que incluyeron, en muchos casos, asesinato, tortura, reclutamiento de menores y violencia sexual, entre otros. Tendrán algunas limitaciones de movilidad que nos les impiden el ejercicio de la política, mientras participan en proyectos restaurativos “que integran medidas diferenciadas, legítimas y contextualizadas, orientadas a la reparación simbólica, la reconstrucción del tejido social, la restauración ecológica y la dignificación de las víctimas”.
Es una jerga que eufemiza tan horrendos y numerosos crímenes, y esconde la más escandalosa impunidad, en una pieza judicial que compite en extensión con aquella de la jueza Heredia que sirvió para el efecto contrario de condenar a un inocente: Álvaro Uribe Vélez. En 663 páginas, 1.773 consideraciones y 131 numerales en su parte resolutiva, se extienden 91 órdenes diferentes a todas las instancias del Estado, ya sea para garantizar el cumplimiento de las sanciones o la salud, la seguridad y el bienestar de los sancionados, y muchas sin relación alguna con la sentencia, entre las cuales se esconde, por supuesto, la llave para cerrar por dentro la puerta de la impunidad y “advertir” (Num. 126) que toda investigación o condena de la justicia penal ordinaria queda subsumida y absorbida por este remedo de justicia.
Algunas observaciones finales: La primera: que la JEP se cuidó de expedir a la vez la sentencia a los 12 militares acusados de ejecuciones extrajudiciales, igualmente extensa, aunque sin adornos retóricos al corazón de Colombia, y ante la cual no sobra recordar que la misma JEP estableció que los llamados “falsos positivos” no fueron una política de Estado ligada a la Seguridad Democrática. La segunda es una ocurrencia: Si todos los presos del país, condenados por menos delitos y mucho menos graves, pudieran acudir a los tribunales invocando el derecho a la igualdad ante la justicia, las cárceles… se desocuparían.
La tercera es de Ripley. El presidente de la JEP ha reiterado que no hay presupuesto para los proyectos restaurativos de sus condenas de opereta. Y entonces… ¿impunidad total…, la gran estafa?
Bogotá, D. C, 21 de septiembre 2025
Presidente FEDEGAN
@jflafaurie
Colombia es víctima del narcotráfico, y víctima, además, de la equivocada visión de una superpotencia que insiste en convertir las selvas de Colombia en un desierto bañado con glifosato, con campesinos hambrientos y ríos muertos.
Por Hubert Ariza*. - La descertificación de Colombia por el Gobierno de Donald Trump, en su lucha para la erradicación de cultivos de uso ilícito, generó una fuerte reacción del presidente Gustavo Petro. Desde el aeropuerto militar de Catam, con el avión presidencial de fondo y la bandera de Colombia como telón, retó al jefe de la superpotencia por su equivocada decisión, y le mostró las cifras históricas de incautación de cocaína, número de hectáreas erradicadas, y policías asesinados, en una guerra en la que Colombia ha pagado, desde hace varias décadas, un precio demasiado alto, mientras la demanda en Estados Unidos no cede.
Colombia es víctima del narcotráfico, y víctima, además, de la equivocada visión de una superpotencia que insiste en convertir las selvas de Colombia en un desierto bañado con glifosato, con campesinos hambrientos y ríos muertos. Recuerdo una conversación, hace ya bastante tiempo, con el hoy gobernador del Atlántico, Eduardo Verano, quien me contó que, siendo ministro de Medio Ambiente de Ernesto Samper, tuvo en Washington una entrevista con funcionarios antinarcóticos para argumentarles las inconveniencias del uso del herbicida. La respuesta lo dejó impactado: no les importaba que Colombia se convirtiera en un desierto, solo que no entrara droga a su país. Esa conversación de 1997 tiene plena vigencia.
Colombia sigue atascada en esa mirada imperialista del problema. No pesa cuánto daño se haga a la naturaleza, ni qué precio pague la democracia, ni cuántos muertos queden en el camino; lo importante es acabar con la producción, no con la demanda. Las cifras que reveló el presidente Petro son la esencia de un debate que debería asumir el mundo con la mayor serenidad, para ver los daños de la fallida política de erradicación forzosa; los beneficios de la erradicación integral; el enorme esfuerzo de la fuerza pública en la lucha contra el narcotráfico; la tenacidad de la justicia que no cede en la política de extradición de los grandes capos; la valentía de los funcionarios que lideran el Programa Nacional de Erradicación de Cultivos de Uso Ilícito; y la perseverancia de la canciller Yolanda Villavicencio y el embajador en Washington, Daniel García-Peña, en hacer pedagogía y abrir canales de diálogo permanente con Estados Unidos, para que el Congreso y los altos funcionarios de esa superpotencia tengan una mirada integral del problema y de la solución.
La gran tragedia en estos tiempos de construcción de un nuevo orden internacional es que Colombia siga atascada en una agenda narcotizada con Estados Unidos, contra la que se luchó durante muchos años, para trabajar desde una mirada despolitizada, con base en la cooperación, el respeto a la soberanía y la libre autodeterminación, y la generación de oportunidades. Lo que hay es un regreso a las viejas políticas imperialistas del garrote y la imposición de doctrinas militaristas ineficaces. Basta recordar que en 1996-1997, durante el Gobierno del presidente Samper, Colombia fue descertificada, como un golpe político para buscar la renuncia del mandatario, incurso entonces en el juicio político, en el llamado Proceso 8.000.
La descertificación se da ahora, precisamente, en un ambiente de tambores de guerra en el Caribe, con una movilización militar sin precedentes para amenazar la soberanía de Venezuela, con el argumento de que Nicolás Maduro no solo es un dictador, sino el jefe del llamado Cartel de los Soles. La extrema derecha colombiana, que mantiene un diálogo fluido con sus pares republicanos más reaccionarios de Miami, aplaude la posibilidad de que Trump invada Venezuela, y de paso, piden que también actúe contra el presidente Petro, es decir, contra Colombia.
La miopía política de la extrema derecha pasa por pedir una intervención militar norteamericana para tumbar a Petro y enterrar a la izquierda democrática. Es una fantasía estimulada por mucho tiempo. Ya antes habían pedido un golpe de Estado, en una conspiración fallida que lideró el excanciller Álvaro Leyva y aplaudió Vicky Dávila. Sin duda, una agresión militar a Venezuela sería detonante de una mayor conflictividad en Colombia. No ha sido cuantificado el impacto negativo de un fenómeno de ese tamaño en el desarrollo democrático de Colombia. Millones de nuevos inmigrantes, mayor empoderamiento de las guerrillas que actúan como retaguardia en la frontera común, nacionalismo extremo, afectación de la economía, son solo algunas de esas consecuencias. El incendio de Venezuela chamuscará a Colombia.
El regreso a la narcotización de la agenda bilateral con Estados Unidos no es un cuento chino. Es el sello de la administración Trump, que castiga al presidente Petro por su ideología y su agenda internacional contraria al genocidio de Gaza, que promueve la multilateralidad y rechaza la intervención militar contra cualquier país soberano. La decisión de Estados Unidos afecta el rumbo democrático de Colombia, que en los próximos meses elegirá un nuevo presidente. La descertificación pretende ser usada por la extrema derecha como glifosato puro contra la izquierda, que ha reaccionado a ese ataque con madurez, y le ha dejado al presidente la defensa del progresismo ante la Administración de Trump. Lo que está en juego es la reelección del proyecto político de la izquierda.
Por supuesto que la descertificación ha alentado una narrativa nacionalista, en un país que ha demostrado en las encuestas su rechazo a las políticas impositivas de Trump, como la expulsión de los inmigrantes, su política arancelaria, y decisiones unilaterales contra los Gobiernos que contrarían sus arbitrarias decisiones. El presidente Petro, no solo ha demostrado que la decisión es un ataque político contra él, sino que se ha radicalizado en su narrativa de la necesidad de profundizar y acelerar las reformas.
Desde La Dorada (Caldas), donde no necesita visa -como decía Samper cuando se la quitó el Departamento de Estado- ha retomado la tesis de la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente, que ha gravitado durante su Gobierno y estuvo asociada a su inminente reelección, cosa que ya es imposible.
“¿Quieren que este programa siga? ¿Quieren que estas reformas sociales sigan y se vuelvan realidad?”, le preguntó a una multitud de beneficiarios de titulación de tierras, un programa que alcanzó la histórica cifra de 800.000 hectáreas entregadas. Y a renglón seguido se respondió: “entonces, poder constituyente, no hay otro camino, es la nueva fase de la lucha popular, es la nueva fase de este que es el Gobierno del Cambio, es la fase en la que se compromete la actividad, el tiempo, el físico del Presidente de la República”.
Petro convocó a los campesinos y organizaciones sociales a movilizarse y promover esa iniciativa: “cómo volvemos realidad, el año entrante a través de los mecanismos que la Constitución actual ya establece, la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente”. Esa idea, en medio del debate electoral del 2026, se convertirá en un nuevo dinamizador de la izquierda, que busca a través de una consulta escoger un candidato de unidad.
Cuando aparezcan ese candidato que encarne el ideario petrista, y el que defina el jefe de la extrema derecha, Álvaro Uribe, comenzará en serio la campaña. Lo que hay hasta ahora es un festival de vanidades, en la que 107 candidatos, en su mayoría gente sin ninguna opción, han confundido al electorado, hecho ruido y mostrado la enorme fragilidad de la democracia y las reglas de juego para participar.
La descertificación de Trump, ha envalentonado a Petro, lo ha radicalizado y le ha abierto espacio para levantar la bandera de la Constituyente, una vieja obsesión aspiracional. Petro sigue retando a la derecha y demostrando que no necesita certificación para romper paradigmas y hablar de dignidad y respeto a la soberanía.
Bogotá, D. C, 22 de septiembre 2025
*Periodista, internacionalista y analista político.
Petro debe bajarse de la nube ideológica y gobernar en serio.
Por José Manuel Restrepo*- El gobierno Petro se ha caracterizado por arrasar con cuanto encuentra a su paso. La seguridad se ha deteriorado y la salud y la educación tambalean; las finanzas públicas están en rojo; la vivienda social quedó paralizada; el sector energético va a la deriva; y ahora la relación con USA pende de un hilo. La reciente descertificación de Colombia en la lucha antidrogas, aunque mitigada por un “waiver” gracias a gremios y alcaldes, es un campanazo de alerta sobre la deriva del gobierno.
La descertificación nos equipara con países fracasados en la lucha antidrogas, lo cual evidencia el vergonzoso fracaso de la estrategia Petro. Bajo su gobierno los cultivos de coca se dispararon mientras se frenó la erradicación manual y las incautaciones en relación a la producción caen; el Gobierno pareció más interesado en pactar con narcotraficantes que en combatirlos, gestando una “Paz Narca” que envalentonó a los criminales.
La reacción presidencial, en vez de autocrítica, fue bravuconada: Petro sugirió “descertificar” a EE. UU. por su consumo y ordenó no comprar más armas norteamericanas, como si con esas bravatas castigara a nuestro aliado. Un impulso tan miope como patear la lonchera. USA no pierde con ese discurso; los que perdemos somos los colombianos, poniendo en riesgo apoyos vitales en seguridad y desarrollo y arriesgando una alianza por capricho ideológico.
El sector privado exige cabeza fría y un plan con metas claras para reducir cultivos, reactivar la cooperación judicial y extradición, y golpear las finanzas criminales. Solo con resultados, en un año se podrá revertir la descertificación y evitar sanciones. De lo contrario, vendrán restricciones de ayuda, trabas comerciales, crédito más caro y golpe al empleo.
Hay que dejar de ceder ante criminales y retomar la ofensiva antidrogas con todos los instrumentos: fumigación aérea, erradicación manual, persecución de capos con inteligencia financiera, y respaldo a la fuerza pública para recuperar el territorio. No más “tarimazos” y narcos aplaudidos tipo Alpujarra.
Pero, además, el nuevo gobierno debe reconstruir puentes con Washington y renovar la agenda. La relación con USA abarca más que narcotráfico: comercio, cultura, ciencia, innovación, emprendimiento, inversión y tecnología. Debemos además capitalizar el “nearshoring” y fortalecer nuestra exportación se servicios basados en conocimiento. Nada de esto será posible sin confianza mutua: ningún otro socio reemplazará 1,2 millones de turistas estadounidenses, más de US$5.000 millones en inversión anual y un comercio de US$ 35.000 millones que sostienen cientos de miles de empleos. Tampoco otro país ofrece la cooperación y apoyo que USA brinda en seguridad y desarrollo. Perder todo eso es pegarse un tiro en el pie.
Petro debe bajarse de la nube ideológica y gobernar en serio. No gana nada peleando con USA mientras descuida la casa; solo nos expone a sanciones y aranceles que pagaremos todos los colombianos. Es hora de rectificar: enfrentar a los narcos, recuperar nuestro lugar como aliado confiable y dinamizar la relación económica. Si persiste en otro rumbo, cargará con la responsabilidad de poner en jaque cientos de miles de empleos y miles de millones de dólares que sostienen nuestro desarrollo. Menos discursos altisonantes e ideológicos y más acción. Solo así recuperaremos la confianza de nuestro principal aliado.
Bogotá. D. C, 19 de septiembre 2025
*Rector Universidad EIA
La descertificación, por parte de Estados Unidos, constituye un serio golpe para Colombia entera, que se pregunta: ¿hacia dónde iremos?
Por Gabriel Ortiz*. -El presidente Petro sigue haciendo moñonas y shu, shu, shu en este país que buscaba y esperaba, aunque fueran cosas pequeñitas que entusiasmaran, convencieran y halagaran.
Toda su palabrería se quedó en los campos, poblaciones y palacios que invadió, lesionó y destruyó en sus mozos años como recluta del M-19.
Este país llegó a creer sus palabrerías de campaña e inquilino de San Carlos, cuando pregonaba los ríos de leche y miel para “el pueblo”, ese que tampoco ha respetado, redimido, ni emancipado.
Arenga va y arenga viene, pero sin sustancia, claridad ni positividad. Ese pueblo, cabila, etnia y urbe, no encuentra nada en sus palabras, acciones y proyectos, porque todo se convierte en populismo, politiquería y rebusque de beneficios para quien pretendía ser el nuevo líder de estos lares.
Les miente a los colombianos, a su gente y a este planeta, cuando pregona que la economía petrolera desaparecerá de la faz de la tierra. El resto del mundo aprovecha esa riqueza para beneficio de su gente, para que haya menos pobreza, para que la gente conozca lo que es progreso y hasta para comprar dictaduras, como la venezolana.
Vemos entre tanto, cómo su gestión se ha orientado a fortalecer el narcotráfico, la guerra y a abrir las puertas de la corrupción a sus más íntimos colaboradores y funcionarios. Quiso imponer una tranquilidad sin fundamento que denominó “paz total”. Más tiempo tardó en apodarla, que en inundar grandes territorios con movimientos guerrilleros que deambulan por Colombia y Venezuela, con el apoyo de Maduro y el cartel de los soles.
Entre tanto Petro permisivamente los tolera, les tiende modelos de supervivencia, gestión y multiplicidad. Así han crecido por decenas a lo largo y ancho de nuestro territorio, respaldando y cuidando los cultivos de coca y los laboratorios que hoy nos han convertido en los primeros productores del alcaloide a nivel mundial. Los movimientos guerrilleros invaden con toda libertad zonas, pueblos, ciudades y regiones, en donde estos bandidos imponen toda su autoridad. Los pobladores amenazan presionan a las fuerzas militares y de policía, los secuestran y mantienen cautivos por días abriendo territorio para la salida de la coca hacia el mundo entero.
Nadie ha podido entender cómo el gobierno nacional y su presidente, aplican el “shu, shu, shu petrista”, que diezma el presupuesto de Ejército y Policía, cambiando y destituyendo a su antojo a los altos mandos, generales y oficiales, limitando el presupuesto y dejándolos a merced de la delincuencia. Así, con esa cartilla, fueron adueñándose de sus fuerzas armadas las dictaduras de Chávez y Maduro en Venezuela.
La descertificación, por parte de Estados Unidos, constituye un serio golpe para Colombia entera, que se pregunta: ¿hacia dónde iremos? La intolerancia de Petro, lo invade para comprender a donde nos lleva aquello. Aún no se nos ha limitado el presupuesto, pero el fanatismo y la terquedad de este gobierno, puede conducirnos a unas sanciones que luego deploraremos, pero será tarde, como hoy ocurre en Venezuela.
Ya recibimos el primer golpe, seguramente los miembros de este gobierno podrán resistirlo con sus ingresos ya adquiridos, pero el resto de la población, no tendrá correa para ajustarse para poder sobrevivir, mantenerse en actividad, emigrar y recibir la nueva munición que proyecta comprar Petro en otros países.
BLANCO: El Senado, nuestro Congreso, mantiene su independencia: Ha declarado terrorista al “Cartel de los Soles”. Claro que para Petro no existe.
NEGRO: La salud seguirá sin solución. El shu, shu de Petro y Jaramillo la sepultarán con todos sus afiliados.
Bogotá, D, C, 19 de septiembre 2025
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Varias veces, la mayoría de los países integrantes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado proposiciones en busca de la aplicación de las normas internacionales, pero siempre han sido frustradas por el veto de los Estados Unidos.
Por José G. Hernández*. - El Derecho Internacional Humanitario (D.I.H.) es un conjunto de principios y normas -tanto convencionales como consuetudinarias- que busca la protección de la dignidad, los derechos esenciales y las necesidades básicas de personas y comunidades durante conflictos armados, estableciendo límites y restricciones frente a los operativos y acciones inherentes a ellos.
Para vergüenza de muchos países, supuestamente respetuosos de los tratados internacionales y del D.I.H., hoy, en la Franja de Gaza, está siendo violado de manera grave y flagrante. Gracias a la tecnología de las telecomunicaciones y a la dedicación y constancia de numerosos periodistas -muchos de los cuales han pagado con su vida el valor de divulgar lo que ocurre-, el mundo entero ha contemplado, ya casi durante dos años, los horrendos hechos que, sin pausa ni paréntesis, tienen allí lugar.
El 7 de octubre de 2023, el movimiento Hamás perpetró una masacre. Con gran cobardía y premeditación, asesinó a más de mil doscientas personas de distintas nacionalidades -la mayoría civiles- que asistían a un concierto, dejó heridas a más de quinientas y, por si fuera poco, privó de su libertad a casi trescientas personas en calidad de rehenes.
Era natural que Israel reaccionara contra semejantes actos terroristas y así ocurrió. Lo que hizo Hamás no fue otra cosa que una enorme serie de actos criminales que debían ser respondidos. Pero la reacción israelí no ha sido contra Hamás -como cabría haberlo hecho- sino contra la población civil y personas indefensas. Y ha sido abiertamente irracional, violatoria de los tratados internacionales sobre Derechos Humanos, del D.I.H. y de las reglas mínimas aplicables a un conflicto bélico internacional. Para ello, ha contado con la complicidad y el apoyo de grandes potencias y, al cumplirse dos años, lo que se tiene es, según las normas del Derecho Internacional, un verdadero genocidio, pues se busca, nada menos, destruir a un pueblo.
La magnitud de los hechos ha provocado las justificadas protestas y manifestaciones públicas en muchos países, en especial a raíz de las muertes de numerosos niños -ya perdimos la cuenta-, mujeres, personas mayores, médicos, enfermos y periodistas; los permanentes bombardeos, el cerco que impide la llegada de asistencia humanitaria y la consiguiente hambruna, que ha sido verdaderamente inhumana.
La Corte Internacional de Justicia (CIJ) ha proferido varias providencias contra Israel, por solicitud de Sudáfrica y otros países, y la Corte Penal Internacional (CPI), desde noviembre de 2024, emitió orden de arresto contra el primer ministro Benjamín Netanyahu y otros funcionarios, por cargos que incluyen crímenes de guerra y contra la humanidad.
Varias veces, la mayoría de los países integrantes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha aprobado proposiciones en busca de la aplicación de las normas internacionales, pero siempre han sido frustradas por el veto de los Estados Unidos.
Con el apoyo de ciento cuarenta y tres países, el rechazo de diez -entre ellos Estados Unidos, Argentina y Hungría- y doce abstenciones, este 12 de septiembre la Asamblea General de la ONU aprobó una resolución enderezada a promover el reconocimiento de Palestina y una salida negociada a la crisis humanitaria que se vive.
Sí. Muchos actos, declaraciones y protestas, pero el genocidio continúa.
Bogotá, D. C, 18 de septiembre 2025
Expresidente de la Corte Constitucional
Si se prescindiera de tanta burocracia parasitaria y se hiciera una liposucción a ese gasto inútil, se podría reducir el desfinanciamiento a $11.7 billones, en lugar de los $26.3 billones.
Por Amylkar D. Acosta M*. - Como es bien sabido, el Ministro de Hacienda Germán Ávila radicó en el Congreso de la República el proyecto de n del Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia de 2026 aforado en un monto de $556.9 billones, equivalente al 28.9% del PIB, con un incremento del 9% con relación a los $511 billones de la actual vigencia y del 14.1%, si se excluye el rubro de servicio de la deuda. Concomitantemente presentó también a su consideración un proyecto de ley de financiamiento contentiva de una reforma tributaria con el fin, según el, de que “se discuta paralelamente con la propuesta de PGN”.
Se repite la historia de hace un año cuando se presentó el proyecto de ley de presupuesto de este año con un desfinanciamiento de $12 billones y se intentó infructuosamente que el Congreso de la República le aprobara una ley de financiamiento por ese mismo valor para tapar el hueco. Ante la negativa del Congreso el Presidente de la República terminó decretando el PGN de la actual vigencia, viéndose compelido a decretar el congelamiento de dicha suma para equilibrar el presupuesto. Pero esta vez el monto del faltante es más del doble de dicha suma, ahora asciende a la suma de $26.3 billones, 4.72% del monto global, los cuales se pretende recaudar con la socorrida ley de financiamiento.
Ante la reticencia del Congreso de la República de aprobar una segunda reforma tributaria en el cuatrienio del Presidente Petro, después de la del 2022, que estuvo precedida por la del Presidente Duque en 2021, en este última legislatura, signada por el agitado clima pre-electoral, con la desintegración del quorum de la Comisión tercera de la Cámara de Representantes por parte de la bancada oficialista en momentos en los que se discutían propuestas para bajar y ajustar el monto del presupuesto, acorde con la expectativa de ingresos se le allanó el camino al Presidente Petro para que este decrete, una vez más, el PGN para el año entrante, dado que se agota el 15 de este mes el plazo legal para evacuarlo por parte del Congreso.
El Presidente Petro, emplazó al Congreso de la República, alegando su propia culpa del desaforado ritmo del gasto, afirmando con total desenfado que “el Estado va a quebrar si el Senado no aprueba la Ley de financiamiento”. Y fue más lejos al espetar que “todas las cifras lo dicen…nos hundiremos en la barbarie”. En todo caso el plazo límite para la aprobación del monto se agotó, con lo cual el Gobierno se ha salido con la suya en esta primera instancia, ahora resta saber si antes del 20 de octubre se aprueba el articulado del proyecto de PGN por parte del Congreso de la República o el Gobierno se sale con la suya, recurriendo al filibusterismo que tanto ha criticado cuando la practica la oposición.
Aunque el Ministro Ávila aduce que “no hemos evaluado un plan B”, el hecho cierto es que ello le conviene al Presidente, quien no disimula su deseo de que quede en sus manos decretarlo, pues ello le permite esquivar el debate en el Congreso de la República, el cual podría poner en riesgo la aprobación de varios artículos que le dan facultades omnímodas al ejecutivo, entre ellos la de modificar y reprogramar lo atinente a las vigencias futuros, intento este que ha sido muy controvertido y cuestionado por poner en riesgo la confianza inversionista y la seguridad jurídica, al dejar en el limbo . Y ello pese a la advertencia de que la Contraloría General le advirtiera que “las vigencias futuras son de única destinación” y en consecuencia “no deben ser reprogramadas ni destinadas a otros fines”. Así de claro!
Las críticas al proyecto de presupuesto presentado por parte del Gobierno por parte de los expertos y de los centros de pensamiento no se han hecho esperar. Como contexto es importante destacar que el mismo está precedido por la decisión del Gobierno Nacional de recurrir a la Cláusula de escape de la Regla fiscal para desembarazarse de su cumplimiento y tener las manos libres para gastar sin límites.
Según el Director ejecutivo de Fedesarrollo Luis Fernando Mejía lo que está pasando con el PGN refleja un grave problema de planificación financiera en el Gobierno al presentar presupuestos que no son financiables y remató diciendo que “hay montos desbordados y baja capacidad de recaudo” y que con el crecimiento del PGN en un 9%, el triple de la meta de inflación objetivo que se ha fijado el Banco de la República, “no se están dando señales de apretar el cinturón”, como lo aconseja la responsabilidad y la sostenibilidad fiscal.
Al escudriñar las cifras y los rubros de las distintas partidas del proyecto de PGN, además del crecimiento desproporcionado del monto del mismo, que no se compadece con los precarios ingresos, llama poderosamente la atención el crecimiento de la asignación a los gastos de funcionamiento ($365.7 billones), que es del 11.1%, insuflados fundamentalmente por la hipertrofia de la burocracia, particularmente de los contratos por prestación de servicios (OPS), los cuales se incrementaron, sólo en las entidades centralizadas, según el Sistema electrónico de contratación pública (SECOP), el 40% entre 2021 y 2024, al pasar de 45.000 a 63.000, con un costo de $3.2 billones, aproximadamente.
Pero en total, entre agosto de 2022 y julio de 2025, se han firmado 382.858 OPS, con un costo aproximado de $14.6 billones, equivalente al rubro correspondiente a la inversión. Dicho de otra manera, si se prescindiera de tanta burocracia parasitaria y se hiciera una liposucción a ese gasto inútil, se podría reducir el desfinanciamiento a $11.7 billones, en lugar de los $26.3 billones. Sólo en 2025 se registraron 101.120 nuevos contratos, por valor de $4.87 billones (¡!). Ello, a contrapelo de la retórica del Gobierno y su reforma laboral, las cuales propenden por la formalización laboral y en contra de la precarización del empleo.
Cota, septiembre 17 de 2025
Economista. Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
López Michelsen consideró que Colombia era ante todo una víctima y hacía particular énfasis en la necesidad de controlar el consumo y el lavado de dólares, temas que hoy siguen vigentes y que le dan aún más relevancia a las tesis del expresidente.
Por Fernando Cepeda Ulloa* - Una invitación de la Universidad del Norte para participar en un panel sobre Alfonso López Michelsen me llevó a repasar el excelente libro del profesor canadiense, Stephen J. Randall, sobre la vida y la época de este distinguido intelectual, presidente y dirigente político.
En veinte páginas, el profesor Randall ubica la importancia de la visita de Estado, que por invitación del presidente Gerald Ford hizo el presidente López a Washington, y los temas que se trataron, al tiempo que en su presentación resulta evidente la admiración y el respeto hacia el presidente López Michelsen, sus tesis, sus visiones de política exterior y sus apreciaciones sobre las relaciones de Estados Unidos y América Latina. Siendo uno de los principales temas el de la decisión de Estados Unidos de dar un tratamiento diferente a las relaciones con Panamá, y ello, en virtud de la suscripción de nuevos tratados que le otorgaron a esta nación la soberanía sobre el canal de Panamá. Un tema que el presidente López conocía muy bien, y para el cual tenía opiniones que los funcionarios americanos consideraron muy apropiadas y que, de alguna manera, contribuyeron al éxito de una decisión muy difícil en los Estados Unidos, porque no era fácil obtener el beneplácito del Congreso y de la opinión pública.
La visita se realizó del 25 al 30 de septiembre de 1975, o sea hace 50 años. ¡Quien lo creyera! Los diferentes interlocutores en Washington, el presidente Ford, Henry Kissinger, y otros, consideraron que las opiniones y consejos del presidente López habían sido fundamentales para lograr el éxito que permitió suscribir los nuevos tratados con Panamá.
Otro tema no menos significativo fue el que llevó al presidente López a anunciar, durante el banquete en la Casa Blanca, que Colombia renunciaba a la ayuda que proporcionaba Usaid, la agencia para el desarrollo internacional, que ahora el presidente Trump ha cerrado. El presidente López argumentó que la bonanza cafetera y otros factores de progreso aconsejaban que Estados Unidos dedicara los dineros que generosamente otorgaba a Colombia para otros países de la región que estaban más necesitados.
También se ocupó del complejo tema del tráfico de drogas ilícitas frente al cual López Michelsen considera que Colombia era ante todo una víctima y hacía particular énfasis en la necesidad de controlar el consumo y el lavado de dólares, temas que hoy siguen vigentes y que le dan aún más relevancia a las tesis del expresidente. Igualmente abogó por una modificación del sistema general de preferencias comerciales de los Estados Unidos, que excluía algunos importantes productos colombianos, entre ellos los textiles y las flores.
Es importante anotar que los textos de las páginas que he mencionado están basados, principalmente, en documentos oficiales de los Estados Unidos, vale decir, memorandos del departamento de Estado, de funcionarios de la Casa Blanca, del propio Kissinger para el presidente de los Estados Unidos o del departamento de defensa o de los servicios de inteligencia. Y eso le da una enorme autenticidad a las afirmaciones del profesor Randall que ya hemos mencionado.
El presidente Carter, quien suscribió los Tratados con el presidente panameño, Torrijos, invitó al presidente López para que como testigo acompañara la suscripción de los mismos, y ello con el reconocimiento de lo que había significa la participación del presidente López en esta negociación tan compleja, finalmente exitosa. Esta fue la segunda visita del presidente López a Washington. Sobra decir que en las distintas ocasiones, en las cuales participó doña Cecilia, su esposa, su perfecto dominio del inglés, su amplia cultura y su interés por las causas más nobles relacionadas con la infancia y las mujeres, contribuyeron ampliamente a la mejor apreciación sobre la visita de la comitiva presidencial. Eran otros tiempos.
Bogotá, D. E, 16 de septiembre 2025
*Analista Político, Catedrático. Exministro de Estado
Dios no lo quiera, pero si el “Proyecto de Sometimiento” se convierte en Ley… ¿a dónde iremos a parar?
Por José F. Lafaurie* - Mientras el presidente sacaba pecho en Osaka con la lechona colombo-japonesa-mexicana, y su ministro delegatario en Bogotá con la clasificación de la selección Colombia gracias al gobierno Petro - ¡vaya osadía! -, este último también firmaba la resolución para convertir a una mafia narcoterrorista, las Autodefensas Gaitanistas (antes Clan del Golfo, Urabeños, Clan Úsuga), en Grupo Armado Organizado, GAO, bajo el nombre de Ejército Gaitanista de Colombia, EGC.
Benedetti afirmó que este nuevo “ejército” no tendrá “estatus político”, y es cierto a la luz del Derecho Internacional Humanitario, porque esa condición deviene del “estatus de beligerancia”, que reconoce a un Grupo Armado Organizado como parte en un “conflicto armado no internacional”, es decir, legitima la sublevación contra un gobierno y, por tanto, el derecho a negociar de igual a igual para remover las causas de esa sublevación legitimada. Las Farc siempre exigieron la “beligerancia”, pero nunca la obtuvieron, sobre todo porque les obligaba, como parte en conflicto, a cumplir con el DIH, el cual violaron sistemáticamente. Sin embargo, sin beligerancia ni estatus político, negociaron y pusieron patas arriba las instituciones como si lo tuvieran.
Hoy, con esa incoherencia que se ha vuelto marca del Gobierno, de dientes para afuera se afirma que esos grupos delincuenciales no tienen ni tendrán estatus político, cuando el Gobierno mismo se lo reconoció, en forma de “mico”, en la llamada Ley de Paz Total, la cual diferencia entre “Grupos Armados Organizados al margen de la Ley” y “Estructuras armadas organizadas de crimen de alto impacto”, ambos, como dicen en el Caribe, “cucarachas del mismo calabazo”, pero mientras el Gobierno podrá negociar con las “Estructuras” solamente su sometimiento, con los GAO podrá negociar y lograr acuerdos para, entre otras cosas, “la creación de condiciones que propendan por un orden político, social y económico justo” (Ley 2272 de 2022. Art. 5º). Así que no nos vengan con cuentos de que el Ejército Gaitanista, recién ascendido a GAO, no tendrá “estatus político”.
Ahora bien, resulta paradójico que mientras unos bregan por entrar, otros luchan por salir. En efecto, una de las exigencias del Eln ha sido la exclusión de la lista de Grupos Armados Organizados, y seguirá insistiendo en ello, más ahora que el Clan del Golfo ingresó maquillado a esa lista, porque los elenos se consideran la última y única guerrilla subversiva con carácter político por derecho propio, condición que, para ellos, no solo legitima todas las formas de lucha, es decir, toda su barbarie, sino que les otorga una suerte de derecho especial de negociación, que tiene como telón de fondo el exabrupto de las negociaciones de Santos con las Farc.
Ahora mismo circula el video de Pablo Beltrán, uniformado y con escarapela al hombro, buscando espacios para retomar los diálogos, aunque exigiendo que el país cambie a su acomodo, sin que ellos cambien, dejen de sojuzgar e instrumentalizar a las comunidades campesinas e indígenas…, dejen de tumbar helicópteros y asesinar soldados y policías.
Hoy el Gobierno tiene acercamientos con el Ejército Gaitanista ¡en Catar!, y quizás se vuelva a sentar con el Eln, con las disidencias y reincidencias, y hasta convoque a los delincuentes que acompañaron a Petro en “el tarimazo” en Medellín, abriéndole camino a su “Proyecto de Sometimiento”, otro ejercicio de impunidad masiva sin posibilidades en época electoral y con un gobierno agonizante, pero en campaña para perpetuar su proyecto político.
Así las cosas, ¿esta nueva oleada de “dialoguitis” gubernamental responde a sus anhelos de paz o a sus anhelos electorales? Y, Dios no lo quiera, pero si el “Proyecto de Sometimiento” se convierte en Ley… ¿a dónde iremos a parar?
Bogotá, D. C, 15 de septiembre de 2025
Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Dirigentes y partidos obstaculizan proyectos y programas, existiendo problemas que requieren urgente solución como es el caso del sistema de salud o las dificultades presupuestales.
Por José G. Hernández*. - El equilibrio entre las ramas y órganos del poder público, su independencia y autonomía, sin perjuicio de la colaboración armónica entre ellos -haciendo cada uno lo que le corresponde- son elementos esenciales para la vigencia de una auténtica democracia y para cumplir los propósitos del Estado Social de Derecho.
Como se instituyó a partir del pensamiento de Montesquieu: dado que quien tiene poder suele inclinarse a retenerlo y hay muchos que abusan o quieren abusar del poder, es preciso que, por disposición e imperativo del orden jurídico, el poder detenga y controle al poder. Que no esté concentrado, como puede estarlo en monarquías o dictaduras, sino que se distribuya, de modo que exista un equilibrio entre ramas y órganos independientes, según reglas predeterminadas que contemplen un sistema eficaz de frenos y contrapesos.
Según el artículo 113 de la Constitución colombiana, además de los órganos que integran las tradicionales ramas legislativa, ejecutiva y judicial, existen otros, autónomos e independientes, para el cumplimiento de las demás funciones del Estado. Agrega la norma que, si bien tienen funciones separadas, todos ellos colaboran armónicamente para la realización de los fines estatales, que son los previstos en el artículo 2 : “servir a la comunidad, promover la prosperidad general y garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Constitución; facilitar la participación de todos en las decisiones que los afectan y en la vida económica, política, administrativa y cultural de la Nación; defender la independencia nacional, mantener la integridad territorial y asegurar la convivencia pacífica y la vigencia de un orden justo”.
Dice el artículo 121: "Ninguna autoridad del Estado podrá ejercer funciones distintas de las que le atribuyen la Constitución y la ley".
La polarización política existente ha dado lugar a una enorme desfiguración de la democracia y a erróneas interpretaciones de la preceptiva fundamental, en detrimento de los señalados fines estatales, que deberían prevalecer sobre el interés puramente político. Dirigentes y partidos obstaculizan proyectos y programas, existiendo problemas que requieren urgente solución como es el caso del sistema de salud o las dificultades presupuestales. De uno y otro lado, no hay sino enfrentamiento. No se dialoga, no se razona, no se discute, no se intenta conciliar ni se formulan contrapropuestas, y se frustran los debates sobre leyes y reformas de gran importancia.
El Ejecutivo, por su parte, sigue insistiendo en la necesidad de convocar una asamblea constituyente, sin señalar sobre cuáles materias versaría y a sabiendas de que, requiriéndose una ley previa, con mayorías calificadas, es muy probable que tal propuesta fracase, como ocurrió con la convocatoria a la consulta popular en materia laboral.
No hay, entonces, la colaboración armónica que ordena la Constitución, toda vez que no hay coordinación sino peleas y rivalidades entre órganos y poderes. Pero tampoco hay respeto a la separación funcional, como lo hemos visto cuando varios alcaldes, sin coordinación con el presidente de la República -a quien compete la dirección de las relaciones exteriores- viajan a Estados Unidos para hablar -en una supuesta representación de Colombia- sobre decisiones de claro interés nacional -no local-, desbordando el campo de sus específicas competencias.
Bogotá, D. C, 11 de septiembre 2025
*Expresidente de la Corte Constitucional
Petro se debe despojar de esa chaqueta “verde perico”, que lo alucina, lo llena de ira y lo aleja de todo lo que busca nuestra patria.
Por Gabriel Ortiz*. - De la noche a la mañana todo empezó a cambiar. Se inició cuando el presidente Petro se enteró que su gobierno se debilitaba y sus huestes tomaban inconsultas decisiones, sin importar las consecuencias de esas herejías y sacrilegios.
Fue el instante en que Petro se irrita, grita, se crispa y amenaza con estampar sus firmas, usar la tele y los consejos de ministros para degradar, destituir, expulsar, licenciar y cambiar a quien pose contrariarlo, o saque la maleta al menor de sus caprichos.
Laura, el Pastor, 50 ministros, centenares de funcionarios y excompañeros del M19, empezaron a conocer el asfalto y palpar el significado soledad, desprecio, descrédito y sol a las espaldas, mientras el ídolo disfruta y goza las mieles del poder.
El presidente completó el pasado 7 de agosto tres años disfrutando a sus anchas de lo divino y lo humano. 36 meses sin que nadie le roncara, ni en las alturas del Fac-1, ni en el lecho de San Carlos. Solo lo rondaban aceptaciones. “Sí señor, claro presidente, tiene toda la razón, que nadie se oponga, hay presupuesto, existen los fondos, se queda dormido, se pierde y desaparece, alucina, delira, desvaría ilusiona” y nada ocurre.
Pero en septiembre, antes de noviembre, como lo narra Gabo en su libro, “llega el Arzobispo”. La fortuna no podía desamparar a un país, un pueblo, una sociedad. El gran poder tiembla y empieza a desmoronarse.
Quiso imponer a una jurista como magistrada de la Corte Constitucional, aplicando toda suerte de maniobras que incluyeron presiones al Congreso, como elector. Soñó con sus decretazos, modificación de las legislaciones y reformas constitucionales.
Tras esto y aquello, continúa el derrumbe con la asesoría del ministro Benedetti, a quien su melodía también desafina y falla.
Carlos Camargo, notable Defensor del Pueblo fue elegido magistrado, mayoritariamente por un Congreso firme, decidido e independiente. Petro quedó viendo un chispero, a tal punto, que se vengó destituyendo a tres de sus nerviosos ministros, que hasta donde se sabe, nada tenían que ver con el asunto.
El jefe de estado no frenó sus ímpetus, ni su irritación. Alguien debía pagar o atenuar esa ira. Procedió entonces a injuriar al nuevo magistrado, a la Corte Constitucional y en general, a la Justicia. Al Congreso lo tildó de amañado, porque no le entregó la votación que él quería alcanzar. Nuestros legisladores tampoco fueron, los títeres que esperaba Petro.
Total: estamos ingresado a un país que respeta los tres poderes y se prepara para que el pueblo y la sociedad en general, saquen adelante las normas, las instituciones y todas las reformas que viene esperando durante tantos años.
La nación, sus gentes, su dirigencia y hasta la tal izquierda, creyeron en el “gobierno de unidad nacional” que Ocampo y Petro acordaron, junto con la dirigencia colombiana de entonces. El engaño fue general para millones de votantes que quieren, buscan y reclaman un gobierno, un Estado y una comunidad de transición, con justicia y paz. El presidente Petro, tiene la obligación de pisar tierra y permitir el resurgir de una patria equitativa, que conduzca a estos 51 millones de habitantes hacia la meta del desarrollo, de la igualdad, la legalidad y una paz real y efectiva, alejada de los retazos que hoy quiere plantearle el actual mandatario, con una creciente guerrilla apoyada en el narcotráfico.
Petro se debe despojar de esa chaqueta “verde perico”, que lo alucina, lo llena de ira y lo aleja de todo lo que busca nuestra patria. A nada nos conducen los ríos de leche y miel con miles de millones de toneladas de platos de lechona tolimense que inundarán el planeta para enriquecernos.
Vamos tras el anhelo de nuestro pueblo, nuestra gente, nuestras instituciones y en general de esa conciencia nacional que nos anima.
BLANCO: Felicitaciones al médico y científico colombiano Alvaro Arenas, Electrofisiologo de la Fundación Cardioinfantil, quien fue nominado como miembro de honor asociado de Sigma Xi, la más importante agremiación científica del mundo.
Bogotá, D. C, 12 de septiembre 2025
Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.