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Redacción Ecos. Foto Wikipedia CC/ Supinsky Sergei / AFP- Chernobyl fue el accidente que la industria nuclear rusa afirmaba que jamás sucedería. La cantidad de radiación emitida fue, al menos, 100 veces más fuerte que la producida por las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Después de la explosión, un incendio descomunal se desató en las instalaciones, que tuvo una duración de 10 días y contribuyó a la expansión de una gran cantidad de material radioactivo, en las zonas adyacentes y en otras grandes zonas de Europa, especialmente, en Ucrania, Bielorrusia, Irlanda y Rusia, con un 63% de radiación.

En la actualidad, donde está ubicada la planta no hay ya residentes. A los trabajadores se les permite vivir en la ciudad de Chernobyl, a unos 15 kilómetros de distancia, e incluso así, sólo pueden hacerlo por un número determinado de semanas.

Hoy, a casi 30 años del accidente, las secuelas permanecen y todavía existe una zona de exclusión alrededor de la planta nuclear de Chernóbil en Ucrania.

Pripyat, la ciudad más cercana a Chernobyl, está altamente contaminada, y continuará abandonada, ya que el plutonio necesita más de 24 mil años para reducir al menos a la mitad su intensidad.

Por ello, los habitantes de la zona de exclusión y zonas cercanas miden, cada día, la radiación con un dosímetro, para monitorear los cambios en la radiación y la exposición a la misma.

En promedio, las mediciones en la zona oscilan entre 0,9 microsieverts por hora a una cierta distancia de la planta a 2,5 microsieverts cerca de ella. En aquellos lugares donde se registra un nivel alto, unos 214,2 microsieverts por hora, es peligroso quedarse aunque sea por tan sólo pocos minutos.

El dosímetro registra esa medida cuando se analizan equipos radioactivos usados tras la crisis de 1986 en un área cercana a la ciudad de Pripyat.

Pripyat es hoy una ciudad fantasma. Inaugurada en 1970 como un núcleo urbano soviético moderno para los trabajadores de la industria nuclear, se convirtió en el hogar de unas 50.000 personas.

Paradójicamente, aun cuando los otros reactores nucleares de Chernobyl fueron apagados de inmediato, se reiniciaron posteriormente y operaron durante otros 13 años.

Chernóbil se encuentra en proceso de cierre y desmantelamiento desde 2000. Para noviembre se instalará el llamado “arco”, una construcción única en su género, que protegerá al sarcófago construido sobre el cuarto reactor (el accidentado) de cualquier posible fuga radioactiva, según dijo el director de la central, Igor Gramotkin, al semanario Zérkalo Nedelii.

El proyecto “arco”, señaló, cuesta 2.500 millones de euros y en él participan 28 países, además del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, que es el administrador del fondo de Chernóbil.

Gramotkin explicó que el tercer reactor puede considerarse ya como una instalación no nuclear y el segundo y primer bloque tendrán también esta categoría este mismo año, cuando se acabe de eliminar el combustible radioactivo que hay en su interior.

Es de interés histórico señalar que gracias a Suecia se supo de la tragedia de Chernóbil, porque fue el primer país en informar al mundo sobre el desastre, ya que el gobierno ucraniano decidió mantener la explosión en secreto.

Veinticinco años después, el desastre nuclear de Fukushima, en Japón, nos recordó el enorme riesgo que corremos al depender de esta clase de energía. Pero para muchos gobiernos es una alternativa energética.