Logo Ecospoliticos

Por Felicia Saturno Hartt. Foto: Ecos.- Un gran número de niños y adolescentes hacen labores domésticas, remuneradas o no, en los hogares de terceras personas. Sus vidas transcurren ocultas a la mirada de la sociedad y lo habitual es que se encuentren aislados y alejados de sus familias. Por ello, estos menores son particularmente vulnerables a la explotación y las historias de abuso son muy frecuentes.

En la actualidad, cerca de 215 millones de niños y adolescentes trabajan en el mundo, muchos a tiempo completo. No van a la escuela y no tienen tiempo para jugar. Muchos no reciben alimentación ni cuidados apropiados. Se les niega la oportunidad de ser niños.

Más de la mitad de estos niños y adolescentes están expuestos a las peores formas de trabajo en ambientes peligrosos, esclavitud, y otras formas de trabajo forzoso, actividades ilícitas, incluyendo el tráfico de drogas y prostitución, así como su participación involuntaria en los conflictos armados.

Por ello, desde 2002, el 12 de junio se celebra mundialmente el Día Mundial contra el Trabajo Infantil, a los fines de lograr la erradicación de esta situación que empobrece el futuro de las generaciones futuras.

El Programa Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (IPEC), guiado por los principios consagrados en el Convenio número 138 sobre la edad mínima y el Convenio número 182 sobre las peores formas de trabajo infantil de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), buscan alcanzar la abolición efectiva del trabajo infantil. Pero se requiere voluntad política y acción comunitaria para lograrlo.

Desde una perspectiva histórica, el principal instrumento de la OIT para alcanzar el objetivo de la abolición efectiva del trabajo infantil ha sido la adopción y la supervisión de normas del trabajo, en las que se aborda el concepto de edad mínima de admisión al empleo o al trabajo.

Además, desde 1950, el principio de que las normas relativas a la edad mínima deberían ir asociadas a la escolarización, ha formado parte de la tradición normativa de la OIT en esa esfera. En el Convenio número 138 se establece que la edad mínima de admisión al empleo no deberá ser inferior a la edad en que cesa la obligación escolar.

El Trabajo Infantil prohibido en el Derecho Internacional queda comprendido en tres categorías, a saber:

Primero, las formas incuestionablemente peores de trabajo infantil, que internacionalmente se definen como esclavitud, trata de personas, servidumbre por deudas y otras formas de trabajo forzoso, reclutamiento forzoso de niños para utilizarlos en conflictos armados, prostitución y pornografía, y actividades ilícitas.

Segundo, un trabajo realizado por un niño que no alcanza la edad mínima especificada para el tipo de trabajo de que se trate (según determine la legislación nacional, de acuerdo con normas internacionalmente aceptadas), y que, por consiguiente, impida probablemente la educación y el pleno desarrollo del niño.

Tercero, un trabajo que ponga en peligro el bienestar físico, mental o moral del niño, ya sea por su propia naturaleza o por las condiciones en que se realiza, y que se denomina «trabajo peligroso»

Este 2016, el Día Mundial contra el Trabajo Infantil está dedicado al trabajo en las cadenas de producción. Con 168 millones de niños que todavía son víctimas del trabajo infantil, todas las cadenas de suministro, de la agricultura a la manufactura, de los servicios a la construcción, corren el riesgo de que el trabajo infantil esté presente.

Las nuevas estimaciones indican que, en 2004, había aproximadamente 317 millones de niños económicamente activos de 5 a 17 años de edad, 218 millones de los cuales podrían considerarse niños trabajadores.

De estos últimos, 126 millones realizaban trabajos peligrosos. Las cifras correspondientes al grupo de edad más limitado de 5 a 14 años eran de 191 millones en el caso de los niños económicamente activos, de 166 millones en el de los niños trabajadores, y de 74 millones el de los que se dedicaban a trabajos peligrosos.

El número de niños trabajadores de 5 a 14 años de edad y de 5 a 17 años se redujo un 11 por ciento entre 2000 y 2004. Sin embargo, se redujo mucho más en el caso de los trabajos peligrosos: un 26 por ciento en el caso del grupo de 5 a 17 años y un 33 por ciento, en el de 5 a 14 años.

La incidencia del trabajo infantil (porcentaje de niños que trabajan) en 2004 se calcula en 13,9 por ciento en el caso del grupo de 5 a 17 años de edad, en comparación con un 16 por ciento en 2000. Sin embargo, la proporción de niñas entre los niños trabajadores permaneció constante.

Se requiere adoptar una perspectiva de DDHH para entender mejor el problema, ya que se centra en la discriminación y la exclusión como factores que contribuyen al mismo. Los grupos más vulnerables en relación con el trabajo infantil suelen ser los que sufren discriminación y exclusión: las niñas, las minorías étnicas y los pueblos indígenas y tribales, las personas de clase baja o de una casta inferior, los discapacitados, las personas desplazadas y las que viven en zonas apartadas.

Ello implica la necesidad de establecer un nuevo objetivo para el movimiento mundial contra el trabajo infantil. En términos políticos, ello significa la incorporación del trabajo infantil al programa de los ministerios de finanzas y de planificación, ya que, se tiene que convencer a los gobiernos de que actúen para acabar con el trabajo infantil. Su eliminación está más relacionada con la adopción de una serie de decisiones políticas que con una labor tecnocrática. Además, la situación real cotidiana de inestabilidad y crisis obstaculiza los intentos de erradicarlo.

Como lo expresa el Director General de la OIT, Guy Ryder, "los gobiernos han comenzado a reconocer que para combatir el trabajo infantil es necesario contar con un conjunto de políticas coherentes que coadyuven a la aplicación de la legislación sobre trabajo infantil, lo cual debería incluir una educación de buena calidad, protección social y trabajo decente para los padres".

De lo contrario, estos niños y adolescentes, prematuramente empleados y explotados, serán los eslabones del círculo pernicioso de la pobreza, por carecer de formación, instrucción y de un proyecto de vida, que supere la supervivencia.