La Organización de las Naciones Unidas (ONU) denuncia con la campaña #NotATarget que niños, mujeres, refugiados y quienes les asisten, sufren agresiones deliberadas. 313 trabajadores humanitarios fueron víctimas de ataques en 2017, en 22 países.
La infancia es, cada vez más, blanco de ataques deliberados en contextos de conflicto, desde secuestros, reclutamiento o agresiones sexuales hasta asesinatos. Así lo constata el informe Los niños y los conflictos armados, elaborado por Naciones Unidas. En 2016, las fuerzas gubernamentales habían cometido al menos 4.000 violaciones verificadas contra menores de edad y los diversos grupos armados no estatales, más de 11.500. El año pasado esas cifras aumentaron a 6.000 y 15.000 respectivamente.
Cada 19 de agosto, con motivo de la celebración del Día Mundial de Asistencia Humanitaria, la ONU denuncia que la población civil es víctima de ataques deliberados o indiscriminados en guerras que nada tienen que ver con ellos, salvo la coincidencia geográfica. En 2017 la organización contabilizó más de 26.000 civiles asesinados o heridos en solo seis países en conflicto: 10.000 en Afganistán, más de 8.000 en Irak, unas 2.600 en Somalia y aproximadamente el mismo número en Yemen. En la República Centroafricana fueron más de 1.100 y casi 2.000 en la República Democrática del Congo.
Los niños y las mujeres, enfatiza el organismo, son especialmente vulnerables a la violencia. Lo mismo ocurre con los desplazados internos y los refugiados, que ya suman 65,6 millones. Por eso, su protección debe ser reforzada.
Pero quienes se dedican a ayudarles en los momentos de necesidad tampoco están exentos de riesgo. Todo lo contrario: 139 trabajadores humanitarios fueron asesinados mientras realizaban su labor en 2017, un 23% más que el año anterior (107), según los datos que recopila anualmente el Aid Workers Security Report. A los fallecidos hay sumar a aquellos que resultaron heridos (102) y secuestrados (72). En total, 313 víctimas en 158 incidentes en 22 países. En 2017, 139 trabajadores humanitarios fueron asesinados, un 23% más que el año anterior.
Con el lema #NotATarget (#NoSonUnObjetivo, en español), la ONU repite el mensaje de la pasada edición de este día conmemorativo. Así exige el cese de las acciones violentas contra personas ajenas a las partes en conflicto que, aunque representan una violación del derecho internacional, no dejan de crecer.
"Los ataques contra la población se han convertido en un arma de guerra. Se fuerzan movimientos de población hacia territorios de otros grupos, lo que supone más presión para ellos. Lo vemos en el sur de Siria: con ataques se empuja a la gente a huir y se genera tensión en las zonas a las que llegan, donde no pueden alimentarse y hospedarse", analiza Mónica Acosta, jefa de emergencias de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).
Salvar vidas, arriesgar la propia
Todos los años de los últimos diez, salvo alguna excepción, han aumentado el número de trabajadores humanitarios asesinados o heridos por ataques deliberados. Las 313 víctimas de 2017 son un 42,3% más que las 220 de 2007, según los registros de la Aid Work Security Database. Los datos reflejan la mayor dificultad que enfrentan quienes dedican a ayudar a otros en contextos de conflicto, pese a que su labor es cada vez más necesaria. La ONU estima que este año 136 millones de personas necesitarán asistencia urgente para sobrevivir.
Anna Nieto, responsable del Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU para cooperación con ONG en Yemen, conoce bien los obstáculos. "Tenemos muchas dificultades para salir a terreno, debido a la falta de permisos para poder viajar y al hecho de que el país está controlado por partes en conflicto distintas. Un ejemplo: hasta el mes pasado, para poder ir al sur, teníamos que salir del país, ir a África (Yibuti) y entrar otra vez a Yemen por aire o por mar. Poder salir a terreno es esencial para mantener la perspectiva de la situación humanitaria", detalla.
Su primera salida en Yemen era ya un aviso de lo que le esperaba. "Cuando me destinaron a cubrir el puesto de jefa de delegación, al día siguiente mis colegas organizaron una visita a unos hospitales y puntos de distribución de alimentos en zonas rurales. Nunca llegamos a esos sitios porque nuestros vehículos fueron detenidos en el primer punto de control antes de salir de la ciudad. Por lo visto ¡las autoridades no estaban de acuerdo en que no les hubiera ido a visitar antes de salir de misión!"
Es un poco paradójico, especialmente en contextos con grandes necesidades como en Yemen, pero la ayuda humanitaria no siempre es bienvenida
La movilidad no es su único problema. "Mi trabajo consiste en gestionar la relación con las ONG con las que trabaja el PMA. Sin ellos no podríamos facilitar alimentos a casi ocho millones de personas al mes", destaca Nieto. Sin embargo, a veces se encuentra que las organizaciones con las que trabaja han sido obligadas a cerrar sus oficinas por una parte en conflicto que acaba de controlar el territorio e impone otras ONG más afines políticamente. "Hay mucha desinformación y tenemos que programar en función de varios escenarios posibles, cambiar el tipo de asistencia, preposicionar alimentos...".
Para llevar a cabo su labor con seguridad, los actores humanitarios insisten en la importancia de negociar su presencia y labor con las comunidades, autoridades, grupos... Ganarse su confianza. "No es realista pensar que podemos llegar a un país y hacer lo que creemos que tenemos que hacer, aunque sea con las mejores intenciones. Es un poco paradójico, especialmente en contextos con grandes necesidades como en Yemen, pero la ayuda humanitaria no siempre es bienvenida", asegura Nieto.
El personal expatriado de las organizaciones cuenta, además, con fuertes protocolos de seguridad que contemplan desde el toque de queda hasta la evacuación. Los trabajadores locales, sin embargo, están más expuestos al riesgo. De los 313 cooperantes víctimas de ataques en 2017, 285 eran de los países donde se produjeron. A todos ellos, se les rinde homenaje cada 19 de agosto, aniversario del atentado en 2003 contra la sede de la ONU en Bagdad, en el Hotel Canal, en el que fallecieron 22 trabajadores de la organización.
Ginebra, 21 de agosto de 2018.-
Por Felicia Saturno Hartt.
Fuente: ONU.