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La verdad sea dicha, Colombia, como lo advirtió el Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, no está preparada para enfrentar con éxito el desafío que le significa la entrada en vigencia del TLC con EEUU y otros tratados comerciales que ha venido negociando a tontas y a locas el Gobierno, sin reparar en sus consecuencias.

Como lo dijo recientemente el periodista Andrés Oppenheimer, “Colombia está demasiado obsesionada con el TLC y poco obsesionada con la productividad”. Y esta, como lo sostiene el Nobel de Economía Paul Krugman, “no lo es todo para la competitividad, pero a largo plazo lo es casi todo”. Y no le falta razón a Oppenheimer, pues Colombia según la CEPAL, “Colombia, después de Perú y Bolivia es el país más atrasado en Latinoamérica en infraestructura”.

De acuerdo con la Federación Colombiana de Transporte de Carga (COLFECAR) el atraso del país en vías es de por lo menos 60 años, pues mientras en Colombia hay 350 kilómetros de vías por cada millón de habitantes Chile tiene 860 kilómetros y México 900. Colombia ocupa el último lugar en la región en densidad vial con 119 kilómetros por habitante. Y no hay que perder de vista que sin infraestructura, que son los rieles, no se podrá desplazar ninguna de las cinco locomotoras del crecimiento del Plan de Desarrollo para la prosperidad, quedando reducida a una simple metáfora. Con razón afirma el Presidente de COLFECAR que “con las vías de ahora, el TLC será un espejismo”.

De 164 mil kilómetros de carreteras con los que cuenta la red vial en Colombia, sólo 900 - discontínuos - son de doble calzada y únicamente el 8.5% de las vías están pavimentadas (contra un promedio en América Latina del 27%) y de estas sólo el 12.6% estaba en buen estado, 51% regular y el 36.4% mal. Este pésimo registro, no nos cabe la menor duda ha empeorado luego de la triple ola invernal que tiene practicamente colapsada la red vial nacional. La declaración del Director de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) Luis Fernando Andrade, no pudo ser más elocuente: “en carreteras, estamos como los pobres de África”. De allí que para traer un contenedor de productos desde Shanghai a Cartagena, que distan la una de la otra 15.593 kilómetros, cuesta US $1.100, mientras que transportar ese mismo contenedor desde La Heroica a Bogotá, con sólo 1.206 kilómetros de distancia, cuesta US $3.200, casi el doble (¡!).

Y como si lo anterior fuera poco, según Edgar Higuera Gómez, Director de la Cámara de Grandes Usuarios Logísticos de la ANDI, “el costo de transporte interno en EEUU es el 30% (¡!) del de Colombia” y este será a partir del mes entrante nuestra principal competidor. Y ello se explica básicamente porque en EEUU, como en los demás países desarrollados, a diferencia de Colombia, se aprovechan las economías en los fletes que se derivan de las sinergias propias del transporte intermodal. En Colombia el 70% de la carga nacional se mueve por carretera, 27% utiliza la vía férrea y un irrisorio 2% aprovecha nuestra inmensa riqueza fluvial.

Según The Economist, “para que la infraestructura de un país esté al día y se ajuste a los requisitos del mundo globalizado, es necesario que invierta al menos el 4% del PIB en este renglón. El promedio en Colombia en los últimos años ha sido 0.7% y, por lo tanto, será necesario multiplicar esta cifra por casi 6”. Andrade coincide con esta apreciación cuando sostiene: “para que un país como Colombia pueda mantener su rítmo de crecimiento y cerrar las brechas en infraestructuras que tiene, hemos calculado que necesita mantener un nivel de inversiones anual del 3% del PIB por lo menos por una década” y, según él mismo, estamos en el 1% del PIB.

Finalmente, hay dos hechos que por absurdos e irónicos son azáz dificil de entender: la primera, cómo es que siendo nuestra mayor falencia la infraestructura las cifras del DANE sobre crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año paradójicamente muestra una caída del 8. 1% (¡!) precisamente en el sector de la infraestructura. Y el año pasado fue este el sector que mostró la más baja ejecución (del 60%) del presupuesto de inversión. Y algo para Ripley: cómo es posible que después de 50 años de espera, cuando por fín se decide construir el túnel de La Línea que deberá conectar al municipio de Cajamarca (Tolima) con el municipio de Calarcá (Quindío) se contrata su construcción pero en un solo sentido y se prevé que sólo en el 2017 se empezará la construcción del túnel de retorno. Pero, tan grave como esta imprevisión e improvisación es que sólo ahora se percataron que cuando se concluyan las obras que se están adelantando hacia el mes de septiembre del año entrante no habrá luz al final del túnel, porque se les olvidó contratar el tramo de 2.5 kilómetros que lo separan de Calarcá. Por esta razón, el túnel de La Línea sólo estaría habilitado hacia mediados del 2015. Cabe preguntarse, cuánto le va a costar al país, en términos de eficiencia y competitividad este craso error.

 

Bogotá, junio 29 de 2012

 

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