Opinión
Por: Juan Manuel Galán *.- Hace 32 años que en nuestro país no se hace una reforma al código electoral ¡32 años! Eso significa que ha pasado más de una generación y las costumbres políticas de aquella época siguen vigentes. Además, en ese tiempo, los partidos políticos han perdido prestigio, ya no son fuerzas ideológicas o instrumentos de expresión de los anhelos populares, han dejado de lado el interés general y el de la colectividad, por el personal. Los partidos olvidaron que su labor es defender libertades y derechos fundamentales.
Por causa de esto, la compra de votos y el clientelismo han hecho que nuestro Estado sea débil y fácilmente capturado por grupos de poder, al igual que la sociedad civil que difícilmente se organiza o actúa colectivamente para presionar por grandes transformaciones, lo que ha generado altas desigualdades, pocas oportunidades y bajo crecimiento económico, y que por si fuera poco, ese clientelismo, nos cuesta a todos los colombianos entre el 4% y 5% del PIB anual.
También es pertinente señalar que una de las grandes causas de la guerra en Colombia ha sido limitar la participación política a los más débiles, a los sectores con mayores necesidades, los que finalmente son los que más requieren apoyo político, para generar desarrollo desde abajo. Por esta razón, a lo largo de los años surgieron grupos que, al no sentirse representados buscaron otros medios -ilegítimos- para ser escuchados. Por ello se formaron organizaciones ilegales para repelerlos, causando desde 1985 más de 8 millones de víctimas y la desaparición de organizaciones políticas, como la Unión Patriótica y el Nuevo Liberalismo.
Quiero manifestar que, la reforma política radicada por el Gobierno el pasado 8 de agosto es bastante lánguida, tímida y pobre. No satisface las verdaderas necesidades que demanda nuestra nación en el ámbito electoral. Necesitamos una reforma de fondo, donde aprovechemos los avances en tecnología, información y comunicaciones que se usan en diferentes partes del mundo como la biometría universal, herramientas que sin duda ayudarán a terminar de una vez por todas con los cacicazgos y las maquinarias políticas.
Bogotá, D. C, 12 de agosto de 2018
*Ex senador Liberal.
Por Gabriel Ortiz*.-Es mucho el trecho que hay de Macías a Duque y del nuevo presidente al Centro Democrático. De ello dependen los objetivos que Iván persigue para regresarle a Colombia una convivencia pacífica y el empeño del joven mandatario, que ha entendido que existe otra manera de manejar las cosas con positivismo, soluciones y sin agresiones.
Uribe quiso manejar las cosas durante diez y seis años, la mitad él y la otra queriendo manejar a Santos como un títere, propósito que le falló. Impuso con su innegable liderazgo, una dañina polarización, que sembró de tal manera el odio, la intolerancia y el insulto, que dividieron amistades, familias y comunidades.
Se pensó que terminado el gobierno del Nobel Santos, y recuperado el poder uribista, cesarían los twitter, declaraciones, manifestaciones y epítetos cargados de injurias, rencores, rabia, bilis, intolerancia y desprecios. Pero el mismo 7 de agosto este país despertó con una amarga página publicada por el Centro Democrático en El Tiempo, que chorreaba hiel, cólera y amargura. En lugar de abrir una puerta amable al nuevo mandatario y al país, quiso salpicar a Duque de irritación, secreción e inquina. Los colores que el Centro Democrático escogió para esa publicación, parecían escogidos por el Frankenstein de Shelley, para infundir terror a ocho millones de colombianos.
El país no había alcanzado a reponerse del espanto, cuando ligeramente pasadas las tres de la tarde, el presidente del Senado asperjó el ambiente, que debería haber sido solemne, con una perorata pueblerina que enlodó el atractivo escenario que sirvió para posesionar a Duque. Su incordio, fue un sartal de mentiras y falsas noticias que nos hicieron aparecer como un país troglodita, inviable e irrescatable por parte del nuevo mandatario. Si queríamos atraer el turismo para fortalecer nuestra economía, un opita quiso darle el puntillazo final. Quienes leyeron el aviso y escucharon el fastidioso discurso, difícilmente vendrán a Colombia a invertir o a pasear.
Por fortuna un ventarrón de agosto buscó limpiar el mal ambiente y la energía negativa que dejó Macías y permitió observar otra cara de la moneda, que el Presidente Iván Duque proyectó para una nación que con pujanza mira hacia el futuro. Para borrar la perorata del opita, anunció un gobierno con soluciones, no con agresiones. Dijo que su gobierno servirá para construir, no para destruir. Que será un presidente que buscará acuerdos, no aplausos y fue despertando y sembrando en el auditorio positivismo y grandes esperanzas. Esas esperanzas que nos pidió el Papa Francisco, “no dejarnos robar”.
Con cada frase, con cada afirmación, con cada palabra, Duque propagó optimismo y fortaleza para que salgamos adelante. Muchos esperan que su mentor, con costilla nueva, no trate de truncar esos buenos deseos, que empiezan con los 30 días que dio al Eln para firmar la paz y con sus otros empeños positivos orientados a eliminar la polarización y la pésima energía. Bienvenido Presidente con sus ideas, aspiraciones, planes y excelente equipo.
BLANCO: El reconocimiento que Colombia dio a Palestina como Estado.
NEGRO: La nueva amenaza del niño.
Bogotá, D.C, 10 de agosto de 2018.
Por Ariel Ávila*.- Luego de la posesión del presidente Iván Duque, al menos, quedan tres cosas bastante claras.
Por un lado, el Centro Democrático aplicó la misma fórmula de siempre, una de las personas hace un discurso incendiario, violento, lleno de odio y luego el otro suaviza, habla de unidad, de no mirar el retrovisor y de reconciliación. Lo hicieron por años en el Congreso de la República, por un lado el senador Uribe hablaba duro y el ahora presidente Duque suavizaba. Paloma Valencia arremetía y María del Rosario Guerra hablaba más suave. Pero para quienes conocen la política y han estudiado al Centro Democrático, esto no fue una cosa inesperada o del azar, fue algo planeado. El senador Uribe, máximo dirigente de esta colectividad, conocía el discurso de Macías y nada fue cosa del azar.
Algunos analistas han dicho que este hecho confirma un secreto a voces, y es que en el Centro Democrático hay dos líneas, una radical de ultraderecha y otras más moderada de centro derecha. Por tanto esto fue lo que se vio en la posesión presidencial, dos discursos diametralmente opuestos. En todo caso estos análisis son equivocados. En la vida real este partido funciona con la famosa “disciplina para perros”, allá se hace lo que diga Uribe. No hay tal división.
Así las cosas, la tensión no se vive dentro del partido, sino dentro de la coalición de gobierno. Es decir, el sector moderado lo representa la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, que necesita dejar sello propio y crear un camino para su candidatura presidencial en 2022, por ende, debe desmarcarse del Centro Democrático, quienes también aspiran a la presidencia en el 2022 y todo parece indicar que Paloma Valencia es la nominada hasta el momento. Es decir, la disputa no es dentro del Centro Democrático, sino entre este partido y una línea de los conservadores.
Lo segundo que queda claro, son las líneas generales del gobierno, donde, como se esperaba, van por el acuerdo de paz, se enfocarán en seguridad y seguramente en dar algunos golpes a jefes de disidencias o de Grupos Armados Organizados para subir la popularidad del gobierno. También además del tema paz y seguridad, están los asuntos de justicia. Lo que no se sabe es si la reforma a la justicia se hará en la parte de abajo, donde en realidad se necesita, o se tocarán las altas cortes y la parte alta de esta rama. Aún hay dudas.
Pero tal vez el tercer hecho notorio se refiere a la consulta anticorrupción. Por un lado, el presidente Duque habló del tema de la corrupción, hubo cosas que dijo que son similares a las que hay en la consulta, pero no se refirió a ella directamente. Además, en el video de Noticias Uno, filtrado, en el momento de la celebración el propio senador Uribe manifestó que “siquiera el presidente Duque no se metió en eso de la consulta anticorrupción” y a reglón seguido la senadora María del Rosario Guerra criticó la actitud de la senadora Angélica Lozano cuando le reclamó al presidente Duque el no haber nombrado la consulta.
Este hecho confirma lo que ya era un secreto a voces y es que el Centro Democrático se opone a la consulta anticorrupción. Algunos analistas cercanos al nuevo gobierno dicen, que no es nada raro que eso ocurra, simplemente, el nuevo gobierno quiere pasar las mismas reformas que la consulta pero llevándose el crédito de las reformas. Pero la realidad es un poco más complicada.
Hay una mezcla entre mezquindad política y cálculo electoral. La mezquindad se basa en que el Centro Democrático tiene la visión de que la consulta anticorrupción favorecería al partido Verde y principalmente a Claudia López, una de las principales críticas del expresidente Uribe. Por ende prefieren no apoyar la consulta. Pero lo que hay de fondo es el cálculo político. En lo fundamental el Centro Democrático, no tiene alcaldías ni gobernaciones, su participación política en 2015 les dejó un saldo negativo, apenas una gobernación y unas cuantas alcaldías.
Hace unos días se supo de una reunión del senador Uribe con dirigentes políticos del Valle del Cauca, en la cual se dijo: “Le vamos a meter toda a las locales”, para ello necesitan alianzas con algunas élites regionales, por ello no las pueden atacar con temas de anticorrupción. De hecho, esta alianza avanza a pasos agigantados en varias regiones del país, y la idea es destruir al Partido de la U y Cambio Radical, es decir, arrebatarles estas élites regionales. Por ende es mejor tolerar la corrupción pero ganando alcaldías y gobernaciones.
Bogotá, D. C, 9 de agosto de 2018.
*Politologo
Por Juan Fernando Londoño*.-La contradicción entre los discursos del presidente del Senado y del presidente de la república durante la ceremonia del 7 de agosto plantean serios interrogantes sobre el futuro del gobierno nacional y sobre la relación entre el jefe del ejecutivo y su partido.
La opinión de muchos analistas es que se trata de una estrategia coordinada entre el presidente y la bancada del Centro Democrático al estilo del policía bueno y el policía malo. El problema de este análisis es que no resulta claro qué puede ganar el gobierno con una estrategia que de facto sabotea su principal mensaje en el discurso de inauguración que fue la invitación a superar la polarización y convertirse en un presidente de unidad.
La realidad es que lo sucedido el martes es el inicio de una brecha que veremos crecer en los próximos meses y que la vicepresidente de la república definió claramente en reciente entrevista: una cosa es el gobierno y otra es el Centro Democrático. La declaración fue ratificada eufóricamente por la senadora Paloma Valencia en la reunión privada de ese partido.
Muchos asumen que el gobierno de Duque solo será una extensión del uribismo, pero los hechos apuntan en otra dirección. No solo conformó un gabinete con gran margen de maniobra para construir las políticas en la mayor parte de las áreas de la administración sino que sus palabras y acciones cada vez se distancian más de la lectura radical que tiene el partido del expresidente Uribe.
El discurso del presidente del Senado era una diatriba para complacer a las bases uribistas, para sacarse la espina contra Santos y sobre todo, para reiterar el mensaje de que todo anda mal, que les ha resultado tan exitoso. El uribismo no es un partido doctrinario, no tiene pasado, no tiene referente ideológico, sólo tiene la figura de Uribe y en torno a ella construye su narrativa del mundo y su mitología política. Esta mitología se construye de forma efectista del siguiente modo: uno, antes de Uribe Colombia era un caos; dos, durante Uribe Colombia vivió su etapa gloriosa; tres, después de Uribe el país perdió el rumbo y cuatro, mientras Uribe esté al frente del país, Colombia seguirá adelante.
Sustentar esa profesión de fe requiere que se desconozca y se destruya cualquier logro o avance por fuera del manto protector del padre fundador. Para ello es esencial destruir los éxitos de Santos así como omitir los avances que para el país ha significado el acuerdo de paz y proyectar una imagen catastrófica. Como corolario es fundamental que los avances venideros no sean el fruto de “construir sobre lo construido” sino de la recuperación del rumbo.
Esta narrativa, en cambio, no le sirve al gobierno que necesita mantener su margen de maniobra alto para avanzar en sus iniciativas. Por una parte, no puede alienar a la opinión pública mostrándose como un gobierno pugnaz y revanchista pues eso terminaría de inmediato la luna de miel que todo nuevo presidente tiene con la opinión pública. Adicionalmente, una agenda radical le quita posibilidades de avanzar en su agenda legislativa. Recordemos que el Centro Democrático representa solo el 20 por ciento de los votos en el Congreso y por lo tanto cualquier proyecto debe tramitarse sin agredir a quienes fueron los socios de la anterior coalición parlamentaria y ahora son los nuevos socios.
El discurso del senador Macias tendrá mucho apoyo en el 20 por ciento de la base uribista, pero aleja la cooperación de partidos como el liberal, La U y Cambio Radical, sin los cuales no es posible conseguir mayorías. La alianza del uribismo y el conservatismo podrá ser muy efectiva para agrupar la derecha en Colombia, pero totalmente fútil para un gobierno que tiene 4 años por delante.
El presidente Duque consiguió llevar la base de 2.513.320 votos obtenidos por el CD en las elecciones de marzo para el Congreso, hasta una victoria en segunda vuelta con 10.373.080 votos. Este triunfo lo consiguió porque supo tomar distancia del discurso incendiario y retrógrado del furibismo. Cerca de 8 millones de votantes que no pertenecen al CD acompañaron a Duque para obtener su presidencia. Difícilmente esos votantes, y mucho menos quienes no lo hicieron, van a aceptar que el gobierno se ponga al servicio de un sector que es minoritario en Colombia.
El presidente Duque no tiene que gobernar sin el Centro Democrático, pero otra cosa es gobernar para el Centro Democrático. Si los miembros de ese partido insisten en pisotear a los demás, difícilmente el gobierno de Duque será viable. Y puesto a escoger, no sería raro que termine pensando en su propio lugar en la historia que en la sumisión a sus excompañeros de bancada. Cada cual escoge con quién casarse, pero nadie está obligado a enterrarse con su pareja.
*Exviceministro del Interior
Por José G. Hernández*.-Muy probablemente, la tarea del nuevo gobierno se habrá de iniciar con la presentación al Congreso de un conjunto -ojalá coherente y sólido- de iniciativas, unas de reforma constitucional, otras de carácter puramente legislativo, en los más diversos campos: sobre justicia, sobre paz, sobre erradicación de cultivos ilícitos, sobre lucha contra el narcotráfico, el micro tráfico y la corrupción. En materia económica, social y laboral, así como en el caótico sistema de salud y seguridad social, quiera Dios que los proyectos se orienten a la reivindicación de los trabajadores, de los desempleados, de las clases menos favorecidas y de las regiones del territorio que hoy se encuentran abandonadas. Y es de esperar que el Presidente no haga caso de quienes proponen hacer más gravosas las condiciones de los colombianos para pensionarse, con ideas tan antisociales como incrementar la edad o los niveles de cotización.
Es necesario introducir una muy seria reforma tributaria, que alivie la insoportable carga fiscal de las empresas y de la clase media, y buscar la realización de mandatos constitucionales como el estatuto del trabajo, y otras propias del Estado Social de Derecho.
Ahora bien, la oposición y los partidos independientes, y en general los miembros del Congreso, no se quedarán atrás y es seguro que también harán uso de la iniciativa que constitucionalmente corresponde a los congresistas. Inclusive los senadores y representantes del partido Farc tienen la facultad constitucional de elaborar y presentar proyectos de ley y de acto legislativo.
Las altas corporaciones judiciales gozan igualmente de iniciativa, en asuntos relacionados con sus funciones, y lo propio puede decirse del Fiscal, del Procurador, del Contralor, del Consejo Nacional Electoral, del Defensor del Pueblo, todos los cuales gozan de la misma facultad y quizá estén pensando en hacer uso de ella para formular iniciativas atinentes a la actividad y funciones de sus despachos.
Añádase a lo dicho que está próxima la llamada “Consulta anticorrupción”, cuyas preguntas -de ser votadas positivamente- deberían conducir a la adopción de normas, unas de orden constitucional -como la referente a la disminución salarial de congresistas y de otros funcionarios-, y otras de nivel legislativo -como las relativas a la contratación estatal-. Además, hay en curso la recolección de firmas para una iniciativa popular de referendo sobre derogatoria de los actos legislativos que desarrollaron el Acuerdo de Paz, y el Presidente de la República ha anunciado otro referendo con miras a establecer la pena de cadena perpetua para asesinos y violadores de niños.
En fin, todo indica que el nuevo Congreso tendrá mucho trabajo, y lo que se espera es que adelante su labor con responsabilidad e independencia.
A medida que se conozcan los textos de los proyectos, la opinión pública debe enterarse sobre sus contenidos y repercusiones, y tanto la Academia como los medios de comunicación debemos propiciar el debate, el análisis y la crítica.
Lo ideal sería no engrosar sin necesidad el ya voluminoso, desordenado, incoherente e incumplido sistema normativo. Sería bueno racionalizar la agenda que cada uno de quienes gozan de iniciativa lleve al Congreso, de modo que, en vez de un gran número de disposiciones aprobadas, se piense en un orden jurídico más justo, estable y razonable.
Bogotá,D.C, 8 de agosto de 2018.
Ex presidente de la Corte Constitucional de Colombia
Por Jairo Gómez*.-Comienza el presidente Duque su gobierno en un ambiente polarizado, con su mentor ad portas de ir a la cárcel y sin una clara gobernabilidad en el Congreso que estimule un buen inicio y propicie un periodo de gracia con el que cuentan los nuevos mandatarios para instalar su programa de gobierno en la nueva realidad política, económica y social del país.
Ya, el nuevo mandatario, nos esbozó a los colombianos a través de un manifiesto en el periódico El Tiempo su programa de gobierno antes de posesionarse. Aunque somero en su exposición, nada nuevo nos espera para los próximos cuatro años. Más de lo mismo. Sin embargo, creo que de ese manifiesto se puede resaltar la siguiente reflexión: “Nuestro deber -dice Duque- es lograr que todos empujemos como país en una misma dirección y que pongamos en marcha políticas de Estado que vayan más allá del ciclo político de los cuatro años con los que cuenta un presidente”.
Es muy oportuno que Duque hable de elevar a “políticas de Estado” decisiones de gobierno, porque eso fue lo que hizo Santos con el Acuerdo de Paz que suscribió con las Farc. Es un pacto que trasciende esos “…cuatro años con los que cuenta un presidente”, como lo afirma el joven mandatario; hecho relevante, más allá de que la Corte Constitucional sentenciara que el acuerdo firmado con las Farc "no se puede tocar en los próximos tres periodos presidenciales”. Se pueden hacer cambios de forma no de fondo, aclara la corte.
También cita el presidente Duque en cuatro ocasiones, la palabra “resiliencia” para equipararla con la capacidad que tiene el pueblo colombiano de sobreponerse a los momentos más críticos que ha tenido que padecer (yo le agrego: desde tiempos remotos) y eso está bien; pero es importante recordarle al novel mandatario que esa palabra, según la RAL, también significa volver a la normalidad y esa normalidad es la que los colombianos queremos consolidar a través de la implementación del Acuerdo Final, no obstante las discrepancias; en eso se cimenta, creo yo, el pacto por superar la diferencia que propone el nuevo presidente, otro camino más hacia la resiliencia.
Ahora, son buenas esas intenciones y bienvenidas, pero los golpes de granizo que se le avecinan al gobierno que apenas comienza podrían ser insalvables si se deja llevar por la violenta reacción que su propio partido Centro Democrático (CD) instaló en el debate público tras la llamada a indagatoria de su líder por la Corte Suprema de Justicia (CSJ); una clara muestra de la desafiante desobediencia es la proclama de apoyo a Uribe publicada (pagada) en los medios escritos más importantes del país contra la CSJ cuestionando sus decisiones judiciales e independencia. Es un golpe a la mesa de la democracia, hecho que obliga a un rotundo pronunciamiento del nuevo mandatario a favor del respeto de la independencia de poderes.
¿De qué nos quejamos? A lo Maduro en Venezuela, no lo pongamos en duda, el expresidente Uribe busca instrumentalizar los poderes Ejecutivo y Legislativo para desprestigiar, humillar y desdeñar el poder judicial. ¡Qué Horror! Para nadie es un secreto que tanto Duque como Macías, más allá de la importancia de sus propias investiduras, son fichas del cuestionado Senador y están donde están porque Uribe los puso ahí.
Una realidad compleja se le avecina al presidente Duque. No tendrá un periodo de gracia tranquilo, sosegado –los cien días- para tratar de aparcar su propuesta de gobierno en la opinión pública. De entrada su propio mentor, el expresidente Uribe, con la intimidante proclama del pasado domingo, le echó más limón a la herida de la confrontación y la bien intencionada iniciativa del presidente Duque de gobernar “sin odios, sin revanchas, sin reconocer enemigos y comprometidos con el progreso de Colombia”, terminó más debilitada que nunca.
Bogotá, D.C, 7 de agosto de 2018.-
@jairotevi
Por Luis Eduardo Castellanos*.-La reciente decisión de la Corte Constitucional mediante sentencia SU-075 del 24 de julio de 2018, constituye una significativa regresividad respecto a la garantía de estabilidad laboral reforzada de la mujer en estado de embarazo, un cambio en la jurisprudencia mantenida por parte de la Corte Constitucional desde el año 2013 a partir de la sentencia SU-070 del mismo año, bajo la tesis de que solamente opera la garantía de la estabilidad laboral reforzada en la mujer en estado de embarazo, cuando esta sea puesta en conocimiento por parte de la trabajadora hacia el empleador, lo cual quebranta uno de los principios protectivos fundamentales de orden constitucional que estableció el constituyente en el artículo 53 de la Carta Política de 1991, como lo es el principio de la primacía de la realidad, es decir que en dicha decisión se le da prevalencia a un aspecto formal, en cuanto a que si la trabajadora no ha puesto en conocimiento frente al empleador su estado de embarazo, a pesar de encontrarse en el mismo, este hecho faculta al empleador para que sea procedente el despido de la trabajadora sin que tenga que acudir a la autorización previa del ministerio del trabajo y la protección social, tal como lo dispone el Código Sustantivo del Trabajo.
Otro de los fundamentos de la protección especial de la mujer en estado de gravidez deriva de los preceptos constitucionales que califican la vida como un valor fundante del ordenamiento constitucional, especialmente el Preámbulo y los artículos 11 y 44 de la Carta Política. De igual forma, el Estado colombiano se ha obligado internacionalmente a garantizar los derechos de las mujeres durante el periodo de gestación y lactancia. Así, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 25, señala que “la maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales”, mientras que el artículo 10.2 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC), aprobado por Colombia mediante la Ley 74 de 1968, señala que “se debe conceder especial protección a las madres durante un periodo de tiempo razonable antes y después del parto”.
Con esta decisión igualmente la Corte Constitucional retrocede históricamente, al desconocer, que a más de una protección de orden laboral hacia la mujer, lo que media por el establecimiento de la garantía de la estabilidad laboral reforzada a la mujer gestante, es la aplicación de los derechos prevalentes que califica la misma constitución como fundamentales del menor que está próximo a nacer, una vez mas tan importante tribunal asume una postura en contravía de la ola que recorre el mundo dando impulso a la progresividad de los derechos laborales, particularmente de la mujer trabajadora acorde con los convenios y tratados internacionales, especialmente con la Organización Internacional del Trabajo.
Es claro que la Corte Constitucional se aparta de lo previsto en el artículo 229 de nuestra Carta Magna, que establece la garantía de la prevalencia de lo sustancial sobre lo formal en la aplicación de justicia, de otra parte resulta muy pálido el argumento sobre el cual basa la corte, este cambio de precedente jurisprudencial, el cual es que al eliminar esta garantía, se producirá mayor empleo para la mujer en las empresas del país, cuando en la praxis bajo el mismo argumento se ha ido retrocediendo en materias de derechos laborales, como lo sucedido con la ley 789 de 2002, donde hubo un retroceso histórico de los derechos laborales de los trabajadores para las empresas productivas, sin embargo lo estudios estadísticos han demostrado que nunca sucedió ello, en caso contrario creció el empleo informal, las tercerizaciones en la relación laboral y solamente lo que ha producido es el empobrecimiento, perdida de la capacidad adquisitiva y la población más vulnerable del país.
Queda entonces abierta la discusión de la garantía real de la practica frente a los derechos de los trabajadores que se viene desarrollando bajo el marco de nuestro Estado Social de Derecho y la relevancia que otorgo el constituyente a estas instituciones, reforzado incluso con el llamado bloque de constitucionalidad en el marco de los derechos y tratados internacionales de la OIT.
Vale la pena entonces preguntarnos donde queda el principio del reconocimiento de la dignidad humana y la garantía fundamental del derecho al trabajo y la preservación del mismo para la mujer en estado de embarazo, si bajo una decisión regresiva se prioriza la formalidad de la comunicación al empleador, frente a la realidad fisiológica que representa el estado de embarazo para la mujer trabajadora.
Bucaramanga, 7 de agosto de 2018
*Magister en Derecho del Trabajo y la Seguridad Social
Por: Guillermo García Realpe.-El 20 de julio pasado cuando se instaló el Congreso de la República, hubo dos hechos muy importantes que poco marcaron el registro de los medios de comunicación.
Uno fue la presencia de las FARC, en un hecho histórico en el Congreso de la República, hoy denominada la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, partido legal y constitucionalmente creado y establecido y el gran discurso de balance de los ochos años de gobierno del Presidente Juan Manuel Santos, en los aspectos de Paz, de educación, de economía, y productivos.
Entonces la gran noticia que resultaba para el país estos dos hechos no lo fue, por el hecho mediático del senador y exalcalde Antanas Mockus, pues al hacer lo que todo el mundo sabe que hizo en la propia sesión Plenaria de instalación de legislatura.
Posteriormente, en los días siguientes la renuncia del ex Presidente Álvaro Uribe, ocupo todo el marco de análisis de información, de referencia y de los usuarios de los medios de comunicación, de la opinión en general de nuestro país, de los columnistas y los mismos artículos de prensa tanto hablados, escritos y televisivos y por supuesto de las redes sociales.
No podemos dejar de registrar estos dos hechos importantes y particularmente la presencia de las FARC en el Congreso de la República, es decir, que el proceso de Paz sigue avanzando con resultados evidentes.
El país es testigo que el Congreso de la República ha aprobado las leyes y las reformas constitucionales en materia de Justicia Especial para la Paz, en materia de participación política, en materia de desarrollo agrario integral y otros asuntos.
Hay que destacar también que las FARC le han cumplido al país, han honrado su palabra, concentrándose inicialmente, segundo, desarmándose y luego desmovilizándose y hoy haciendo presencia como cualquier ciudadano colombiano en el Congreso de la República, esto es algo muy importante.
Los hechos en las regiones también lo corroboran, a pesar de los problemas que hoy continúan alrededor del tema del narcotráfico, que es un tema de dinámica diferente, el tema de la deforestación, de la minería ilegal, no podemos negar que el impacto del conflicto es cosa del pasado.
Muchas veces se ha reiterado de que ya no hay soldados heridos en las camas del Hospital Militar de Bogotá, y en los últimos días han manifestado que los negocios de las funerarias y de los servicios asociados a la muerte en Colombia, en el Sur de Bolívar en este caso, están quebradas las funerarias porque ya no existe los muertos que en otrora existían.
Esas y otras manifestaciones de la Paz en las regiones pues son pruebas de que el proceso de Paz valió la pena. Es el caso nuestro, hoy podemos salir a todos los municipios en el departamento de Nariño y al sur de Colombia a municipios del Cauca, del Caquetá, del Putumayo, cosa que no se podía hacer en otras oportunidades.
De tal manera que bienvenida las FARC a combatir con ideas en el marco de la democracia, a disparar propuestas para el bien del país, a luchar frontalmente contra la corrupción, y ayudar a blindar el proceso de Paz.
Los nuevos integrantes del Congreso de la República del partido FARC tienen que tener claridad que deben construir una agenda social, con una plataforma ideológica clara, basada en varios frentes, donde lo principal por supuesto debe ser la defensa y continuidad de las políticas de Paz y los programas y proyectos a desarrollarse en el posconflicto, abanderarse también del tema ambiental y agrario, sectores claves para el desarrollo futuro del país.
Sólo de esta forma podrán ir allanando el camino para sintonizarse con la opinión pública nacional y para que los ciudadanos los acojan de forma positiva, por mi parte sigo siendo un convencido que prefiero ver a las FARC detrás de una curul en el Capitolio Nacional y no en nuestros campos y regiones generando muerte y violencia.
Así que señores y señoras de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, bienvenidos y bienvenidas al debate de las ideas, a la controversia nacional y a la Casa de la Democracia.
Bogotá, D.C, 6 de agosto de 2018.
@GGarciaRealpe
Por: Jorge Enrique Robledo*.- Es difícil encontrar un ministro de Hacienda peor que Alberto Carrasquilla, tanto por sus ejecutorias en el gobierno de Álvaro Uribe, como por los negocios que montó luego, con grandes ganancias para él y enormes pérdidas para otros, usando las leyes que había promovido desde su Ministerio. ¡La tan perniciosa puerta giratoria entre los asuntos públicos los negocios privados! Iván Duque debe explicar por qué, entre sus muchos amigos neoliberales, tenía que escoger a Carrasquilla, quien no gana, por abusivo, para decir lo menos, el examen para ese cargo, como lo demostraré en el debate en el Senado que espero no me impidan realizar.
La naturaleza retardataria y plutocrática de la gestión de Carrasquilla en el gobierno de Álvaro Uribe salta a la vista. Se aumentó su sueldo y el de la alta burocracia oficial y a la par les eliminó la mesada catorce a los futuros pensionados, les subió los impuestos a los sectores populares y a las clases medias y se los bajó a los magnates extranjeros. En una sola de las gabelas que les dio, se eliminó el impuesto de remesas a las trasnacionales, a un costo fiscal de 25 billones de pesos. Liquidó a menosprecio a Telecom, empresa a la que, ya privatizada y con otro nombre, el Estado le ha invertido 4,7 billones de pesos. Mención aparte merece que el desastre de Reficar lo inició su decisión de privatizarla a favor de la trasnacional Glencore, que carecía de experiencia en construcción de refinerías y que se mamó del negocio, no sin antes dejarla enrumbada hacia sus enormes corruptelas.
Pero lo que más lo inhabilita no son sus ejecutorias rabiosamente neoliberales como ministro, porque gobernar así, por muy equivocado que fuera, era el derecho de quienes ganaron la Presidencia en 2002 y 2006. Lo que lo descalifica para ser parte del gabinete de Duque es haber usado su poder en el Estado para promover los cambios legales a favor de la empresa que Carrasquilla montaría luego, como exministro, y que esas normas y sus actos llevaran a que 117 municipios y muchos colombianos perdieran grandes sumas, en tanto él y sus socios se echaron al bolsillo 70 mil millones de pesos.
Esta es la historia. La Ley 358/97, con buen criterio, no permitía que la plata de los municipios proveniente del Situado Fiscal –luego Sistema General de Participaciones (SGP)– se pignorara para operaciones financieras de futuros. Pero el ministro Carrasquilla, muy acucioso, tramitó en el Congreso una reforma constitucional que ordenó lo que sería la ley 1176/07, estableciendo que en adelante sí se podría. Y una vez salió del Ministerio, se asoció con Andrés Flórez, exdirector de Fogafin y exsubalterno suyo, y crearon Konfigura, la empresa con la que recorrieron el país cuadrando alcaldes para que endeudaran a sus municipios, utilizando de carnada que esas deudas no las pagarían ellos sino los burgomaestres siguientes. Bonos de Agua los llamaron al emitirlos, pero el ingenio ciudadano con acierto los bautizó Bonos Carrasquilla, el creador, vendedor y comisionista.
En la operación se colocaron bonos por 400 mil millones de pesos, pagándoles a los prestamistas la atractiva tasa de UVR+8%, en tanto a los municipios les cobraron la muy alta de UVR+11%, porque Carrasquilla y sus socios se quedaron con el tres por ciento, unos 14 mil millones de pesos anuales durante cinco años, cuando el Ministerio de Hacienda tuvo que intervenir el negocio porque los municipios se reventaron. Pues además de las tasas leoninas que les clavaron, el crédito era a 20 años y no podía pagarse por anticipado. Y la ley que permitió estas operaciones de especulación financiera no definió ninguna política seria anticorrupción y desgreño administrativo que garantizara que las obras sí se construirían, hasta el punto de que solo 30 municipios, de 117, las ejecutaron. Además de lo que perdieron los entes territoriales, también cayeron los tenedores de los bonos -y principalmente los trabajadores, víctimas a través de las inversiones de los fondos privados de pensiones–, que se encartaron con ellos, pues nadie los recompraba dado su alto riesgo, y porque al final tuvieron que aceptar que el gobierno les empeorara las condiciones pactadas. Para más detalles, ver este excelente artículo de Alberto Donadío: Enlace 1.
En el debate además veremos a Carrasquilla en los Papeles de Panamá y en sus negocios con Saludcoop y Cafesalud, sobre los cuales seguramente también dirá que actuó dentro de la ley, como afirma de los bonos bautizados con su nombre. Pero ese día también explicaré cómo la corrupción nacional ha evolucionado de “hecha la ley, hecha la trampa” a la muy contemporánea de cambiar las leyes para enriquecerse con la plata del Estado.
Bogotá, D.C, 6 de agosto de 2018.
Por Giovanni Décola*.- El Presidente electo Iván Duque, se posesionará este 7 de agosto, sin tener claras sus mayorías legislativas. Lo que parecía una simple operación aritmética, se ha convertido en su primer dolor de cabeza.
La alianza de las fuerzas congresionales de los partidos de la U y Cambio Radical, obligó a sus escuderos a emplearse a fondo, para que estos partidos no se sumaran a la oposición y definieran las mesas directivas en el Congreso.
Luego de varias concesiones a estos dos Partidos, puede decirse, que el primer pulso, quedó en tablas. Pero no nos llamemos a engaños. Una cosa es la mayoría para elegir las dignidades en el Congreso, y otra para aprobar los principales proyectos del Gobierno.
Se equivoca palmariamente el Presidente Duque, si pretende hacer un Gobierno, donde solo quepan, quienes profesan el credo del Centro Democrático. Ellos representan, tan solo el 18.3 % del legislativo, bastante lejos de las mayorías necesarias para sacar adelante sus pretendidas reformas.
Una cosa es repartirse a pedazos la Nación, para satisfacer intereses contrarios al bien común, y otra muy distinta, es darles la participación justa y necesaria a las colectividades que no solo, fueron vitales para el triunfo de Duque en la segunda vuelta, sino que serían imprescindibles para sacar adelante la agenda del Gobierno del Centro Democrático en el templo de la Democracia, como serían los casos de los Partidos Liberal, Conservador, la U, Cambio Radical, y los minoritarios Mira y Justa Libres.
El País espera que los mejores hombres de dichas colectividades sean quienes ocupen las principales dignidades del Gobierno, pero para servirles a la Nación y no, para representar oscuros intereses que consagren el clientelismo. No obstante, el nuevo Gobierno, cree que podrá formar mayorías en el Congreso, sin repartir canonjías a los Partidos Políticos aliados. Mucho trecho hay entre el deseo y la realidad, o entre la utopía y la praxis política.
Ya la U y Cambio Radical, mostraron sus dientes, y visto está que, sin ellos, el Gobierno pierde automáticamente las mayorías en la Comisión Primera del Senado, la más importante de todas. Y no demorará en hacerlo el Liberalismo, si Duque cree que con recordarles el pasado de su padre y el suyo en la militancia Liberal, es suficiente para mantenerlos cohesionados en su apoyo.
Si el Gobierno, no se mueve hábilmente en el próximo mes, difícilmente hará elegir un Contralor de sus afectos y se quedará en minoría ante la elección de los nuevos Magistrados del Consejo Nacional Electoral, donde solo tendrían garantizados dos cupos de los nueve escaños.
No solo, de burocracia se trata. El Nuevo Gobierno deberá extraer lo mejor de las propuestas de los candidatos presidenciales derrotados, muchas de las cuales, no son ambivalentes a lo planteado por Duque en su campaña. Eso le dará un aire de sinceridad y sensatez a su anhelo de unir al país.
César Gaviria, si fue capaz de alzar su voz en el Gobierno Santos, teniendo cuantiosas cuotas burocráticas a nombre del liberalismo, no le temblará el pulso, para apartar su Partido del Gobierno, sino se siente representado y respetado. Sabe de sobra que los 14 votos en el Senado y los 35 de la Cámara, son vitales para el Gobierno y los sabrá hacer valer. Es un viejo zorro y tal vez, el mejor negociador político del País, y sabe leer los momentos políticos. En alguno en especial, alzará su voz.
Germán Vargas Lleras, quién lo creyera, después de salir chamuscado de las elecciones, con la jugada maestra de unir a la U y Cambio Radical, es una especie de péndulo en el nuevo Congreso y el Gobierno lo sabe. Se le complace o se desplazará a la oposición.
Los Conservadores, es sabido su apego por el Gobierno, pero eso tiene su precio, y no es la Vicepresidencia de Martha Lucia.
La oposición con Petro, Mockus y Robledo a la cabeza, no se la hará fácil al Gobierno, pero saben que su dicha será total, si a Duque se le desbarata la coalición que lo llevó al poder.
Sólo esta oposición y el Centro Democrático, tienen sus cartas jugadas. Las demás colectividades, esperan el son del Gobierno, de ahí dependerá el ritmo que le pongan al baile.
Barranquilla 6 de agosto de 2018.
*Abogado y Periodista.