Opinión
Por Mauricio Cabrera Galvis.- Continúa intenso el debate alrededor de los efectos de la reforma tributaria de Trump sobre la economía norteamericana. Cada vez se conocen más hechos y modelos de proyección que muestran no solo la concentración de los beneficios en los más ricos, sino las consecuencias negativas que va a tener sobre el crecimiento y el empleo.
Uno de los principales argumentos para justificar la rebaja de impuestos a las empresas era que beneficiaba a los trabajadores, pues se suponía que con la plata ahorrada por los menores impuestos las empresas iban a invertir más –creando así más empleos- y además iban a compartir esas ganancias subiendo los salarios de sus empleados. La evidencia registrada por analistas independientes muestra que esto no está ocurriendo.
En cuanto al uso de los ahorros, un reporte de TrimTabs -una firma de análisis de mercados de Wall Street- informó que en el primer trimestre de este año, las grandes empresas norteamericanas dedicaron US$305 mil millones a recomprar sus propias acciones y a adquirir otras empresas, duplicando el monto del año pasado, mientras que lo dedicado a aumentos de salarios solo fue una tercera parte de ese dinero y escasamente aumentó unos pocos puntos porcentuales con respecto al año pasado.
Así, la distribución de la gabela tributaria no solo se ha concentrado en los propietarios de las empresas y los administradores, sino que va a ayudar muy poco al crecimiento puesto que ni la recompra de acciones ni la adquisición de otras empresas es inversión que cree nuevos empleos; tan solo es cambio de propietarios de activos ya existentes, que concentra todavía más la riqueza y poco contribuye al aumenta del consumo de los hogares.
Además, tampoco se espera que la subida de precios de las acciones vaya a durar mucho, porque el impulso al crecimiento va a ser de corta duración y puede empeorar la próxima recesión cuando llegue el inevitable cambio del ciclo económico. Esta no es la opinión de políticos que se oponen a Trump sino del Fondo Monetario y de respetados bancos de inversión como Morgan Stanley.
En su último informe el FMI reconoce que la reforma tributaria de Trump va a acelerar un poco el crecimiento durante 2 años, pero pronostica que en el 2020 va a perder impulso y después va a disminuirlo anulando las ganancias de los primeros años. No solo por el carácter temporal de algunas de las reducciones de impuestos sino sobre todo por el aumento del déficit fiscal que van a generar.
Por Patricia Lara. De El Espectador. Querido presidente: Con todo respeto le ruego que no permita que esa paz por la que usted ha luchado tanto se haga trizas en sus manos. Y el riesgo de que ello ocurra es enorme, no sólo porque al marchar tan lentamente la ejecución de los acuerdos y el desarrollo de los proyectos productivos estará en riesgo la seguridad económica de los desmovilizados a partir del 30 de junio, cuando cesará la ayuda que les brinda el Estado, sino porque ahora, con la captura con fines de extradición de Jesús Santrich, muchos exmiembros de las Farc sienten que también está en riesgo su seguridad jurídica, que es la que más les importa.
Yo lo invito, presidente, a que piense por un momento en lo que puede ocurrir si Santrich, ese ideólogo de las Farc, tan cercano a Iván Márquez y tan querido por la mayoría de los desmovilizados, continúa en huelga de hambre, como ha dicho que lo hará (ya lleva 11 días en los cuales, hasta el martes, sólo había ingerido una mandarina) y se muere en La Picota, donde está recluido mientras se decide su extradición, solicitada por el gobierno de Trump en virtud de una acusación de la DEA sobre un delito que, según esa agencia, Santrich iba a cometer pero que, ni siquiera de acuerdo con la misma DEA, ha cometido… Si ello sucede, lo más probable es que la mayoría de quienes quedan en los campamentos y no se han ido aún a vivir del rebusque, asustados, frustrados y llenos de rabia, ingresen a las disidencias, armen otra guerrilla, o se acerquen al Eln y desbaraten la paz.
Y súmele a esa tragedia, presidente, el peso que caería sobre su conciencia y sobre su prestigio como Premio Nobel de Paz, si la paz de Colombia se vuelve trizas por habernos tragado enterito el cuento de la DEA y, después, se comprueba que, efectivamente, la acusación contra Santrich fue un montaje del gobierno de Trump, muy distinto del añorado gobierno de Obama que tanto apoyó los acuerdos… Usted sería el primero en no perdonárselo, presidente…
Como escribió Antonio Caballero, “tan importante como la CIA es la DEA; y tan propensa como aquella a burlar las leyes, no solo las de los países extranjeros en donde opera, sino las de los propios Estados Unidos. Una y otra utilizan a veces la intervención armada, pero el método más habitual para lograr sus triunfos es el llamado “entrapment”, el entrampamiento. Inducen a alguien a cometer un delito, y a continuación lo capturan, lo juzgan y lo condenan”.
En el caso de Santrich, ese delito ni siquiera se ha cometido aún…
En este país de abogados hay leyes e interpretaciones para todo… Por ello tiene que existir la posibilidad de que sea la Justicia Especial para la Paz la que evalúe las “pruebas” que contra Santrich, y contra todos los que se hayan sometido a su jurisdicción, presenten la DEA, la CIA o cualquier agencia extranjera, así el delito que se impute haya sido cometido después de la firma de los acuerdos.
¡Y si esa posibilidad no existe, hay que inventársela ya, antes de que se muera Santrich, presidente! No puede ser que la DEA, y la CIA y Trump y su combo presenten unas pruebas sin que la JEP, que tiene todo el respeto de los desmovilizados, sea la que las evalúe.
Y ¡ojo!, presidente. Llama la atención que por primera vez los países garantes, en su último comunicado, le piden sólo al Gobierno —ya no incluyen a las Farc—, que cumpla los acuerdos…
La paz está en sus manos, presidente… Y en usted seguimos confiando…
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@patricialarasa
Por Gabriel Ortiz.- Sería una ingenuidad pensar que con siete puntos, una Consulta Popular, pueda eliminar la galopante corrupción que reina en Colombia y que ha venido escalando desde principio de este siglo con la aparición de negociados por doquier, como Reficar, cambios en el POT, coimas que manejan normas y tantas cosas que nos conducen a “todo por la plata”.
Como nos hemos acostumbrado a fabricar mentiras para darle manejo a cuanto se busca, a cuanto se persigue, a cuanto nos beneficie, sin importar las consecuencias ni los perjuicios que puedan lesionar a quienes tengan derechos adquiridos legítimamente.
No es justo descalificar las intenciones de los “Verdes” para dotar a este país de normas que eliminen la corrupción ni pasar por alto que, de pronto, pueda aprovecharse ese objetivo para enredar de alguna manera la elección presidencial que se aproxima.
Debemos detenernos e ir al fondo de las cosas. Si como lo afirman Vargas Lleras y algunos parlamentarios que de los siete puntos que contempla la Consulta cinco ya son leyes en Colombia, debemos meditar sobre el tema, porque habremos llegado al colmo de que ya no hay normas que puedan eliminar a los corruptos y a sus corruptelas.
La simple reducción de unos salarios o la limitación de las reelecciones interminables de legisladores, no le hace cosquillas a la vertiginosa perversión que se adueña de este país.
Entre los siete puntos no hay catarsis alguna. No existe prevención, como se aplica en medicina para impedir enfermedades irreversibles.
Si se empezara a formar al ciudadano desde la cuna, en el hogar y luego en escuelas, colegios y la sociedad, se podría modelar una población respetuosa de los derechos de los demás, de los dineros públicos, de la rectitud, equidad y honestidad.
No se incluye una de las principales razones de la corrupción a todos los niveles. Esas exorbitantes cantidades de dinero que se invierten en las campañas políticas, que se traducen en contratos posteriores para los elegidos y sus compinches. Ninguna de las preguntas de la Consulta toca las raíces reales de la corrupción. Si se reducen los salarios, “de otro cuero saldrán las correas”. El porcentaje del 20, 50 u 80, se elevará a los contratos que adjudican desde las más humildes veredas, hasta la mega obra.
Hay que hacer algo, hay que enfrentar la corrupción, hay que luchar contra ella, hasta vencerla, pero todo a su tiempo, no en época electoral, porque se puede prestar a suspicacias que malogren los edificantes fines que se persiguen. “No por mucho madrugar amanece más temprano”, decían nuestros mayores… y acertaban.
BLANCO: El Galardón Arte y Cultura, que se otorgó al Canal Zoom y a su gerente Germán Pérez, por el documental “La Paz Posible”, en el I Festival Internacional del Audiovisual en Nicaragua.
NEGRO: La desaparición del doctor Roberto Arias Pérez, hombre dedicado al servicio humanitario y a la defensa de los más necesitados. Paz en su tumba. Nuestra solidaridad a su hija, médica y gran columnista, Gloria Arias.
Por José G. Hernández.-Cuando las palabras van contra los hechos, viendo todo el mundo cuáles son los hechos -que por naturaleza son tozudos-, se tiene lo que llamamos contra evidencia, y ella, precisamente por causa de la discrepancia -porque las palabras no tienen tanto poder como para desaparecer los hechos-, se devuelve contra quien las pronuncia.
Ahora bien, si se está ante una falta de conocimiento o información, ante un conocimiento incompleto o frente a una información incierta y discutible sobre los hechos, lo más indicado, como lo aconseja la prudencia -que “hace verdaderos sabios”- cabe guardar silencio, mantener la reserva. No dar por cierto lo que no se sabe y no pronunciarse sobre hechos inciertos y discutibles -como enseña la sabiduría ancestral, cada cual es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice-, con mayor razón si se trata de un alto servidor público, de una autoridad jerárquica superior o -para el caso- de un presidente de la República. Este, al hablar -en especial si lo hace en su condición de Jefe de Estado-, no se compromete solo, sino que, por su propia función e investidura, a nivel internacional representa y compromete al Estado y a sus nacionales.
Esta reflexión obedece a los más recientes y luctuosos acontecimientos. Con el debido respeto, consideramos que no estuvo bien que el Gobierno colombiano, en repetidas declaraciones de distintos funcionarios -inclusive del Presidente de la República-, haya pretendido dar a entender al mundo que el grave caso del secuestro y posterior asesinato de los periodistas del diario “El Comercio” de Quito era un problema exclusivamente ecuatoriano. Si no lo dijeron así, con esas exactas palabras, al menos lo dieron a entender, y así lo entendieron, además, los periodistas y ciudadanos ecuatorianos. Cuando el Presidente fue interrogado en Lima –asistía a la VIII Cumbre de las Américas- acerca del tema, manifestó textualmente: “Este hecho se produjo en el Ecuador, alias ‘Guacho’ es un ciudadano ecuatoriano, pero sabemos que solamente colaborando con las Fuerzas Armadas Ecuatorianas es que podemos poner a buen recaudo a este criminal”. Es decir: problema ecuatoriano -no colombiano-, pero les vamos a ayudar. Con toda generosidad.
Error. No lo compartimos en el momento en que escuchamos las declaraciones de nuestro presidente, pero menos ahora, cuando él mismo ha reconocido que el crimen se cometió en Colombia y que los cadáveres están en territorio colombiano. Eso no nos favoreció. Quedamos mal. Tan mal como cuando proclamamos a los cuatro vientos que Colombia es hoy –tras la firma del Acuerdo con la Farc- un remanso de paz, al paso que la evidencia muestra que no es cierto que estemos en paz.
Como decíamos en columna radial, más allá de la nacionalidad de "Guacho", lo cierto es que el crimen tuvo lugar en Colombia, que los terroristas hacen parte de una organización guerrillera colombiana -disidente o no-, y que en la zona de frontera están operando esos delincuentes y otros, afectando a Colombia y al Ecuador, lo que ha llevado al Gobernador de Nariño, Camilo Cano, a decir que en ese Departamento no hay paz, y al presidente ecuatoriano, Lenin Moreno, a sostener que allá están sufriendo las consecuencias del conflicto colombiano.
No nos engañemos, ni engañemos. El problema de la frontera, aunque también afecte al Ecuador, es colombiano, y está mal que nuestro Gobierno se quiera lavar las manos.
Por Amylkar D. Acosta M.-Ante el descuadre en las finanzas públicas no hay sino tres alternativas a la vista: continuar con los recortes al gasto, aumentar el recaudo de impuestos o recurrir a la deuda pública. Hay que partir de la base que el gasto del Gobierno central viene indexándose anualmente a un ritmo del 4%, en pesos constantes, a ello hay que añadir el costo del postconflicto, el cual se estima en un punto porcentual del PIB anual, por lo menos hasta el 2022. Es la misma Comisión del Gasto la que advierte sobre la inconveniencia de exagerar los recortes del gasto, puesto que ello acarrearía como consecuencia una falta de apoyo al crecimiento productivo mediante políticas contracíclicas y la desprotección de la población más vulnerable en esta fase en la que estamos de desaceleración del crecimiento de la economía.
Claro está que, como lo aconseja la Contraloría General de la República, “no es suficiente gastar más, hay que gastar mejor, contribuyendo así a una mejor provisión de bienes y servicios públicos esenciales para el impulso al crecimiento económico, el empleo y el desarrollo”.
Conscientes de la inflexibilidad del gasto público, que es del 85.5%, las recomendaciones de los expertos de la Comisión del Gasto Público están encaminadas a promover una mayor flexibilidad, eficiencia, eficacia y equidad en la asignación de los recursos. Con tal fin recomendó presupuestar por programas, evitando la atomización de los recursos, reformar el Sistema General de Regalías y el Sistema general de Participaciones en procura de articular e integrar los recursos del PGN con los que corresponden a las entidades territoriales.
Con la misma finalidad se plantea la necesidad de focalizar mejor la población objetivo de los subsidios sociales, para evitar la selección adversa en la asignación de los mismos. Estamos hablando de un monto que supera el 9% del PIB y el 43% del PGN. Basta con señalar que con la sola depuración del listado de beneficiarios del SISBEN, para excluir a los “colados” en el Sistema, se le está ahorrando a la Nación la suma de $5 billones/año (¡!).
De todos modos es muy importante precaverse de no caer en los extremos ni del manirrotismo del derroche ni de políticas austericidas, como las que precipitaron a la Unión Europea en la recesión. Comparto plenamente el llamado que hace el Presidente de la Bolsa de Valores de Colombia Juan Pablo Córdoba, cuando afirma que “las acciones deben encaminarse a poner la economía a crecer para poder cumplir las metas fiscales y no forzar el cumplimiento de las metas fiscales sacrificando el crecimiento y comprometiendo el bienestar de millones de colombianos. No se puede poner el cumplimiento de la Regla fiscal (a rajatabla) por encima de las medidas de política pública que necesita el país”
Advertidos del escaso margen de maniobra que tiene el Gobierno en materia del gasto público, se precisa explorar fuentes de mayores ingresos que soporten el mismo y que sean sostenibles en el tiempo. Ya advertimos de las limitaciones y falencias observadas en el Estatuto tributario y en la gestión del mismo, las que deben superarse para optimizar el recaudo.
Hay que partir de la base que Colombia se cuenta entre los países de Latinoamérica que, como lo afirma el Jefe de servicios de A. L en el Centro de Desarrollo de la OCDE Ángel Melguizo, en donde “los precios de las materias primas siguen siendo un motor importante para las tendencias de los ingresos fiscales”. Las cifras no mienten: según el Presidente de la Asociación Colombiana de Petróleos Francisco LLoreda, sólo en impuestos entre 2005 y 2015 la industria petrolera pagó $200 billones y se estima que para el 2018, superado el bache de la crisis de los tres años anteriores, girará entre $10 y $13 billones entre impuestos y regalías, a lo cual se suman $3.3 billones más que acaba de recibir en dividendos de ECOPETROL.
Si bien es cierto el país no se puede resignar a seguir dependiendo sólo de la industria extractiva. Hay que saber aprovechar los recursos naturales no renovables que poseemos para impulsar el desarrollo, pero no nos podemos quedar en el impulso. Y el camino no es otro que el de la diversificación del aparato productivo, la diversificación de nuestras exportaciones y de los mercados de destino de estas.
Bogotá, abril 15 de 2018
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Por Lorena Fajardo.- "Cada libro, cada volumen que ves aquí, tiene un alma. El alma de la persona que lo escribió y de aquellos que lo leyeron, vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien baja sus ojos a las páginas, su espíritu crece y se fortalece":Carlos Ruiz Zafón.
Sin duda alguna, el libro sigue siendo el mejor aliado de la cultura, es su mejor medio de difusión.
La magia del papel, impregnado de letras mágicamente acomodadas para llevar mensajes y relatos extraordinarios que llegan al fondo del alma, jamás será superada por la tecnología. No es lo mismo tocar una Tablet, que palpar un libro, porque el libro tiene vida propia, transmite su hechizo y su encanto y nos incita a interlocutor con su autor. El libro civiliza, la Tablet embrutece.
Nos llegó durante 16 días, la 31ª edición feria internacional del libro Organizada por la Cámara Colombiana del Libro y Corferias, con Argentina como país Invitado de Honor. Será el espacio más agradable y fructífero, para que la mente penetre en el más profundo de la cultura nacional y mundial.
Se realiza del 17 de abril al 2 de mayo de 2018 con más de 1.500 eventos culturales, académicos y profesionales, toda la industria editorial, presenta sus novedades editoriales a los miles de visitantes.
En esta edición los organizadores han anunciado la presencia de escritores que han puesto en letras de molde sus ideas y frases mágicas que cautivan a cada lector. Estarán Teju Cole, Mario Vargas Llosa, David Lloyd, Irvine Welsh y Catherine Millet, Marta Gómez, Isabel Mellado y Chucho Merchán; Ana Blandiana, Ingrid Betancourt y Nona Fernández.
La Ciencia, tendrá su espacio con reconocidos científicos como Rodolfo Llinás, María Teresa Ruiz, Lisa Randall, Adela Muñoz y Javier Santaolalla con temas como la física, la astronomía o el funcionamiento del cerebro. Encontraremos también obras de Brasil, Chile, Ecuador, Holanda, Japón, México y Palestina, como invitados.
Y Hablando de libros es necesario que el estado, la Cámara del libro, el congreso, las editoriales y libreros se reúnan para buscar la forma de bajar el precio de los libros y combatir a fondo la piratería, porque no es posible que las calles se inunden de libros piratas.
En Bogotá ,en el centro y Chapinero encontramos librerías fantásticas, con antiguos y usados como Merlín , de Célico Gómez, en la candelaria la del reconocido y autentico librero Rafael Martínez ,El paisano y siempre feliz , Ramoncito Caro, hay cerca de quince librerías en el centro cultural del libro, en la octava la Torre de Babel de Félix Burgos y Carlos Granada , en la calle 45, Jorge Ramírez Fajardo, conocido como el Abuelo y propietario de El Dinosaurio, y don German Gómez , en Chapinero librería “Quevedo” de Gabriel Corchuelo, con cuarenta años en el oficio, los hermanos Gamboa en el centro, y hay que destacar el arduo trabajo de Gustavo en la editorial “Ibañez”, que impulsa permanentemente autores jurídicos y la poesía, que aunque no es rentable, trae satisfacciones espirituales.
Por Gabriel Ortíz.- Para algunos a la paz le llegó su 9 de abril y manifestaron alborozo. Pero la sensatez de la mayoría hizo reflexionar a una Colombia que apenas empieza a usufructuar la convivencia.
La paz no es débil, no desfallece ante la menor dificultad. Se impone contra viento y marea y soporta los zarpazos de quienes quieren volverla trizas.
Lamentable lo ocurrido el 9, porque se presta para aplicar los más bajos golpes a la naciente reconciliación. De resultar cierta la participación de “Santrich” en el tráfico de coca, pueden venir ventarrones contra el proceso. Pero este, por fortuna, tiene defensas y blindajes que impedirán que se vaya a pique como pretenden quienes buscan un rio revuelto votos para alcanzar la presidencia. “Santrich” tendrá debido proceso y la misma Farc han dicho que si la JEP lo encuentra culpable, aceptarán esa decisión.
El narcotráfico es una amenaza para Colombia y para la paz. Desde hace muchos años a nuestro país y a nuestra gente las azota la corrupción, que sembró el narcotráfico con la barbarie del dinero fácil.
Está por todas partes. La practican los grandes y los pequeños. Se utiliza para todo. Para ganar elecciones, para obtener posiciones, en los sectores público y privado.
La paz no podía pasar inadvertida para los corruptos. Trataron de penetrarla incursionando en la contratación, en el manejo de los fondos que con sacrificio destinan los colombianos y el mundo con generosas donaciones.
Los enemigos de la paz se amparan en la corrupción para desacreditar el proceso, pero esconden la mano cuando reciben sinecuras o contratos.
Critican a las Farc, dicen que no entregaron rutas del narcotráfico, no todas las armas, los niños, ni las caletas y los bienes. No ven los beneficios de la paz si no reciben contratos. Si hubiera repartición y corrupción, ella sería una panacea. La defenderían como a ciertas gobernaciones que trafican con los alimentos para los niños, con pensiones para falsos dementes, con modificaciones a los POT, con montajes de “reficares” llenas de oro y maquillaje de balances. Esa es la corrupción que se quiso apoderar del proceso de paz.
El caso “Santrich”, viene cargado de tigre para golpear brutalmente la convivencia.
Colombia no puede malograr el esfuerzo de un puñado de hombres y mujeres que sin desmayo alcanzaron lo que muchos rechazaban y lo que tantos empezamos a disfrutar.
La corrupción y el narcotráfico no pueden malograr los anhelos de un país, la esperanza de los casi 50 millones de compatriotas que caminan por las rutas del progreso, del bienestar y de la conservación de la vida.
Ni la corrupción, ni el narcotráfico, ni los caza-contratos podrán estropear nuestra paz: la paz es más fuerte que quienes buscan un atajo para llegar al poder en medio de una guerra que los beneficiará y lucrará.
BLANCO: La U. Externado confirma a un Señor Rector.
NEGRO: Mientras el mundo busca energía limpia anticontaminante, Peñalosa llenará a Bogotá de buses de la vieja tecnología diesel.
Por Rodrigo Zalabata Vega.-Pudo tratarse de una inocente amenaza de muerte. Porque incluso quien la hacía ponía en ejecución su plan en las manos de un muerto, Carlos Castaño. A cuya memoria le invocaba el milagro de un muerto más, solo eso. Le decía que por lo que hace ese hombre y su nombre lo tenía bien merecido. Qué de malo habría esta vez, cuántos inocentes mató en el pasado por un simple rumor subversivo, en tanto en este caso estaba probado el oficio de la víctima: Matador.
El caricaturista tomó el lápiz con que se ha defendido en la vida, al sentir asaltado su mundo aparte, en el que ha convivido en paz con los muñecos más feroces de la política nacional, vueltos con trazos mágicos al estado del que nunca debieron crecer, juguetonas criaturas; con la misma inocencia que crece una niña en su cuarto de muñecas, en medio de un mundo de lobos alfa que aguardan por ella.
Nunca pensaría quien se toma la vida en serio como un niño, que hasta el rincón de juegos de su alma tocaría la puerta la muerte, en un país que pocas veces recurre al protocolo inútil de la amenaza.
Pero la felicidad de la inocencia no consiste en ser inocente sino en vivir conforme a ella, y Colombia guarda en su memoria el horror de la muerte de quien la hacía reír hasta perder los dientes como un niño, Jaime Garzón; a manos, por una tenebrosa coincidencia, del matador a cuyo espíritu se pide la muerte de Matador.
Y si la amenaza era virtual resulta más letal y de creer, ya que las reales son personales, y si son sinceras se guardan en el corazón porque el que va a matar no avisa, pero aquellas que exhortan los espíritus de la muerte son las que se pintan en muros reales o virtuales, como los anuncios sangrientos que dejaban en los pueblos antes de llegar los paramilitares a cumplir sus masacres, o la estrella de David que dibujaban en las casas los simpatizantes de los Nazis antes que éstos se llevaran de paseo a los judíos hacia los campos de exterminio; lo que nos podría llevar a la desoladora conclusión de que la amenaza hacia Matador sea apenas el anuncio de una forma de pensamiento que está por venir, o vuelve del pasado, dispuesta a matar a quien no se la tome en serio.
Coinciden los genios del humor en considerar que la condición para gozar de tan noble virtud es poder burlarse de los propios defectos, que suelen esconderse detrás de lo físico. Y saben que la risa es el ritual para exorcizar el demonio del ego, que puede llevar a matar a quien no esté de acuerdo con uno, ya que cuando nos vemos en el espejo de nuestras creencias no se permite la crítica, porque nos vemos a sí mismos, y el mayor riesgo es que nos crean los demás, con el pecado mayor de la idolatría que se manifiesta en el fanatismo del culto a la personalidad, que si está anidado en un espíritu de guerra logra la multiplicación de los muertos.
Es el retrato vivo de lo que sucede a los pueblos. Un país que no se permite reírse de sus errores se vuelve serio como se ven los gobiernos totalitarios, sea de derecha, izquierda, laico o teocrático, el defecto es el mismo. El niño que crece sin permiso al cuidado de un padre autoritario se torna rígido como un adulto, pero sus emociones vuelven sin control el día que se hace libre.
El gran defecto de Colombia es que se dejó crecer y perdió su alma de niño. Y tiene que ver con un crecimiento irracional y sin ley, después de ser regida en su historia por un régimen autoritario, corrupto y sin libertades, que arrojó a sus hijos al delirio del narcotráfico y el contrabando del dinero fácil, cuyos niños solo sueñan con ser grandes para tener los juguetes que no les importaron siendo niños.
El crimen de Jaime Garzón fue la ejecución del espíritu del niño colombiano frente al pelotón de fusilamiento de los adultos, por robarle el juguete de la vida que por esencia lo puede disfrutar aquel que entre más viejo se hace más niño. A partir de allí vemos como cosa normal que mueran de hambre los niños en Colombia, como se deja morir en el olvido el juguete en el cuarto de San Alejo para que no estorbe, cuando era el mismo niño el que le daba la comidita.
En serio, a lo único que teme el poder es al humor, porque le hace caer la máscara de seriedad con que se presenta, ocultando sus aberraciones. En la maravillosa obra “El Nombre de la Rosa”, Umberto Eco retrata con rigor esta gran verdad. El abate ciego Jorge de Burgos, cuidador y bibliotecario de la biblioteca universal en que habita toda la obra, trata a toda costa de impedir el acceso a la zona prohibida en que oculta un extraño saber, contenido en el libro que se consideraba perdido de Aristóteles, un tratado sobre la risa, al que envenena sus páginas para causar la muerte a quien osara leerlo. La razón de la prohibición era que si permitía que se leyera abriría la brecha para que terminaran burlándose de Dios, el sustento de todo el poder dominante de la Iglesia en el medioevo.
La medida de la libertad de una sociedad es el ejercicio pleno de su autocrítica, que se expresa sin límites en el humor. Gracias a ello, los Estados Unidos, que ha protegido las libertades civiles como el tesoro más preciado de la propiedad privada, se hizo fértil para el desarrollo de la caricatura moderna. A partir de ella, desde los más prestigiosos periódicos de su gran prensa, la sociedad americana pudo ver reducidas a miniaturas animadas a las personalidades más poderosas del mundo, para reconocer a esa escala los vicios desaforados del capitalismo, y que de su crítica surgiera la superación permanente de su misma locura.
El presidente republicano Richard Nixon, de cuya infancia conservadora traía en los labios una mueca tardía a manera de risa, quien se permitía con su seriedad mostrar ante la prensa feroz la cara más amable del cinismo, sentía un incontrolable temor de verse dibujado en caricatura, porque era llevado a un estado catatónico en que sentía el vértigo de la risa que lo perdía en la vida, ya que solo experimentaba la libertad al sentir que se gobernaba a sí mismo. De ese miedo a sentirse niño surgía su temor a sentirse vigilado, por eso su autoridad de presidente la gastaba en escuchas ilegales y en acosar a sus opositores, lo que al final, en un país de libertades, causó su renuncia con el escándalo Watergate.
Por eso la amenaza hacia Matador no puede pasar como hecho aislado, como las miles de muertes aisladas que no logran configurar ni siquiera una responsabilidad política en Colombia, porque la medida de nuestra democracia será cuando tengamos “Un País al Alcance de los Niños”, como profetizaba Gabo en un célebre discurso, el día que los presidentes teman a los caricaturistas y no los caricaturistas a los presidentes.
Porque si se llegara a cumplir el terrible aviso sería el doble asesinato del niño Jaime Garzón, al que todavía se llora, y la perpetuación de la cultura mafiosa que acostumbra a matar al muerto en su velorio. Si hasta le hacen bullying al niño Matador porque se asusta con una simple amenaza de muerte. Por eso no causa extrañeza que ni los expresidentes ni el presidente no hayan salido condenar el magnicidio infantil que vive Colombia, cuando han sido ellos quienes han condenado a muerte a los niños colombianos, sin derecho a sus defensas, al mismo tiempo de estar al frente del pelotón de fusilamiento.
RODRIGO ZALABATA VEGA
Por Ariel Ávila.- Luego de la captura de Santrich se han tejido todo tipo de hipótesis y análisis sobre el futuro del proceso de paz. Al respecto se podrían sacar cuatro grandes conclusiones o mejor líneas de análisis.
Por José G. Hernández.-La captura de alias “Jesús Santrich”, con fines de extradición, constituye sin duda una de las más difíciles pruebas a las que ha sido sometido el proceso de paz, no solamente por tratarse de uno de los principales negociadores de los acuerdos sino en razón de las características de su caso, que permitirá dejar en claro finalmente, después de mucha confusión -creada por ambivalencias del Acuerdo y por las no menos ambivalentes normas aprobadas al respecto en el Congreso-,cuál es el límite de los beneficios penales concedidos a los desmovilizados; qué corresponde a la JEP y qué a la jurisdicción ordinaria.
Pero, si se cumple todo con arreglo a las normas constitucionales y a las decisiones de la Corte Constitucional, esa prueba resulta ser algo positivo para dicho proceso, en cuanto, mediante el precedente, se hace claridad sobre la futura aplicación de las reglas aplicables y asegura la garantía de no repetición de las conductas punibles, a la vez que excluye la impunidad para los reincidentes.
Todo depende, por supuesto, de la contundencia y certeza de las pruebas recaudadas acerca de la posible comisión de delitos, como el de narcotráfico, por parte del ex guerrillero, así como sobre el momento -anterior o posterior al 1 de diciembre de 2016- en que hayan tenido ocurrencia los hechos punibles.
El fiscal Néstor Humberto Martínez ha dicho este lunes 9 de abril que Santrich fue capturado por la Policía y el CTI, en desarrollo de circular roja de Interpol, atendiendo una solicitud del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Según lo informado, la orden de captura internacional proviene, a su vez, del Gran Jurado de la Corte Federal del Distrito Sur de Nueva York, con fundamento –dice el Fiscal- en la gran cantidad de pruebas electrónicas, documentales y videos, que demuestran la participación de varios sujetos, entre ellos Santrich, en actividades de narcotráfico –exportación de al menos diez toneladas de cocaína a los Estados Unidos- en julio de 2017. Vale decir, ya no durante el conflicto armado sino varios meses después de suscrito el Acuerdo de Paz (24 de noviembre de 2016) y de la entrada en vigencia de los compromisos bilaterales sobre terminación del mismo (1 de diciembre de 2016).
Siempre advertimos: ya que, infortunadamente, se aprobó la calificación del narcotráfico como delito conexo al delito político -lo que no ha debido ocurrir-, cuando menos dispóngase lo necesario para que no haya impunidad por hechos posteriores al Acuerdo Final.
Y dijimos también varias veces que las normas que se dictaran sobre los límites entre la jurisdicción especial JEP y la ordinaria deberían ser disposiciones de claridad meridiana; que no generaran duda alguna; que se entendiera, sin ninguna reserva ni motivo alguno de discusión, que los reincidentes deben ser sometidos a la jurisdicción ordinaria y, en su caso, a la extradición.
El Gobierno y el Congreso decían que todo estaba claro. No lo estaba, hasta que la Corte Constitucional subrayó que los exmiembros de las Farc se comprometieron con el Estado colombiano a “garantizar la no repetición y a abstenerse de cometer nuevos delitos, o delitos de ejecución permanente, después del primero (1º) de diciembre de 2016, en particular, conductas asociadas con cualquier eslabón de la cadena de producción de los cultivos de uso ilícito y sus derivados”.
Ahora, entonces, no digan que la captura de Santrich debe generar una crisis en el proceso de paz, ni que es un golpe contra el mismo.