Opinión
Por Lorena Rubiano.-La administración efectiva consiste en empezar por lo primero. Mientras que el liderazgo decide qué es "lo primero", la administración le va asignando el primer lugar día tras día, momento a momento. La administración es disciplina, puesta en práctica. Stephen Covey
Sin ser experta en el tema, voy a incursionar en el caso de la represa hidroeléctrica de Ituango, por ser un asunto de alto interés nacional, por el riesgo tan grande que corren los habitantes de cerca de doce municipios ribereños, del río Cauca.
Es obvio que la prioridad es la gente, miles de familias que en este momento están el riesgo de ser arrasadas por una posible avalancha, y que por esta situación viven hacinadas en carpas, lejos de sus negocios y propiedades, y sin una solución a la vista.
La situación es muy compleja, oscura por tanto comunicado ocultando la verdad y lo único que sale a flote es esa ansiedad de dinero, de ganar plata por encima de lo que sea, desconocer todos los conceptos negativos para la construcción de la represa en ese sitio, y sobre todo el asesinato sistemático de los líderes sociales más de trescientos que se oponían al proyecto y cuyas desapariciones no han sido investigadas.
La situación, según los expertos, es altamente peligrosa, como lo constataron ingenieros del ejército de los Estados Unidos, quienes vinieron a revisar la obra, y ese concepto debe conocerse en su totalidad por todos los colombianos.
Saber que pasó, que está pasando y si la obra es viable o no. Y quienes son los responsables de tanta torpeza y de esa obstinación de hacer una represa donde no era viable. Y si determinan ponerla en funcionamiento en cada invierno habrá zozobra total y riesgo, además de que la montaña en cualquier momento caerá sobre la represa.
Las filtraciones continúan y no hay control de las descargas al río, lo que puede originar una nueva creciente intempestiva. O sea, lo cierto es que no hay control de la presa, y es impredecible cualquier eventual actividad de la naturaleza.
El ministro de Minas declaró la alerta roja atendiendo al informe de los norteamericanos y contra el concepto de EPM. Los constructores y EPM nunca emitieron una alerta sobre el desprendimiento de la montaña mientras que los expertos dicen que se puede venir una alud de tierra entre 10 y 40 millones de metros cúbicos”.
El gobernador Luis Pérez, aseguró que, de acuerdo con el informe técnico, “la obra está en el riesgo de un máximo colapso” y que los materiales usados “no cumplen con los estándares internacionales”.
Desgraciadamente, por la ambición y el dinero, los responsables de la hidroeléctrica ignoraron las constantes advertencias de las comunidades campesinas que habitan el área de influencia del megaproyecto, quienes previeron lo sucedido.
La situación humana es lamentable: todo es improvisado, familias en una carpa, niños sin escuela, mala alimentación y escasa atención médica y sobre todo con una gran incertidumbre sobre su futuro. Ojalá no les salgan con dos pesos y listo chao, el amigo.
Por Ariel Ávila.- En algunos años, cuando llegue el momento de las preguntas y los interrogantes por el país que le hemos dejado a nuestros hijos, sobrinos y nietos, quiero poder mirarlos a los ojos y decirles, sin ninguna vergüenza, que hice todo lo que pude, hasta lo imposible para dejarles un mejor país. Un país, en el cual pensar diferente no sea un crimen, que a alguien no lo maten por discrepar en algunas ideas, un país donde las armas no sean un mecanismo más de competencia política, un país más equitativo y más transparente.
Por ello apoyé, por ejemplo, el acuerdo de paz de La Habana, porque dicho acuerdo contiene las reformas fundamentales para construir un mejor país. En total hay 143 medidas, como programas, proyectos, iniciativas legislativas. De ellas, 14 son para los actores que estuvieron en la guerra, como la JEP, o la Ley de Amnistía. Pero las otras 129 son para la sociedad: el Plan Nacional de Vías Terciarias, que es construir infraestructura vial para que los campesinos mejoren la competitividad de sus productos, o el Plan Nacional de Educación Rural, o la reforma política. Estas 129 medidas se hacen con la lógica de que Colombia no viva una nueva ola de violencia en el futuro, evitar una nueva guerra, que ha sido la historia de nuestro país en su vida republicana.
En el marco de las negociaciones se dijo que estas causas estructurales de la guerra eran tres: uso y acceso a la tierra, participación política y economías ilegales. Esas 129 medidas están hechas para atacar estas causas estructurales. Es por esto que yo apoyo el proceso de paz, lo apoyo no por las Farc, sino porque no quiero más masacres, no quiero más Tumacos llenos de coca, no quiero ríos llenos de mercurio, quiero un país que supere la violencia, quiero un mejor país para mis hijos y nietos. Los réditos de la paz se verán en algunos años, eso no se ve inmediatamente. Yo no actúo de forma egoísta y en el hoy, actúo para las próximas generaciones y para el mañana.
Con el tiempo he entendido que la guerra ha sido un instrumento necesario para la construcción de las élites nacionales y regionales. La guerra les ha servido como excusa para engañar a la sociedad colombiana, la idea es que la sociedad les perdona todo a cambio de que combatan supuestos enemigos. Es gracias a estas guerras que las élites se repartieron desde hace más de un siglo la administración del poder y sobre todo, crearon toda una estructura para desangrar la institucionalidad.
La cosa es tan vergonzosa que el pasado 27 de mayo el voto de opinión logró casi el 50 por ciento. La votación de Fajardo y Petro, más allá de sus diferencias ideológicas y políticas, representa una sociedad cansada de las maquinarias y la politiquería. El susto para las élites fue tan grande, que salieron corriendo despavoridos para donde Iván Duque, allá llegó el Partido Conservador, el gavirismo, Cambio Radical y parte de La U, todos los políticos que se han aliado con criminales, que han desangrado a Colombia se arroparon en el uribismo. Allí llegaron los carteles de Odebrecht, del sida, de la hemofilia, los kikos Gómez, los ñoños, entre otros. Lo único que estos políticos piden es que no los toquen y al parecer Duque les garantizó eso.
En verdad estoy cansado, o como se dice popularmente, mamado, de que los mismos corruptos y politiqueros de siempre nos gobiernen. Me cansé de que la gente no tenga qué comer, me cansé de la corrupción, me cansé del arribismo político, me cansé de que maten jóvenes y los disfracen de guerrilleros, me cansé de la injusticia. Y eso es lo que quiero cambiar.
El próximo 17 de junio el voto es entre el cambio y el statu quo. Por ello votaré por la paz y el cambio. A las próximas generaciones les quiero decir que hice todo lo que estuvo a mi alcance para dejarles un país mejor, y eso me lleva a votar por la paz. Por eso voto por Gustavo Petro. Con Petro no comparto muchas cosas, habría preferido en segunda vuelta votar por Fajardo, pero no logró pasar. Por ello debo tomar partido entre las dos opciones que nos quedan y voy a votar por la paz y sin miedos.
Por Juan Fernando Londoño.-En el año 2018, luego de los resultados de la primera vuelta, el Partido Liberal, en cabeza de su director, César Gaviria, decidió adherir al candidato uribista, Iván Duque.
La historia se repite y tal como ocurrió en 2010 todos pronostican la muerte del Partido Liberal acusándolo de arriar sus banderas y entregarse al uribismo.
Sin embargo, de cara a lo sucedido durante estos ocho años, cabe preguntarse, ¿fue equivocada o acertada la decisión del liberalismo de acercarse al candidato uribista en2010 para hacer parte de la coalición de gobierno?
No me cabe duda que fue un acierto por parte del liberalismo hacer parte del gobierno de Juan Manuel Santos. Gracias a la presencia de ese partido, el nuevo presidente pudo acoger nuevos temas, como la Ley de victimas, que el mismo Santos había ayudado a hundir cuando era ministro de Uribe. La presencia del liberalismo le otorgó un gran margen de maniobra al nuevo presidente para desplegar una agenda que fuese mucho más allá de la continuidad de la seguridad democrática.
Y lo más importante, la presencia del liberalismo permitió a Juan Manuel Santos iniciar los diálogos de paz en unos términos mucho más pragmáticos y realistas que los propuestos por su antecesor. Recordemos que el propósito de Uribe era dar a las Farc un tratamiento de guerrilla derrotada, lo cual imposibilitó que esa guerrilla iniciara diálogos antes de 2010. Santos pudo avanzar en la negociación y en la firma de un acuerdo de paz porque tuvo el margen de maniobra necesario para distanciarse de Uribe y firmar la paz posible y realista, que es la que se obtuvo en La Habana.
Ahora que la historia se repite se han levantado de nuevo las estridentes voces que acusan al liberalismo de entregarse al candidato de Uribe y anuncia su velación. Lo mismo que en 2010. Pero al igual que en esa fecha, hay que intentar entender la acción del Partido Liberal desde la ética de la responsabilidad sobre la ética de la convicción que describió con maestría Max Weber. Según Weber, vale la pena recordarlo, la ética de la responsabilidad es la propia del mundo política, pues tiene que dar cuenta de las consecuencias de los actos. En este caso el liberalismo tenía tres opciones, la primera apoyar a Petro, opción que fue descartada varias veces durante la campaña, recordemos que el candidato De la Calle buscó alianzas con Fajardo, pero nunca con Petro y por eso descartó participar en la consulta interpartidista con él. Simplemente al liberalismo no le convence ni la propuesta ni el estilo de Petro, y no estaba dispuesto a avalar una candidatura de ese tipo de izquierda.
La opción del voto en blanco tenía todas las desventajas que se han visto en las críticas que ha recibido Humberto de la Calle por tomar esa vía, pero no ofrecía ninguna perspectiva para la clase política liberal que preferían apostar a algún lado, incluso a riesgo de equivocarse. Así que la tercera opción era apoyar a Duque, como en su momento apoyaron a Santos, porque en política uno no siempre escoge lo que quiere, sino que escoge entre las alternativas que tiene. La intención del liberalismo parece ser darle a Duque un margen de maniobra para que no dependa de Uribe ni esté al servicio del ala más reaccionaria de la derecha.
En el liberalismo conocen a Iván Duque, pues creció y se formó allí, al lado de su padre quien fue ministro y registrador. Muchos en el liberalismo incluso recuerdan su labor como subsecretario del partido hacia el año 2000 al lado de Eduardo Verano. La trayectoria y convicciones de Duque fueron formadas en el Partido Liberal, y la presencia de ese partido en su gobierno será la oportunidad de que como presidente se reencuentre con ese ideario.
Desde mi punto de vista, lo que pretende el liberalismo, así sea muy impopular decirlo, es evitar que Duque quede atrapado de la agenda más reaccionaria del Centro Democrático garantizándole una coalición lo suficientemente amplia para que desarrolle una agenda propia de gobierno, tal como lo hizo Santos en 2010. Falta ver si al liberalismo de nuevo le vuelve a sonar la flauta en esta apuesta o si queda atrapado como socio minoritario del uribismo.
Por José G. Hernández.-Para la segunda vuelta de la elección presidencial, que nos lleva a escoger entre los dos candidatos que mayor votación obtuvieron en la primera ronda -Iván Duque y Gustavo Petro-, algunos de quienes fueron aspirantes con menor votación han planteado la idea de votar en blanco.
La democracia es un sistema en que, con libertad, cada ciudadano, mediante el voto, contribuye a la toma de trascendentales decisiones para la vida de la sociedad. Para el efecto, escoge entre las opciones existentes, y para aquellos a quienes ninguna de tales opciones convence, la propia democracia ha aportado la del voto en blanco. Con él se busca permitir que el ciudadano participe, en ejercicio de su derecho y en cumplimiento de su deber, dejando la constancia de no haberse inclinado por ninguna de las alternativas existentes. Lo cual es perfectamente legítimo y brinda la oportunidad de participar, en vez de la simple abstención (no votar), que nada aporta.
Pero, desde luego, los ciudadanos que decidan votar en blanco en esta ocasión deben tener presentes varios elementos que no han subrayado los proponentes:
-El voto en blanco tiene un efecto jurídico -es decir, se refleja en una toma de decisión si es mayoritario- solamente en los términos del artículo 258 vigente de la Constitución, que fue modificado mediante Acto Legislativo 1 de 2009, cuyo parágrafo 1 reza:
“Deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una Corporación Pública, Gobernador, Alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras en las de Corporaciones Públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral”.
Así que, mientras el voto en blanco tiene mucha importancia en el caso de la primera vuelta de las elecciones presidenciales -en cuanto, si llegare a ser mayoritario, conduce a borrón y cuenta nueva en materia de candidatos y a la repetición de las votaciones-, carece de todo efecto jurídico y práctico en la segunda vuelta, en que de todas maneras se escoge únicamente entre los dos candidatos con mayor número de sufragios.
-Así las cosas, no se justifica -desde el punto de vista de sus efectos- la inclusión, en la tarjeta electoral, de una casilla para el voto en blanco. Pero, obviamente, en un sistema democrático también debe ser estimulada por las autoridades la libertad de expresión. De modo que, como tampoco está prohibido el voto en blanco para la segunda vuelta, debe permitirse -como se hizo- a quienes prefieran votar con esa orientación, así no surta unas consecuencias específicamente electorales. Será Presidente de la República quien obtenga el mayor número de votos frente al otro candidato, así haya muchos votos en blanco.
-Algunos se inclinarán por la abstención. No es ella lo más indicado en momentos tan decisivos para la vida y el futuro de nuestra sociedad.
-Otros querrán acudir a las urnas pero depositar su tarjeta sin marcar. Sobre eso debemos decir dos cosas:
1) No se está votando porque no se adopta posición alguna, y en consecuencia esa tarjeta no se tiene en cuenta. Tiempo perdido. Para esa gracia, mejor el fútbol.
2) Se facilita la adulteración de los resultados, pues cualquier jurado deshonesto podría aprovechar para marcar la tarjeta no marcada.
Votemos en paz y a conciencia.
Por Rafael Rojas.- En dos países latinoamericanos, México y Colombia, vivimos procesos similares de polarización política, en momentos electorales simultáneos.
En toda América Latina tienen lugar esas polarizaciones, pero por lo general se trata de conflictos permanentes a nivel ideológico o político, entre las opciones extremas del neoliberalismo y del neopopulismo, adscritas a los ejes geopolíticos en pugna. En los grandes países del Cono Sur y los Andes, con todo lo que digan Rafael Correa o Evo Morales o con lo terrible que sea la prisión de Lula da Silva, esas polaridades nunca han sido inmanejables.
No estoy diciendo que no haya izquierdas antisistema o derechas conservadoras y autoritarias en Brasil, Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Ecuador y Bolivia. Por supuesto que las hay, pero las democracias de esos países cuentan con suficientes resortes mediadores como para impedir que la polaridad interna se mezcle con la externa. A pesar del evidente revanchismo de las derechas brasileña o argentina, nunca se podrá decir que la crisis actual del PT o el kirchnerismo, dos corrientes activas en las oposiciones de ambos países, signifique el colapso electoral de la izquierda en el Cono Sur.
En México y Colombia, la polaridad electoral que estamos viviendo sí podría producir las dos cosas: una peligrosa mezcla entre el conflicto doméstico y el geopolítico y una desfiguración, igualmente dañina, de las identidades de la izquierda y la derecha en la democracia latinoamericana. Ambos son países con costas en el Caribe y el Pacífico, y son determinantes para el mundo antillano, centroamericano y andino. Ambos, países con una relación especial con Estados Unidos, construida durante décadas por la guerra civil, el narcotráfico, la emigración, el libre comercio y la seguridad fronteriza.
Pero hay una diferencia sustancial en el sistema político de los dos países que puede decidir el futuro de la actual polarización: en Colombia hay segunda vuelta y en México no. Eso significa que quien llegue a la Casa de Nariño en Bogotá, Iván Duque o Gustavo Petro, estará en condiciones de crear alianzas y pactos para gobernar en mayoría. Mientras que en México, Andrés Manuel López Obrador o una inconcebible coalición entre Ricardo Anaya y José Antonio Meade, difícilmente rebasaría el 45% de los votos. Quien llegue a la Presidencia en México, tendrá, inevitablemente, a más de la mitad del electorado en contra.
Lo peor que podría pasar en una polarización política, como la de Colombia o México, es que el candidato y el partido vencedor decidan insertarse agresivamente en alguno de los bloques regionales en pugna. Por ejemplo, que Gustavo Petro en Colombia o López Obrador en México imaginen que la mejor manera de reforzar su poder interno sea aliándose a Nicolás Maduro o haciendo causa común con la Alianza Bolivariana. No creo, realmente, que eso suceda, como sostienen algunos, pero tampoco hay que descartar de gratis los peores escenarios.
Por Moisés Naim.- Mientras el mundo se desgañita debatiendo sobre socialismo, capitalismo, independentismo, populismo y otros ismos, los ladrones y los ineptos están tomándose cada vez más gobiernos. Ladrones en el poder los ha habido siempre y gobernantes incompetentes también. Pero, en estos tiempos, la criminalidad de algunos jefes de Estado ha alcanzado niveles dignos de los tiranos de la antigüedad. Y las consecuencias de la ineptitud de quienes mandan se ven ahora amplificadas por la globalización, la tecnología, la complejidad de la sociedad, así como por la velocidad con la que suceden las cosas.
Ya no estamos hablando solo de la corrupción “habitual”; la del ministro que cobra una comisión por la compra de armas o por otorgar a dedo el contrato para construir una carretera. Ni de un caso aislado en el que el más tonto de la clase llega, para sorpresa de sus antiguos compañeros, a ser presidente.
No; en el caso de la cleptocracia se trata más bien de conductas criminales que no son individuales, oportunistas y esporádicas sino colectivas, sistemáticas, estratégicas y permanentes. Es un sistema en el cual todo el alto Gobierno es cómplice y se organiza de manera deliberada para enriquecerse y usar las fortunas acumuladas para perpetuarse en el poder.
Para los cleptócratas, el bien común y las necesidades de la población son objetivos secundarios y sólo merecen atención cuando están al servicio de lo más importante: engordar sus fortunas y seguir mandando.
El caso de los ineptos en el poder es algo distinto. Las cacocracias (los gobiernos de los malos) proliferan en sistemas políticos degradados y caóticos que repelen a los talentosos y les abren paso a los peores ciudadanos, o a los menos preparados. Obviamente es posible que a veces se combinen los dos y el Gobierno no solo sea criminal sino también incompetente. Cuando coinciden, la cleptocracia y la cacocracia se refuerzan entre sí.
Un ejemplo que ilustra la conducta de gobiernos cleptócratas lo ofrece el respetado periodista brasileño Leonardo Coutinho. Recientemente, Coutinho recogió el testimonio de Marco Antonio Rocha, un oficial de la aviación boliviana que reveló el tráfico de grandes volúmenes de cocaína de Bolivia a Venezuela y a Cuba. Cuenta Rocha que semanalmente debía pilotar un avión desde La Paz a Caracas y La Habana cargado con las “maletas diplomáticas”, entregadas por los agregados militares de la Embajada de Venezuela en La Paz. Solo que en este caso no eran ni maletas ni llevaban documentos diplomáticos. Eran enormes bultos que contenían 500 kilos de cocaína.
Una operación de este tipo requiere la complicidad de los más altos niveles del Estado en, al menos, tres países. Esta no es solo la historia de una operación más de narcotraficantes, sino que también revela las actividades de una alianza de gobiernos cleptocráticos.
El primer ministro de Malasia, Najib Razak, quien acaba de perder las elecciones, ha sido acusado de haber organizado un sistema financiero que le permitió pasar 42.000 millones de dólares de cuentas públicas a cuentas privadas controladas por sus familiares y cómplices. En Brasil, el escándalo conocido como Lava Jato reveló una vasta, sofisticada y permanente red de corrupción que involucró durante años a centenares de los más poderosos políticos, gobernantes y empresarios del país y de toda América Latina.
Un error común es suponer que las cleptocracias solo se dan en los rincones más pobres y subdesarrollados. Rusia es un país avanzado cuyos dirigentes muestran claros signos de constituir una cleptocracia. Uno de sus pilares fundamentales son los exagentes secretos de la KGB convertidos en oligarcas cuyas enormes empresas trabajan de la mano del Kremlin.
En un testimonio ante el Senado de EE.UU. en 2017, Bill Bowder, empresario de vasta experiencia en Rusia y acérrimo crítico de su gobierno, afirmó que “Putin se ha hecho el hombre más rico del mundo y su fortuna alcanza a los 200.000 millones de dólares”.
Es también un error pensar que solo en países con instituciones débiles y sistemas políticos inmaduros pueden llegar a ocupar las posiciones más importantes personas que no tienen la capacidad y la preparación necesarias. Lo que estamos viendo en EE.UU. y en países europeos con una larga tradición democrática muestra que ninguna nación es inmune a la cacocracia.
En EE.UU., la búsqueda en Internet del significado de esta palabra derivada del griego antiguo ha tenido un enorme auge desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca.
Como buenos prestidigitadores, los cleptócratas saben cómo distraernos de sus fechorías y los cacócratas de su incapacidad. Lo hacen hablándonos de sus ideologías y atacando a las de sus rivales. Mientras nosotros vemos y participamos en estos torneos ideológicos, ellos roban. O tontean.
Y nosotros pagamos las consecuencias.
Moisés Naim. Economista, escritor y analista político venezolano.
Por Amylkar D. Acosta M.-Se suele decir que los políticos hacen campaña en poesía y gobiernan en prosa, para significar que unas son las promesas del candidato y otras son realizaciones cuando asumen el mando. Pero quien, contra todos los pronósticos, resultó elegido Presidente de EEUU ha roto este paradigma, como tantos otros. Y en este caso no le quedaba difícil, dada su proverbial aversión por la poesía y por la prosa. El Presidente Trump se hizo el propósito de hacer trizas el mandato de su antecesor Barack Obama y a fe que lo ha venido cumpliendo a pié juntillas, así le lluevan rayos y centellas, sin reparar en el daño infligido a su propio país.
Dijo Georges Louis Leclerc, que “el estilo es el hombre” y Trump tiene su propio estilo y nada cambió en él cuando se trasteó de la Trump Tower de la Quinta avenida de Nueva York a la Casa Blanca en Washington. Se trata de un personaje enigmático, ciclotímico y neurasténico, que actúa por impulsos irreprimibles, pendenciero y así gobierna, perdón, así trina. Pues bien, desde que llegó a la Presidencia, con su sonsonete de “Estados Unidos primero”, ha enconchado como ostra a la primera potencia mundial, aislándola y confinándola en sus propias fronteras. Y como su paranoia no tiene límites, lo ha llevado a concluir que el resto del mundo conspira contra EEUU y por ello ha optado por renegar de los acuerdos y tratados suscritos.
Al fin y al cabo, según afirma su nuevo Consejero de Seguridad el halcón John Bolton “Estados Unidos no tiene la obligación legal de cumplir los tratados que ha firmado y ratificado”. Ya este mismo señor Bolton, siendo Embajador de EEUU ante ONU había espetado con arrogancia que “no existen las Naciones Unidas. Existe una comunidad internacional, que de vez en cuando puede encabezar la única potencia real que queda en el mundo y cuándo convenga a nuestros intereses, podremos conseguir que otros se apunten” (¡!).
En el curso de su campaña Trump despotricó en contra de la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la que calificó de organización del “desastre”, “siempre nos está molestando” afirmó y amenazó con retirarse si los demás países miembros no se allanaban a sus pretensiones, especialmente en materia de tarifas aduaneras. Y más recientemente tuiteó que “la OMC es injusta con EEUU”. Por su parte Robert Lighthizer, nuevo representante comercial de EEUU, afirma que “EEUU debería ignorar con más frecuencia a la OMC”. Por ello no causó sorpresa su anuncio rimbombante, desde el Salón Oval de la Casa Blanca, de la imposición de aranceles proteccionistas del 25% a sus importaciones de acero y del 10% para las de aluminio el pasado mes de abril. Esta decisión significaba una declaratoria de guerra comercial contra sus socios Canadá, la Unión Europea, Corea del sur, que son sus principales proveedores de acero, pero su blanco principal es China. Así se desprende del más reciente Informe de Estrategia de seguridad nacional de EEUU, el cual considera a China como un rival estratégico que busca "desafiar el poder, la influencia y los intereses estadounidenses, intentando erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos".
Trump aduce que la balanza comercial entre EEUU y China está muy desequilibrada en su contra. En efecto, las exportaciones de EEUU a China en 2017 fueron del orden de los US $130.000 millones, mientras que sus importaciones provenientes de China registraron US $505.000 millones, arrojando un déficit de US $375.000 millones, de un déficit total de US $566.000 millones. Huelga decir que China es el mayor exportador del mundo, desde 2009 cuando desbancó a Alemania, acaparando el 13.2% (US 2.1 billones) de las exportaciones globales y es al mismo tiempo el segundo importador, con el 9.8% (US $1.6 billones), entre tanto EEUU participa con el 9.1% y el 13.9%, respectivamente.
Pareciera que Estados Unidos con Trump estuviera retrocediendo a las ideas mercantilistas decimonónicas, que hace rato caducaron, de Abraham Lincoln, cuando afirmaba: “no sé demasiado acerca de los aranceles, pero lo que sí se muy bien es que, cuando compramos bienes manufacturados a los extranjeros nosotros nos quedamos con los productos y ellos con el dinero. Cuando compramos productos nacionales nos quedamos con ambas cosas”.
Para Trump, “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar”, son pan comido y su proceder va muy en línea con uno de sus asertos en su publicación El arte de la negociación, cuando dice que “hay veces en que la única salida es el enfrentamiento. Cuando alguien me trata mal o injustamente, mi respuesta, toda mi vida, ha sido devolver el golpe lo más fuertemente posible”. Quienes creyeron ingenuamente que eran sólo bravuconadas y baladronadas de Trump se equivocaron. Ya desde diciembre del año anterior había notificado a quien quisiera oírlo que su política comercial incluiría “todas las herramientas posibles para preservar la soberanía nacional y fortalecer la economía” a su manera. Y procedió en consecuencia.
Bogotá, junio 4 de 2018
www.amylkaracosta.net
Por Giovanni Décola.- Los colombianos somos esclavos de la violencia, de la corrupción y de la injusticia social. Y pareciera que esta situación nos encantara.
Cuando Simón Bolívar, iniciaba su gesta libertadora, la mayor oposición, la encontró en sus propios hermanos latinoamericanos. Muchos querían seguir bajo el yugo de la dominación española. El miedo a lo nuevo, los entumecía. La respuesta a su sueño libertario, era tildarlo de rebelde, loco, irresponsable. “Sin los españoles, seríamos unos despreciables indígenas”, le gritaban. El resto de la historia, ya la conocemos.
Cuando el Presidente José Hilario López, sancionó la ley segunda de 1851, por medio de la cual se declaró la libertad de todos los esclavos en Colombia, quienes mayormente se opusieron a la ley, quien lo creyera, fueron precisamente los mismos esclavos, a quienes sus amos, le repetían una y otra vez, que, si se les declaraba libres, iban a ser convertidos en despreciables indigentes. Y la gran mayoría de los esclavos así lo creyeron.
Muchos años después, la historia parece repetirse. Hoy, un hijo del pueblo, llamado Gustavo Petro, quiere abrirnos los caminos y romper las cadenas que nos atan como esclavos de la violencia y de la corrupción, para hallar nuestra tercera libertad y empezar a transitar los senderos de la justicia social.
Pero nuestra clase dirigente, empresarial y política, untada hasta los tuétanos de la violencia y corrupción, nos dice que, si gana Gustavo Petro, nos convertiremos en otra Venezuela y pronto vamos a ser unos despreciables castrochavistas, propagadores de odio. Y los esclavos modernos de hoy, así como los de ayer, también se lo creen.
Compatriota, si de verdad, estás hastiado de la violencia y corrupción que nos carcome, tenemos una oportunidad histórica, de poner fin a décadas de ignominia, y derrotar a esa corruptela que hoy se ha juntado en un aquelarre de intereses nauseabundos y mezquinos, cuyo único propósito, es sepultar el sueño de un pueblo que agoniza ante la falta de oportunidades y se ahoga en un mundo de deudas, cuyos acreedores, pretenden engañarnos, una vez más, con el cuento trasnochado de que “el futuro es de todos”.
Nos invitan nuevamente al futuro, los mismos de siempre, a quienes solo a ellos, el futuro les sonríe. Con tal de mantenernos como sus nuevos esclavos, no se inmutan al juramentarse nuevo y eterno amor; así antes se hayan hecho acusaciones mutuas de narcotraficante, paramilitar, corrupto, dictador, o las más tiernas de Gaviria a Uribe: “Mentiroso, mentiroso, mentiroso”. Ni se sonrojan, cuando entregan unos principios y banderas, si es que las tenían, a cambio de un pedazo de esa gran torta, llamada burocracia y presupuesto.
Otro hijo del pueblo, llamado Jorge Eliécer Gaitán, nos advertía, que él no era un hombre, sino un pueblo, y el pueblo es superior a sus dirigentes. Hoy el pueblo se llama La Colombia Humana, y su líder Gustavo Petro. Sólo votando por él, demostraremos que, si somos superior a los dirigentes, y no como dijera el mismo caudillo: “Una multitud anónima de siervos”.
Decía Dante Alighieri en su obra La Divina Comedia: "Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en tiempos de crisis moral". La abstención o el voto en blanco, en esta ocasión, no es más que una forma soterrada, de apoyar a nuestros verdugos.
Gustavo Petro, ya hizo lo suyo: arrinconó a todos los corruptos de Colombia en un solo lugar. Nos falta a nosotros, darles su estocada, votando en contra de ellos.
Tal vez, Petro nos genere dudas y hasta temores, pero prefiero mil veces, darle mi voto a la esperanza, que seguir siendo esclavo de mis miedos.
Para los corruptos de ayer y de hoy, el único día, que no soy un despreciable indigente, es cuando voto. Ese día, que tampoco cuenten conmigo.
Colombiano, te invito a soñar: ¿Qué tal, que le dejemos servida la torta?
¡Puede ser nuestra, si votamos por la tercera libertad!!!
Por: Guillermo García Realpe.- La situación en Hidroituango está pasando de castaño a oscuro, no sólo por el inminente riesgo que el mega proyecto sigue generando a los habitantes de varios municipios rivereños del río Cauca, sino por la deficiente conexión entre sus principales socios, Gobernación de Antioquia y alcaldía de Medellín (EPM).
Y es que en este momento de grave crisis, las principales autoridades antioqueñas empiezan a mostrar desespero ante la falta de soluciones de fondo y lo mismo ocurre con las 120 mil personas que han tenido que abandonar sus propiedades para acampar en albergues temporales.
Cuando parecía que la obra empezaba a dar buenas señales, y cuando los más de dos mil operarios que trabajaron y siguen trabajando a triple jornada daban resultados que se había logrado la cúspide al alcanzar los 410 metros de cota y que por ende el embalse no sobrepasaría ya el muro de contención, surge una nueva amenaza y aún mucho más riesgosa, la de una gran montaña de 130 mil metros cúbicos aledaña a la presa que amenaza con desprenderse, situación que donde se llegue a producir traería enormes consecuencias.
Sin embargo EPM concentra sus esfuerzos en cuatro frentes, que según su propio Presidente, generan alarmas pero no retrasan las labores. Es decir, la prioridad actual son los derrumbes, la inundación en el cuarto de máquinas y el taponamiento existente en uno de los túneles de desviación, superado estos riesgos inminentes, nada fáciles por supuesto, el proyecto seguirá su cauce. Pero en el peor de los casos y siendo pesimistas ¿qué pasaría si no lo logran?
Vendría preguntas de múltiple respuesta, ¿se debería frenar definitivamente el mega proyecto? Siendo esta la más sensata de todas. ¿Quién va a responder por el grave desastre social y medio ambiental? ¿Cuánto tiempo tardaría la reparación a los miles de damnificados aguas abajo del río Cauca? En fin, son muchos los interrogantes que se deben responder en caso que la continuidad de la obra no sea viable.
Incluso al interior del mismo Gobierno nacional, se hace un análisis de todos los escenarios posibles y en el hipotético caso de un desplome de la presa, se estima que el caudal del río Cauca superaría los 263 mil metros cúbicos por segundo. Algo realmente ¡dramático!
Según lo reveló el Ministro de Ambiente, Luis Gilberto Murillo, en épocas normales, el caudal sobre el corregimiento de Puerto Valdivia oscila entre 1.300 y 1.700 metros cúbicos, y puede subir en crecientes hasta 2.500 metros. Los caudales del fenómeno de la niña en 2010-2011 llegaron a 4.700 metros cúbicos por segundo. En la contingencia del pasado 12 de mayo, ese caudal llegó a 6.030 metros cúbicos por segundo, superando lo registrado previamente. Es decir, el panorama de un eventual desplome de la presa es de dimensiones enormes.
Más de una docena de municipios, quince en total estarían en grave riesgo ante tal escenario. En alerta roja estarían Valdivia, Cáceres y Tarazá. En alerta naranja Caucasia, Nechí, y en amarilla los municipios de San Jacinto del Cauca, Guaranda, Achí, Ayapel, San Marcos, San Benito Abad, Majagual, Magangué, Caimito y Sucre. Entes territoriales no sólo de Antioquia, sino de departamentos como Sucre y Bolívar, por consiguiente los responsables del mega proyecto deben garantizar que ese riesgo desaparezca en el menor tiempo posible, de lo contrario estaríamos ante una tragedia superior nunca antes vista en la historia de nuestro país.
Los colombianos, hacemos votos para que esta terrible amenaza no ocurra, para que los riesgos sean superados, que las labores de los operarios garanticen la superación de la emergencia, y que los campesinos resguardados en albergues aguas abajo al Río Cauca puedan volver a sus hogares y así retorne la tranquilidad que en otrora vivían, claro está, si la furia de la naturaleza lo permite.
Senador de la República.@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis.-Ante el aumento inesperado de los precios del petróleo, vuelven a plantearse las preguntas sobre su manejo ¿Cómo hacer para que estas bonanzas de un producto no perjudiquen a otros sectores de la economía? ¿Cómo evitar la “enfermedad holandesa” y la maldición de los recursos naturales que ha empobrecido a tantos países que se creían ricos por tener muchas reservas de petróleo y otros minerales?
Son tres los elementos claves de una política para aprovechar una bonanza: uno, ahorrar los mayores ingresos fiscales de la bonanza; dos, desligar la tasa de cambio de los vaivenes del precio del petróleo y tres, reinvertir en la búsqueda de petróleo para que la bonanza no sea pasajera.
En cuanto al primero, el ejemplo clásico es Noruega que desde el descubrimiento de los grandes yacimientos de hidrocarburos en el mar del Norte en los años 70 tomó la decisión política de no gastar los ingresos extraordinarios y creó el Fondo Noruego del Petróleo, que ahora se llama “Fondo Global de Pensiones del Gobierno” que ya acumula recursos por más un millón de millones de dólares asegurando el bienestar de los 5 millones de noruegos por muchos años después de que se acabe el petróleo. La ley establece que el gobierno noruego tiene que aportar cada año al Fondo y que no puede retirar cada año más del 4% de los recursos.
En Colombia se han hecho dos tímidos intentos en la misma dirección: el primero con la creación en el gobierno de Samper del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP), el cual llegó a acumular unos 3.000 millones de dólares que se empezaron a repartir desde los primeros años de este siglo. El segundo en el 2012 con la destinación de una parte de las regalías de las entidades territoriales al Fondo de Ahorro y Estabilización, en el que hoy hay ahorrados unos 3.700 millones de dólares. En ambos casos han sido unos montos muy pequeños en relación a los ingresos petroleros.
El riesgo actual es que el próximo gobierno quiera utilizar los inesperados ingresos adicionales del petróleo para financiar propuestas populistas de aumento del gasto o de recorte de impuestos, en lugar de ahorrarlos y aprovechar para disminuir el déficit fiscal y la deuda pública.
La segunda política necesaria es romper la correlación inversa entre el precio del petróleo y la tasa de cambio que es la causa inmediata de la enfermedad holandesa.