Opinión
No hay duda alguna que el hecho más importante en los últimos sesenta años en Colombia, es el Acuerdo de Paz firmado en La Habana entre el Estado colombiano y las guerrillas de las FARC, para ponerle fin a más de medio siglo de confrontación armada que dejara un saldo de más de cien mil muertos, siete millones de desplazados y un centenar de miles de víctimas.
Pero luego sucedió algo verdaderamente increíble: sometido el Acuerdo a la refrendación del pueblo, en el llamado Plebiscito del 2 de octubre de 2016, fue derrotado por escasa mayoría ( 51%). El partido Centro Democrático, fundado meses atrás por el expresidente Alvaro Uribe –cerril opositor del Acuerdo- levantó banderas para “hacerlo trizas”, según la desafiante proclama del exministro Fernando Londoño, consigna estratégica para ganar la presidencia de Colombia. Y lo que en un principio parecía algo imposible o remoto, terminó siendo una cruel pesadilla el 17 de junio de este año. Más tarde, con despreciable arrogancia, el Dr. Londoño Hoyos: “Ya no hay que hacerlo trizas; está hecho trizas”, después de relacionar todas las modificaciones que sufrieron esos acuerdos, la mayoría sin el consentimiento de las partes signatarias, todas ellas realizadas por el Congreso de la República después de la nueva versión, la del Teatro Colón de Bogotá.
Y no le falta razón al vocero del uribismo más recalcitrante:
La JEP (Justicia Especial para la Paz),ideada como un mecanismo transitorio de justicia universal, esto es para todos los actores del conflicto, incluyendo en éstos a los llamados “máximos responsables”, y que en el caso del Estado llegaría hasta los comandantes de arma, ministros, y aún presidentes de la República, ya no será así; como tampoco juzgará a los particulares involucrados en el conflicto como auxiliadores o financiadores del paramilitarismo, salvo que voluntariamente se sometan a ella. En síntesis, ya no será “para Raimundo y todo el mundo”, como jocosamente lo dijera el llamado Comandante Calarcá. Ahora, sólo juzgará a los guerrilleros.
Y no sólo eso, se pretende también modificar el sistema de sanciones contemplado en el Acuerdo, estableciendo privación efectiva de la libertad, en vez de la mera restricción, para las llamadas “graves violaciones” de los Derechos Humanos o del Derecho Internacional Humanitario (los crímenes de guerra y los de lesa humanidad), a pesar de que en el Tratado de Roma no se habla de cárcel, sino de sanciones.
En cuanto a los derechos políticos de los ex-guerrilleros, si bien se los mantiene aún –como es apenas obvio- sí se busca restringirlos,así: los elegidos al Congreso -ha dicho y reiterado el Presidente electo- no podrán asumir sus cargos sin haber cumplido sus penas,contradiciendo así lo acordado en La Habana y refrendado por el Congreso, que luego aprobó el Acto Legislativo No.1 de 2017. Y en este aspecto hay otras inquietudes: se respetará el derecho del ahora llamado partido FARC a mantener su representación mínima en el Congreso, para el período 2022-2026? ,lo mismo que su derecho a recibir la financiación del Estado?.
Aparte de lo anterior, hay preocupaciones aún más importantes, porque se refieren a los derechos de las comunidades del campo que fueron víctimas del conflicto y, en muchos casos, en pugna con los ilegítimamente adquiridos por los terratenientes protegidos por el uribismo. Esas preocupaciones son:
Volverá la erradicación forzada de los cultivos de uso ilícito?, la fumigación aérea con sustancias tóxicas prohibidas por la Corte Constitucional y la OMS que no sólo destruirán todos los cultivos (incluyendo los lícitos), sino que envenenarán la tierra, el aire y el agua? La política de erradicación concertada que el gobierno Santos estaba empezando lánguidamente a aplicar en los últimos meses la considerarán fracasada?, a pesar de que jamás se iniciaron los programas de sustitución de cultivos con las prometidas inversiones en infraestructura vial, educación, salud, y algo igualmente importante, además de la inversión social en el campo: los cultivos alternativos con tierras mejoradas, semillas, asistencia técnica, recolección y compra de cosechas, crédito, etc.
Y los campesinos minifundistas o carentes de tierras, se quedarán esperando no sólo la devolución de las propiedades que perdieron por el despojo paramilitar, sino la expectativa de las más de diez millones de hectáreas que se prometió entregarles?.
A partir del 20 de julio, y especialmente del 7 de agosto, habrá una nueva realidad política en Colombia: un solo partido (con sus aliados) manejará omnímodamente dos ramas del poder (ejecutivo y legislativo) y, por las consignas del jefe del nuevo país político, se revocarán las Cortes, para conformarlas y designarlas por los vencedores.
Entre tanto, las antiguas FARC, que en cumplimiento de lo acordado se desmovilizaron y entregaron sus armas, han reiterado que cumplirán su palabra, de no volverlas a empuñar nunca jamás. Ojalá que esa traición del Estado, que el Derecho Internacional Humanitario condena y el Titulo Segundo de nuestro Código Penal tipifica como delito, la PERFIDIA, no termine alentando focos de resistencia armada.
Los colombianos jamás olvidaderos que un puñado de malos compatriotas fundó un partido con la bandera de destruír los Acuerdos de Paz, y así recuperar el poder político.
Bogotá, D.C, 11 de julio de 2018.
*Abogado. Exministro de Justicia, Exgobernador de Nariño, Exsenador de la República de Colombia.
A raíz de los múltiples asesinatos de líderes sociales en Colombia, todos nos preguntamos: ¿quiénes los están matando? Y la respuesta que, en nuestra historia reciente, parecía sencilla; pues siempre se la achacaban al grupo armado que más se combatía en el momento, llámese las FARC, ELN, AUC, Cartel de Medellín, Clan del Golfo, Los Urabeños, etc., hoy parece tener nuevos ribetes.
En primer lugar, queda uno perplejo, ante la pasividad de un Gobierno, para combatir el crimen, para alzar su voz y exigirle resultados a sus FFAA en prevenirlo y a la Justicia en investigarlo y sancionar a los culpables. Pero cuando escuchamos al flamante Ministro de Defensa, en una actitud prácticamente justificadora de los homicidios contra los líderes sociales, mimetizándolos a un lío de faldas o revictamizando a la víctima al relucir relaciones pecaminosas no comprobadas con otros actores del conflicto, deja la sensación de que una mano negra al interior de las mismas FFAA del Estado, podría estar involucrada en semejantes crímenes de lesa humanidad. Haciéndonos recordar aquella famosa frase de que: “Tal vez no estaban recogiendo café…”. Nada justifica las ejecuciones extrajudiciales en Colombia.
Por otra parte. Cuando uno nota el silencio del Centro Democrático, tan proclive a denunciar los hechos de violencia en el Gobierno Santos, pareciera que fuerzas paramilitares, siempre tan afines a la plataforma política del nuevo partido de gobierno, fueran los autores de esos crímenes selectivos, más aún, cuando existe la nefasta coincidencia, de que esos líderes sociales, apoyaron a Gustavo Petro a la Presidencia, cuya candidatura fue duramente cuestionada por la extrema derecha y sus aparatos armados ilegales.
Para colmo de males, el aumento del narcotráfico y su consecuente ola de violencia, para asegurarse rutas, mercados y el microtráfico, también dejan una constelación de dudas, si esos carteles dedicados a la droga, estarían detrás de los mencionados asesinatos, con el fin de callar las voces disonantes del crecimiento de dicho flagelo, del cual no se escapan viejas guerrillas, nuevas disidencias, y obviamente el narcoparamilitarismo.
Y por supuesto, no puede dejarse pasar por alto, el tema de la tierra. Mientras no exista una reforma agraria integral, que democratice el dominio, la posesión, la tenencia y explotación de la tierra, se hace inane cualquier esfuerzo por una paz estable y duradera.
Nuestros líderes sociales, independientemente de su inclinación política, deben ser protegidos por el Estado y sentir ellos, la solidaridad de los ciudadanos, para que sepan que no están solos.
¡Su exterminio tiene que pararse ya!!! A causa de ello, estamos siendo la vergüenza del mundo libre. Donde el don más preciado que es la vida, no se respeta, no merecemos ser considerados como una Nación, sino como un pueblo bárbaro, que merece el peor de sus destinos.
Esa falta de amor por la vida, nos está llevando, a que el segundo don más preciado, que es la libertad, para quienes no la tienen, signifique todo, y para los que la tenemos, sea hoy una mera ilusión.
¿Cómo sentirnos libres, cuando no sabemos, si el próximo muerto, somos nosotros o uno de nuestros seres queridos?
Presidente electo Iván Duque; una vez consumada su victoria, nos prometió unir a la Nación, ¡cúmplalo!!!
Así como se le dijo a Santos, que su paz no sería viable sin Uribe, hoy la unión que usted promete al país, tampoco sería factible sin Petro.
Lo invito a que pase a la historia, sentando a la mesa, a su principal contradictor, no para repartirse a pedazos la Nación, sino para salvarla. Todavía es posible…mañana el llamado podría ser tardío y frívolo.
La polémica artificial por el poder en Berlín no tiene nada que ver con los hechos reales de la actual migración en la UE. Es increíble cómo un puñado de megalómanos bávaros trató de tomar como rehén a toda la UE y utilizarla para golpear al ala más liberal de los conservadores de Merkel.
Auge de los populistas
Lamentablemente, justo Austria tendrá la presidencia del Consejo Europeo durante los próximos seis meses. Y el canciller Sebastian Kurz aprovechará la oportunidad de darle un giro a la derecha a la UE, como ya lo hicieron sus conservadores en Viena, gracias a la alianza con el FPÖ de extrema derecha.
Eso ya es visible en un íntimo abrazo con la Lega en Italia, en donde Matteo Salvini se ve a sí mismo como el nuevo "Duce", elevando el desprecio por la humanidad a una nueva forma de arte. A esa amistad del eje de extrema derecha se suma el húngaro Viktor Orbán, padre de las campañas de la mentira, del discurso de odio y el populismo desenfrenado en Europa. Su fórmula: repetir hasta que se lo crean que los extranjeros y los migrantes son los enemigos del pueblo. Y en Hungría eso ha funcionado muy bien.
¿Acaso estos bávaros no fueron a clases de historia y no entendieron cómo operan los mecanismos de un gobierno autoritario que destruye las estructuras democráticas? Esto es, para los alemanes especialmente, una demostración de ignorancia.
¿Democracia liberal o nuevo nacionalismo?
El complicado sistema de la UE es el resultado de las democracias liberales en Europa. Se basa en derechos y obligaciones equitativos de los miembros; en el espíritu de cooperación y solidaridad, es convertido ahora casi en un insulto.
El lema "Italia primero" del nuevo gobierno en Roma, el renacimiento del nacionalismo egoísta, es un veneno mortal para Europa. O sigue vigente el sistema de compromiso, compensación e interés común, o el del interés nacional. Ambos no funcionan a la vez.
En la actualidad, el nuevo nacionalismo parece estar en auge. Pero la asombrosa miopía de sus seguidores significa que están a punto de cortar la rama en la que todos nos sentamos. Si Viktor Orbán construye su democracia privada en Hungría, solo puede hacerlo porque cuenta con el respaldo de miles de millones de dinero que le gira Bruselas. Si ayuda a destruir la UE, él también caerá.
Europa nos ha traído libertad, prosperidad y paz durante décadas. ¿Cuán ciegos deben ser los conservadores en Baviera para ignorar el hecho de que, junto con el norte de Italia, se han convertido en una de las regiones más prósperas del mundo, sobre todo gracias a la UE? El cierre de las fronteras abiertas en el espacio Schengen costará miles de millones en poco tiempo. Y todo por una histeria ideológica, que declara a los inmigrantes el mayor mal político.
A todo esto, ¿dónde queda la humanidad? ¿Y dónde los llamados valores cristianos? Los bávaros, en lugar de colgar cruces en las oficinas, deberían cultivar la virtud de la humanidad. Pero la única figura que se atreve a señalar con cautela los derechos humanos es Angela Merkel. Y desafortunadamente, ella no tiene mucho éxito con eso.
Europa echa de menos sus temas reales
Sin mucha oposición, la UE está ahora bajo la presión de los populistas, descuidando, por ello, sus problemas reales: la amenaza de mdesmontaje de la OTAN, la guerra comercial con Donald Trump, las regiones y poblaciones descuidadas, la economía digital. ¡Hay suficiente por hacer! Pero parece que los demócratas en Europa están dejando pasar el momento de defenderse.
Angela Merkel está debilitada, Emmanuel Macron hace cálculos puramente políticos y, en general, hace falta contrapeso político para defender el núcleo de Europa. Y justo los conservadores de Baviera contribuyen fuertemente a empeorar las cosas. Si la CSU busca perfilarse como la "Lega Sud" alemana, las últimas encuestas de opinión los deberían hacer reflexionar. Sus líderes, Söder y Seehofer, van en caída libre. Como europea convencida, solo se puede desearles un descenso rápido.
Bárbara Wesel. Periodista alemana y corresponsal de DW en Bruselas.
Berlín, 29 de junio de 2018.
Históricamente los procesos de paz no son nada apacibles. Con muchos sobresaltos y después de miles de muertos Nelson Mandela y Frederik de Klerk, pusieron fin a la Apartheid; como fruto de un esfuerzo entre el gobierno de turno y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca, se logró en 1996 un acuerdo de paz, en el que muchos ya no creían; en 1998 el Gobierno Británico y el IRA, después de 10 años de negociación, con bombas de por medio, sellaron la paz en el “Tratado Del Viernes Santo”. Otro tanto ha ocurrido con procesos de paz que tuvieron feliz término en El Salvador, Burundi, Sierra Leona y Sudán del Sur. El común denominador del camino recorrido por los países antes mencionados en la búsqueda de la paz siempre fue la adversidad.
La Paz lograda en Sudáfrica, Irlanda del Norte, El Salvador, Guatemala, Sierra Leona -con algunos asteriscos- y Angola entre otros, hoy en día se conserva. La mayoría de estos acuerdos terminaron con constituyente a bordo, Amnistías, indultos y comisiones de verdad, reparación y reconciliación, como muestra de una realidad incontrovertible: La Paz se logra cediendo en muchas cosas.
En nuestro país pareciera que no queremos aprender de la historia. Seguimos enfrascados en enfrentamientos de egos de los sectores políticos que parecieran no querer arribar a la consolidación de la Paz; el tira y afloje del presidente en ejercicio con el presidente electo llevó al Senado de la República, en las últimas horas, a aprobar un Código de Procedimiento para la JEP, que crispa más los ánimos. En lo que todos están de acuerdo, es que ninguno está conforme: Ni los militares, ni los exguerrilleros, ni las víctimas, ni la ONU…
El que estemos trasegando este calvario no nos debe llevar a la desesperanza absoluta, a hablar como muchos lo hacen de “Apague y vámonos”, de afirmar que no hay futuro y como siempre de compararnos con el “Estado Nirvánico” que viven algunos países de Europa; no se dejen llevar por las apariencias, los pueblos que hoy gozan de una imagen mundial de pacifistas y ejemplos a seguir no siempre fueron un paradigma de mansedumbre, no siempre fueron los angelitos que la gente cree; muchos de estas sociedades “angelicales” hicieron correr ríos de sangre para llegar a lo que son hoy; solo hay que acudir a la historia de los Helvetas, Retios, Burgundios, etc., para conocer todo lo que debieron pasar.
Los enfrentamientos irracionales y con un marcado sesgo partidista, no traerán buenas noticias para la paz. Ha llegado el momento de construir, de pensar colectivamente, de sumar fuerzas entre liberales, conservadores, la izquierda, los de centro, los de derecha, cristianos, minorías, etc. Todos debemos aportar a la PAZ DE COLOMBIA, ojalá perpetua, como diría Kant.
Farid Escobar Pinedo.
Abogado y Periodista.
Bogotá, D. C, 29 de junio de 2018.
Colombia se ha jugado en esta época mundialista una de las contiendas más difíciles: la de golear inclusive al narcotráfico. El negocio más funesto del mundo, nos ha llevado a los más insospechados desastres. La lucha ha sido y es titánica. No solo contra los cultivos ilícitos, sino contra nuestra cultura, nuestra sociedad y nuestro futuro. El enfrentamiento no se circunscribe al consumo, al crimen y a la destrucción, sino a otros factores que genera semejante lucro.
Es increíble que la lucha tenga que enfrentar hasta a los dramatizados de televisión que se ocupan del tema y convierte a los capos en héroes. Nuestra imagen y de la nuestra gente ha rodado por el suelo, mientras muchos se lucran política y económicamente.
Otro de los graves problemas es que del negocio se remunera hasta la fumigación. Los vendedores de glifosato, las empresas que asperjan los químicos y otros participantes en esa cadena. Hay amigos y enemigos en esta práctica de erradicación de los cultivos ilícitos. Verdaderas organizaciones de lado y lado que han contribuido a sembrar nuestro territorio de angustia, sangre y malos hábitos.
Las mafias que manejan las siembras tienen montajes criminales para evitar la escasez de estupefacientes, mediante un fomento de los cultivos, que hoy han llegado a superar las 200 mil hectáreas.
Quienes fumigan y quienes producen los químicos también están, voluntaria o involuntariamente en la jugada.
Tanto los narcos que surten el mundo con coca como los que elaboran pastillas y drogas químicas hacen parte de la maraña.
Colombia, a pesar de quienes desacreditan su labor, trabaja arduamente en la erradicación, pero la tenaz lucha es torpedeada por traficantes, “pastilleros” y ciertos políticos.
Personas e instituciones, junto con el gobierno, no cesan en su lucha contra la coca, mientras los “pastilleros” no son perseguidos aquí, ni en el exterior.
Nuestras autoridades no se desalientan. La Policía ha perfeccionado nuevas, efectivas y seguras tecnologías para frenar las siembras. Ya anotó el primer gol. Junto con expertos experimentó con éxito un dron que fumiga y diezma los cultivos.
Con este sistema evita malograr la tierra y ocasionar consecuencias adversas para la vida humana y animal. La meta es destruir cien mil hectáreas en breve tiempo.
A este golazo se suman programas de erradicación voluntaria al que han ingresado alrededor de 100 mil familias, de las cuales ya hay 15 mil en procesos productivos.
Estos goles en “el mundial contra la coca” son los que no exhiben las estadísticas gringas, ni los enemigos de la paz, a la que le endilgan y endosan el incremento de los cultivos.
Así como respaldamos a nuestra selección, por sus triunfos y progresos, debemos tomar conciencia de la acción del gobierno, la policía y la sociedad contra el narcotráfico en nuestro territorio y exigir, al mismo tiempo, acciones inmediatas contra los pastilleros.
BLANCO: En Colombia ganó la minería. Dos golazos de Mina.
NEGRO: La pérdida irreparable para el periodismo que constituye la muerte de la colega Ofelia Romero de Wills. Paz en su tumba.
Gabriel Ortíz. Exdirector del Noticiero Nacional.
Junio 29, 2018 - 12:46 AM
Por Felicia Saturno Hartt.- Los gritos de alerta de la realidad parecen no afectar a los dueños del poder. Y los múltiples informes técnicos, que día tras día, escanean la ruda realidad, no son leídos, discutidos e incluso criticados.
Uno de esos olvidados temas estratégicos es el relacionado con dinámica del consumo de drogas. La discusión política se ha quedado sólo en el espacio de la legalidad del uso y consumo de el cannabis y de su venta legal, cuando las transnacionales del tráfico de drogas ya desarrollan drogas de diseño.
Una de las fuentes no exploradas es el Informe 2018 de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, un organismo multilateral que ya comprendió que si no entendemos la dinámica de los mercados no podremos intervenir en la complejidad del trafico/consumo de drogas o de sustancias estupefacientes o psicotrópicas, una denominación que engloba a todas, hasta aquellos que no son drogas pero se usan para ello.
En la actualidad, los mercados de drogas no hacen más que expandirse y diversificarse. Además, cada vez existe una mayor variedad de sustancias y los consumidores tienen más facilidad más acceder a ellas. Es un negocio lucrativo y propiciado por los paradigmas que aún inspiran a la acción de los gobiernos.
Es realmente terrorífico que los enfoques de políticas públicas sólo se centren en la enfermedad del consumidor, de las familias desfavorecidas económicamente y de los países pobres, olvidando el poder de las organizaciones criminales para estudiar mercados, aprovechar los recursos tecnológicos y las debilidades de los estados.
El mejor programa de prevención y de rehabilitación del uso y consumo de drogas sucumbe si no hay una visión global, de conjunto y estratégica de la complejidad del problema, que incluya el control fiscal, sanitario y aduanero de las sustancias lícitas e ilegales, el control de las operaciones bancarias y de la proveniencia de los fondos y los proyectos de desarrollo sustentable, que garanticen trabajo y seguridad a las familias y comunidades.
No es casualidad que el cannabis, la cocaína y el opio hayan aumentado exponencialmente su producción en el mundo en los últimos 2 años.
En 2016, la producción de cocaína marcó un récord histórico de aproximadamente 1410 toneladas. La mayor parte de esta sustancia procede de América del Sur, aunque en algunos países de África y Asia están emergiendo importantes centros de tráfico y consumo.
La manufactura de opio, por su parte, aumentó un 65% entre 2016 y 2017, alcanzando un máximo de 10.500 toneladas. Esto se debe fundamentalmente al incremento del cultivo de adormidera y la mejora de los rendimientos en Afganistán, que han provocado que la producción alcanzase las 9000 toneladas en el país.
El cannabis fue la droga más consumida en el mundo, con 192 millones de personas, que han recurrido a ella por lo menos una vez, el año pasado. La cifra de consumidores continúa aumentando y se estima que crece a un ritmo similar al de la población mundial, según apreciaciones de los técnicos de la ONU.
Actualmente, la heroína o la cocaína conviven con drogas que requieren receta médica y con nuevas sustancias psicoactivas, que están proliferando a un ritmo sin precedentes, bajo la posibilidad de ser diseñadas a gusto del consumidor.
En otras palabras, crecimientos demuestran el poco, escaso e inexistente control gubernamental. Si bien el poder del tráfico criminal puede ser un reto estratégico, el control sanitario y aduanero es posible. Si se han podido identificar las redes terroristas y desmantelar las células de fanáticos, es posible, con el apoyo de la informática, ubicar las responsables del tráfico de medicamentos, de jeringas, de propulsores, etc.
Muchas naciones estrenan nuevos gobernantes. Es un deber ético con el futuro y el desarrollo de sus países, escuchar estas alertas.
Felicia Saturno Hartt. Politóloga y Analista Político Venezolana.
Maracay, 28 de junio de 2018.
Por Paul Krugman.- El vertiginoso declive moral en Estados Unidos con Donald Trump es suficiente para dejarnos sin aliento. En cuestión de meses hemos pasado de ser una nación que defendía la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad a una que arrebata niños a sus padres y los pone en jaulas.
Lo que resulta casi igual de extraordinario en este declive hacia la barbarie es que no ha sido provocado por ningún problema real. Aquel flujo masivo de asesinos y violadores del que habla Trump y la supuesta oleada de crímenes cometidos por los inmigrantes en este país (y, a decir de él, los cometidos por refugiados en Alemania), son cosas que sencillamente no están ocurriendo. Solo son fantasías enfermas que se usan para justificar atrocidades verdaderas.
¿Saben a qué me recuerda esto? A la historia del antisemitismo, un relato de prejuicio alimentado por mitos y engaños que acabó en genocidio.
Primero, hablemos de la inmigración estadounidense moderna y cómo se compara con esas fantasías enfermas.
Hay un debate altamente técnico entre los economistas sobre si los inmigrantes con pocos estudios ejercen un efecto a la baja en los salarios de los trabajadores con pocos estudios nacidos en el país (la mayoría de los investigadores han descubierto que no es así, pero hay desacuerdos). No obstante, este debate no tiene peso alguno en las políticas de Trump.
El gobierno de Trump ha estado aterrorizando a familias y niños, abandonando todas las normas de decencia humana, en respuesta a una crisis que ni siquiera existe.
En cambio, lo que estas políticas reflejan es una visión de que se está llevando a cabo una “masacre estadounidense” con grandes ciudades rebasadas por inmigrantes violentos. Esta visión no empata con la realidad en absoluto.
Para empezar, a pesar de un pequeño repunte desde 2014, los delitos violentos en Estados Unidos han disminuido de manera histórica, ya que la tasa de homicidios regresó a donde estaba a principios de la década de los sesenta (la delincuencia en Alemania también es históricamente baja, por cierto). La masacre de Trump es un invento de su imaginación.
Es cierto, si analizamos todo Estados Unidos hay una correlación entre los delitos violentos y la prevalencia de inmigrantes no autorizados: una correlación negativa. Es decir, en los lugares donde hay muchos inmigrantes, tanto con papeles legales como no autorizados, tiende a haber tasas de delincuencia excepcionalmente bajas. El mejor ejemplo de la ausencia de derramamiento de sangre es la ciudad más grande de todas: en Nueva York, donde más de una tercera parte de la población nació en el extranjero y quizá incluye a casi medio millón de inmigrantes no autorizados, la delincuencia ha disminuido a niveles no vistos desde la década de los cincuenta.
Esto no debería sorprendernos, porque los datos de las sentencias penales muestran que es significativamente menos probable que los inmigrantes, tanto autorizados como no autorizados, cometan delitos en comparación con las personas que nacieron en el país.
Así que el gobierno de Trump ha estado aterrorizando a familias y niños, abandonando todas las normas de decencia humana, en respuesta a una crisis que ni siquiera existe.
¿De dónde proviene este miedo y odio hacia los migrantes? Parece que en gran medida se debe al miedo a lo desconocido: los estados más antinmigrantes parecen ser lugares, como Virginia Occidental, donde habitan muy pocos inmigrantes.
No obstante, el odio virulento a los inmigrantes no es solo cuestión de personas ignorantes en las zonas rurales. Trump mismo es, desde luego, un neoyorquino acaudalado, y gran parte del financiamiento para los grupos antimigrantes proviene principalmente de fundaciones controladas por multimillonarios de derecha. ¿Por qué la gente rica y exitosa acaba odiando a los inmigrantes? A veces me sorprendo pensando en el comentarista televisivo Lou Dobbs, a quien conocía y hasta me caía bien en los primeros años de la década de los 2000, pero quien se ha vuelto un rabioso detractor de la inmigración (y confidente de Trump), y que además actualmente advierte sobre una trama a favor de la inmigración por parte de “la secta de los iluminados del distrito de los expertos, activistas y cabilderos”.
No sé qué motive a esa gente, pero me parece que hemos visto esta película antes, en la historia del antisemitismo.
La crisis auténtica es el aumento significativo del odio: un odio irracional que no guarda relación alguna con nada que hayan hecho las víctimas.
La cuestión del antisemitismo es que nunca estuvo relacionado con algo que los judíos hicieron en realidad. Siempre se trató de mitos morbosos, a menudo basados en invenciones deliberadas, que se diseminaban de manera sistemática para generar odio.
Por ejemplo, durante siglos, la gente repitió la “calumnia de la sangre”, el argumento de que los judíos sacrificaban a bebés cristianos como parte de su ritual de Semana Santa.
Durante las primeras décadas del siglo XX hubo una diseminación generalizada de Los protocolos de los sabios de Sion, un supuesto plan para que los judíos dominaran el mundo que quizá fraguó la policía secreta rusa (la historia se repite, la primera vez como una tragedia y la segunda, también como tragedia).
El documento falso se distribuyó ampliamente en Estados Unidos gracias a nada más y nada menos que Henry Ford, un antisemita virulento que supervisó la publicación y distribución de medio millón de copias de una traducción al inglés: El judío internacional. Posteriormente, Ford se disculpó por publicar un documento falso, pero el daño estaba hecho.
De nuevo, ¿por qué alguien como Ford —no solo rico, sino además uno de los hombres más admirados de su tiempo— habría tomado ese camino? No lo sé, pero es evidente que esas cosas suceden.
En todo caso, lo importante es entender que las atrocidades que nuestra nación está cometiendo ahora en la frontera no representan una reacción exagerada ni una respuesta mal implementada a algún problema real que necesite resolverse. No hay ninguna crisis migratoria; no hay ninguna crisis de delincuencia inmigrante.
No, la crisis auténtica es el aumento significativo del odio: un odio irracional que no guarda relación alguna con nada que hayan hecho las víctimas. Cualquiera que trate de disculpar ese odio —que intente, por ejemplo, convertirlo en una historia de “ambos lados”— es, de hecho, un defensor de crímenes contra la humanidad.
Nueva York, 26 de junio de 2018.
Paul Krugman. Escritor y economista estadounidense. Premio Nobel de Economía 2008.
Por José G. Hernández*.- La convocatoria que, por iniciativa popular, ha hecho el Presidente de la República -previo concepto del Senado- para una consulta popular contra la corrupción, tendrá lugar el 26 de agosto próximo (Decreto 1028 del 18 de junio de 2018).
Digamos ante todo que nos complace doblemente la consulta popular: porque mediante ella se fortalece la democracia participativa -que es una característica esencial de nuestra organización política desde 1991, y porque se canalice la voluntad popular hacia el sano objetivo de perseguir y sancionar la corrupción.
Se formulan siete preguntas a los votantes: si quieren o no reducir el salario de los congresistas y altos funcionarios del Estado; cárcel para los corruptos y prohibición de contratar con el Estado; contratación transparente obligatoria en todo el país; presupuestos públicos con participación de la ciudadanía; obligar a los congresistas a rendir cuentas de su asistencia, votación y gestión: hacer públicas las propiedades e ingresos injustificados de políticos y extinción de dominio; establecer un máximo de tres períodos en corporaciones públicas.
La intención es loable, pero, además de que no todas las conductas señaladas como tales son corruptas (por ejemplo, así sean altas, las asignaciones de los congresistas y de otros servidores públicos, no corresponden a corrupción, y están previstas en normas constitucionales y legales), y muchas reglas de las propuestas ya existen en el ordenamiento, como la extinción del dominio, las normas sobre contratación, las penas de cárcel para los corruptos, (entre otras) existen en la Constitución y en las leyes.
Por otro lado, debemos advertir que la sola consulta, así obtenga favorablemente los doce millones de votos requeridos, no producirá por sí misma los efectos buscados, en primer lugar porque las medidas correspondientes deben ser desarrolladas en normas constitucionales y legales, y porque -como lo hemos afirmado varias veces- la corrupción no se extinguirá de manera automática y como por ensalmo, pues el problema no es de normas sino de condición humana. Aparte del hecho cierto según el cual muchos de los preceptos vigentes son inaplicados o interpretados con maña para producir los efectos contrarios a los buscados, sufrimos los efectos de una lamentable falta de formación ética de las personas que llegan a los cargos. Nadie inculca a los niños y jóvenes la moralidad, el respeto que merece el patrimonio público, la honestidad, le corrección, la observancia y el sometimiento a la legalidad.
En Colombia el Congreso ha expedido varios estatutos anticorrupción, y muchas normas sobre contratación; normas penales y disciplinarias; disposiciones sobre extinción del dominio; pérdida de investidura de los miembros de corporaciones públicas, entre otros asuntos. Y todo ha sido inútil, porque la pésima formación en valores y en principios está hoy ausente de los hogares, de los establecimientos educativos y del conjunto de la sociedad, que no condena sino que, en muchas formas, estimula las prácticas corruptas.
Así que, estando de acuerdo en que se consulte al pueblo sobre las formas de erradicar la corrupción, debemos manifestar que: 1) La consulta no tendrá efectos mágicos ni instantáneos; 2) Se requiere desarrollo constitucional y legislativo; 3) Varias de las propuestas ya tienen consagración normativa; 4) El problema es de cultura y formación de las personas. El que es honesto no roba ni es tramposo, aunque no haya norma.
Bogotá, D. C, 27 de junio de 2018.
*José G Hernández. Expresidente de la Corte Constitucional
Qué paradoja, Álvaro Uribe y su perfil político, es lo más parecido a Hugo Chávez, el desaparecido líder venezolano. Cada uno, desde ideologías distintas por supuesto, logró imponer su voluntad popular para perpetuarse en el poder.
Coinciden, además, en que sus disímiles propuestas políticas siempre pasaron por las urnas y los ciudadanos las votaron.
Uribe, como Chávez, construyó poder desde el poder, hizo la tarea al pie de la letra. En torno a sus propias tropas crearon liderazgos que se fueron consolidando con el tiempo; en el caso de Uribe, éste fortaleció su proyecto político utilizando los deleznables métodos clientelistas y paramilitares, según denuncias de sus opositores; Chávez, por su lado, concibió una izquierda radical empoderando el proyecto desde las bases populares, con una impronta similar al régimen cubano.
Desde su objetivo político, ambos crearon sus propios partidos. Uribe, el Centro Democrático (CD); Chávez, el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Ideológicamente antagónicos, pero políticamente afines en sus intereses.
Hugo Chávez murió, pero antes de dejar este mundo, en vivo y en directo, por televisión, anunció a los venezolanos quién era su sucesor: Nicolás Maduro. Los demás vasallos del PSUV callaron, y cumplieron la orden del líder. Cinco años después el proyecto chavista sigue intacto y a Chávez ahora lo llaman: “el comandante eterno”.
Álvaro Uribe, contrario a Chávez, está vivo, es terrenal, y antes de dejar la presidencia, que ejerció durante ocho años, también, al mejor estilo castrochavista, escogió a su sucesor, Juan Manuel Santos: se lo echó al hombro y lo eligió con sus votos. Quiso desde un comienzo imponer su voluntad. Terco, pertinaz y astuto, pretendió que Santos gobernara a su imagen y semejanza. Nunca aceptó matices, pues siempre se consideró el regenerador de las enfermedades democráticas (aún se lo cree). Por tanto, esperaba que su pupilo, con decisión, borrara de la faz de la tierra a las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), una guerrilla a la que siempre sindicó de haber asesinado a su padre. Comparando: Maduro el de Chávez, no era Santos el de Uribe. Nicolás, el fiel amigo y leal; Juan Manuel, para su mentor, un traidor con agenda propia. Ésta pelea la perdió Uribe y decidió aborrecer a Santos. Sin duda un odio más personal que político, como si se tratara de una pelea entre parejas.
Mientras en Colombia Santos se va del poder, Maduro, en Venezuela, se queda y quién sabe por cuantos años más. Igual sucede en Colombia, se va el pupilo traidor, pero Uribe, como el mesías, resucita y con un nuevo aire revanchista buscará incidir en su nuevo protegido: el leal y devoto, Iván Duque. El mejor siervo nunca imaginado; lo trajo a la política y en menos de cuatro años pasó de ser un ilustre desconocido a ser el presidente de los colombianos: se lo echó al hombro y lo eligió con sus votos. A lo Rasputín o Robespierre ejercerá el poder detrás del trono, qué duda cabe.
Recabemos, de nuevo, en el desaparecido Chávez: éste supo escoger al protector de su legado y, sin fisura alguna, Maduro ha cumplido los mandatos de su “comandante eterno”. Eso no le ocurrió a Uribe con Santos; pero la venganza es dulce y hoy pretende no equivocarse con Duque a la cabeza. Por lo visto, ello no ocurrirá. Ya una ficha, también leal y devota del expresidente, Alicia Arango, dijo en una entrevista en la W: “Gobernará Iván Duque, pero no hay que olvidar que Uribe es nuestro jefe”. “El presidente eterno”, como alguna vez lo calificó el hoy joven presidente de los colombianos.
Bogotá, D.C, 27 de junio de 2018.
*Jairo Gómez. Periodista y Analista Político.
@jairotevi
*Por Giovanni Décola.-La consulta anticorrupción convocada para el próximo 26 de agosto, podría tener muy buenas intenciones, pero los efectos reales son más nocivos que bondadosos. Miremos someramente lo preceptuado en sus siete preguntas:
1. De reducirle el salario a los congresistas y altos funcionarios, la consecuencia sería que los buenos perderían interés en aspirar a corporaciones públicas u ocupar altas posiciones, en el Estado, prefiriendo la empresa privada, y los que son malos, estarían tentados a arañar partidas del erario público.
2. La cárcel para personas condenadas por corrupción ya rige en nuestro código penal. Y en Colombia no existen penas imprescriptibles. Debe haber sanción, pero también resociabilización. Una inhabilidad perpetua para contratar o ser servidor público, por haberse cogido una hoja, por ejemplo, para hacer un oficio particular, no tendría explicación en un Estado Social de Derecho, y sería francamente desproporcionada.
3. El principio de transparencia ya está consagrado en la ley, y en cuanto a los pliegos tipo, ya existen para los contratos de infraestructura. Si se quiere, con otra ley o Decreto, se puede hacer la cobertura para toda clase de licitaciones públicas.
4. No me imagino un presupuesto donde todo el mundo pretenda meter mano. Sería una locura. Para eso elegimos a los congresistas, diputados, concejales y ediles.
5. En la página de congreso visible, puedo mirar la gestión de cada congresista.
6. Todo servidor público al momento de posesionarse y al retirarse y cada año, debe presentar su declaración de bienes, patrimonio, y rentas. ya eso está en la ley.
7. Limitar el número de período de los corporados, para lo único que serviría es para graduar al testaferrato político. Entonces, el que tiene los votos, elige a su familiar o amigo, y a éste le va a tocar, buscar contratos y puestos, ya no solo para él, sino para el dueño de los votos, entonces habría más corrupción y más burocracia.
Adicionalmente a su contenido, el riesgo de que no se alcance el umbral de 12.270.000 votos es grande y se perderían más de 300.000 millones de pesos, que se gastarían solo a nivel de Registraduría, para no hablar de los costos en que incurrirían en dicha consulta, nuestras fuerzas militares y de policía y de otros organismos del Estado.
Obviamente, estamos en contra de todo vestigio de corrupción, y también de aquella famosa frase del expresidente Turbay Ayala, de que: “la corrupción hay que llevarla a sus justas proporciones”. Lo que se trata es de erradicarla.
Entiendo y valoro los esfuerzos de la senadora Claudia López por luchar a favor de la ética y moral pública, pero quisiera encontrar una legislación, que, de veras, haga temer al servidor público, de las nefastas consecuencias que tendría, en caso de nadar en las apestosas aguas de la corrupción. Y lamentablemente esta consulta, no tiene, ni esos dientes, ni los votos. Ya lo verán…
*Abogado y Periodista. Especialista en Derecho Administrativo
Barranquilla, 25 de junio de 2018.