Opinión
El expresidente Álvaro Uribe, en política, les da sopa y seco a sus contradictores ideológicos. Es más, los revela como unos aprendices, incluidos los desprogramados exmandatarios que se comportan como perejil de toda boda.
A Uribe le pueden anteponer todos los epítetos imaginables: manzanillo, corrupto, utilitarista, fascista, paramilitar etc. etc., pero su sagacidad y audacia lo promocionan como el hombre más importante de la política de Colombia en los últimos 40 años. Cargar con el peso de sus amistades peligrosas, con sus cuestionadas acciones como gobernador de Antioquia de las cuales aún no da explicaciones, con los excesos de poder, los falsos positivos, y ahora un llamado a indagatoria hacen del senador un político sin escrúpulos, cuya ideología es el poder.
Primero se hizo elegir presidente, después cambió la Constitución para reelegirse, posteriormente puso en la silla de Bolívar a Juan Manuel Santos, de quien dice, lo traicionó (y lo creo); sin partido casi derrota al premio nobel; y, finalmente, arropó, protegió e hizo a imagen y semejanza a Iván Duque, y hoy lo tiene como presidente de los colombianos.
Ese es Uribe, duélale a quien le duela. Le apostó a construir poder desde el poder cuando asumió la presidencia en 2002 y lo hizo. Sin miramientos y ética posible, hace política. Esos esquemas le funcionan porque hizo la lectura correcta: todos son sus aliados y con él no hay polígrafo que valga. “Voten antes de que los cojan presos”, dijo una vez. Uribe no tiene aliados, compra conciencias. Esa ha sido su estrategia acompañada de su incansable trabajo y un halo imperturbable de santo apóstol que logra ocultar su maldad en política y sus relaciones no santas.
Claro, hacer política tiene sus límites y no todo vale. Pero eso, al exmandatario no lo perturba. En su prodigiosa memoria no hay espacio para el olvido; en sus códigos no hay lugar para los débiles, por eso mueve muy bien sus alfiles: dos de sus incondicionales pupilos ostentan la presidencia de dos de las tres ramas del Poder Público: el Ejecutivo y el Legislativo. Contra el Judicial tiene montada su propia batalla y no descansará hasta ganarla, si se lo permiten.
En efecto, Santos lo traicionó y Uribe le aceptó el reto; desde el asfalto y su denodado trabajo –porque vive y amanece para la política- le montó un partido político, el Centro Democrático (CD). Los últimos cuatro años fueron insufribles para Santos, no los pasó nada bien. El recargado senador, con una bancada numerosa, casi le hace añicos el acuerdo de paz tras derrotarlo en el plebiscito. Las mismas argucias que se le critican a Uribe las utilizó Santos para recuperar de las cenizas su único legado: haber desarmado y desmovilizado la guerrilla más antigua del continente americano.
Hay Uribe para rato, sin duda. Como buen caudillo maneja a su antojo el CD y todos, representantes y senadores, le hacen caso. No se escribe una línea sin su consentimiento, no deja cabo suelto.
El expresidente ha hecho de la política una estrategia para blindarse de la justicia, la única rama del poder que no controla. ¿Le alcanzará para evadir los serios cuestionamientos que existen en su contra? ¿Qué cree usted?
Bogotá, D. C 15 de agosto de 2018.
@jairotevi
Por: Guillermo García Realpe*.- El fracking, ese término que traduce fracturación hidráulica, y que amenaza gravemente en contaminar nuestras fuentes de aguas subterráneas y de paso afectar los ecosistemas, los recursos naturales y poniendo en riesgo la salud pública de las regiones donde se realice esta peligrosa práctica de extracción de hidrocarburos, nos tiene con los pelos de punta a quienes defendemos la naturaleza, el medio ambiente, la flora, la fauna, el recurso hídrico y todo lo que implique vida, por eso desde ya cerramos filas para decirle NO a este tipo de proyectos en nuestro país.
El fracking, técnica usada para extraer gas natural de yacimientos no convencionales, según evidencia científica trae impactos negativos en el ambiente, la salud y las comunidades de las zonas afectadas, por ende es una seria y muy grave amenaza la que nos ronda.
Esta práctica explota el gas acumulado en los poros y fisuras de rocas sedimentarias, cuya poca permeabilidad impide el movimiento del gas a zonas de más fácil extracción. En ellas se inyectan millones de litros de agua cargados con un cóctel químico y tóxico para extraerlo.
Previendo esto, en el Congreso de la República, bajo el liderazgo de la Alianza Colombia Libre de Fracking, organización que agrupa a más de cien colectivos de todo el país se abre paso una iniciativa que busca hacerle frente a la fracturación hidráulica en Colombia.
Aquí hemos convergido más de 30 congresistas de diversos partidos políticos que unidos hoy le decimos NO al fracking en Colombia. La iniciativa busca entre otras cosas, prohibir el fracking en todo el territorio nacional, ordena la realización de un informe sobre los impactos socio-ambientales y de salud pública de los hidrocarburos en el país, promueve también la diversificación energética y la transición a energías limpias.
En todo caso, nos une un mismo fin común: la defensa del agua, de la vida, de los ecosistemas y por supuesto de todos nuestros recursos naturales que estarían en riesgo ante semejante amenaza.
De prosperar este proyecto como en efecto esperamos que así sea, Colombia entraría a formar parte de países como Alemania, Francia, Escocia, Irlanda y Uruguay y los Estados de Paraná en Brasil, Entre Ríos en Argentina, Castilla-La Mancha en España, Victoria en Australia y algunas regiones norteamericanas como New York, Vermont, Maryland, New Jersey, Pensilvania y Delaware que ya prohibieron en sus territorios la práctica del fracking.
Y es que son muchos los riesgos que trae el fracking. Por ejemplo, durante la perforación, puede existir explosión, escapes de gas y de ácido sulfhídrico, y desde luego derrumbes.
También sucede que las fracturas inducidas alcance un acuífero, contaminando el agua con los fluidos de la fracturación y con el propio gas de la formación que se pretende extraer. Cada perforación, necesita unos 200,000 m3 de agua para la fracturación hidráulica.
El fracking también contamina el aire, pues muchos de estos aditivos son volátiles pasando a la atmósfera directamente. El gas no convencional extraído está formado por metano en su gran parte. Este es un gas de efecto invernadero mucho más potente en la atmósfera, que el propio CO2.
De la misma manera existen evidencias científicas que dan muestra que en las regiones donde se ha realizado fracturación hidráulica, la sismicidad ha aumentado, originando peligro de posibles terremotos.
Por eso, desde ya hacemos todo nuestro esfuerzo para detener esta grave amenaza que se ve venir y que incluso se ha hecho de manera muy discreta en municipios como San Martín, Cesar, donde ya sus fuentes de agua fueron contaminadas por culpa de la industria petrolera en manos de la compañía Conoco Phillips, que busca extraer petróleo bajo esta controvertida técnica.
Como hombre del Macizo Colombiano, donde nace el 70% del agua dulce que consume el país, reafirmó mi compromiso por la defensa de los recursos naturales, de nuestro medio ambiente, de los ecosistemas, de la flora, la fauna y por supuesto del agua como elemento fundamental de la vida.
Pasto, 13 de agosto de 2018.
@GGarciaRealpe
Por Giovanni Décola *.- El Congreso en pleno tiene hasta el próximo 20 de agosto, plazo para elegir al nuevo Contralor General de la República, aunque puede hacerlo esta semana.
Corresponde al Contralor ejercer el control fiscal de la Administración y de los particulares o entidades que manejen dineros o bienes de la Nación. En otras palabras, es el funcionario encargado de vigilar la plata que es de todos los Colombianos.
Ya la Universidad Industrial de Santander UIS, hizo entrega del resultado de las pruebas de calificación de 60 candidatos para dicho cargo, el cual será depurado hasta 10, para de ahí, elegir al titular de uno de los cargos más apetecidos del país.
Las mayorías del Gobierno Duque, se juegan su primer gran desafío, y no la tiene fácil. Los 51 parlamentarios del Centro Democrático no llegan a ser el 20% del Congreso, el 18.3% para ser exactos. La decisión del Presidente Duque de repartir la burocracia y los favores propios del ejercicio del poder, solo entre los miembros de su Partido, más temprano que tarde, le jugará una difícil pasada en el tablero del ajedrez político.
El Centro Democrático parecía jugado con José Félix Lafaurie, pero sus precarios resultados en las evaluaciones previas (Obtuvo 30 puntos de 100), podría inclinar ahora su balanza a favor de otro alfil del uribismo, el exmagistrado del Consejo de Estado, Marco Antonio Velilla, quien obtuviera 53.5 puntos, todavía lejos del mejor puntaje de 74 puntos en cabeza del exmagistrado del Consejo Superior de la Judicatura, Wilson Ruiz.
Los Partidos “aliados” del Gobierno parecen tener otros intereses. Están a la espera de la lista definitiva de 10 candidatos, para barajar sus cartas. Es nuestra tradición republicana, que el Congreso esté rendido a los pies del Ejecutivo. Pero ello, podría cambiar, ante la decisión de la Casa de Nariño de hacer Gobierno de Partido. El último que hubo en Colombia, fue el del liberal Virgilio Barco en 1986, con la gran diferencia, que su Colectividad, tenía casi el 60 % de los escaños del Congreso.
Los Partidos Conservador, Liberal, La U y Cambio Radical, quieren jugar del lado del Gobierno, por el cual votaron en segunda vuelta, pero ningún comensal se sienta en una mesa, donde sabe que no va a ser servida. La actitud del Gobierno, más el impetuoso discurso del Presidente del Senado en la Posesión de Duque, puso a estas colectividades en estado de máxima tensión, y si pronto, ella no es disipada, inexorablemente forzará a una rebelión que ya se viene cocinando. La U y Cambio Radical, dieron la primera pincelada. Un coqueteo de estos dos Partidos al Liberalismo o al Conservatismo, para elegir a las cabezas de los órganos de Control y garantizar la paz, y la alianza quedará consumada. Estos 4 Partidos tienen 169 Parlamentarios, casi el 61 % del Congreso, sin contar con el 20 % que está en manos de la oposición, que, con tal de derrotar al Gobierno, hasta gratis, se sumarían a esa coalición, la cual quedaría convertida en una verdadera aplanadora.
El joven Duque está jugando con fuego. Su comienzo ha sido tormentoso, y puede empeorar. Si quiere de veras, unir al País, debe empezar por construir confianza entre sus propios aliados, primero que todo, pues si no lo logra con ellos, mucho menos con una oposición que poco a poco se irá envalentonando, y que se cree dueña de 8 millones de votos. El ánimo revanchista de muchos legisladores de su propio Partido, parece jugar en su contra, pero también puede jugar a su favor, si lo usa más adelante para desmarcarse del Partido que lo llevó al poder, con tal de garantizar su propia obra de Gobierno.
Basta con mirar el reciente ejemplo del Ecuador y el propio caso colombiano, con Juan Manuel Santos. Algunos dicen que Duque no tiene el coraje para hacerlo. No conocieron el temple de su difunto padre Iván Duque Escobar, y lo que se hereda no se hurta…
Barranquilla, 12 de agosto de 2018.
*Abogado y Periodista.
Amylkar D. Acosta M *.-Está demostrada hasta la saciedad de la estrecha correlación entre la mayor concentración de CO2 en la atmósfera y la elevación de la temperatura. Hace mucho rato que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas llegó a esta conclusión y más recientemente así lo reconoció nada menos que la Agencia Nacional de Evaluación del Clima de los EEUU, en su cuarto Informe cuatrienal, avalado por la Academia Nacional de Ciencias, uno de los organismos más competentes y con mayor reconocimiento en cuestiones medioambientales en el mundo, a contrapelo de las pamplinadas del Presidente Donald Trump. Según el mismo “la evidencia del cambio climático abunda, desde lo más alto de la atmósfera hasta las profundidades de los océanos”.
También acota este Informe que está comprobado científicamente que son las actividades humanas, especialmente las relacionadas con las emisiones de gases de efecto invernadero (que atrapan el calor) las principales responsables del cambio climático recientemente observado. Y en ello también coincide con los reiterados pronunciamientos del IPCC. Ello contradice el reiterado mensaje de Trump para repudiar el Acuerdo de París, en el sentido que “el cambio climático es un invento que pretende proteger la naciente industria china, perjudicando la industria americana. Este fenómeno no está demostrado y no tiene un sustento real”. No obstante, el calentamiento global es una realidad y, como es obvio de toda obviedad, los EEUU no escapan a sus devastadores efectos. Llama la atención este Informe sobre el hecho cierto de que la temperatura promedio en los EEUU ha aumentado “rápida y drásticamente” desde la década de los 80´s del siglo XX y que, además se hayan registrado en las décadas recientes las temperaturas más altas de los últimos 1.500 años (¡!).
Los años 2015, 2016 y 2017, justo cuando el Presidente Trump anunció el retiro de los EEUU del Acuerdo firmado en París por su antecesor, Barack Obama, han sido los años más calurosos desde que hay registros (1880), la temperatura media de la superficie del planeta el año pasado fue 1.1 grados superior a la del período 1880 -1900, considerado preindustrial. El año 2016 sigue siendo el top de la temperatura con 1.2 grados por encima de esta referencia. Como lo advierte el Secretario General de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el finlandés Petteri Taalas, “La tendencia a largo plazo de la temperatura es mucho más importante que la clasificación de los años individuales. Y esa tendencia es ascendente”. Prueba de ello es que “17 de los 18 años más cálidos han sido registrados durante este siglo, y el grado de calentamiento en los últimos tres años ha sido excepcional”.
Los estragos del calentamiento global van mucho más allá del sofoco debido a las olas irresistibles de calor que no se registraban desde hace 50 años, las cuales han provocado que, según el Informe Anual del Estado del Clima del gobierno de los EEUU, “el número de fallecimientos relacionados con este motivo aumentará en países como España hasta un 292% en comparación con el período entre 1971 y 2010”. Como lo destaca Taalas, “el calentamiento en 2017 estuvo acompañado por un tiempo extremo en muchos países del mundo. Estados Unidos ha vivido su año más costoso en términos meteorológicos y de desastres climáticos, mientras que otros países han visto su desarrollo ralentizado o revertido por ciclones tropicales, inundaciones y sequías”.
Y, para no ir más lejos, veamos lo que está aconteciendo en Colombia por cuenta del calentamiento global. Según el más reciente Informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), “en el 2050 podría desaparecer el último glaciar de Colombia”. Entre 2010 y 2018 pasamos de 45 a 37 Km² de estos ecosistemas; una reducción del 18 por ciento, en sólo 8 años (¡!). En sólo dos años se extinguió el 5.8% del área glaciar en Colombia. Esto es una barbaridad. Según el IDEAM, en el año 1850, aproximadamente, el país contaba con un área de 349 kilómetros cuadrados (Km²) de área glaciar. Hoy tan solo quedan 37 Km², representados en dos sierras nevadas (El Cocuy ó Güicán y Santa Marta) y cuatro volcanes nevados (Ruiz, Santa Isabel, Tolima y Huila).
El Informe del IDEAM es patético al referirse a la evolución del Santa Isabel, “en enero del 2016 su área era de 1,01 Km² pero para febrero del 2018 ya era de 0,63 Km², es decir que tuvo una reducción del 37 por ciento en tan solo dos años. Estamos viviendo, entonces, en tiempo real, una verdadera tragedia ambiental que compromete la habitabilidad de nuestro Planeta, frente a la cual no podemos permanecer impasibles. El tiempo para actuar y detener esta alocada carrera hacia el abismo apremia!
Medellín, agosto 11 de 2018
www.amylkarcosta.net
Por Mauricio Cabrera Galvis.- Es inagotable la imaginación de los que buscan bajar los impuestos a los ricos que son los propietarios de las empresas.
El argumento tradicional de que bajando los impuestos a las empresas se van a crear miles de empleos se ha reforzado ahora con la idea de que con menos carga tributaria se van a subir los salarios a los trabajadores y, por lo tanto, va a mejorar la distribución del ingreso.
Dos razones se aducen para sustentar este argumento, una altruista y la otra económica. Según la primera, los empresarios que se preocupan por la distribución del ingreso repartirán entre los trabajadores una parte de las ganancias adicionales que les quedan por pagar menos impuestos. Optimista pero podría suceder.
La razón económica parte de la teoría clásica de la función de producción: al bajar los impuestos a las empresas se disminuye el costo del capital, lo cual lleva a que aumente la inversión y se creen nuevos empleos; en el mercado de trabajo la nueva demanda por trabajadores genera un incremento en el precio del factor trabajo, es decir en los salarios y todos tan contentos. Si un país baja los impuestos más que sus vecinos, entonces los capitales internacionales se moverán hacía allá, aumentando la inversión, el empleo y los salarios.Por eso se dice que la reforma tributaria de Trump ha generado una competencia mundial por bajar impuestos.
Son numerosos los economistas serios, incluyendo varios premios Nobel como Paul Krugman, que han demostrado que ese modelo teórico solo funciona en los libros de texto, y eso que no siempre porque cambiando los supuestos se llega a resultados diferentes. Pero más allá de los debates académicos, la rebaja de impuestos que hizo Trump el año pasado permite verificar en la práctica los resultados de esas políticas.El análisis de lo que han hecho las empresas norteamericanas con el enorme regalo tributario que les hizo el conservador Partido Republicano demuestra que no eran ciertas las premisas que justificaron la reforma.
Un caso emblemático es la admirada Apple. Motivada por los menores impuestos repatrió al país utilidades por USD250.000 millones, pero no modificó sus planes de inversión en el territorio estadounidense. Por el contrario dedicó USD100.000 millones a recomprar sus propias acciones, lo cual enriqueció a los accionistas pero no benefició en nada a los trabajadores. Si se copiara en Colombia la reforma trumpista hay que subir otros impuestos para que no explote el déficit fiscal. ¿Quién pagará el pato?, tema de otra columna.
Bogotá, D. C, 12 de agosto de 2018.
Por: Juan Manuel Galán *.- Hace 32 años que en nuestro país no se hace una reforma al código electoral ¡32 años! Eso significa que ha pasado más de una generación y las costumbres políticas de aquella época siguen vigentes. Además, en ese tiempo, los partidos políticos han perdido prestigio, ya no son fuerzas ideológicas o instrumentos de expresión de los anhelos populares, han dejado de lado el interés general y el de la colectividad, por el personal. Los partidos olvidaron que su labor es defender libertades y derechos fundamentales.
Por causa de esto, la compra de votos y el clientelismo han hecho que nuestro Estado sea débil y fácilmente capturado por grupos de poder, al igual que la sociedad civil que difícilmente se organiza o actúa colectivamente para presionar por grandes transformaciones, lo que ha generado altas desigualdades, pocas oportunidades y bajo crecimiento económico, y que por si fuera poco, ese clientelismo, nos cuesta a todos los colombianos entre el 4% y 5% del PIB anual.
También es pertinente señalar que una de las grandes causas de la guerra en Colombia ha sido limitar la participación política a los más débiles, a los sectores con mayores necesidades, los que finalmente son los que más requieren apoyo político, para generar desarrollo desde abajo. Por esta razón, a lo largo de los años surgieron grupos que, al no sentirse representados buscaron otros medios -ilegítimos- para ser escuchados. Por ello se formaron organizaciones ilegales para repelerlos, causando desde 1985 más de 8 millones de víctimas y la desaparición de organizaciones políticas, como la Unión Patriótica y el Nuevo Liberalismo.
Quiero manifestar que, la reforma política radicada por el Gobierno el pasado 8 de agosto es bastante lánguida, tímida y pobre. No satisface las verdaderas necesidades que demanda nuestra nación en el ámbito electoral. Necesitamos una reforma de fondo, donde aprovechemos los avances en tecnología, información y comunicaciones que se usan en diferentes partes del mundo como la biometría universal, herramientas que sin duda ayudarán a terminar de una vez por todas con los cacicazgos y las maquinarias políticas.
Bogotá, D. C, 12 de agosto de 2018
*Ex senador Liberal.
Por Gabriel Ortiz*.-Es mucho el trecho que hay de Macías a Duque y del nuevo presidente al Centro Democrático. De ello dependen los objetivos que Iván persigue para regresarle a Colombia una convivencia pacífica y el empeño del joven mandatario, que ha entendido que existe otra manera de manejar las cosas con positivismo, soluciones y sin agresiones.
Uribe quiso manejar las cosas durante diez y seis años, la mitad él y la otra queriendo manejar a Santos como un títere, propósito que le falló. Impuso con su innegable liderazgo, una dañina polarización, que sembró de tal manera el odio, la intolerancia y el insulto, que dividieron amistades, familias y comunidades.
Se pensó que terminado el gobierno del Nobel Santos, y recuperado el poder uribista, cesarían los twitter, declaraciones, manifestaciones y epítetos cargados de injurias, rencores, rabia, bilis, intolerancia y desprecios. Pero el mismo 7 de agosto este país despertó con una amarga página publicada por el Centro Democrático en El Tiempo, que chorreaba hiel, cólera y amargura. En lugar de abrir una puerta amable al nuevo mandatario y al país, quiso salpicar a Duque de irritación, secreción e inquina. Los colores que el Centro Democrático escogió para esa publicación, parecían escogidos por el Frankenstein de Shelley, para infundir terror a ocho millones de colombianos.
El país no había alcanzado a reponerse del espanto, cuando ligeramente pasadas las tres de la tarde, el presidente del Senado asperjó el ambiente, que debería haber sido solemne, con una perorata pueblerina que enlodó el atractivo escenario que sirvió para posesionar a Duque. Su incordio, fue un sartal de mentiras y falsas noticias que nos hicieron aparecer como un país troglodita, inviable e irrescatable por parte del nuevo mandatario. Si queríamos atraer el turismo para fortalecer nuestra economía, un opita quiso darle el puntillazo final. Quienes leyeron el aviso y escucharon el fastidioso discurso, difícilmente vendrán a Colombia a invertir o a pasear.
Por fortuna un ventarrón de agosto buscó limpiar el mal ambiente y la energía negativa que dejó Macías y permitió observar otra cara de la moneda, que el Presidente Iván Duque proyectó para una nación que con pujanza mira hacia el futuro. Para borrar la perorata del opita, anunció un gobierno con soluciones, no con agresiones. Dijo que su gobierno servirá para construir, no para destruir. Que será un presidente que buscará acuerdos, no aplausos y fue despertando y sembrando en el auditorio positivismo y grandes esperanzas. Esas esperanzas que nos pidió el Papa Francisco, “no dejarnos robar”.
Con cada frase, con cada afirmación, con cada palabra, Duque propagó optimismo y fortaleza para que salgamos adelante. Muchos esperan que su mentor, con costilla nueva, no trate de truncar esos buenos deseos, que empiezan con los 30 días que dio al Eln para firmar la paz y con sus otros empeños positivos orientados a eliminar la polarización y la pésima energía. Bienvenido Presidente con sus ideas, aspiraciones, planes y excelente equipo.
BLANCO: El reconocimiento que Colombia dio a Palestina como Estado.
NEGRO: La nueva amenaza del niño.
Bogotá, D.C, 10 de agosto de 2018.
Por Ariel Ávila*.- Luego de la posesión del presidente Iván Duque, al menos, quedan tres cosas bastante claras.
Por un lado, el Centro Democrático aplicó la misma fórmula de siempre, una de las personas hace un discurso incendiario, violento, lleno de odio y luego el otro suaviza, habla de unidad, de no mirar el retrovisor y de reconciliación. Lo hicieron por años en el Congreso de la República, por un lado el senador Uribe hablaba duro y el ahora presidente Duque suavizaba. Paloma Valencia arremetía y María del Rosario Guerra hablaba más suave. Pero para quienes conocen la política y han estudiado al Centro Democrático, esto no fue una cosa inesperada o del azar, fue algo planeado. El senador Uribe, máximo dirigente de esta colectividad, conocía el discurso de Macías y nada fue cosa del azar.
Algunos analistas han dicho que este hecho confirma un secreto a voces, y es que en el Centro Democrático hay dos líneas, una radical de ultraderecha y otras más moderada de centro derecha. Por tanto esto fue lo que se vio en la posesión presidencial, dos discursos diametralmente opuestos. En todo caso estos análisis son equivocados. En la vida real este partido funciona con la famosa “disciplina para perros”, allá se hace lo que diga Uribe. No hay tal división.
Así las cosas, la tensión no se vive dentro del partido, sino dentro de la coalición de gobierno. Es decir, el sector moderado lo representa la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, que necesita dejar sello propio y crear un camino para su candidatura presidencial en 2022, por ende, debe desmarcarse del Centro Democrático, quienes también aspiran a la presidencia en el 2022 y todo parece indicar que Paloma Valencia es la nominada hasta el momento. Es decir, la disputa no es dentro del Centro Democrático, sino entre este partido y una línea de los conservadores.
Lo segundo que queda claro, son las líneas generales del gobierno, donde, como se esperaba, van por el acuerdo de paz, se enfocarán en seguridad y seguramente en dar algunos golpes a jefes de disidencias o de Grupos Armados Organizados para subir la popularidad del gobierno. También además del tema paz y seguridad, están los asuntos de justicia. Lo que no se sabe es si la reforma a la justicia se hará en la parte de abajo, donde en realidad se necesita, o se tocarán las altas cortes y la parte alta de esta rama. Aún hay dudas.
Pero tal vez el tercer hecho notorio se refiere a la consulta anticorrupción. Por un lado, el presidente Duque habló del tema de la corrupción, hubo cosas que dijo que son similares a las que hay en la consulta, pero no se refirió a ella directamente. Además, en el video de Noticias Uno, filtrado, en el momento de la celebración el propio senador Uribe manifestó que “siquiera el presidente Duque no se metió en eso de la consulta anticorrupción” y a reglón seguido la senadora María del Rosario Guerra criticó la actitud de la senadora Angélica Lozano cuando le reclamó al presidente Duque el no haber nombrado la consulta.
Este hecho confirma lo que ya era un secreto a voces y es que el Centro Democrático se opone a la consulta anticorrupción. Algunos analistas cercanos al nuevo gobierno dicen, que no es nada raro que eso ocurra, simplemente, el nuevo gobierno quiere pasar las mismas reformas que la consulta pero llevándose el crédito de las reformas. Pero la realidad es un poco más complicada.
Hay una mezcla entre mezquindad política y cálculo electoral. La mezquindad se basa en que el Centro Democrático tiene la visión de que la consulta anticorrupción favorecería al partido Verde y principalmente a Claudia López, una de las principales críticas del expresidente Uribe. Por ende prefieren no apoyar la consulta. Pero lo que hay de fondo es el cálculo político. En lo fundamental el Centro Democrático, no tiene alcaldías ni gobernaciones, su participación política en 2015 les dejó un saldo negativo, apenas una gobernación y unas cuantas alcaldías.
Hace unos días se supo de una reunión del senador Uribe con dirigentes políticos del Valle del Cauca, en la cual se dijo: “Le vamos a meter toda a las locales”, para ello necesitan alianzas con algunas élites regionales, por ello no las pueden atacar con temas de anticorrupción. De hecho, esta alianza avanza a pasos agigantados en varias regiones del país, y la idea es destruir al Partido de la U y Cambio Radical, es decir, arrebatarles estas élites regionales. Por ende es mejor tolerar la corrupción pero ganando alcaldías y gobernaciones.
Bogotá, D. C, 9 de agosto de 2018.
*Politologo
Por Juan Fernando Londoño*.-La contradicción entre los discursos del presidente del Senado y del presidente de la república durante la ceremonia del 7 de agosto plantean serios interrogantes sobre el futuro del gobierno nacional y sobre la relación entre el jefe del ejecutivo y su partido.
La opinión de muchos analistas es que se trata de una estrategia coordinada entre el presidente y la bancada del Centro Democrático al estilo del policía bueno y el policía malo. El problema de este análisis es que no resulta claro qué puede ganar el gobierno con una estrategia que de facto sabotea su principal mensaje en el discurso de inauguración que fue la invitación a superar la polarización y convertirse en un presidente de unidad.
La realidad es que lo sucedido el martes es el inicio de una brecha que veremos crecer en los próximos meses y que la vicepresidente de la república definió claramente en reciente entrevista: una cosa es el gobierno y otra es el Centro Democrático. La declaración fue ratificada eufóricamente por la senadora Paloma Valencia en la reunión privada de ese partido.
Muchos asumen que el gobierno de Duque solo será una extensión del uribismo, pero los hechos apuntan en otra dirección. No solo conformó un gabinete con gran margen de maniobra para construir las políticas en la mayor parte de las áreas de la administración sino que sus palabras y acciones cada vez se distancian más de la lectura radical que tiene el partido del expresidente Uribe.
El discurso del presidente del Senado era una diatriba para complacer a las bases uribistas, para sacarse la espina contra Santos y sobre todo, para reiterar el mensaje de que todo anda mal, que les ha resultado tan exitoso. El uribismo no es un partido doctrinario, no tiene pasado, no tiene referente ideológico, sólo tiene la figura de Uribe y en torno a ella construye su narrativa del mundo y su mitología política. Esta mitología se construye de forma efectista del siguiente modo: uno, antes de Uribe Colombia era un caos; dos, durante Uribe Colombia vivió su etapa gloriosa; tres, después de Uribe el país perdió el rumbo y cuatro, mientras Uribe esté al frente del país, Colombia seguirá adelante.
Sustentar esa profesión de fe requiere que se desconozca y se destruya cualquier logro o avance por fuera del manto protector del padre fundador. Para ello es esencial destruir los éxitos de Santos así como omitir los avances que para el país ha significado el acuerdo de paz y proyectar una imagen catastrófica. Como corolario es fundamental que los avances venideros no sean el fruto de “construir sobre lo construido” sino de la recuperación del rumbo.
Esta narrativa, en cambio, no le sirve al gobierno que necesita mantener su margen de maniobra alto para avanzar en sus iniciativas. Por una parte, no puede alienar a la opinión pública mostrándose como un gobierno pugnaz y revanchista pues eso terminaría de inmediato la luna de miel que todo nuevo presidente tiene con la opinión pública. Adicionalmente, una agenda radical le quita posibilidades de avanzar en su agenda legislativa. Recordemos que el Centro Democrático representa solo el 20 por ciento de los votos en el Congreso y por lo tanto cualquier proyecto debe tramitarse sin agredir a quienes fueron los socios de la anterior coalición parlamentaria y ahora son los nuevos socios.
El discurso del senador Macias tendrá mucho apoyo en el 20 por ciento de la base uribista, pero aleja la cooperación de partidos como el liberal, La U y Cambio Radical, sin los cuales no es posible conseguir mayorías. La alianza del uribismo y el conservatismo podrá ser muy efectiva para agrupar la derecha en Colombia, pero totalmente fútil para un gobierno que tiene 4 años por delante.
El presidente Duque consiguió llevar la base de 2.513.320 votos obtenidos por el CD en las elecciones de marzo para el Congreso, hasta una victoria en segunda vuelta con 10.373.080 votos. Este triunfo lo consiguió porque supo tomar distancia del discurso incendiario y retrógrado del furibismo. Cerca de 8 millones de votantes que no pertenecen al CD acompañaron a Duque para obtener su presidencia. Difícilmente esos votantes, y mucho menos quienes no lo hicieron, van a aceptar que el gobierno se ponga al servicio de un sector que es minoritario en Colombia.
El presidente Duque no tiene que gobernar sin el Centro Democrático, pero otra cosa es gobernar para el Centro Democrático. Si los miembros de ese partido insisten en pisotear a los demás, difícilmente el gobierno de Duque será viable. Y puesto a escoger, no sería raro que termine pensando en su propio lugar en la historia que en la sumisión a sus excompañeros de bancada. Cada cual escoge con quién casarse, pero nadie está obligado a enterrarse con su pareja.
*Exviceministro del Interior
Por José G. Hernández*.-Muy probablemente, la tarea del nuevo gobierno se habrá de iniciar con la presentación al Congreso de un conjunto -ojalá coherente y sólido- de iniciativas, unas de reforma constitucional, otras de carácter puramente legislativo, en los más diversos campos: sobre justicia, sobre paz, sobre erradicación de cultivos ilícitos, sobre lucha contra el narcotráfico, el micro tráfico y la corrupción. En materia económica, social y laboral, así como en el caótico sistema de salud y seguridad social, quiera Dios que los proyectos se orienten a la reivindicación de los trabajadores, de los desempleados, de las clases menos favorecidas y de las regiones del territorio que hoy se encuentran abandonadas. Y es de esperar que el Presidente no haga caso de quienes proponen hacer más gravosas las condiciones de los colombianos para pensionarse, con ideas tan antisociales como incrementar la edad o los niveles de cotización.
Es necesario introducir una muy seria reforma tributaria, que alivie la insoportable carga fiscal de las empresas y de la clase media, y buscar la realización de mandatos constitucionales como el estatuto del trabajo, y otras propias del Estado Social de Derecho.
Ahora bien, la oposición y los partidos independientes, y en general los miembros del Congreso, no se quedarán atrás y es seguro que también harán uso de la iniciativa que constitucionalmente corresponde a los congresistas. Inclusive los senadores y representantes del partido Farc tienen la facultad constitucional de elaborar y presentar proyectos de ley y de acto legislativo.
Las altas corporaciones judiciales gozan igualmente de iniciativa, en asuntos relacionados con sus funciones, y lo propio puede decirse del Fiscal, del Procurador, del Contralor, del Consejo Nacional Electoral, del Defensor del Pueblo, todos los cuales gozan de la misma facultad y quizá estén pensando en hacer uso de ella para formular iniciativas atinentes a la actividad y funciones de sus despachos.
Añádase a lo dicho que está próxima la llamada “Consulta anticorrupción”, cuyas preguntas -de ser votadas positivamente- deberían conducir a la adopción de normas, unas de orden constitucional -como la referente a la disminución salarial de congresistas y de otros funcionarios-, y otras de nivel legislativo -como las relativas a la contratación estatal-. Además, hay en curso la recolección de firmas para una iniciativa popular de referendo sobre derogatoria de los actos legislativos que desarrollaron el Acuerdo de Paz, y el Presidente de la República ha anunciado otro referendo con miras a establecer la pena de cadena perpetua para asesinos y violadores de niños.
En fin, todo indica que el nuevo Congreso tendrá mucho trabajo, y lo que se espera es que adelante su labor con responsabilidad e independencia.
A medida que se conozcan los textos de los proyectos, la opinión pública debe enterarse sobre sus contenidos y repercusiones, y tanto la Academia como los medios de comunicación debemos propiciar el debate, el análisis y la crítica.
Lo ideal sería no engrosar sin necesidad el ya voluminoso, desordenado, incoherente e incumplido sistema normativo. Sería bueno racionalizar la agenda que cada uno de quienes gozan de iniciativa lleve al Congreso, de modo que, en vez de un gran número de disposiciones aprobadas, se piense en un orden jurídico más justo, estable y razonable.
Bogotá,D.C, 8 de agosto de 2018.
Ex presidente de la Corte Constitucional de Colombia