Opinión
Por Mauricio Cabrera Galvis.-Los escépticos dirán que no. A los papas todo el mundo quiere verlos y oírlos, pero pocos hacen caso a sus prédicas. Por eso las dos visitas anteriores de pontífices dejaron mensajes que cayeron en tierra estéril y no cambiaron el país.
Pablo VI en 1968, trajo un mensaje incómodo para una jerarquía eclesiástica que se aferraba a sus privilegios y había cerrado la puerta al camino reformista de un Camilo Torres que quería una iglesia comprometida con los pobres y el cambio social, y lo había empujado a la insensatez de la lucha guerrillera.
En 1986, cuando los sinceros esfuerzos de Paz de Belisario ya habían quedado enterrados entre los escombros del Palacio de Justicia y los enemigos ocultos de la paz habían triunfado en su propósito, Juan Pablo II vino con un mensaje de reconciliación y perdón para alcanzar la paz, de condena al terrorismo y exhortación a la guerrilla para dejar las armas.
A pesar de todo, esta vez soy optimista pues ya se ven síntomas de cambios producidos por la visita. Una primera consecuencia ha sido el cese de hostilidades que aceptó la siempre intransigente guerrilla del ELN; no hay duda de que, por los orígenes religiosos de ese grupo, la presencia del papa los debió motivar a dar ese paso que facilita las complejas negociaciones en Quito. La carta del líder de la Farc pidiendo perdón por las lágrimas y el dolor que ocasionaron, es otra muestra del cambio de actitudes que ha suscitado el mensaje del papa.
No todos modificarán su posición, pero sí creo que muchos colombianos de buena voluntad que votaron No en el referendo engañados por la bien orquestada campaña de mentiras que confesó el propio gerente de la misma, si atenderán el llamado de Francisco de no dejarse engañar, de no perder la Paz por la cizaña sembrada contra ella. Otros reaccionarán ante el testimonio conmovedor de las víctimas que, superando el inmenso dolor que han padecido, decidieron perdonar, y aceptarán que la venganza solo sirve para alimentar esa espiral infernal de la violencia, y que la reparación a las víctimas es más fructífera que la cárcel.
Si las palabras y el testimonio de Francisco sirven para que disminuyan un poco los odios, para que avance la reconciliación y cese la polarización, para consolidar el proceso de Paz y el final de esta guerra de medio siglo que ha dejado tanto dolor, habrá servido mucho su visita.
Por Gabriel Ortíz.- Atravesamos por una semana llena de paz y confraternidad, durante la cual se creyó que saldrían de vacaciones el odio, la envidia, el engaño, la mentira y la maldad. El Papa Francisco, quien nos pidió rezar por él, recorre Colombia con esperanzadores mensajes de reconciliación. El Pontífice ha destacado los pasos que estamos dando para amarnos, para extender nuestras manos y alcanzar el signo “de una paz estable y duradera que nos permita vernos y tratarnos como hermanos, nunca como enemigos”.
Desde luego que no todos hemos recibido a Francisco con alborozo y júbilo. Hay quienes tienen tristeza y desánimo. Han surgido Álvaros, Galats, Ordóñez y demás, que repudian la honorable visita y llegan a calificar de anticristo a Francisco. Son los mismos que no quisieron darle unos días de tregua a la envidia, la rabia y el odio. Han sido poseídos por la fobia a la paz y a la convivencia.
Coincide la visita de Francisco, con los buenos propósitos del ELN y del Clan del Golfo por sellar la fraternidad en Colombia. A cada párrafo o principio de acuerdo que contemplan las conversaciones con los líderes de esas organizaciones criminales, le inventan los más frenéticos peros. Nuestro Nobel de Paz y Presidente de Colombia con su equipo, buscan los mismos propósitos del Papa: “promover la reconciliación con el Señor y con los hermanos”.
Como siempre, el jefe del Centro Democrático, quiso “robar cámara” y figurar; aprovechar la visita de Santidad Francisco. Sacó su manida carta anticolombiana, cargada de agravios y descréditos sobre nuestro discurrir y nuestros logros. Esa misiva, debe tener a sus herederos vástagos rabiando, porque puede ocasionarles graves pérdidas a sus inexplicables inversiones por aquí y por allá, a lo largo y ancho de Colombia, “país inviable” según su padre. El expresidente tiene ya suficientes méritos para ganar el “premio lebon” del odio, la discordia, la envidia y el engaño. Mucho le convendría una bendición papal. Pero cuidado. Que no le vaya a dar por engarzarle un carriel de cuero de nutria, como trató de hacerlo con San Juan Pablo II.
Estamos pues con el más ilustre visitante que pueda tener el país. De un hombre amante y constructor de paz, de esa paz que hemos perseguido durante medio siglo. La iglesia Católica ha sido acompañante de nuestro proceso y seguirá en esa misma línea, con el firme aporte del Sumo Pontífice y Jefe del Estado Vaticano.
El Papa refiriéndose a un grupo de jóvenes rehabilitados les pidió no dejarse engañar, no dejarse robar la alegría y la esperanza.
Somos privilegiados porque Francisco nos vacunará contra la guerra y contra quienes pretenden mantenerla, y convertir nuestra patria en una vorágine, para su propio beneficio.
BLANCO: El avance de las conversaciones con el clan del golfo, que permitirá conocer quiénes se beneficiaron con sus acciones, quiénes se enriquecieron y quienes los apoyaron.
NEGRO: Uribe gano otro No: No reunirse con el Papa Francisco.
Por Ariel Avila.- Lo que está pasando en el Congreso de la República es algo vergonzoso, triste y realmente canalla.
Tres de las leyes más importantes para que Colombia avance en su proceso democratizador y en la mejora de su sistema político, están a punto de hundirse o de ser inviables gracias al papel de este organismo, pero particularmente, gracias a Rodrigo Lara, actual presidente de la Cámara de Representantes, quien parece que le está haciendo el mandado a corruptos y criminales.
Es muy triste que el hijo de una de las personas que marcó la lucha contra el crimen y los corruptos, ahora juegue como uno de ellos. Rodrigo Lara avaló bandidos como Oneida Pinto, exgobernadora de La Guajira, también avaló a la esposa y actual gobernadora del Magdalena Rosa Cotes, quien es esposa del parapolítico Chico Zúñiga y tía del exgobernador Mello Cotes, cuestionado por manejos presupuestarios durante su periodo de gobierno. Es decir, de avalar bandidos con su partido Cambio Radical pasó a protegerlos y a impedir procesos reformistas para acabar con la corrupción.
Rodrigo Lara engavetó durante tres semanas la ley estatutaria de la Jurisdicción Especial para la Paz. Todo parece indicar que su objetivo es lograr que la ley se apruebe lo más tarde posible. La explicación es que el vargasllerismo ha anclado su campaña electoral a partir de ‘proteger’ a los terceros, es decir, empresarios y políticos que se beneficiaron de los más de 50 años de conflicto, y evitar que pasen por la justicia transicional.
El tema aquí es sencillo. Por ejemplo, Jorge Pretelt fue sacado de la Corte Constitucional por dos fincas adquiridas de forma irregular y que pertenecían a familias víctimas del conflicto armado. Segundo ejemplo, el expresidente del Senado Mauricio Lizcano estuvo en medio de un escándalo reciente por una denuncia de un programa de televisión en la cual se dejaba ver que la familia del senador había adquirido una finca de una familia desaparecida por grupos armados ilegales. Otro ejemplo es el Fondo Ganadero de Córdoba, quienes tienen múltiples procesos por adquirir tierras despojadas a campesinos por grupos paramilitares. Todo esto lo que significa es que los grandes beneficiados con el despojo de más de 6 millones de hectáreas de tierra a campesinos, no fueron grupos armados ilegales como paramilitares y guerrillas, sino empresarios y políticos, los famosos terceros. Aquellos que quieren que la justicia no los toque y que el proceso de paz no progrese.
Por otro lado, su oposición a la reforma política es simple de explicar. Básicamente se opone a las listas cerradas. Los actuales congresistas de Cambio Radical y de varios partidos en general, no ven con malos ojos las listas cerradas, ellos creen que de acuerdo a las votaciones de 2014, ese debería ser el orden de la lista en las elecciones de 2018. Sin embargo, Vargas Lleras aspira a tener una lista con grandes personalidades y por ende quiere votación preferente. De ahí que Lara esté haciendo el favorcito de bloquear la reforma política.
También Lara tuvo durante tres semanas engavetado el proyecto de acto legislativo que crea las 16 circunscripciones especiales de paz. Que son espacios transitorios, nuevos, en la Cámara de Representantes para las zonas más afectadas por la violencia y que deberían servir para mejorar la gestión política de estos territorios. Además se crean para garantizar la representación de organizaciones sociales de base y de víctimas del conflicto y no para los partidos que tendrán representación en el Congreso de la República en 2018.
Las artimañas de Lara se fundamentan en las facultades que tiene como presidente de la Cámara. Lara ha frenado en varias ocasiones el debate de las reformas engavetando los proyectos de ley durante más tiempo de lo regular, no asignando ponentes individuales, y haciendo el registro a la 1 o 2 de la tarde para las plenarias de Cámara con órdenes del día sinsentido, cuando los debates se programan a las 4 p.m.
Pero la última perla es la siguiente, el martes 4 de septiembre, para enfrentar la corrupción dentro de la Rama Judicial, se revivió el tribunal de aforados y esta vez en la reforma política. Lara pide que esta figura no vaya en la reforma política, es decir, en el fast track, sino que vaya en trámite aparte, o en un acto legislativo ordinario, lo que significa dos vueltas al Congreso, es decir, nunca se va a aprobar.
Todo un razonero o mandadero, en eso terminó Rodrigo Lara. Lo que está haciendo es amparando corruptos y criminales y robando de frente a los colombianos que queremos un país mejor.
Por Amylkar D. Acosta M.- Esta semana nos visita y estará entre nosotros el otrora arzobispo argentino Jorge Mario Bergoglio y ahora sumo Pontífice Francisco, sucesor 266 de San Pedro, con esta es la tercera vez que un Papa llega a Colombia. Primero fue Pablo VI en 1968 y luego Juan Pablo II en 1986, hace 31 años. Pero ha valido la pena esta larga espera del Vicario de Cristo, pues se trata del primer Papa americano, del primer Papa de la Orden de los Jesuitas, sencillo y humilde, como lo es él, alejado de la pompa, el boato, la parafernalia; eso sí, aunque muy espiritual, con los pies bien puestos en la tierra.
Sus mensajes, siempre profundos, cargados de sabiduría, de sapiencia, trascienden a la iglesia, son verdaderamente ecuménicos y siempre ponen a pensar a los pensadores del mundo entero. Su primer mensaje fue la escogencia de su nombre, pues bien pudo inspirarse en su hermano en la compañía de Jesús San Francisco Javier optó por San Francisco de Asís, quien lo abandonó todo al descubrir su verdadero tesoro, Dios!
El Papa Francisco siguió muy de cerca y acompañó con sus oraciones los diálogos que se adelantaron en La habana entre los voceros del Gobierno y los de las FARC, convencido de que “es el diálogo el que hace la paz”. Y una vez que tuvo conocimiento de que se había arribado a un acuerdo prometió, en vísperas del Plebiscito de octubre pasado, que “cuando este acuerdo sea blindado por el Plebiscito y tenga el reconocimiento internacional, yo iré a Colombia para enseñar la paz”.
Como es bien sabido, si bien el Acuerdo alcanzado ha tenido el más amplio reconocimiento internacional, no pudo ser “blindado” a través del Plebiscito, pero ello no fue óbice para que el Santo Padre cumpliera con su promesa. Y no es para menos, pues él debe de estar advertido que, ante el revés en el Plebiscito, el Acuerdo Final se refrendó por parte del Congreso de la República y avalado por parte de la Corte Constitucional. Bien dijo el Papa Francisco que “no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación”.
Con motivo del arribo del Papa Francisco se ha dado el primer paso en Quito en el camino de alcanzar un acuerdo con el ELN y, como un gesto de paz, se ha pactado entre el Gobierno y el ELN un cese al fuego y de las hostilidades bilateral a partir del 1º de octubre. Ha querido el Papa Francisco que en su visita los 8 millones de víctimas del conflicto armado en Colombia, cifra que supera la población de más de 107 países, estén en el centro de su esmerada atención y de sus mensajes pontificios. Se reunirá con ellos, especialmente, en Villavicencio.
El Papa Francisco visita a Colombia en unas circunstancias bien distintas a las que encontraron sus antecesores, en Colombia desde 1991 el Estado dejo de tener la religión católica como la oficial y se consagró la libertad de cultos, lo cual ha dado lugar a la proliferación de iglesias, muchas de ellas de garaje. Es más, en el año 2014, la Corte Constitucional declaró inexequible la norma mediante la cual se consagraba Colombia al sagrado Corazón de Jesús, rompiendo con ello una tradición de 92 años. Francisco es el primer Papa que visita a una Colombia que acaricia la paz, después de un largo conflicto que la desangró por más de 50 años.
Pero, también, nos sorprende enzarzados en una gran confrontación y polarización política, sumidos además en la más profunda crisis institucional por cuenta del cáncer de la corrupción, que ha hecho metástasis, involucrando tanto al sector público como al sector privado y desestabilizando al país. Ad portas como estamos de las elecciones al Congreso de la República y a la Presidencia de la República el próximo año, se impone un serio y sincero acto de contrición y propósito de enmienda, antes de que sea demasiado tarde.
Ojalá esta visita sirva para atemperar los ánimos, desarmar y serenar los espíritus y desengatillar la lengua, pues esta habla de lo que abunda en el corazón. Es obvio y así lo ha enseñado el Papa Francisco, quien se caracteriza por predicar con su ejemplo, que para alcanzar la paz hay que empezar por la paz interior, sanando los corazones, mediante la compasión y la comprensión, que pasan por el perdón y conducen a la reconciliación.
Es bueno recordar que no hay justicia sin perdón y que este no es parte de la Justicia, es generoso; la justicia y el perdón van de la mano. Pretender separar la Justicia del perdón es como intentar aplaudir con una sola mano. Por su parte el Cardenal Rubén Salazar nos invita “a dejar atrás todos esos fangos que nos impiden caminar y a empezar, decididamente, la construcción de un país nuevo”. Es obvio de toda obviedad que no se puede ser buen cristiano si no se es buen ciudadano. Dice un adagio chino que aún el camino más largo para recorrerlo hay que dar un primer paso, démoslo!
Barranquilla, septiembre 4 de 2017
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Por Horacio Serpa.- La moda de ahora para ejercer la política es no tener Partido. “Eso es cosa de los politiqueros”, dicen muchos de los que aspiran a la Presidencia de la República, como si esa condición no fuera la más política de todas. “Hay que recoger firmas que es lo único que da independencia”, pregonan. ¿Y quiénes recogen las firmas? Las que no se compran las recogen los conmilitones de ayer, desde los más encopetados hasta el último de los militantes, “para que el jefe pueda ser un auténtico candidato cívico”. ¡Vaya, vaya!
Van más de 20 candidatos presidenciales por firmas, que corren de un lado a otro tratando de organizar un programa y de inventar la historia de sus antecedentes para justificar trayectoria en la lucha ciudadana y comunitaria, “porque eso es lo que da votos”. Los Partidos dividen a los ciudadanos, están desprestigiados, son corruptos, dan mal ejemplo, representan una vieja y desgastada forma de interpretar lo público. No lo digo yo, por supuesto; es lo que pregonan los que se salen de los Partidos Políticos, para justificar su “audacia” y convocar a los independientes, a los apolíticos, a los resentidos del partidismo y a los incautos. Multitud a la que hay que agregar, desde luego, a directivos y militantes del Partido que se abandona. De resto no tendría gracia. ¡Muy coherente, muy sabio, muy bonito!
Los liberales no vamos a hacer eso. No nos vamos a camuflar ni engañaremos a nadie. Pensamos liberal, tenemos antecedentes históricos valiosos, contamos con una doctrina que profesamos con orgullo, tenemos un programa social moderno, somos demócratas, apoyamos la paz, rechazamos la corrupción, defendemos la naturaleza, respetamos las leyes, deseamos pronta y honorable justicia, somos una mayoritaria representación de minorías y de luchas reivindicativas, deseamos que el sol brille para todos.
Contamos con himno, bandera, color, ideología, edificante trayectoria y no tenemos que inventarnos nada, para comprometer efectiva y electoralmente a las y los colombianos. Somos laicos, defendemos la libertad religiosa, creemos en la necesidad de la igualdad, somos la juventud, la tercera edad, los obreros y sindicatos, los campesinos y los profesionales, las regiones, la educación de calidad, la salud, la vivienda, la seguridad ciudadana, los servicios públicos, el transporte adecuado y cómodo, la propiedad como función social, la libertad de empresa y el empresariado, el capital con intervencionismo del Estado y no tenemos que irnos para ningún lado. Estamos, cabemos, en el Partido Liberal.
En el Partido Liberal haremos consulta popular y amplia para escoger la candidatura presidencial y estaremos dispuestos a hacer alianzas con sectores progresistas para definir la persona que garantice la paz y esté comprometida a ejecutar reformas políticas y económicas que garanticen igualdad, ética y equidad.
Los liberales nunca renunciaremos ni nos avergonzaremos de nuestro Partido. Ya se está logrando uno de nuestros grandes cometidos, el de la paz. En ello no vacilaremos ni daremos marcha atrás. Y todo lo que venga de bueno para los colombianos lo acogeremos, lo apoyaremos y ejecutaremos como liberales y en nombre del Partido Liberal. Las firmas se compran; la lealtad está en el corazón.
Por Jairo Gómez.- Invocar la divina providencia para que proteja el futuro de la paz y garantice el éxito del nuevo partido de las Farc-EP, nadie se lo esperaba. Que un grupo de exguerrilleros comunistas, marxistas-leninistas, ateos ellos, acudan a los designios de Dios, no deja de sorprender.
Se podría decir que las Farc-EP (sigla que no desaparecerá e identificará a la nueva agrupación política) se desmontó de la ortodoxia y del sectarismo, para apostarle a un proyecto que seduzca a los colombianos desde su cotidiano vivir, que le toque el bolsillo y lo conmueva espiritualmente. La paz “ha sido la más grande bendición que nos ha prodigado la providencia”, dijo Márquez, más allá de la estrategia política y el contenido social que le expuso a su militancia.
No podía faltar, por supuesto, evocar al papa Francisco e hizo eco a sus reflexiones en la encíclica Laudato Sí: “El suelo, el agua, las montañas, todo es caricia de Dios”. Sí, brillaron por su ausencia referencias marxistas-leninistas y evocaciones a la lucha de clases. Deliberadamente, no hubo una sola mención a los 100 años de la revolución bolchevique. Tan cerca de Dios, tan lejos de la URSS. ¿Cambio o moderación del discurso? ¿Vemos unas Farc pragmáticas o premeditadamente lejos de moralismos y más proclives al realismo político?
“Sin dogmas ni sectarismos, lejos de la soberbia (buscaremos) la convergencia nacional (no totalitarismos)”, parece ser la respuesta más adecuada, según dijo Rodrigo Londoño, el otrora jefe guerrillero, en el congreso fundacional del nuevo partido.
Por Amylkar D. Acosta M.- La actividad minera en el país se rige por la Ley 685 de 2001, la cual fue reformada mediante la Ley 1382 de 2010, pero a poco andar fue declarada inexequible por parte de la Corte Constitucional por no haber cumplido con el requisito de la consulta previa. La Corte moduló su fallo, dándole un plazo de 2 años al Congreso de la República y al Gobierno para tramitarla nuevamente y al no cumplir con dicho cometido volvió a recobrar vigencia la Ley 685 de 2001. Este hecho ha dado lugar a un vacío legal que ha dado pábulo al activismo judicial y a la subsecuente inseguridad jurídica que rodea a la actividad minera y conspira contra ella.
La sumatoria de un Código de Minas anacrónico, la falta de un ordenamiento territorial, el caos y la corrupción que se enseñoreó en el antiguo Ingeominas, amén de “la captura y reconfiguración cooptada del Estado”, como denomina Luis Jorge Garay el fenómeno que se extendió en muchas regiones del país a la sombra del paramilitarismo, contribuyeron a crear un caldo de cultivo en el que ha venido pelechando la extracción ilícita del recurso natural no renovable, particularmente del oro. Ello explica el hecho que delata la Asociación Colombiana de Minería, según el cual en 2016 el país produjo 1,99 millones de onzas troy y solo el 13 por ciento venían de explotaciones formales, es decir, que el 87 por ciento de la explotación de oro viene de la informalidad y de la criminalidad.
Detrás del paro minero prolongado y traumático en Segovia y Remedios, como antes se dio en el cauca y en Chocó hay una historia de desgobierno, corrupción y violencia que no tendrá salida mientras se sigan confundiendo la minería criminal con la sencillamente artesanal. Allí opera la Grancolombia Gold, empresa canadiense que adquirió los activos de la empresa Frontino Gold Mines en 2010, con más de 1.500 trabajadores formales, en medio de un sinnúmero de pequeñas explotaciones informales, algunas de ellas tras de las cuales se escudan bandas criminales. Se estima que entre Segovia y Remedios se extraen ilícitamente 27 toneladas de oro en más de 100 entables, con ingresos anuales cercanos a los US $900 millones (¡!).
El Gobierno Nacional ha venido tomando medidas para meter en cintura a quienes extraen y comercialización el oro sin el lleno de los requisitos legales, entre ellas la prohibición del uso del mercurio y el control a las plantas de beneficio, así como el control de la comercialización del oro, estableciendo un máximo a la cantidad de oro vendida por parte de los minero tradicionales (35 gramos de oro al mes que equivale a cerca de $3 millones), que deben contar con certificación vigente de la ANM, como lo dispone el Decreto 1102 de 2017, justo para evitar que la extracción ilícita se siga mimetizando haciéndola pasar como producto del barequeo.
Estas medidas, no han sido de buen recibo y han caldeado los ánimos, provocando un paro en el que se confunden unos y otros, el cual se ha prolongado por más de tres semanas, paralizando todas las actividades y bloqueando la región, con una grave perturbación del orden público. No faltan quienes se aprovechan de este clima enrarecido para pescar en río revuelto, es el caso del Clan del Golfo y de las autodenominadas Autodefensas gaitanistas, cuyas amenazas obligaron a la Grancolombia a suspender, alegando fuerza mayor, 700 contratos por parálisis forzada de su actividad.
La salida tiene que darse a través de un diálogo franco, sincero y transparente, que empieza por separar la paja del grano, pues uno es el tratamiento que ameritan los mineros tradicionales y ancestrales y otro, muy distinto es el que debe darse a quienes tengan probados vínculos con estructuras criminales. Como lo dije a mi paso por el Ministerio de Minas y Energía, es absolutamente inconveniente pescar con dinamita, dándoles el mismo tratamiento a ambos, este debe ser diferencial y diferenciado. La formalización de los pequeños mineros y el combate frontal contra los ilegales es el camino y su éxito en Buriticá, Antioquia, es un ejemplo digno de imitar.
En Buriticá se presentó una situación semejante y al amparo del Decreto 480 de 2014 la Continental Gold suscribió varios subcontratos de formalización minera con varias cooperativas en las que se asociaron mineros tradicionales y gracias a ello se dio una alianza productiva, aislando de paso a quienes pretendían camuflarse como tales.
Bogotá, agosto 14 de 2017
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Por Mauricio Cabrera Galvis.- El éxito del proceso de Paz depende de que se cumplan los compromisos del Acuerdo. De que los cumplan las dos partes. Por eso la estrategia de quienes han ligado su futuro político al fracaso del proceso es doble: tratar de demostrar que las Farc están incumpliendo lo pactado y al mismo tiempo poner todos las trabas para impedir que el Estado cumpla su parte.
El debate público de esta semana sobre los bienes que van a entregar las Farc es un ejemplo de esa doble moral, que ya se había manifestado en otros casos como la desmovilización a las zonas veredales o la entrega de las armas y las caletas.
Respecto de los bienes, es inaplazable la obligación de los antiguos guerrilleros de entregarlos para la reparación de las víctimas. Tiene toda la razón el Fiscal cuando exige el inventario de los bienes y anuncia que perseguirá y aplicará la extinción de dominio a los que no sean entregados. El alboroto que se armó con su carta es un caso típico de la “no reciprocidad lógica” que Estanislao Zuleta decía que era una doble falsificación: “no sólo irrespetamos al otro, sino también a nosotros mismos, puesto que nos negamos a pensar efectivamente el proceso que estamos viviendo.”
Primero por la caricatura que los políticos de derecha quisieron hacer del inventario al quedarse en lo anecdótico de los trapeadores y estopas y afirmar, por ejemplo, que solo entregaban 130 vacas. La verdad es que lo que van a entregar valen casi un billón de pesos. No se si sea todo su patrimonio, -la Fiscalía lo debe investigar- pero si es una cantidad enorme, y mucho más comparada con lo poco o nada que entregaron los paramilitares cuando su supuesta desmovilización.
¿Acaso es mejor lo que se hizo con los jefes paramilitares y asesinos como Popeye: que paguen unos cuantos años de cárcel y después salgan a gozar de sus fortunas mal habidas sin entregar nada para resarcir a sus víctimas?
Lo que es una ley del embudo inaceptable es que quienes más se rasgan las vestiduras por los supuestos incumplimientos de la Farc, y especulan sin pruebas que dejaron armas escondidas o que tienen más plata en paraísos fiscales, son los mismos que se opusieron al fast track para la implementación del Acuerdo, son los que demoraron la aprobación de la amnistía, son los que rechazan la Justicia Especial, son los que le ponen zancadilla a la Reforma Política.
¿Con qué derecho se atreven a exigirle a los guerrilleros desmovilizados que cumplan su parte del Acuerdo si ellos quieren ponerle conejo?
Por Juan Fernando Londoño.- Una de las mayores paradojas colombianas es que todo el mundo está de acuerdo respecto a la necesidad de hacer reformas que modifiquen la forma de hacer política, pero casi nadie está de acuerdo con las reformas que se proponen. Eso es exactamente lo que está pasando hoy con el proyecto que se tramita en el Congreso.
Son variadas las razones de los opositores a la reforma política. Por una parte, el Centro Democrático no apoya nada que le convenga al país si se deriva del Acuerdo de Paz, pues con tal de hacer trizas el acuerdo prefieren ver al país hecho trizas primero. Cambio Radical, por su parte, no apoya nada que afecte el statu quo, especialmente si las propuestas amenazan a sus aliados políticos y económicos.
Queda entonces la coalición por la paz y en ella existen visiones distintas de lo que quieren con la reforma, pues a pocos meses de unas nuevas elecciones nadie puede evitar la tentación de que las reglas ayuden a resolver sus problemas y, de ser posible, ganar un poco de ventaja para acceder al poder. Por eso, por ejemplo, las agrupaciones pequeñas proponen que se puedan hacer coaliciones para las corporaciones públicas, y de esa forma evitar los efectos de no alcanzar el umbral; pero con igual lógica los partidos grandes proponen que las coaliciones sean para todos y así hacer transfuguismo al por mayor y no al detal.
El problema es que las necesidades de los políticos no son las de la sociedad. Y por eso tantas voces autorizadas manifiestan sus críticas al contenido de la reforma. Pero los críticos olvidan una regla fundamental: ninguna reforma política es perfecta. Por el contrario, las reformas son siempre esfuerzos para ir mejorando el sistema político, pero nadie tiene la fórmula mágica para transformarlo.
La actual propuesta de reforma busca la transparencia de los procesos electorales, promover la democratización de los partidos políticos y crear una autoridad electoral realmente independiente. Es claro que muchas de sus normas son susceptibles de mejorar, pero de eso se trata el trámite parlamentario, de que la sociedad concurra a debatir y mejorar la iniciativa.
Los colombianos reclaman avances concretos en materia de lucha contra la corrupción y varias de las normas en el proyecto permitirían caminar en dicha dirección. Tener un consejo electoral que no siga las instrucciones de los partidos, a quienes tiene que vigilar, es un avance que justifica que la reforma se tramite. Sería inconcebible que el país asistiera en 2018 a un espectáculo en el que volvamos a tener un Consejo que refleje la voluntad de las mayorías parlamentarias.
Desligar el umbral de la conservación de la personería jurídica es un paso fundamental para preservar el derecho de asociación de los ciudadanos y lograr que los partidos tengan afiliados en lugar de clientelas resulta fundamental si queremos tener partidos democráticos. Además, mejorar las reglas del financiamiento electoral resulta fundamental para que los políticos representen a los votantes y no a los donantes.
Si el Congreso no tramita el proyecto, con todas las modificaciones y mejoras que se deban introducir, no solo le fallará a los compromisos del Proceso de Paz, sino también a los millones de colombianos que cada día son más incrédulos sobre la eficacia y la voluntad de cambio de los gobernantes.
No tramitar la reforma política sería un tiro en el pie para los partidos, que inevitablemente seguiría dando argumentos a quienes proponen una constituyente… y quizás no sea tan mala idea.
Por José Gregorio Hernández.-Los magistrados y los jueces no pueden ejercer su función si pierden independencia e imparcialidad, rectitud, moralidad. Por definición, eso que hacen a nombre y por autoridad del Estado y según la Constitución y las leyes -“Juris dictio”, decir el Derecho-, se erige en la más grave y alta responsabilidad.
Los jueces tienen en sus manos una trascendental tarea -quizá la más delicada y difícil de todas las que corresponden al Estado-, consistente, nada menos, que en resolver, en decidir sobre los más diversos asuntos y desatar las controversias, con fuerza de verdad y con efectos vinculantes. De modo que, sin perjuicio de los recursos existentes, se parte de la base de que cuanto resuelven se ajusta al Derecho, realiza el orden jurídico, materializa en casos concretos la voluntad en abstracto del Constituyente y del legislador, así como los valores y los derechos fundamentales, restaurando aquello que debe ser restaurado y reparando lo que debe ser reparado. De allí que los jueces y magistrados, y sus providencias, merezcan el respeto y la confianza dela sociedad en general y de los ciudadanos en particular. Se acude a ellos para que impartan justicia y, una vez fallado el punto en discusión, se presume que lo han hecho, de manera que, en firme el fallo, las partes han de respetarlo, y debe ser ejecutado con el apoyo del aparato estatal.
Por ello, a la idea de administrar justicia son inherentes los conceptos de independencia e imparcialidad del juez. Sin esas características, nada de lo dicho puede cristalizarse en el Estado de Derecho.
Como lo escribimos hace unos años, “ser independiente significa estar en capacidad de decidir en cada caso con entera libertad porque (el juez) está exento de cualquier compromiso, grande o pequeño, con intereses o fines distintos de lo que deben inspirar al juez en el sagrado ejercicio de sus atribuciones”.
Agregábamos: “El juez independiente estudia el proceso sobre el cual habrá de fallar, sin prevención alguna. Su única preocupación consiste en acertar, administrando la justicia que encarna y representa, y hacerlo apoyado en su convicción, fundada en los elementos de orden fáctico y jurídico de los cuales dispone y según lo que objetiva e imparcialmente le dicta su conciencia. Por tanto, no calcula su fallo…”.
Visto lo ocurrido en casos recientes, hemos de acotar: el solo cálculo del fallo, con propósitos ajenos al Derecho, ya es un desvío ilícito de la función judicial. Acomodar las decisiones para satisfacer o molestar a alguien, sin fundamento en las normas y en los hechos, inclusive si ello se hace por consideraciones políticas, altruistas o religiosas, es ya un comportamiento delictivo. ¿Qué se dirá del juez o magistrado que se atreve a acomodar sus fallos, o que se presta para demorarlos o precipitarlos ilícitamente, o que altera, disfraza o compone sus motivaciones o decisiones para producir ciertos efectos porque le han comprado -y, por ende, ha vendido- su conciencia, es una vergüenza para la administración de justicia y para el Estado?. No merece la toga, de la cual se lo debe despojar, porque la ha mancillado y pisoteado.
Sin generalizar, pero lo que está pasando en Colombia en materia de Justicia es muy grave.