Opinión
Por Jairo Gómez.-A Andrés Pastrana hay que abonarle su compromiso con la paz. La reunión del ex presidente en 1998 con "Tirofijo" fue trascendental, pero se equivocó.
Al expresidente Andrés Pastrana hay que abonarle su compromiso con la paz durante su gobierno. Una vez electo primer mandatario de los colombianos en 1998, el 9 de julio de ese mismo año, tomó la audaz decisión de irse a entrevistar con el jefe máximo de las FARC, Manuel Marulanda Vélez, en las montañas de Colombia en secreto.
Todo era euforia, y el país se encaminaba a una supuesta paz definitiva con la guerrilla más organizada ideológica y militarmente que ha tenido el país. En esa conversación Pastrana, con un puro entre sus dedos, le decía a “Tirofijo”: “Bueno Manuel, conmigo es diciendo y haciendo como ocurrió en la alcaldía (…) La primera obligación de mi gobierno es hacer la paz, así no haga nada más”.
En calidad de presidente Electo llegó al encuentro acompañado por Víctor G. Ricardo, a la postre Comisionado de paz de su gobierno. Todo ocurrió en un ambiente de camaradería. Saludos iban y venían.
Sorprendió que el nuevo mandatario llegase a ese encuentro sin ningún documento escrito en el que plasmara su propuesta previa de paz y por lo menos arrancara de los insurgentes un pacto serio; es decir que fuera el gobierno el que marcara el derrotero de una futura negociación, y no las FARC como evidentemente ocurrió en la reunión de marras.
“Vamos a buscar la paz sin cartas marcadas, sin agenda, (vamos hacer) una cosa abierta”, dijo Pastrana. Craso error. Por ello fracasó en su propósito. Pastrana, como muchos de la élite, siempre creyó que las guerrillas eran unos facinerosos sin vitalidad ideológica y organizativa, y calculó que, de palabra y con buenas intenciones, abriría el camino a la reconciliación.
Fueron las FARC, como consta en el vídeo, quienes llegaron con documento en mano y con la propuesta del despeje de cinco municipios. A esa audaz iniciativa de la guerrilla no hubo una respuesta convincente, y menos una manifestación de rechazo sobre el impacto que provocaría el retirar a la fuerza pública. Es más al nuevo presidente de los colombianos no se le pasó por la cabeza que esa región era crucial en la lucha contrainsurgente. Fue tal la improvisación con que el expresidente Pastrana “diseñó” su encuentro, que solo atinó a decir: “Pongamos 90 días a partir del siete de agosto. Se decreta el despeje de los cinco municipios a término definido y si hay condiciones nos sentamos a hablar”.
Después ocurrió todo lo que el país conoció en su momento: 42 mil kilómetros de despeje que la guerrilla manejó a su antojo sin rendirle cuentas a nadie, y convirtieron la región en una especie de zona franca que les sirvió para rearmarse y ocultar a todos los secuestrados, mientras hacían efectiva su liberación a cambio de cuantiosas sumas de dinero.
El entonces presidente electo no exigía a la guerrilla, le suplicaba un “gesto, algún detalle” para que la comunidad internacional viera con buenos ojos un proceso de paz en Colombia.
Para rematar, en esa comentada reunión, que invitó a ver en YouTube, se habló de “plata” para erradicar el narcotráfico como si se tratara de pan comido; de incluir en el Plan Nacional de Desarrollo, sin saber qué, los temas de la paz; incluso, entre risas, de cómo el presidente electo y sus acompañantes evadieron la seguridad del estado para llegar a las montañas; se habló de una discrecionalidad que no se cumplió; pero nunca, por ejemplo, se habló de las víctimas.
Así pudiéramos seguir enumerando los desaciertos de un encuentro que pretendía crear confianza entre las partes, y que terminó en el anecdotario de los procesos de paz que en Colombia fracasaron por una sencilla razón, porque nunca se diseñó de común acuerdo una agenda con límites en los temas y compromisos de las partes, como lo pone de presente el actual proceso que está a punto de zanjar el conflicto vía negociación.
Entiendo en el expresidente Pastrana la nostalgia del fracaso y que se oponga a las negociaciones de hoy, pero sería más gallardo que lo hiciera desde una tribuna sesuda y atiborrada de argumentos y no desde el tremendismo, como decir que el acuerdo futuro en Cuba es un “golpe de estado” a la institucionalidad colombiana.
Eso no está bien.
Por Juan Fernando Cristo.-Hola papá. Cada vez que se acerca esta fecha mi mente retrocede de manera inmediata y ya son 19 años. Las imágenes son las mismas, los recuerdos tan tristes como entonces, el dolor reaparece y también la nostalgia por los momentos que vivimos juntos y tantos otros que la violencia no nos permitió disfrutar a su lado. En muchas ocasiones me siento en la terraza de la casa en Cúcuta, los domingos temprano, a escuchar a Mozart o Bach, sus preferidos en música clásica, y comienzo a pensar, a especular, a soñar, qué hubiera sido de nuestras vidas si ese 8 de agosto los asesinos hubiesen fallado en su propósito criminal. A los pocos minutos despierto de ese letargo y constato que el tiempo no da marcha atrás, que es implacable al igual que el destino. Ese mismo destino que quiso que usted partiera en la vitalidad de sus actividades, de la manera injusta y cruel que jamás pude aceptar.
Resulta increíble que 19 años después, una generación completa de colombianos, aún sigamos hablando de conflicto armado, de guerra, de la búsqueda de la paz. Triste que todavía existan las FARC y el ELN como movimientos armados, cuando en todo el hemisferio occidental la lucha armada desapareció. Tras su asesinato, los Presidentes Pastrana y Uribe intentaron el cese de la violencia y la consecución de la paz con esos grupos de distintas maneras. Pastrana a través de una generosa negociación con las FARC que lamentablemente fracasó y Uribe con una dura y exitosa ofensiva militar que combinó con ofertas de diálogo a la guerrilla, que ni siquiera alcanzaron a nacer. La realidad es que en ninguno de los dos casos la estrategia funcionó y las acciones de estos grupos siguieron causando a miles de familias el mismo dolor irremediable que causó a nosotros.
Como le contaba hace un año, con ese panorama asumió su mandato el Presidente Santos y muy temprano comenzó a marcar diferencias con su antecesor. Sus primeras decisiones fueron apoyar en el Congreso el trámite de la ley de víctimas y restitución de tierras, a la que Uribe se opuso con ferocidad y al tiempo restablecer las relaciones diplomáticas con los vecinos Ecuador y Venezuela. Dos claras señales de un nuevo talante de gobierno que abrirían las posibilidades de un intento de solución negociada al conflicto armado, comenzando por su propio reconocimiento en la ley, que el gobierno anterior desconocía. Así comenzaron a sentarse las bases de este proceso de paz que hoy llena de esperanza e ilusión a millones de colombianos, un proceso que nos ha llevado más lejos que nunca en el propósito de terminar un conflicto con la guerrilla más antigua del mundo, la más grande, la que mayor capacidad de generar violencia ha tenido en Colombia. Antes de cumplir los 4 años de negociaciones difíciles y complejas, en pocas semanas, con seguridad, se estará firmando un acuerdo de paz con las FARC que nos conducirá en 6 meses a su desarme total y definitivo, a su desaparición como grupo armado y posterior tránsito a partido político en la civilidad. Y recuerdo hoy con mucho orgullo que usted fue el ponente de la ley que incorporó a nuestro ordenamiento jurídico el Protocolo II de Ginebra, que es ahora de gran utilidad para garantizar la seguridad jurídica de esta negociación. Más de 23 años después su tarea parlamentaria genera un aporte concreto a la paz de este país.
Y con el ELN aún se insiste en comenzar un diálogo que no se ha podido concretar porque persisten las divisiones en su interior y algunos sectores de esa guerrilla insisten en el secuestro como arma política y económica, sin comprender que la sociedad colombiana hoy no está dispuesta a tolerar un secuestro más sin reaccionar de manera contundente contra este flagelo. Porque desde que se iniciaron los diálogos con las FARC y especialmente después de los anuncios de cese unilateral al fuego por parte de esa guerrilla, el número de víctimas en el país como consecuencia del conflicto armado ha disminuido dramáticamente. En fin, es indudable que nos acercamos a un momento histórico para Colombia, quedan pocos temas por acordar en La Habana y se llegará a un acuerdo definitivo que nos permitirá doblar esta triste página de la violencia. Y me la he jugado con todas mis fuerzas por esta posibilidad, como estoy seguro lo hubiera hecho usted si sobreviviera, con la ilusión que Dany y Nico puedan vivir en un país muy distinto al que nos correspondió vivir a nosotros, sin miedo, sin violencia, sin que tengan que llorar a su padre.
Cuando se firme el acuerdo habrá que esperar que los colombianos vayan a las urnas a votar en un plebiscito si lo respaldan o no para que pueda entrar en vigencia. Así como usted votó hace ya casi 60 años para que terminara la violencia partidista de entonces. Hay un debate muy duro y parece increíble que expresidentes que buscaron la paz, como Pastrana y Uribe, sean ahora los más duros e injustos opositores de esta posibilidad de paz para el país. Pareciera que les duele que el Presidente Santos pueda lograr esa paz que ellos por distintas razones no pudieron alcanzar para Colombia. Sin embargo, confío que una vez se conozcan los acuerdos definitivos y se puedan desvirtuar tantas mentiras sobre los mismos, la inmensa mayoría de los colombianos saldremos a votar SI y no dilapidaremos esta oportunidad única que tenemos de lograr la paz. Pasarán muchos años de más violencia y sangre antes que se repita una oportunidad igual.
Siempre me alargo cuando me siento a escribirle, papá, porque siento como si estuviéramos conversando los dos en esas largas caminatas por Bogotá o en su consultorio en Cúcuta. Este año le escribo lleno de tristeza como siempre, pero también con la emoción y la esperanza que será el último año que lo hago desde su muerte en el que aún estamos en guerra. Que llegó la hora del perdón y la reconciliación en este país. Con toda certeza el 8 de agosto del próximo año este será un país distinto sin el accionar de las FARC y espero que tampoco del ELN. No tendremos que seguir contando más muertos de la población civil, de nuestra Policía y Ejército, ni de la misma guerrilla y podremos trabajar por solucionar de verdad los problemas de exclusión y pobreza que nos afectan y que a usted tanto dolían con su preocupación permanente por los más humildes.
Le cuento finalmente que hace poco, al cumplir ya dos años en el Ministerio, que ha sido una experiencia maravillosa pero muy dura, pude escaparme dos semanas con María Cristina y los niños. Fue un paseo que disfrutamos enormemente y durante el cual en silencio pensé mucho en usted cuando en su favorita París nos paramos en la esquina de Saint Michel a contemplar la iglesia de Notre Dame, a la que usted por primera vez me llevó maravillado hace tantos años o cuando los llevé en Saint Germain des Prés al Café Les Deux Magots que tanto disfrutaba y donde pasamos momentos inolvidables. Dany y Nico están ya grandes, les gusta escuchar sus cuentos, sus historias, y a mí esos relatos me alegran el alma, me ayudan a nunca olvidar que a pesar de ser una víctima directa de esta guerra que mató parte de mi vida, soy una víctima privilegiada porque puede reconstruirla y tuve la suerte de contar con el mejor papá, el mejor amigo que nadie pueda tener en el mundo entero. Hasta pronto papá.
Por Horacio Serpa.-Aprendí a escribir en una Olivetti vieja que era el único patrimonio de mi papá, tinterillo de profesión. De entonces para acá nunca he dejado de mover los dedos. Se los cuento porque hace 8 días no escribo y me resultó extrañó abrir el computador para contarles un tema que en los tres últimos años he tocado un par de veces para hablarles de mis dolencias.
En líneas generales he sido de buena salud. Claro, teniendo en cuenta algunas cosas raras como que tengo una rodilla de titanio y que me dio zica. Pero ahí iba jineteando en la política, cuando en diciembre de 2013, comenzando mi enésima batalla electoral, me dio un infarto en un bello pueblito de Guanenta. Me salvaron en el Hospital de El Socorro y en la magnífica Clínica Cardio-vascular, donde me colocaron el primer stent.
Luego del susto averigüé que era eso y por qué, y supe que sufro, quien sabe desde cuándo, una enfermedad que se llama arterioesclerosis, que padecen muchas personas, sin saberlo. Le dicen la enfermedad silenciosa. Consiste en que las arterias se endurecen y se tapan. Estando así no entra sangre al corazón. Con el stent abren la arteria y pasa sangre. Me acordé de mi amigo el exministro Alfonso Gómez Gómez, quien decía que “la edad del hombre es la edad de sus arterias”.
La enfermedad se puede tratar con medicamentos, alimentándome sano y haciendo rehabilitación cardíaca. A eso me dediqué con la bella atención de Rosita, hijos y amigos. Pero hace tres meses sentí unas molestias y de urgencia me atendieron con excelencia en la Clínica Country. Las tres arterias coronarias estaban tapadas y me pusieron cuatro stent.
Hace ocho días me atendieron de maravilla en la Clínica Santa Fe, para un tercer cateterismo y el panorama no fue alentador. Obligaba cirugía de corazón abierto, inmediatamente. No les cuento de pensamientos y temores, pero les digo que estos gratos profesionales me pusieron tres puentes en el corazón y, como los otros, me salvaron la vida, en esta ocasión en una situación crítica. Pero falta la recuperación. Si no la hago, no habrá buenos resultados.
Los médicos me orientan a que abandone toda labor diferente a curarme, por lo menos durante un mes. Las veces anteriores no lo hice, mea culpa. En palabras de amigos, me toca bajarme del caballo.
Se los pido “de todo corazón”. Un mes completo, sin excepciones, sin llamadas, sin escritos, sin internet, sin artículos, sin documentos, sin Directorio, sin giras, sin clases, sin gestiones, sin desayunos de trabajo, sin redes, sin réplicas ni debates, sin visitas, sin viajes, sin conferencias ni entrevistas. No creo que sea mucho.
Alcanzaré a reintegrarme para estar con la paz. Más de 5 veces he quedado como “las novias de Barranca”, pero esta si es. Ahí voy a estar y con esa dichosa reconciliación en la que todas y todos vamos a abrazarnos sin odios, para por fin comenzar gozar una Colombia diferente.
Por Mauricio Cabrera Galvis.-¿Qué tienen en común el Plebiscito por la Paz, la votación sobre la salida de Inglaterra de la Unión Europea (el Brexit) y la candidatura de Trump a la presidencia de Estados Unidos? Dos elementos: que son decisiones fundamentales para el futuro de un país que se definen por mayorías y, que las campañas están plagadas de mentiras y engaños.
La voz de la mayoría es la regla de oro de la democracia, pero tiene un grave riesgo porque la mayoría no tiene siempre la razón. Son muchos los ejemplos históricos de las equivocaciones que han cometido las mayorías, como cuando prefirieron a Barrabás en lugar de Jesús o como cuando eligieron a Hitler. Los casos más recientes son el Brexit y la nominación de Trump como candidato del partido republicano. En ambos casos un grupo de votantes se ha arrepentido después.
El riesgo radica en que las mayorías pueden ser manipuladas mediante el engaño y la mentira, apelando a los instintos más primarios y tribales, despertando miedos ancestrales.
Un mensaje que circula en las redes ilustra este riesgo: en una supuesta entrevista en 1998 a la revista People, Trump habría dicho: “Si alguna vez decido ser candidato a la presidencia lo haría por el partido Republicano. Ellos son el más estúpido grupo de votantes en el país. Ellos creen cualquier cosa que les diga Fox News. Yo podría decir todas las mentiras y ellos se las creerían. Yo apuesto que ganaría”. Parece que la entrevista es falsa, pero el mundo tiembla ante la posibilidad de que esto se haga realidad.
El riesgo es mucho más grave porque frente a una mentira muchas veces repetida y aceptada por un grupo, no hay argumento que valga; ni con hechos que contradigan la mentira es posible convencer a quien ya la ha aceptado como verdad. No es asunto de ideologías sino de psicología de masas
Si eso es lo que está pasando con los colombianos que creen contra toda evidencia en que los acuerdos de La Habana son una entrega al castrochavismo, que van a acabar la democracia, el capitalismo y la propiedad privada en el país, hay que repensar con cuidado la estrategia de los partidarios del SI, para que en el Plebiscito no triunfe el No, y nos arrepintamos después como con el Brexit o con la nominación de Trump.
Por Claudia López.-Tras 2 años en el Congreso, al fin el miércoles logramos materializar nuestra primera ley ambiental: La Ley Pro bici que da incentivos en tiempo y descuentos para los ciudadanos que usen la bicicleta como medio de transporte y la obligación de ofrecer infraestructura, señalización y parqueaderos seguros para los biciusuarios.
No es fácil tramitar una ley en el Congreso, menos ahora que el debate público está copado por el proceso de paz con las Farc. Sin embargo, más allá de la desmovilización de esa guerrilla, es necesario consolidar un posconflicto con una economía política distinta y oportunidades de integración regional y social.
Por eso esta semana radicamos un paquete de 4 proyectos de Ley para fortalecer la planeación ambiental, el desarrollo sostenible y la participación ciudadana en la definición de grandes megaproyectos. El Gobierno no puede seguir comportándose como un colonizador que llega a los territorios a depredar sin consultarle a la comunidad ni a las autoridades locales. Por esa razón presentamos una propuesta de concertación entre las autoridades mineras y petroleras con el alcalde, para delimitar y declarar zonas en las que se habilita la exploración y explotación minera en su territorio desde la formulación del POT.
Así mismo proponemos reestablecer la licencia para exploración y garantizar la participación de la ciudadanía en el licenciamiento de grandes megaproyectos mineros y de hidrocarburos. Este requisito no solo lo demandan los ambientalistas, sino que hace parte de las recomendaciones de la OCDE, el club de países desarrollados al que quiere pertenecer Colombia. Así no se repetirán casos como la posibilidad de exploración petrolera en Caño Cristales.
Otra propuesta está dirigida a pagar la deuda de los colombianos urbanos con los que viven en zonas que nos proveen agua y oxígeno. También regulamos los pagos por servicios ambientales que prestan los privados en sus predios. Con estos ingresos podrían apalancar posibilidades de desarrollo sostenible. Estos son los proyectos que la Colombia en paz necesita para cambiar la economía política de la guerra que consiste en destruir por una economía con desarrollo sostenible y oportunidades para todos.
Por Juan Fernando Londoño.-Tiene razón la revista Semana al señalar en su actual edición que por primera vez parece real la posibilidad de que se tramite un Estatuto para la Oposición. El compromiso contenido en los Acuerdos de La Habana al respecto llega en un buen momento para su trámite por importantes razones adicionales al contenido en el punto dos.
En primer lugar, todos los partidos políticos coinciden en su importancia, y por primera vez todos creen que es en su propio beneficio blindarse en caso de que no hagan parte del gobierno de 2018. En la actual coyuntura, la incertidumbre electoral sobre las nuevas elecciones es enorme, en parte por que nadie sabe como cambiará el sistema de partidos con el ingreso de las FARC a la política. Y adicionalmente, porque se tramitarán cambios en el sistema electoral y de partidos que pueden generar grandes impactos en las dinámicas de los partidos, para mencionar dos ejemplos: las circunscripciones especiales de paz y la posible aparición de partidos regionales.
En cuanto a la carrera presidencial, aunque el Vicepresidente Germán Vargas Lleras arranca como favorito, la evolución y resultado final de la campaña dependerá de las alianzas que se establezcan para la segunda vuelta y de cual será el tema que definirá la elección en un país sin conflicto armado, pero todavía con grandes retos en materia de seguridad.
El último elemento que favorece la aprobación del Estatuto de Oposición es la fragmentación y el multipartidismo que se expresa en grandes contradicciones entre las dinámicas nacionales y las regionales. En muchos sitios, los partidos que son socios en el congreso actúan como acérrimos enemigos en Asambleas y concejos.
La situación de incertidumbre es total, y esto crea un escenario donde cada cual considera que es mejor protegerse, no sea que en el próximo gobierno le toque el turno de ser oposición. Esta es la razón principal que permitirá por fin tener un Estatuto de esta naturaleza.
El problema es que las garantías de la oposición no alcanzan a ser contenidas ni desarrolladas plenamente en una ley estatutaria, sino que tienen que permear el conjunto de las instituciones políticas y electorales. Un ejemplo muy claro es la conformación del Consejo Nacional Electoral, pues su actual diseño no garantiza que la oposición alcance escaños en el mismo y tal como ocurrió en el periodo anterior puede quedarse sin voceros debido al mecanismo de elección en el Congreso. ¿Pueden funcionar las garantías para los opositores sin que el órgano electoral los proteja? Sin duda que no, pero un asunto como ese va más allá de la ley estatutaria y concierne las provisiones constitucionales. Ahora bien, es posible que la actual organización electoral también sea modificada, pero en cualquier caso, uno de los criterios fundamentales es que la misma no puede estar al servicio exclusivo de las mayorías.
Un segundo ejemplo tiene que ver con el financiamiento político. En la Colombia actual la principal fuente de financiación (y corrupción) es la contratación pública. Quien accede a los contratos accede a recursos intermediados por los contratistas y goza de ventajas evidentes para hacerse elegir. En este escenario, la oposición está condenada a competir en inferioridad de condiciones con respecto a quienes están en el gobierno y el objetivo de las garantías para la oposición no es que permanezcan eternamente en la crítica, sino que sean alternativa real de poder y se logre así la alternancia que caracteriza las verdaderas democracias. Por lo tanto, sin una modificación real de la estructura del financiamiento político el estatuto de la oposición solo tendrá efectos marginales pero no sustantivos para el equilibrio democrático. Esto tampoco puede ser desarrollado en el estatuto de oposición.
Como consecuencia de esta perspectiva más amplia sobre el papel de la oposición en la democracia que viene, lo que se requiere es un gran pacto político para que las garantías para el ejercicio de la oposición (y su futura transformación en gobierno) hagan parte del conjunto de reformas políticas y electorales que se tramitarán. El estatuto de la oposición es una herramienta central para fortalecer la controversia y el control político, pero construir un sistema pluralista y equitativo requiere ir más allá.
Por Amylkar Acosta M.- Según lo denunció el cronista deportivo Iván Mejía, esta semana se jugó un partido entre el DIM y el Valledupar Futbol Club en la capital del Cesar y en lugar de los 90 minutos reglamentarios se tomó más de 3 horas por cuenta de 4 apagones en el Estadio Armando Maestre Pavajeau, los cuales obligaron a interrumpir esas mismas veces el juego en la cancha. Hechos como estos se repiten a diario, hospitales, hoteles y restaurantes se abocados constantemente a esta contingencia de los cortes intempestivos, amén de las fluctuaciones de voltaje que estropean y dañan los equipos y electrodomésticos.
Lo más grave, además de la recurrencia, de esta anomalía es que la tendencia es a su agravamiento. Según Encuesta reciente sobre Calidad de vida del Programa Barranquilla cómo vamos, la satisfacción por el servicio de electricidad prestado por ELECTRICARIBE descendió del 77% en el 2009 al 40% (¡!) en el 2015. El promedio de horas de cortes de energía en los hogares en la región Caribe se elevó a las 90 horas/año (¡!), doblando el promedio nacional que ronda las 45.5 horas/año. Esto es una barbaridad!
Recién elegidos los gobernadores del Caribe se dieron cita el 17 de noviembre pasado en Barranquilla para exhortar al propio Presidente de la República Juan Manuel Santos para que se le buscara una solución urgente. En efecto, el Presidente Santos atendió sus súplicas y presidió una Cumbre energética el 14 de enero en Barranquilla y de allí salieron varias decisiones, que sólo han sido cumplidas a medias. Es como si estuviéramos en la época de la Colonia, cuando las leyes de Indias que promulgaba la Corona se obedecían pero no se cumplían.
Ahora bien, el Gobierno Nacional procedió a abrir las convocatorias y a adjudicar los proyectos correspondientes a subestaciones, compensadores, transformadores y redes del STN y del STR del Plan5Caribe. Es decir la Nación ha venido cumpliendo con lo suyo. No así ELECTRICARIBE, que tiene la responsabilidad de hacer las inversiones correspondientes a las redes del STL. Nos veremos, entonces, enfrentados a una situación muy delicada: se podrán concluir las obras ya contratadas a través de la UPME, pero no se podrá lograr el cometido de mejorar la calidad de la prestación del servicio por el “corto circuito” que significa no disponer de las redes a las cuales se conectan los usuarios finales.
Pero la situación ha pasado de castaño a obscuro porque ELECTRICARIBE no sólo no ejecuta los proyectos a los que está obligada, alegando que no cuenta con los recursos para hacerlo, sino que tampoco es capaz de ejecutar los recursos provenientes del fondo PRONE, para la normalización de redes, que le transfiere el Ministerio de Minas y Energía. Lo delata la Contraloría General de la República al hacer público su hallazgo de un presunto detrimento patrimonial del orden de los $65.733 millones, girados para la normalización de redes por parte del Ministerio pero no invertidos. Con ello se demuestra que la incapacidad de ELECTRICARIBE para ejecutar los proyectos no es sólo atribuible al problema de “flujo de caja” que alega.
Lo peor está por venir y si no nos avispamos los 7 departamentos de la región Caribe a los cuales sirve están ante el riesgo inminente de un apagón general. Y no es para menos, la deuda de ELECTRICARIBE con los bancos se aproxima a los $2 billones y el vencimiento de la misma se concentra, en más de un 70%, en los años 2016 y 2017. Y, según ha trascendido, ELECTRICARIBE puede estar en el próximo mes de agosto ante la imposibilidad de servir su deuda y ante el impago de la misma esta podría bloquear los créditos a la empresa y esta a su vez se quedaría sin con qué pagar la factura de la energía que compra. Si se llega a materializarse este evento, inmediatamente XM, que es el operador del Sistema, procedería a ordenar la limitación de suministro y los generadores, que son sus acreedores podrían hacer efectivas las garantías.
A los problemas anteriores se viene a sumar un problema que a estas alturas se torna insalvable y es la pésima reputación de ELECTRICARIBE entre sus usuarios y entre las autoridades, lo cual ha llevado a estas a plantear como única salida un cambio de operador. Con tal fin le planteamos a los gobernadores de la región Caribe y fue acogida por parte de ellos la propuesta para estructurar a través de una Banca de inversión un nuevo esquema de un gestor – operador de la red que hoy opera ELECTRICARIBE. Esta propuesta le fue presentada el 27 de mayo al Ministro de Minas y Energía y dos meses después sólo hemos recibido la callada por respuesta. Mientras tanto, como dice el adagio popular, el que espera se desespera y estamos hablando de 2´600.000 usuarios y más de 10 millones de estoicos residentes afectados. Y tanto va el agua al cántaro hasta que al final se rompe!
Bogotá, julio 30 de 2016
www.fnd.org.co
Por Jorge Enrique Robledo.-En medio de uno de los mayores escándalos de la historia de Colombia, en 2011, la Contraloría sancionó a Saludcoop por la apropiación ilegal de 1,4 billones de pesos. Pero el Fiscal (e) Jorge Perdomo acaba de decir que la Fiscalía no ha acusado a nadie porque “se habla mucho de una gran situación de corrupción pero las pruebas no existen”. Agrega que el liquidador de la EPS reduce lo perdido al seis por ciento de los 1,4 billones y que Saludcoop –pobrecilla–, según el exsupersalud Gustavo Morales, fue víctima de funcionarios de la Contraloría. Y concluye que los temas legales de la salud “son muy discutidos” (http://bit.ly/2atxGC2). Mucho me temo que concluya –con el respaldo del Ministerio de Salud, por razones que se verán– que las tales corruptelas de Saludcoop no existieron.
De entrada, la teoría de la conspiración de la Contraloría se cae porque, en 2004, la Superintendencia de Salud sancionó a Saludcoop por la apropiación ilegal de 195 mil millones de pesos, sanción que en 2010 y por las mismas razones elevó a 627 mil millones, al llevar los análisis hasta 2008. Y porque esta fue respaldada por sendas decisiones del Tribunal Administrativo de Cundinamarca y el Consejo de Estado, a pesar de que el primer supersalud santista, Conrado Gómez, intentó revocarla. Y naufraga porque la sanción de la Contraloría por 1,4 billones de pesos –por el desfalco entre 1998 y 2010– se apoya en la misma línea argumental de ilegalidad, de manera de calcular la defraudación y de resarcirla, que usó la Superintendencia de Salud (http://bit.ly/2alhykf).
También contradice a la Fiscalía que estas no sean las únicas sanciones y denuncias contra Saludcoop. La Procuraduría inhabilitó a Carlos Palacino por estafa y por el incremento injustificado de su patrimonio. La Superintendencia de Industria la condenó por crear un “cartel” con otras EPS –el calificativo es de la Superindustria– para, entre otros delitos, pagarse dos veces por el mismo servicio, con la plata de la UPC y con la del Fosyga (http://bit.ly/2armzeR). En la Fiscalía tampoco avanza el caso en el que esta EPS le robó al Fosyga 27 mil millones de pesos al cobrarle por lo que no había gastado, mediante el truco de girar 8.021 cheques que nunca se hicieron efectivos (http://bit.ly/2a5cAHL). Ni en el otro de 2009 en el que el Grupo Saludcoop –con Cruz Blanca EPS y Cafesalud EPS– infló en 825 mil millones de pesos sus gastos en medicamentos, según los análisis del CID de la Universidad Nacional de Colombia (http://bit.ly/2aeP2RE).
Para agravar esta historia, con el conocimiento del ministro Alejandro Gaviria y del Superintendente de Salud Gustavo Morales, los interventores del gobierno en Saludcoop, incluido Guillermo Grosso, siguieron tomando el mismo tipo de decisiones ilegales sancionadas y prohibidas por la Supersalud y la Contraloría, de manera que entre 2011 y 2013 pasaron al patrimonio de la EPS 708 mil millones de pesos de la plata de la salud de los colombianos, mientras que sus usuarios –hoy en el desastre de Cafesalud– padecen y mueren por males que la medicina sabe curar.
El gran monumento a la impunidad que puede estarse erigiendo nos da la razón a quienes reclamamos cuando Juan Manuel Santos se atrevió a convertir en Fiscal a Eduardo Montealegre, que venía de tener contratos con Saludcoop por 2.746 millones de pesos, y por los fuertes vínculos de Enrique Vargas Lleras con dicha EPS, al ser abogado defensor de Palacino en el Cartel de la Salud y miembro de la junta directiva de Cafesalud prepagada. Y porque en 2004 Montealegre produjo un concepto contratado por Saludcoop que sostiene que la plata de la salud puede pasarse al patrimonio de las EPS, para que estas se la gasten, literalmente, en lo que se les dé la gana, en Colombia o en el exterior. Tan insostenible es su doctrina –que podría llamarse Montealegre-Palacino-Perdomo-Gaviria–, que la rechazaron la Supersalud, el Tribunal Superior de Cundinamarca, el Consejo de Estado, la Contraloría y la Procuraduría. De paso, fracasó el cuento de que el fiscal ad hoc de esta historia efectivamente reemplazaría al Fiscal en propiedad.
¿Cómo actuará en este proceso el Fiscal Néstor Humberto Martínez? Toca esperar por sus actos. Pero no hay que hacerse ilusiones, pues en las ilegalidades de la Altillanura respaldó a Carlos Urrutia y a sus abogados “sofisticados”, los cuales, como en Saludcoop, interpretaron la ley torciéndole el pescuezo. Ojalá la opinión pública y siquiera una parte de quienes le forman su pensamiento salgan en defensa de los recursos de la salud de los colombianos. En lo que a mí respecta, no guardaré silencio y espero poder debatir este horror en el Senado.
Bogotá, 29 de julio de 2016.
Por Jairo Gómez.-Varios acontecimientos plasmados en consultas y elecciones en el contexto internacional han puesto a prueba el sistema político que hoy se defiende en el mundo occidental como alternativa para gobernar: la democracia.
Dos convocatorias a votar ya han concurrido a las urnas, una en España y la otra en el Reino Unido, y dos de ellas, la elección presidencial en los Estados Unidos y el plebiscito por la paz en Colombia, están por venir.
Esos acontecimientos electorales tienen, a pesar de la distancia, un común denominador: el uso del miedo por ciertas campañas como alternativa para direccionar el voto de los ciudadanos. Se quiere, con el discurso del miedo, desplazar la racionalidad, la sensatez y la necesidad del cambio, tan necesarios para el correcto funcionamiento de la democracia.
Vamos por partes: ante el surgimiento inesperado en las encuestas del movimiento de izquierdas Unidos-Podemos, los partidos tradicionales –Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español, incluido el recién creado Ciudadanos, de centro derecha- optaron por la estrategia de inculcar el miedo a los españoles ante el inminente triunfo de la formación de Pablo Iglesias. Los argumentos fueron Venezuela y Grecia: no dudaron en extrapolar sus crisis internas para desvirtuar la arremetida electoral del novel movimiento de izquierdas.
Por el lado del Reino Unido, el Primer Ministro David Cameron, culpable de haber cometido una gran torpeza política, y los defensores de la permanencia en la Unión Europea sucumbieron en las urnas en gran medida por el uso amplio y efectivo que la campaña por el Brexit hizo del miedo. El miedo a los compromisos financieros europeos representados en las erogaciones mensuales necesarias para permanecer en la Unión, calculadas en 350 millones de libras esterlinas; el miedo a la política europea y a la pérdida de autonomía de los entes judiciales ante las decisiones de Bruselas; etc.
Y es que el miedo, como estrategia política, se está moviendo por el mundo como un fantasma y es un gran aliado para múltiples campañas.
En la convención del Partido Republicano la presencia fantasmal llegó de la mano de los discursos de los representantes de esa formación, y el hoy candidato oficial a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, lo capitalizó. De la hora y 17 minutos que duró su discurso, 60 fueron específicamente premeditados para que los estadounidenses sintieran miedo de su propio país.
Su estrategia de seguridad basada en la “ley y el orden” la atizó con los ataques terroristas y la inseguridad en las calles. Avivó su visión apocalíptica con la imagen del muro en la frontera con México como solución indispensable al problema migratorio, y remató con la promesa de defender la segunda enmienda de la constitución para que los ciudadanos nunca se sientan desprotegidos ante los enemigos del Estado norteamericano.
Y ese fantasma también está haciendo presencia en Colombia. Ahora que la Corte Constitucional avaló el Plebiscito para que sea el pueblo quien apruebe los acuerdos de paz, le llegó el turno del miedo a nuestro país.
El expresidente y hoy senador Álvaro Uribe, buceando en los odios y rencores contra Santos y sus archienemigas FARC, se propone adelantar una campaña contra los acuerdos de paz metiéndole miedo a la gente, y para ello recurre a los mejores aliados del miedo: la mentira y la desinformación.
Con un discurso lleno de disparates, el expresidente se sostiene en la impunidad, la entrega del país al “castro-chavismo” y una negociación que conduce a un modelo económico y político cercano a los postulados comunistas. Esos disparates sólo tienen sentido político cuando incorpora el miedo como estrategia.
Hoy la paz nos sonríe. Luego de muchos intentos el país se encamina hacia la reconciliación. Lo importante, ahora, es oponer palabras claras a las confusiones que generan la mentira y la desinformación. ¡Mucha pedagogía, señores del gobierno!
Por Amylkar Acosta M.- Desde mediados del año pasado a la preocupación de la Junta directiva del Banco Emisor por la devaluación galopante que acusaba el peso colombiano frente a la divisa americana se vinieron a sumar los brotes inflacionarios. Como es bien sabido la Constitución de 1991, que ahora cumple 25 años, le atribuyó al Banco de la República la política cambiaria y la política monetaria y esta última debe de estar encaminada a preservar el poder adquisitivo de la moneda. Con tal fin la Junta se impuso como meta alcanzar una Inflación – objetivo cada año, metiendo en cintura el índice de precios al consumidor (IPC) y a fe que lo logró. En todo caso, el éxito del Banco al mantener a raya la inflación fue uno de los pocos factores que contribuyeron a mejorar la competitividad de la economía colombiana, sobre todo porque el mismo sirvió de ancla de la estabilidad macroeconómica.
Son varios los factores que vienen gravitando sobre el comportamiento de los precios internos en Colombia. Podrían resumirse en dos fundamentales: el fenómeno de el Niño, que ha afectado enormemente los precios de los alimentos, que tienen un peso del 28.2% en la canasta familiar y ya acumula una inflación del 14.3%. Adicionalmente se afectaron también los precios de la energía y el gas, a consecuencia de la sequía. A ello se ha venido a añadir tanto el paro agrario reciente como el paro camionero y ahora se avizora el fenómeno de la Niña, cuyo ocurrencia podría darse en el último trimestre de este año.
De otra parte, tenemos la devaluación del peso frente al dólar (15 – 20%), la cual se ha traducido en un incremento de los precios de los bienes transables y de los insumos importados y de contera, por el efecto contagio se transmite vía precios a los no transables, así como a los precios y tarifas de los bienes y servicios regulados. Y, para rematar, muchos precios y tarifas (arriendos, servicios de educación y salud, entre otros), amén del salario mínimo, están atados al IPC y por lo tanto se ven arrastrados al alza debido a la indexación de los mismos.
La inflación se trepó al cierre de junio al 8.6% anual, la inflación más alta en lo corrido de este siglo; en menos de un año se triplicó, superando con creces el límite del rango meta del 2 – 4%. La inflación, entonces, se convirtió de la noche a la mañana en la mayor amenaza para la estabilidad macroeconómica del país, que le resta competitividad al tiempo que erosiona la confianza tanto de los consumidores, los industriales y los inversionistas. La tasa de interés de intervención ha subido desde 4.5% a 7.5%, postura monetaria esta que todavía luce expansiva en la medida que la tasa de interés real sigue siendo negativa.
Con sobrada razón el experto analista económico Mauricio Cabrera cuestiona las decisiones de la Junta directiva del Banco, porque sabiendo que “la inflación es de costos y no de exceso de demanda, se empeñan en subir las tasas de interés, que es un instrumento que sólo sirve para frenar el consumo y la inversión, es decir disminuir la demanda”. Y añade, “por qué aceptar el costo de frenar el crecimiento y aumentar el desempleo en aras de contener una inflación” que el propio banco atribuye a factores transitorios, como lo son el fenómeno del Niño y la devaluación. Remembranzas del poema del Maestro Valencia, este es el típico caso en el que “se sacrifica un mundo para pulir un verso”.
Pero, la Junta no puede perder de vista que, como lo sentenció la Corte Constitucional en su oportunidad, justamente en el filo de la gran crisis de la economía colombiana, que “la finalidad del Banco de la República no es exclusivamente luchar contra la inflación. Esa es la función básica del Banco, pero la Junta no puede ser indiferente a los otros objetivos económicos, pues sus decisiones deben coordinarse con la política económica general y desarrollar el contenido social del Estado colombiano…La Junta no puede ser indiferente a los otros objetivos del desarrollo económico y social previstos por la Carta”. Así de sencillo y claro!
Barranquilla, julio 23 de 2016
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