Opinión
Por Mauricio Cabrera Galvis.-¿Cómo explicar que a la industria le esté yendo bien –la producción creció 6,6% en junio– mientras que al comercio le va mal –las ventas disminuyeron 0,7% en el mismo mes–?
Una primera explicación es que en cada sector hay ramas que distorsionan el resultado total. En la industria es la refinación de combustibles, que con la entrada de Reficar creció 27%, la que empuja la dinámica del sector. Sin embargo, aun excluyendo este renglón, es positivo el comportamiento del resto de la producción manufacturera, que aumentó 2,8%.
En el comercio minorista son las ventas de automóviles las que más inciden en el deterioro sectorial, pues cayeron 6,8%. Hay otros grupos que también decrecen, como productos de aseo, electrodomésticos y utensilios del hogar, pero el total de las ventas del comercio sin vehículos si bien no se raja, apenas pasa raspando con un mínimo crecimiento de 0,3%.
Una posible explicación sería que estuvieran aumentando mucho las ventas de productos industriales al exterior, de manera que se compensara la caída de las ventas domésticas. Desafortunadamente esto no está sucediendo. En junio las exportaciones de manufacturas cayeron 6,5% en volumen, y como además los precios internacionales siguen a la baja, el valor de dichas exportaciones cayó 21,5%.
La explicación verdadera hay que buscarla en lo que los economistas llaman el “desplazamiento de la demanda”, producido en este caso por la devaluación del peso: en conjunto, los colombianos están comprando menos, pero también están haciendo un importante cambio en su canasta, reduciendo las compras de bienes importados, que se han encarecido, y aumentando las de productos de la industria nacional.
Los exportadores quebrados y los mercados perdidos durante años de revaluación no se recuperan de la noche a la mañana, y menos en un contexto internacional de baja demanda y con las grandes dificultades de los mercados de nuestros vecinos Ecuador y Venezuela. Pero ¡ojo! No se puede bajar la guardia y permitir que vuelva a bajar el precio del dólar, como está sucediendo, porque se perdería todo el esfuerzo de recuperación.
Por Claudia López.- De todo queda un saldo a favor. Pocas veces los padres habían estado más interesados en conocer los manuales de convivencia. Pocas veces los que dicen respetar habían demostrado más francamente su intolerancia: enfermos, desviados, depravados, anormales, le gritaron a la Ministra y a los homosexuales en general. Que rija la Biblia y no la Constitución, dijeron también. El oportunismo politiquero fue, en cambio, el mismo de siempre: firme contra Santos, vote No a la Paz, abajo el gobierno. Los promotores religiosos y políticos marcharon por el diezmo y el voto de los padres; los niños y la familia no son más que sus anzuelos.
Es la primera vez que una mujer joven, profesional, y también católica y lesbiana, que no lo niega ni se avergüenza de serlo, es Ministra de Educación. Puedo entender por qué eso atemoriza a miles de padres y les genera dudas sobre si eso tendrá alguna influencia negativa en sus hijos. Aunque la evidencia científica confirma que ni siquiera la orientación sexual de los padres tiene una influencia negativa en los niños (¡mucho menos la de una Ministra!), esa prevención es una realidad cultural y política legítima que requiere reconocer los mutuos prejuicios, no desconocerlos. Por eso la Ministra está obligada a tener un diálogo más amplio, más franco, con todos los sectores, especialmente con aquellos en los que genera más resistencias.
En 2008 el Presidente Uribe, su Ministra (igualmente capaz, pero no lesbiana) y UNFPA difundieron cartillas de educación sexual y ciudadana. Nadie marchó ni tergiversó el concepto de identidad de género en “ideología de genero”, ni fundió los más de 10 tipos de familias que existen en una sola que “va a ser destruida”. Las cartillas del gobierno Uribe desarrollan los mismos conceptos que las de este año, por lo que recomiendo a la Ministra reimprimirlas y usarlas. Al fin y al cabo la orden de la Corte Constitucional es revisar los manuales de los colegios, no las cartillas del Ministerio, para evitar el matoneo por discriminación, en particular por orientación sexual, dado que la orden es producto de una tutela en defensa de un joven gay que se suicidó por discriminación de las directivas de su colegio.
Es para que nunca nadie tenga que matarse por ser discriminado. Ni vivir en la humillación del matoneo, ni ser excluido y denigrado por ser una minoría que nuestra Constitución nos garantiza a todos ser reconocidos y tratados como iguales ante la Ley y el Estado.
Por Iván Diaz Mateus.-En el diario intercambio de ideas, opiniones e inquietudes sobre los acontecimientos nacionales con líderes y simpatizantes de nuestro Partido, hemos escuchado de manera reiterada esta pregunta: ¿Frente a la convocatoria del plebiscito sobre los acuerdos con las Farc, que debemos hacer los Conservadores?
Lo primero que tendríamos que decir es que los Conservadores somos amigos de la paz, no en vano nuestros máximos exponentes en los últimos tiempos los presidentes Belisario Betancourt y Andrés Pastrana arriesgaron todo su capital político buscando una solución negociada. Belisario logró una tregua y a través de la Comisión de Paz adelantó esfuerzos que no resultaron en nada, y Pastrana se la jugó con el despeje de cinco Municipios solicitados por las FARC, tuvo que soportar el desplante de Marulanda que dejó la silla vacía en el Caguán, y no consiguió un final afortunado. Los dos sufrieron despiadadas críticas y pagaron un alto costo por sus intentos a pesar de su buena fe.
Indudablemente los Conservadores nos inclinamos por el orden y nos llama la atención un estado fuerte, que ejerza la autoridad con legitimidad y coherencia. La aplicación de la Ley para defender el derecho propio y los ajenos nos identifica de manera fiel, a veces nos cuesta trabajo ver que se conceden beneficios o ventajas a quienes la han infringido, por el motivo que sea, y somos proclives a considerar una claudicación en cualquier acuerdo que ceda en justicia, propiedad, derechos políticos, etc. Más nuestra formación católica no nos aleja del perdón y la tolerancia, y nuestro sentido humanista nos hace creer en la posibilidad de una nación libre y democrática regida sólo por la libertad y el respeto a los demás, un país sin violencia como medio de imponer nuestras convicciones.
Contrario a los que muchos piensan la defensa a ultranza de la familia como núcleo esencial de la sociedad no es un capricho anticuado ni una actitud homofóbica, sino una forma de acentuar en la necesidad de que esa familia sea el pilar de la educación, el progreso y la formación de hombres de bien. Solo nos oponemos a toda conducta o circunstancia que atente contra esos postulados. La misma convicción nos hace pensar en los niños y jóvenes en la guerra, las viudas y huérfanos que esta causa, y el desmembramiento que el secuestro, el asesinato, el desplazamiento, acarrean sobre el núcleo familiar. Todo ello, desde el punto de vista conservador, no es algo conveniente ni mucho menos propio del mundo civilizado.
El respeto a la propiedad ha sido uno de los bastiones ideológicos del conservatismo, más no vemos con buenos ojos la acumulación ilimitada de bienes en cabeza de una sola persona o un grupo determinado de personas. La hemos defendido basados en la certeza de que el hombre y la mujer derivan de ella, sea pequeña o grande, la tranquilidad de proveerse lo que dignamente es necesario para llevar una vida decorosa sin que la necesidad les imponga humillaciones. Así, nos agrada la función social de la riqueza y que a través de la intervención del estado se distribuyan sus beneficios. Reivindicar la importancia de una oportunidad económica para todos no es un asunto esencialmente comunista o socialista, es también conservador, solo que preferimos que se lleve a cabo en paz y sin que “el fin justifique los medios”.
En próxima oportunidad queremos referirnos a otros aspectos de nuestra ideología, los interrogantes del proceso de paz, la sustancia de los acuerdos, y el pronunciamiento de la Corte Constitucional. Gracias a la generosidad de nuestro director, desde este espacio esperamos contribuir al debate sobre lo que debemos hacer los Conservadores.
Twitter: @idiazmateus
Por Gabriel Ortiz.-Se trata de revivir una contienda que existió años anteriores a la iniciación de esta guerra que armaron los grupos guerrilleros, con los que hoy se está poniendo fin a una confrontación de medio siglo.
No se han silenciado los fusiles, ni disipado los olores a pólvora y sangre, cuando aparecen las plañideras de la guerra, que con el más vulgar y procaz vocabulario, infestan y rellenan medios y redes sociales para impedir que una nación logre salir de la ruta del desastre.
La “hora de los payasos” tiene un límite. En Estados Unidos, por ejemplo, en donde Trump, con la misma cartilla del uribismo, Joseph Goebbells y el fascismo, logró en un principio aglutinar febriles, cándidos y aturdidos seguidores, los va perdiendo en la medida en que se descubren sus engaños y confusos propósitos.
Esa hora también se derrumba en Colombia. El vigoroso tic tac, despeja la enrarecida bruma de mentiras y mala fe, con las que se pescaba incautos para llevarlos hacia la continuidad de una guerra sin fin, con la que sus promotores buscan riqueza, prebendas y poder.
Vemos como las cosas se atemperan y se impone un clima de tranquilidad, basado en el perdón, cese al fuego, dejación de armas, reconciliación, no repetición, justicia, reparación, devolución de tierras y plena democracia. Ahí radica el gran temor de los enemigos del Plebiscito y de la paz.
Grave sí, la manipulación de encuestas, medios y redes sociales.
Imperdonable la metodología de los encuestadores, como la denunciada por el colega Daniel Coronell. Oprobiosa la lluvia de improperios, y el insolente y procaz vocabulario, que utilizan grupos o células de uribistas para atiborrar las redes sociales con mensajes idénticos, enviados a diferentes correos, para engañar a la gente y hacerla creer que hay enjambres de enemigos de la paz.
La memoria es flaca e impide recordar cómo Pastrana despejó kilómetros, que entregó a Tirofijo, sin plebiscito ni consulta; la bendición de Uribe a los paras, y las promesas de lo divino y lo humano a las Farc, sin pedir permiso a nadie. Estos personajes no admiten que su hora terminó y, que sus plañideras no podrán cambiar el rumbo de nuestra historia. La alternativa es: ¡Paz o guerra!
BLANCO: La excelente presentación de nuestros deportistas en Rio.
NEGRO: ¿Quién pagará la indemnización a Piedad Cordoba, el Procurador que se extralimitó, o los pobres contribuyentes colombianos?
Por Diego Alejandro González.- La doble instancia es un principio de rango constitucional que establece una garantía contra la arbitrariedad de las decisiones judiciales y abre la posibilidad de corregir errores que el fallador adopte en una decisión.
Por ello, se convierte en una garantía indispensable en el Estado Social de Derecho, como mecanismo principal, idóneo y eficaz para corregir inexactitudes en las que pueda incurrir una autoridad pública.
Según la normativa supranacional, como la Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) y el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), la Doble Instancia favorece al inculpado, para así proteger sus derechos, obteniendo otra oportunidad para ejercer su defensa y pedir que se revise el fallo, como resultado de un juicio justo y conforme a la ley.
En la Sentencia C-792 del 2014, la Corte Constitucional de Colombia, en este sentido, no solo exhortó al Congreso para que regulara integralmente el derecho a impugnar todas las sentencias condenatorias, sino también estableció que, de no hacerlo, a partir del vencimiento de ese término, procede la impugnación de tales fallos ante un superior jerárquico o funcional de quien impuso la condena.
Recientemente, ese tribunal aclaró que el derecho aplica para los aforados, aunque no tiene efectos retroactivos para condenas previas al 25 de abril del 2016.
Sin embargo, persiste un vacío que desconoce los derechos de los funcionarios que ostentan fuero constitucional, toda vez que cualquier proceso penal en su contra lo decide en única instancia la Sala Penal de la Corte Suprema.
Es preocupante que ni la normativa constitucional ni el sistema penal, establecen un superior jerárquico para la Sala Penal de la Corte Suprema, por lo que jurídicamente no es posible hablar de una segunda instancia.
De igual forma, es evidente que es el Congreso el que debe aprobar una reforma que garantice el derecho a impugnar las sentencias condenatorias hasta en ese nivel.
Sin embargo, con posterioridad a la Sentencia C-792 del 2014, el Congreso ha tenido para su estudio dos proyectos de ley de iniciativa del Ejecutivo, presentados por la Fiscalía General y el Ministerio de Justicia, pero ambos fueron archivados y, a la fecha, continúa el vacío legislativo.
Por tal razón, una vez vencido el término, es la Corte Constitucional la llamada a proteger este derecho y a subsanar el vacío normativo, tal como lo ha hecho en otras oportunidades, extendiendo el derecho de igualdad ya existente, más aún cuando ella misma ha reconocido que la impugnación es un derecho subjetivo de rango y jerarquía constitucional que hace parte integral del debido proceso.
El Estado Colombiano viene desconociendo, desde la Constitución de 1991, los acuerdos internacionales ratificados que incluyen el derecho a la impugnación y la garantía de la doble instancia, como parte esencial del debido proceso, como la CADH y el PIDCP, siendo importante resaltar que Colombia, desde el momento en que suscribió estos tratados, está obligado a cumplirlos.
Por Jaime Durán Barrera.- Por iniciativa de los empresarios y comerciantes del Sur de Santander, se presentó el proyecto para crear la nueva Cámara de Comercio, que le prestará servicios y desarrollo a los 49 municipios de las provincias de Guanentá, Comunera y Vélez.
Liderada por Fenalco Sur del Departamento, este proyecto busca el emprendimiento y progreso de sus habitantes de estas localidades y es el resultado un proceso de más de dos (2) años de recolección de información, análisis, evaluación y reconocimiento de las necesidades regionales y de concebir su importancia económica, a nivel departamental y nacional.
Los promotores destacan que el proyecto persigue el fortalecimiento y competitividad de su rol comercial y empresarial, ya que el aumento de la población y progreso del Sur del Santander en los últimos años, con la inversión privada, el desarrollo urbanístico y el marcado crecimiento comercial, permite proyectarse como una de las regiones más prosperas de Colombia, en los próximos años.
Tradicionalmente nuestro departamento se ha dividido en tres regiones: Bucaramanga con su área metropolitana, Barrancabermeja con el Magdalena Medio y el Sur de Santander. Esta división territorial evidencia las diferencias culturales, económicas y sociales de cada una y reafirma la pertinencia de tres cámaras de comercio en Santander. Esto es uno de los argumentos que geopolíticamente hacen viable la iniciativa.
La cercanía geográfica de la nueva Cámara de Comercio del Sur de Santander, con los empresarios y sus comunidades, aportará a la competitividad regional y a la participación en las actividades del ente gremial, un gran impulso y un posible desarrollo sostenible.
Crear la Cámara de Comercio del Sur de Santander, como lo mostró su estudio de factibilidad socioeconómica, mostraría aún más la importancia económica de la región y las necesidades propias del territorio alrededor de nichos muy definidos como el turismo, la agroindustria, la educación, los servicios y la construcción.
Asimismo, es el mejor modelo para cumplir las políticas públicas que buscan la descentralización de procesos y el fortalecimiento territorial a partir del desarrollo de la región.
De los 49 municipios que suman 371.450 habitantes, certificados por el DANE a 2015, son 10.876 comerciantes con matricula vigente a 2015 en los municipios del Sur de Santander, certificado por la Cámara de Comercio de Bucaramanga, lo que hace que dicha iniciativa cumpla, entre otros aspectos, con los requisitos exigidos.
Es de interés señalar, que una nueva Cámara de Comercio contará con el presupuesto público de $2.072.376.985, certificado por la Cámara de Comercio de Bucaramanga, conforme a lo establecido en el Decreto 1074 del 2015 por medio de la cual se dictan los requisitos para la creación de esos entes que regulan el comercio en Colombia.
Como Senador y oriundo del Departamento de Santander apoyo esta iniciativa, que hará posible el desarrollo integral de las localidades del Sur de Santander, en uno de los momentos más cruciales de Colombia, cuando el Proceso de Paz ya concretado, exija la construcción de una sociedad más equitativa, más incluyente y más productiva, lo cual requiere de la organización de los habitantes, del equilibrio regional y la sinergia de los procesos sociopolíticos, socioeconómicos y socioculturales, en pos del futuro de todos.
Por: Jorge Enrique Robledo / @JERobledo. Como una idea acertada, se promueve un referendo en defensa del agro, sector maltratado en extremo por todos los gobiernos desde 1990 y condenado a serlo para siempre, de acuerdo con los intereses de las trasnacionales y los intermediarios que ganan poniendo a perder a Colombia. Es más: los TLC y la Alianza del Pacífico, como camino al TPP que impone Estados Unidos, demuestran que las medidas tomadas en años anteriores a favor de algunos productos agrícolas contenían el truco de dividir al sector, generando entre algunos la ilusión de que a ellos no les llegaría la hora de ser víctimas del libre comercio.
Algo semejante se intenta con la Ley de las Zidres, diseñada, entre otros cálculos negativos, para engañar a los colombianos, metiéndoles el cuento de que los graves problemas del común de los agricultores y ganaderos se resolverán si se ultra favorece, y violando la Constitución contra los derechos del campesinado, a unos pocos muy poderosos y especialmente a los extranjeros.
Una historia ilustra las razones que sustentan este referendo modificatorio de la Constitución. La Corte Constitucional no encontró que violara la Carta de 1991 ni una sola frase incluida en las 1.531 páginas del TLC con Estados Unidos ni con los otros países –exceptuando una cláusula del nefasto tratado anti industrial con Corea–, con lo que quedó establecido que, constitucionalmente hablando, el sector agropecuario y toda la economía carecen de verdadera protección frente a los ataques contra el país, por desproporcionados que sean, de las potencias globalizadoras.
No es exagerado entonces afirmar que el sector agropecuario puede reducirse hasta la insignificancia –y ello está sucediendo– o incluso desaparecer, reemplazado por las importaciones amparadas por los TLC, ¡sin que ello viole la Constitución! ¡Y también sin violarla!, puede suceder que todas las tierras de Colombia pasen a manos de los extranjeros. Así es de deficiente la Constitución y de brutal el proceso de recolonización al que estamos siendo sometidos. ¿Cuánto se demorarán en decir que Simón Bolívar fue un imbécil por dirigir la independencia de España?
El referendo desarrolla una idea fácil de comprender y defender: Colombia debe tener relaciones de todo tipo con los demás países, pero los colombianos tenemos el derecho de lograr que dichas relaciones no nos impidan salir de la trampa del atraso y la pobreza.
El proyecto de referendo en defensa del agro, diseñado para que podamos votar y decidir al respecto, lo promueven o apoyan, entre otras organizaciones, Dignidad Agropecuaria, el Comité de Respaldo a la Agricultura Familiar, CIN-AF, Conalco, Anuc, Acción Comunal, UITA, Oxfam y las tres centrales de trabajadores –CUT, CGT y CTC–. Cómo luce de bien, y con tantas potencialidades, una convergencia de propietarios rurales y obreros agrícolas en defensa de la producción agropecuaria, el trabajo y la soberanía y la seguridad alimentaria.
Entre los objetivos del cambio de la Constitución están que pueda defenderse en serio la producción de los campesinos, los indígenas, las negritudes y los empresarios, que no puedan suscribirse tratados internacionales que la desquicien, se restablezcan los mecanismos de protección del mercado interno y se renegocien los TLC suscritos. También se establece que el gobierno tramite una ley que respalde de verdad la economía agrícola familiar y que constituya un banco público que brinde créditos suficientes, oportunos y baratos. Y le pone controles a la extranjerización de la tierra. Para conocer mejor el referendo y si se desea ayudar a recoger firmas de respaldo: http://referendoporelagro.com/.
Coletilla. No hay dos posiciones sobre el plebiscito. Hay tres. La del santismo: proceso de paz sí, gobierno de Santos sí; la del Centro Democrático: proceso de paz no; gobierno de Santos no; y la del Polo: proceso de paz sí, gobierno de Santos no. Si la pregunta fuera sobre si nos gusta el gobierno de Santos, los polistas votaríamos no. Pero lo que se pondrá en votación no es eso, sino si queremos desarmar, inmediatamente, a las Farc. Quien ponga en una balanza todas las críticas posibles a los acuerdos, frente a la inmensa ganancia que significa terminar con una lucha armada de medio siglo que nada bueno le produjo al país, le dará que debe votar por el sí.
Por Paul Krugman. Foto Fred R. Conrad/NY Times.- Qué semanas hemos tenido en política. Por un lado, la Convención Demócrata fue prácticamente una celebración de Estados Unidos. Por otro, el candidato presidencial republicano, presionado por el respaldo evidente que recibe de Vladimir Putin, elogió una vez más el liderazgo del presidente ruso, sugirió que está de acuerdo con su agresión en Crimea y exhortó a los rusos a hacer espionaje a Hillary Clinton. Y no, no fue una broma.
Sé que algunos republicanos sienten como si hubieran caído en una dimensión paralela. Después de todo, ellos suelen ser los que cantan “¡USA! ¡USA! ¡USA!”. Además, ¿no han pasado años sugiriendo que Barack y Michelle Obama odian a Estados Unidos, y que incluso tal vez apoyan a los enemigos de la nación? ¿Cómo fue que los demócratas terminaron siendo los patriotas aquí?
Pero los partidos no están experimentando realmente un intercambio de roles. El discurso de Barack Obama en la Convención Demócrata fue maravilloso e inspirador, pero cuando declaró que “lo que oímos en Cleveland la semana pasada no fue particularmente republicano”, estaba diciendo una pequeña mentira. En esencia fue muy republicano; la única diferencia es que estuvo menos disfrazado que de costumbre. La “incitación al resentimiento” de la que Obama se lamentaba no empezó con Donald Trump, y las banderas ondeando nunca tuvieron mucho que ver con el verdadero patriotismo.
Piénsenlo: ¿Qué significa amar a Estados Unidos? Seguramente significa amar al país que efectivamente tenemos. No sé ustedes, pero cada vez que regreso de un viaje al extranjero, mi corazón crece al ver la diversidad de mis conciudadanos, tan diferentes en su apariencia, su herencia cultural y sus vidas personales, pero todos ellos —todos nosotros— estadounidenses.
Ese amor al país no tiene que —y no debería—, estar exento de críticas. Sin embargo, los errores que encuentren y las críticas que puedan ofrecer deberían atacar que todavía no estamos a la altura de nuestros propios ideales. Si lo que les molesta de Estados Unidos es, más bien, el hecho de que ya no es exactamente como era en el pasado (o de la forma en que ustedes imaginan que se veía en el pasado), entonces ustedes no aman a su país… solo les interesa su tribu. Demasiadas figuras influyentes de la derecha son tribales, no patriotas.
Tuvimos una demostración de esta realidad en el discurso de Michelle Obama, cuando habló de lo maravilloso que era ver a sus hijas jugando en el césped de “una casa que fue construida por esclavos”. Eso fue una imagen optimista y, sí, patriótica, una celebración de una nación que siempre está buscando ser mejor, trascender sus defectos.
Sin embargo, lo único que escucharon muchos en la derecha —particularmente las figuras mediáticas que marcan la agenda republicana— fue una agresión a la gente blanca. “Ellos no pueden dejar de hablar sobre la esclavitud”, se quejó el comentarista Rush Limbaugh. Los esclavos la pasaban bien, insistió Bill O’Reilly, un presentador de Fox News: “Todos eran alimentados y tenían alojamientos aceptables”. En efecto, ambos hombres estaban diciendo que los blancos son su tribu y nunca deben ser criticados.
Esta misma urgencia tribal seguramente subyace en la retórica de la derecha respecto de la seguridad nacional. ¿Por qué los republicanos están obsesionados con que el presidente use la frase “terrorismo islámico”, cuando los expertos en terrorismo coinciden en que esto efectivamente dañaría la seguridad nacional, porque aleja a los musulmanes pacíficos?
La respuesta, argumentaría yo, es que el alejamiento de los musulmanes no es un efecto secundario que ellos han pasado por alto; ese es justamente el punto: todo se trata de trazar una línea entre nosotros (cristianos blancos) y ellos (todos los demás). Y la seguridad nacional no tiene nada que ver con eso.
Lo cual nos lleva de vuelta al bromance entre Vlad y Donald. Trump busca echar por tierra la reputación que hemos ganado arduamente como un aliado confiable. Lo mismo sucede con su apoyo a ciertas prioridades de Putin, lo que contrasta considerablemente con la vaguedad de todo lo demás que ha dicho sobre política. Además, Trump solo ha ofrecido evasivas a preguntas sobre sus vínculos comerciales con oligarcas relacionados con Putin.
Pero lo que más me asombra es el silencio de tantos republicanos frente a una conducta que habrían denunciado como traición viniendo de un demócrata, sin mencionar el apoyo activo a la postura de Trump entre las bases republicanas.
Lo que nos dice esto, creo, es que todo su ondear de banderas y las posturas militaristas no tuvieron nada que ver con patriotismo. Fue más bien sobre utilizar la supuesta debilidad de los demócratas en seguridad nacional como un mazo para aporrear a los adversarios en el país, y servir a los intereses de la tribu.
Ahora llega Trump, cumpliendo la voluntad de una potencia extranjera e invitándola a intervenir en nuestra política… y eso está bien, porque también le sirve a la tribu.
De modo que, si les parece extraño que en estos tiempos los demócratas parezcan patrióticos y los republicanos no, sencillamente no estaban prestando atención. La gente que ahora parece amar a Estados Unidos siempre lo hizo; la gente que de pronto ya no suena como patriota nunca lo fue.
Por Mauricio Cabrera.-Con la excusa de protestar contra la ideología de género han salido del closet con furia y con pasión las ideologías del odio, alimentadas de falsos principios religiosos y lecturas sesgadas de la Biblia, y aprovechadas por políticos oportunistas que en ese río revuelto buscan adeptos para su oposición a la Paz.
“Ambientes escolares libres de discriminación” es el título de la cartilla preparada por un grupo de expertos cuya divulgación desató la ira santa y cabe preguntarse el porqué de la reacción agresiva e intolerante contra un intento de educar para el respeto de la diversidad y la tolerancia, y así evitar fenómenos de matoneo y hostigamiento que pueden llevar a desenlaces tan trágicos como el suicidio del joven Sergio Urrego, discriminado en su colegio por su orientación sexual.
Por desgracia parecería que la humanidad tiene una tendencia atávica, casi una necesidad, de discriminar, de marcar diferencias y establecer barreras entre nosotros (los buenos, los superiores, los correctos) y ellos (los malos, los equivocados, los inferiores). Hoy en Colombia las baterías se enfilan contra los homosexuales, -y con más rabia porque una valiente Ministra ha tenido la osadía de reconocer que ella lo es-, pero antes han sido muchos los grupos sociales víctimas del acoso y la persecución.
De hecho la llamada “ideología de género” no surgió como una defensa de la comunidad LGTBI sino que fue una bandera del movimiento feminista en su lucha por la igualdad de derechos para las mujeres en las sociedades machistas que les daban un tratamiento de ciudadanos de segunda categoría. Después el concepto se extendió a los otros géneros que siguen siendo discriminados y hostigados.
Grande es el esfuerzo que debe hacerse para superar esa tendencia discriminatoria de las sociedades y construir una sociedad donde impere el respeto por el otro, la tolerancia, la aceptación de las diferencias, la valoración de la diversidad.
Educar para la tolerancia, es el nombre del juego. Esta labor pedagógica debe iniciarse desde el seno mismo de la familia, donde cada uno de nosotros experimenta por primera vez la importancia del respeto por el otro y la necesidad de la aceptación de las diferencias como elemento esencial de la convivencia en la vida cotidiana; casi que se puede afirmar que quien no lo aprendió allí, difícilmente podrá llegar a comprender su importancia.
Pero por supuesto, la pedagogía de la tolerancia debe ser un elemento esencial en las instituciones educativas, y por eso es indispensable que se incluya en los manuales de convivencia, para que no se reproduzcan las ideologías del odio y no repitamos la historia.
Por Amylkar D. Acosta M[1].- Una de las mayores fortalezas del Sistema energético colombiano es la diversificación de su matriz, pero esta puede ser mayor porque Colombia cuenta, además, con un gran potencial de generación de energías alternativas, particularmente de aquellas que son renovables y limpias, tales como la eólica y solar, totalmente desaprovechadas.
Precisamente, para responder al reto de incursionar con fuerza en la generación y uso de las energías alternativas no convencionales, especialmente aquellas que son renovables y limpias, fue lo que llevó al Congreso de la República hace ya dos años a expedir la Ley 1715 de 2014. Se busca a través de esta la integración de las energías renovables al Sistema energético nacional.
Al incorporar estas al Sistema, además de darle robustez y firmeza, se posibilita ampliar la cobertura de la prestación del servicio de energía llevándola al 52% del territorio nacional, hasta donde no ha llegado todavía y posiblemente tardará en llegar el SIN, por tratarse de asentamientos de poblaciones además de distantes, dispersas y de baja densidad.
Es de anotar que esta Ley no se limita a la promoción e impulso de las energías no convencionales, sino también del uso racional y eficiente de la energía. Se parte de la base de que la energía más costosa es aquella de la que no se dispone justo en el momento que se requiere y la más barata es aquella que dejamos de consumir.
Son cuatro tipos de incentivos los que contiene la Ley para la investigación, desarrollo e inversión en fuentes no convencionales de energía (FNCE): la deducción del impuesto de renta hasta el 50% del monto invertido, la exclusión del IVA para la adquisición de maquinaria, equipos, elementos y servicios nacionales o importados que tengan como destinación la producción y utilización de energía a partir de FNCE, la exención arancelaria para la importación de maquinaria, equipos, insumos, materiales y accesorios para ello y, finalmente, el beneficio tributario que significa la depreciación acelerada de los activos.
Con los beneficios que otorga esta Ley, sumados a la decisión tomada por la UPME de soltar las amarras que impedían abrirle un espacio importante en la canasta energética de Colombia a las energías no convencionales, son muchos los proyectos que estaban en la incubadora y que ahora van a despegar.
Pues bien, con la decisión de la UPME de abrirle paso a la construcción de la línea de interconexión desde la Subestación de Cuestecitas hasta la Alta guajira, que es en donde hoy por hoy, hay la mayor capacidad de generación de energía eólica, al permitirlo, le ha dado el banderazo a por lo menos 9 de esos proyectos para una capacidad instalada de más 1.600 MW, equivalentes al 10% de toda la capacidad instalada de generación con la que se cuenta actualmente en el país.
Sólo hace falta que el Ministro de Minas y Energía Germán Arce le quite el freno de mano a la implementación de la Ley 1715, logrando que la CREG salga de su abulia y proceda a su reglamentación a la mayor brevedad, el Sistema energético del país y Colombia toda lo requieren y se lo agradecerán. Ese es su mayor reto.
Bogotá, agosto 13 de 2016
www.fnd.org.co
1] Director ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos