Opinión
Por Guillermo García Realpe*.- En tiempos donde la mayoría de colombianos están pasando penurias para sobrevivir en medio de la crisis económica causada por la pandemia, llega el Proyecto de Ley de “Solidaridad Sostenible”, que no es otra cosa que una nueva reforma tributaria que impulsará el gobierno nacional en los próximos días en el Congreso de la República.
La iniciativa, pretende recaudar a través de más impuestos, por lo menos $25,4 billones, de los cuales $10,5 le serán sacados a los más pobres mediante el incremento del IVA, otra millonaria suma saldrá de los impuestos a personas naturales -especialmente trabajadores- y tres billones de los impuestos a las personas jurídicas. Desde luego, otra gran damnificada, será la clase media, que como en toda reforma tributaria es la que paga los platos rotos y el escudo para proteger desde el gobierno a los grandes conglomerados, multinacionales, a los bancos, al gran empresariado y a los ricos de este país. Es decir, a los financiadores de las campañas presidenciales.
Esta es una reforma regresiva, impopular e injusta con la clase obrera de nuestro país, con los empleados, con la gente que menos ingresos recibe. Pretender aumentar la base gravable para que las personas que devenguen dos millones 200 mil pesos mensuales empiecen a declarar renta y además con retención en la fuente, ¡es miserable! Es una propuesta absolutamente desconsiderada con la gente, por supuesto que nos opondremos a esta y a las pretensiones de incrementar el IVA.
Este proyecto, además de inconveniente en momentos de crisis, es un exabrupto pretender gravar a la clase media baja, exigir renta a aquellos que devenguen un poco más de dos salarios mínimos. Es una iniciativa, que además desestimulará la inversión extranjera, proyecta poner un tres por ciento de impuesto al patrimonio permanente, cuando lo que debía proponer es combatir la evasión y elusión, ponerle freno al subsidio de las altas pensiones y desde luego una lucha frontal contra la corrupción que son los flagelos que están desangrando a este país.
El gobierno también debe desmontar los privilegios, exenciones tributarias y descuentos al gran empresariado multinacional y nacional que les perdono en la pasada reforma tributaria en el 2020, eso permitiría rescatar entre siete u ocho billones de pesos, en lugar de estarle metiendo la mano al bolsillo al pueblo.
Con el impuesto del IVA y el impuesto de renta a la clase media, se pretenden gastar, en plena pandemia, 14 billones de pesos en aviones de guerra INÚTILES en estos momentos, dinero que sí serviría para combatir la pobreza extrema, la marginalidad y la exclusión en apartadas regiones del país que hoy están sumidas casi que en la miseria absoluta o en otorgar subsidios a millones de familias que están pasando una situación económica muy dura por cuenta de la pandemia. Eso sí sería sensato.
Pero ese es el talante de quienes nos gobiernan, prefieren seguir privilegiando la guerra que apoyar a sus ciudadanos que hoy están “llevados” financieramente y que, en muchos casos, literalmente están aguantando hambre y el gobierno hace oídos sordos a importantes iniciativas como la Renta Básica, que sería un salvavidas para más de 30 millones de colombianos.
Nadie entiende en realidad como en Colombia impulsan una reforma tributaria para cubrir los gastos de compra de unos aviones de guerra, cuando aquí lo urgente, lo prioritario, lo necesario es combatir la pobreza y el hambre que son las principales amenazas hoy.
Los colombianos debemos DESPERTAR YA de tanto adormecimiento, nuestro país no puede seguir durmiendo en los laureles cuando casi que al unísono desde el uribismo nos pretendieron dar un golpe de Estado a la democracia y días seguido está malintencionada reforma tributaria. ¡Ya no más!
Es momento de que la opinión pública, la presión ciudadana, los medios de comunicación, los sectores políticos de oposición e independientes nos hagamos sentir, es hora de hacerle saber a este perverso gobierno el descontento generalizado del pueblo colombiano con sus propuestas que a todas luces van en contra de la población y del ciudadano del común.
Lo verdaderamente importante en estos momentos es garantizar que el Plan Nacional de Vacunación logre la inmunidad de rebaño en los tiempos fijados, reactivar la economía, apoyar la Renta Básica, combatir la corrupción, las mafias que desangran los erarios desde lo local, regional y nacional, en eso debería priorizar sus políticas el gobierno central y no quemar cartuchos en propuestas regresivas, impopulares y que atentan directamente contra el bolsillo de la clase media y los pobres de éste país. Así no es señor Iván Duque.
Colombianos y mientras todo esto sucede, ¿nos vamos a quedar en la casa esperando otra reforma tributaria, más impunidad, más saqueo del gobierno y más guerra? La movilización permanente será la única arma del pueblo para contrarrestar tanto abuso.
¡COLOMBIA DESPIERTA!
Bogotá, D. C, 30 de marzo de 2021
*Senador del Partido Liberal
@GGarciaRealpe
Por Adriana Matiz*.- Por muchos años la economía informal del país la ha dinamizado el comercio. Por eso este sector es fundamental en el progreso y avance de la política económica nacional. No en vano es un renglón donde recae la mayor carga impositiva a la hora de percibir los tributos el Estado.
Por eso cualquier limitante y afectación que se haga del comercio tarde que temprano entrará a afectar al resto de la economía nacional y en la medida que caiga el consumo, caerá el trabajo y el capital de los colombianos.
Desafortunadamente la crisis al primer sector que afecta es al de los comerciantes, situación corroborable históricamente. En 1945 el país tenía un comercio resentido por la crisis política nacional y mundial que se vivía. Estas situaciones llevaron a que un grupo de comerciantes, encabezados por Lorenzo Jaramillo Botero, fundaran lo que sería la primera agremiación en nuestro territorio para defender los derechos y buscar oportunidades para sus agremiados, los comerciantes.
Hace falta que en estos momentos Fenalco arrope de manera más decidida a quienes en el comercio generan el sustento y el de tantas familias, pues en el último año fueron muchos los negocios que se cerraron y con ello los sueños de tantos.
Pareciera que no se presentan fórmulas que concilien la lucha contra el virus y la reactivación económica del comercio, pues siempre las medidas restrictivas se dirigen contra éste. Si bien es cierto muchos colombianos viajarán en esta semana a diferentes lugares del país, también lo es que la gran mayoría permanecerá en sus hogares obligados por la carencia de recursos para movilizarse de vacaciones. Según la última encuesta revelada por Fenalco el 74% de los nacionales se quedaría en sus casas. Esto debería ser aprovechado para incentivar el comercio local, lo cual no se ve por el momento.
Actividades como la de restaurantes no se afectarán del todo y no habrá cierre total como en otros momentos de la pandemia, pero para otros, lo que en épocas pasadas eran las temporadas altas, hoy se convertirán en momentos de más angustia para ellos, pues se está haciendo costumbre que con cada época de vacancia o fecha de celebración las restricciones de los gobiernos locales se endurezcan y con ello la situación de los comerciantes se agudice sin solución visible.
Hoy, por ejemplo, inicia Semana Santa, y con ello una nueva temporada de confinamientos nocturnos, pico y cedula y tantas medidas restrictivas que no creemos que mejoren en algo la situación del contagio y pareciera solo una serie de medidas para que el Estado diga que está presente así no se solucione con ellas nada.
Está por verse si las grandes ocupaciones de playas y sitios turísticos disminuiría por las restricciones impuestas o por la falta de capacidad económica. De una u otra forma vuelve a ser gran damnificado el comercio, que siempre utilizó estos días santos para recuperar sus ventas, y por segundo año consecutivo será para ellos una verdadera semana de pasión.
Ibagué, 30 de marzo de 2021
*Representante a la Cámara del Partido Conservador por el departamento del Tolima
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- El informe de la Comisión de Expertos en Beneficios Tributarios es interesante por lo que dice, pero también por lo que deja de decir. Su propuesta de extender el IVA a casi todos los bienes y servicios no menciona para nada el IVA a las transacciones de finca raíz.
Es un silencio sospechoso, sobretodo porque la base de sus recomendaciones es la comparación con los países de la OECD, y muchos de ellos gravan con IVA u otra clase de impuestos a la compra de inmuebles.
Mientras en Colombia los intentos de imponer algún tipo de gravamen a las transacciones de finca raíz han fracasado por el cabildeo de constructores y terratenientes y lo único parecido son los costos de notaría y de registro (que son alrededor del 1.8% del valor del negocio), en varios países europeos hay que pagar al Estado un porcentaje significativo del valor de la transacción.
En Francia los tributos pueden llegar hasta el 36.9%, incluyendo un IVA del 20% a la venta de nuevas construcciones, y tarifas de 16.9% por concepto de registros y notarías. En Italia es un poco menos. 25.5% de gravamen total, incluyendo un IVA del 22%; en Bélgica el IVA a estas transacciones puede llegar al 21% y en Rusia al 20%.
En Hong Kong estos impuestos pueden ser de 43,5%, en Singapur del 34%, en Corea del Sur del 16%, y en Sri Lanka del 105% si el comprador es un extranjero. Pero el único que aplica un impuesto a las ventas del 10% es Corea, mientras que en los otros países la forma es un impuesto ad valorem o estampilla (stamp duty).
Los valores mencionados son los máximos a los que pueden llegar los impuestos que, en general son muy progresivos y aumentan en proporción al valor de las propiedades negociadas.
En nuestro vecindario, Chile impuso en 2016 la obligación de pagar un IVA del 19% en las ventas de viviendas nuevas, con la excepción de aquellas que tengan subsidio habitacional. Además hay un impuesto de 10% a las ganancias acumuladas obtenidas en ventas de vivienda. Otro ejemplo cercano es Argentina, donde los inmuebles residenciales tienen un IVA de 10.5% y los no residenciales del 21% .
En Colombia la reforma de 2016 impuso un IVA de 5% a la venta de viviendas nuevas con un valor superior a unos $900 millones; en la reforma de 2018 se intentó extender ese gravamen a todas las transacciones de finca raíz, pero en el Congreso lo convirtieron en un confuso impuesto al consumo, lo bajaron al 2% y exceptuaron los predios agrícolas, pero este fue tumbado por 5 magistrados de la Corte Constitucional en una sentencia muy cuestionada por los otros 4 magistrados.
En este campo Colombia debe seguir el ejemplo de los países de la OECD y ampliar el IVA a la venta de inmuebles.
Cali, 28 de marzo de 2021
*Filósofo y Economista. Consultor
Por Juan Camilo Restrepo*.- Una manera de analizar cómo se reparten los esfuerzos en la nueva reforma tributaria consiste en mirar sobre qué sectores económicos o sociales recaen los tributos propuestos. A juzgar por la presentación que hizo el gobierno ante el Consejo Gremial (que es una especie de abrebocas de lo que contendrá el proyecto de reforma propiamente dicho), la respuesta es muy clara: el 90% del esfuerzo fiscal se piensa recabar en los terrenos de las personas naturales (gran parte de las cuales pertenecen a la que con exceso de optimismo llamamos aún “clase media”) al paso que sobre las empresas apenas se impone un esfuerzo del 3% adicional.
Esto no es sorprendente, pero es bueno tenerlo en claro: de vieja data los expertos vienen reclamando que en Colombia los esfuerzos tributarios están invertidos frente a lo que acontece en países más desarrollados como son los de la OECD, donde la mayoría del recaudo proviene de las personas jurídicas y la menor cuota corresponde a las personas naturales. Esta composición del recaudo fiscal empieza a corregirse con gran brío en el proyecto de reforma tributaria que aterrizará en el congreso probablemente en la semana de pascua.
En efecto: con la nueva reforma tributaria se esperan recoger anualmente recaudos provenientes de tributos nuevos en cuantía de $30,3 billones, de los cuales $10,5 billones provendrán de modificaciones que se le introducen al IVA y $16,8 billones saldrán de cambios al régimen de las personas naturales. Al paso que la exacción fiscal que se propone para las personas jurídicas apenas asciende a $3 billones. El grueso de la carga recae indubitablemente en quienes pagan el IVA y en las personas naturales sobre cuyos hombros se coloca el 90% del peso de la nueva carga fiscal. El IVA no se cobrará sobre productos de primera necesidad.
Lo primero que hay que anotar es que nunca se había propuesto una reforma tributaria con tan ambiciosos horizontes recaudatorios: $30,3 billones es un objetivo sorprendentemente alto. Y acá surge una primera pregunta: ¿es oportuno pensar en tan grande exacción tributaria en la mitad de una pandemia, cuando los hogares y quienes pagan el grueso del IVA están sumidos en una agobiante condición económica por la caída de sus ingresos y por el alto desempleo?
Más allá de la respuesta que se dé a esta pregunta, que no es otra que la de la oportunidad de la reforma, resta preguntar: ¿Cómo gastará el gobierno estos recursos que succionaría a la economía en el evento que la reforma fuera aprobada por el congreso tal como la propone?
Lo primero que hay que decir es que el gobierno ha diseñado un ambicioso y muy plausible programa de ampliación del “ingreso solidario”, algo muy parecido a la renta básica de la que tanto se ha hablado últimamente. Tendrá carácter permanente y en él se piensa gastar anualmente $7,6 billones. Este es quizás el tema más novedoso e importante del proyecto esbozado por el gobierno. Para el programa de primer empleo ha previsto $0,4 billones, para el mecanismo compensatorio del IVA a los sectores más pobres está prevista una ampliación del esquema actual por $1,5 billones que la llevaría a 4,7 millones de personas. Y para lo que el gobierno llama “ajuste fiscal” que es la moderación del déficit que ha disparado el gasto público por la pandemia (que se estima este año llegará a 9% del PIB) $ 15,9 billones.
Podemos decir, en síntesis, que la nueva reforma tributaria le carga la mano sensiblemente a la clase media y a los contribuyentes que pagan IVA, toda vez que sobre ellos hace recaer el 90% de las nuevas cargas fiscales. Y que por el lado del gasto sobresale la importante iniciativa consistente el ampliar y volver permanente el programa de ingreso solidario.
Queda naturalmente mucho por desmenuzar una vez se presente el texto final al Congreso. Pero desde ahora se puede anticipar que estamos frente a una iniciativa ambiciosa y cuyos debates serán muy profundos. Y así haya puntos controvertibles, en especial el de hacer recaer sobre las clases medias tan alta dosis de esfuerzo, no puede negarse que el gobierno no se ha quedado en aguas tibias. Habrá que ver qué dispone finalmente el congreso que a la postre es quien tiene la última palabra.
Bogotá, D. C, 29 de marzo de 2021
*Abogado y Economista. Exministro de Estado
Por Jorge Enrique Robledo*.- Con 500 delegados elegidos en 26 departamentos realizamos el Primer Congreso Nacional de DIGNIDAD, el nuevo partido político. Acordamos el Comité Ejecutivo y el programa y los estatutos que nos guiarán. También elegimos a Juan Manuel Ospina como presidente y a Jorge Enrique Robledo como candidato presidencial. Y se ratificó hacer parte de la Coalición por la Esperanza, que presentará listas únicas al Congreso en marzo de 2022 y escogerá un candidato o candidata para ganar la jefatura del Estado y cambiar las pésimas orientaciones del gobierno de Iván Duque.
Muy bien ha caído DIGNIDAD, tanto entre quienes venimos del Polo como de otros sectores, porque sus criterios apuntan a ganar la dignidad que de tantas maneras hace falta en Colombia.
Aunque a algunos promotores de DIGNIDAD nos ha ido bien en la vida o no sufrimos tanto como tantos compatriotas, consideramos falso que el país iba bien antes de la pandemia y que “tan de malas el doctor Duque (…), pero que la recuperación ya va como un tiro”.
Nos une nuestro rechazo a que Colombia esté tan mal, y empeorando, y no porque los colombianos –asalariados, trabajadores independientes, incluidos campesinos e indígenas, y empresarios– sean brutos, ignorantes o vagos o porque carezcamos de recursos naturales, sino por haber sido gobernados por roscas que no se han propuesto desarrollar de verdad el país, sino apenas unos pedacitos, en unos aspectos y excluyendo a muchos colombianos.
No hacemos política para montar un nuevo combo que gobierne como los que ahora mandan, para que nos exima a nosotros y a unos compinches de los efectos del mal gobierno. Tenemos decidido actuar como servidores públicos que buscamos el bien común. Y no comulgamos con que en política todo vale: ninguna corruptela ni matonería es bienvenida en DIGNIDAD ni manipularemos en nuestro provecho instigando peleas de perros y gatos.
Luchamos por derrotar el “Vote por Fulano, que roba pero hace”. Porque sí roban pero además no hacen, más allá de repartir unos mendrugos, dar unos puestos y hacer unas obras que utilizan para perpetuar políticas tan erradas que ni siquiera les permiten a los colombianos trabajar, aunque el trabajo es –en la industria, el agro y los demás sectores– la fuente del ciento por ciento de la riqueza individual y nacional y de todo progreso.
Estamos por relacionarnos con todos los países, pero no para repetir como loros lo que imponen unos organismos que se definen como “internacionales” y que en realidad les sirven a unas pocas potencias, que nos exigen hacer lo contrario de lo que ellas han hecho para desarrollarse. No nos proponemos estatizar la economía. Pero sí poner el Estado al servicio del progreso de todos los colombianos y no de un capitalismo de amigotes, rosquero y corrupto, que tiene el objetivo oculto de mantener al país en el subdesarrollo, la escasa generación de riqueza, el desempleo, la pobreza y la desigualdad social.
Promovemos cambios democráticos en educación, salud y ambiente y luchamos contra el maltrato a las mujeres y demás sectores discriminados y agredidos. Defendemos el derecho ciudadano a organizarse y movilizarse en defensa de sus intereses y derechos. Nos repugnan todos los asesinatos, no promovemos la violencia para tratar las diferencias entre los colombianos y sí el monopolio del Estado sobre la fuerza –legal y democrática–, a la par que defendemos los avances de paz logrados.
También somos un partido sin caudillo, que decide en democracia. Porque aunque así es más difícil decidir, también facilita acertar y promueve que ese acierto se prolongue en el tiempo, requisito para la auténtica prosperidad de los países.
Haremos todos los mejores esfuerzos para hacerle honor a DIGNIDAD, el hermoso y diciente nombre que a conciencia escogimos para este proyecto de cambio democrático de Colombia.
Bogotá, 26 de marzo de 2021.
Senador de la República
@JERobledo
Por Amylkar D. Acosta M*.- Desde el año 2007 se celebra todos los años, el último sábado del mes de marzo, esta vez el 27, La hora del Planeta, iniciativa esta considerada como la de mayor convocatoria e impacto en la opinión ciudadana en todo el mundo contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, en procura de despertar la conciencia sobre la inminencia de una catástrofe global sino paramos esta alocada carrera destructiva de la que llama el Papa Francisco nuestra “casa común”.
Como lo planteó recientemente la profesora de economía y Directora del Instituto de Innovación y Propósito Público en University College London Mariana Mazzucato, “esta es la oportunidad. Si no arreglamos el Sistema, no tendremos ningún chance frente a la tercera gran crisis (la del 2008, la del 2020 y la creciente inhabitabilidad del planeta) y todas las otras más pequeñas que traerán aparejadas en los años y décadas que vendrán”. Y como bien lo dijo el periodista español Luis Bassets, “la crisis por el coronavirus puede ser el ensayo general para la próxima y más grave provocada por el cambio climático”. De modo que las lecciones aprendidas de esta pesadilla nos deben servir para estar mejor preparados y entrenados para enfrentar la crisis provocada por el cambio climático.
Pues bien, la jornada periódica de La hora del Planeta surgió en 2007 en Sidney (Australia), liderada por la organización ambientalista Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) y desde entonces ha venido in crescendo, como si fuera una bola de nieve, extendiéndose a casi 200 países. Se trata de un gesto sencillo, pero de gran simbolismo, consistente en apagar las luces de las casas, las oficinas, los edificios, monumentos y sobre todo de sitios tan emblemáticos como la Ópera de Sidney, la Torre de Eiffel en París, el Coliseo de Roma, la Puerta de Brandeburgo de Berlín y la Torre Colpatria en Bogotá (Colombia) por una hora, entre las 20:30 y las 21:30. Este año, a diferencia de los otros, por las limitaciones propias de la crisis pandémica, se celebra de manera virtual, sin las aglomeraciones y movilizaciones tumultuosas de enantes.
La celebración de La hora del Planeta este año tiene una connotación especial, dado que el mundo se ha percatado de la necesidad de actuar ya, sin más dilaciones, para proteger la naturaleza y nuestro hábitat, de que no hay plan B porque, por ahora, no hay otro planeta habitable distinto al globo terráqueo. Este será un año en el que presidentes y jefes de Estado de todo el mundo se darán cita para abordar y revisar el cumplimiento de las metas del Acuerdo de París (2015). El 25 de abril, Día de la Tierra, a instancias del Presidente Joe Biden, se reunirán 40 líderes mundiales, entre ellos Xi Jinping de China y Vladimir Putin de Rusia, en una cumbre virtual, preparatoria de la aplazada 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio climático (COP26) que tendrá lugar el 1º y el 2 de noviembre en Glasgow (Reino Unido). Esta será antecedida por la 15ª Cumbre sobre la Biodiversidad, prevista para octubre, la cual tendrá a China (Kunming) como anfitriona.
A propósito de La hora del Planeta, bueno es recordar que la ONG El Boletín de Científicos Atómicos, fundada por el genio Albert Einstein y científicos de la Universidad de Chicago en 1945, creó después de la segunda guerra mundial, en 1947, el Reloj del juicio final, utilizando las imágenes del apocalipsis, el cual tenía por objeto darse una métrica que permitiera medir el riesgo y la inminencia de un cataclismo planetario. Con el paso del tiempo dicho Reloj derivó en un indicador de la vulnerabilidad del mundo frente a las catástrofes que podrían provocar ya fueran las armas nucleares, el cambio climático y/o las tecnologías disruptivas en otros ámbitos, aupadas por la 4ª revolución industrial. Desde entonces las manecillas del Reloj del apocalipsis nos indican qué tan cerca estamos y a qué velocidad nos aproximamos al “fin de los tiempos”.
Cada año la decisión sobre la nueva hora del reloj la toma el Boletín de los Científicos Atómicos en consulta con la Junta de Patrocinadores del Boletín, que incluye a 13 premios Nobel. Hasta ahora las manecillas del reloj, diseñado por la pintora Martyl Langsdorf, han sido ajustadas más de veinte veces, con márgenes de 2 a 17 minutos. Según Rachel Bronson, Presidenta y Directora ejecutiva del Boletín estamos actualmente “más cerca de la medianoche o del fin del mundo que nunca en su historia”, al avanzar el último año 20 segundos, aproximándonos a los 100 segundos para la medianoche, donde la media noche representa el apocalipsis. Ella lo atribuye a la pandemia del coronavirus y a la falta de progresos registrados en el 2020 ante riesgos nucleares y los atribuibles al cambio climático.
En concepto de Rachel Bronson, "la letal pandemia de covid-19 sirve como una 'llamada de atención' histórica, una ilustración vívida de que los gobiernos nacionales y las organizaciones internacionales no están preparados para manejar las amenazas que verdaderamente ponen fin a la civilización como las armas nucleares y el cambio climático".
Sólo desde el año 2007 se tomó en cuenta el cambio climático como un riesgo grave e inminente para la humanidad que demandaba, a juicio de Rachel Bronson una respuesta “urgente e inmediata” que no se vislumbra. A su juicio “parece que estamos normalizando un mundo muy peligroso”, estamos durmiendo con el enemigo. Y fue más lejos al decir que a ellos les gustaría alejar las manecillas de la medianoche, pero que la realidad se lo impedía. Sería muy grave que el mundo no se pellizcara, que no saliera de zona de confort y que siguiera pensando con el deseo, mientras las manecillas del reloj siguen marcando el conteo regresivo de la debacle en ciernes a consecuencia del cambio climático.
Santa Marta, marzo 27 de 2021
*Expresidente del Congreso, Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.-Mientras escribía estas líneas salía hacia Chile el primer cargamento de carne bovina colombiana con sello de calidad “Colombian Beef –Grass Fed– CO”, que constituye la marca propia de garantía de inocuidad a partir de esquemas de producción naturales, respetuosos del bienestar y la salud animal, y armónicos con el medio ambiente.
Sin embargo, este sello que lanzamos con el ministro Zea en el Congreso Nacional de Ganaderos, y que distinguirá a la carne colombiana producida con exigentes requisitos de calidad, representa un punto de inflexión en nuestro camino hacia las grandes ligas del mercado mundial de carnes, a las cuales ya nos asomamos con fuerza. En 2020 exportamos más de 34.000 toneladas de carne y 264.000 animales en pie, por valor cercano a 270 millones de dólares, y en enero de 2021 ya exportamos 3.366 toneladas de carne y 25.507 animales por 26 millones de dólares. Sin duda, este año superamos la factura exportadora.
Es el resultado de una historia de esfuerzo de FEDEGÁN y los ganaderos colombianos desde 1994, cuando el naciente Fondo Nacional del Ganado priorizó la certificación de país libre de fiebre aftosa como llave de acceso a los mercados internacionales. La obtuvimos en 2009; la perdimos en 2018 por las decisiones dolosas de un gobierno, y la recuperamos en 2020, cuando otro gobierno respetuoso de la legalidad le devolvió a FEDEGÁN la administración parafiscal.
A partir de la enfermedad de la “vaca loca” en Europa, se generó mayor exigencia en la inocuidad de la carne, y una vez más FEDEGÁN se comprometió, simultáneamente, con la modernización del sacrificio y la reconversión productiva a partir de la “Gestión del Conocimiento”, esfuerzos que hoy muestran resultados con esta primera exportación con sello de calidad.
Pero las exigencias de los mercados no se detienen. Hoy, los temores por la pandemia han extremado las exigencias de inocuidad, y a raíz de la alarma mundial por el cambio climático, han saltado a primer lugar las relacionadas con la producción sostenible.
Ya tenemos también una respuesta en camino, porque los ganaderos “vamos por más” como dirían en la España de mis ancestros. Desde hace 15 años FEDEGÁN levantó la bandera de la “Ganadería Sostenible” a partir de Sistemas Silvopastoriles, y ya tiene en este campo un liderazgo reconocido a nivel mundial.
Nuestro próximo paso, el SELLO DE CONFIANZA DE GANADERÍA SOSTENIBLE, será una verdadera revolución que impulsará la modernización ganadera, a partir de nueve niveles de exigencia, que el Gobierno plasmará muy pronto en la norma que crea oficialmente el sello y sus condiciones de otorgamiento.
Se trata de una certificación integral que se traducirá en mayor captura de carbono, menor emisión de gases de efecto invernadero, reforestación y recuperación del paisaje y la biodiversidad, entre otros activos ambientales. Se trata, del compromiso de FEDEGÁN con la construcción de una “nueva ganadería”, moderna, competitiva, rentable y sostenible.
Notas bene. 1. La xenofobia de algunos contra los venezolanos nos esconde la causa de su tragedia, que María Corina Machado tiene muy clara: Venezuela está secuestrada por Maduro y su régimen narcotraficante, terrorista y criminal, y por ello “el propósito de una verdadera negociación es uno solo: la salida del régimen y la liberación de Venezuela…Aquí nadie quiere una jaula”, es su dramática proclama.
- Como si fuera poca la inseguridad bogotana, vimos aterrados el vandalismo y la violencia de los ambulantes y habitantes de calle –¿o de los infiltrados de siempre?– en una protesta con ausencia total de la Policía, porque la alcaldesa no gusta de ella.
Bogotá, D. C, 28 de marzo de 2021
@jflafaurie
Por Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez - Se acerca la semana mayor para los cristianos, y en particular para la Iglesia católica. Se me ocurre pensar que aparte de las motivaciones implícitas que animan la celebración anual de la pasión, muerte y resurrección del Señor, este año, cuando podemos al menos parcialmente, hacer posible que los fieles vengan a nuestros templos y capillas, debemos ser conscientes de la realidad que vivimos, que ayuda, sin duda, a darle una especial significación a los días del triduo pascual.
Lo primero es lo primero, y es tener presente lo que vamos a conmemorar: un acto de amor, pues “tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo, para que todos los que creen en Él tengan vida” (Jn. 3,16). El Concilio Vaticano II resume así estos días de gracia: “La obra de la redención humana y de la perfecta glorificación de Dios, preparada por las maravillas que Dios obró en el pueblo de la Antigua Alianza, Cristo el Señor la realizó principalmente por el misterio pascual de su bienaventurada pasión, resurrección de entre los muertos y gloriosa ascensión. Por este misterio, con su muerte destruyó nuestra muerte y con su resurrección restauró nuestra vida” (Sacrosanctum concilium, 5).
Por esto, si bien es cierto que acompañamos a Cristo en su dolorosa pasión, también estamos llamados a descubrir su fruto, que radica esencialmente en la vida nueva que nos regala. En Cristo y por Cristo somos hechos criaturas nuevas. Así, el sentimiento que nos debe animar en la semana santa es la alegría de la pascua, el gozo de sabernos amados y salvados en y por Cristo.
Una segunda realidad que está latente en el pueblo santo de Dios, es el deseo de tener nuevamente la experiencia del encuentro con el Señor, mediado, por demás, por el encuentro con los demás hermanos en la fe. La pandemia ha sido un obstáculo para los encuentros comunitarios presenciales, y esto lo siente profundamente la comunidad que tiene la necesidad de encontrarse, de compartir no solo las angustias y dolores que la pandemia ha dejado en tantos, sino también la fe que nos une y hace hermanos.
Es una magnífica oportunidad para que los sacerdotes y animadores pastorales y servidores de la liturgia, anuncien la buena nueva del Señor en la semana santa 2021, y ayuden a que el encuentro con Él sea realmente transformador.
Vamos a celebrar la semana santa en medio de una “nueva normalidad” social, marcada por los protocolos de bioseguridad y la amenaza de nuevos contagios, o el llamado tercer pico de la pandemia. Así, vale la pena recordar nuevamente lo que dijo el Concilio en la Sacrosanctum concilium: “En consecuencia, simplifíquense los ritos, conservando con cuidado la sustancia; suprímanse aquellas cosas menos útiles que con el correr del tiempo se han duplicado o añadido” (n. 50). Aquí está la clave para entender que lo simple, por ser simple, no deja de ser solemne. Por eso mismo, en el fondo, los protocolos ayudan a participar digna, decorosa y alegremente en la liturgia católica. En eso debemos insistir.
Más aun, en el silencio orante y contemplativo, en la quietud del cuerpo, cuando no habrá desplazamientos o procesiones, o cantos efusivos que se recomiendan evitar, seguramente va a haber una mejor disposición para poner la mirada en lo esencial, en el Crucificado - Resucitado, que dio su vida para nuestra salvación.
Muchos feligreses están sedientos del consuelo divino. Algunos por la pandemia o por la violencia perdieron familiares o amigos; otros pasan dificultades económicas porque se quedaron sin empleo o han visto reducidos fuertemente sus ingresos; otros la pandemia afectó su salud física o psicológica; otros tantos experimentaron el rompimiento de vínculos familiares o amistades, y otros están poniendo en tela de juicio la fe en Dios. En la pascua 2021, considero que más que hablar mucho, hay que orar mucho. “Al orar, no hablen mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados” (Mt., 6, 7), y se recuerda además cómo la oración hecha con fe es siempre eficaz: “pidan y se les dará; busquen y hallarán; llamen y se le abrirá” (Mt. 7, 7). Por eso los mensajes, las homilías, los sermones, deberán ayudar a los ministros y fieles a renovar la confianza en el Señor de la vida, que probado en todo, superó la adversidad, que fue tentado para darnos ejemplo, y que con su muerte venció la muerte.
Una sola palabra que llegue al alma de una persona, dicha con la fuerza que viene de lo alto, de seguro que ayudará a traer paz y sosiego a los tristes, a los apesadumbrados, a los que piensan que este mundo se acabó y que no hay nada qué hacer.
Esta semana santa será la de la esperanza confiada en Dios, que prometió no abandonar a sus hijos.
Pascua 2021, la pascua de la vida nueva, donde estamos llamados a abrir las puertas de nuestros corazones y de nuestras casas al Dios del amor. Será la pascua de la familia. Con María y San José, teniendo como centro a su hijo Jesús, tendremos la oportunidad de celebrar este misterio de redención más plenamente.
Muchas personas, por las razones antes dichas de la pandemia, no asistirán a los templos a las ceremonias, pero se unirán a ellas a través de las transmisiones televisivas y por las redes. Esta realidad se convierte en un nuevo reto para los ministros que presidirán las ceremonias y recogerán las experiencias vividas desde hace un año, para hacer de las transmisiones una ocasión para evangelizar, para celebrar y para dejar un mensaje renovador lleno de esperanza al pueblo creyente. El lenguaje mediático requiere simplicidad y contundencia, tal como lo hizo Jesús: ámense los unos a los otros, perdonen y serán perdonados, oren sin descanso, crean…
Se ha de tener especial cuidado en el cumplimiento de los protocolos de bioseguridad, de manera que la disciplina que la Iglesia católica ha tenido, haciendo de los templos lugares seguros, siga siendo lección de vida para la comunidad. Los protocolos para nosotros, son un acto de amor hacia el hermano que debe ser cuidado y hacia cada uno.
Finalmente, serán muchas las personas que van a buscar en las celebraciones pascuales de este año el conforto de la misericordia y del amor de Dios. Acojámoslas con la ternura de Dios, y hagámosles llegar en las palabras del Cristo de la cruz, el abrazo de acogida del hijo de Dios que dio su vida para darnos vida: “Y he aquí que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Mt. 28, 20). Sí, aun en medio de la adversidad y temores que suscita la pandemia, el Señor de la vida está con nosotros animándonos siempre.
Felices pascuas, en Cristo resucitado.
Bogotá, D. C, 27 de marzo de 2021
* + Luis Fernando Rodríguez Velásquez. Obispo Auxiliar de Cali
Por Gabriel Ortiz*.- La tal “agenda” de Duque para esculcar sin piedad los bolsillos de los pobres, no tiene nada de social. Carrasquilla y sus asesores, impulsados por los “sabios” que trajeron a unos costos incalculables, escudriñaron hasta lo que nadie tiene, para arrebatárselo, sin tocar a los de arriba.
Hasta ahora el proyecto de reforma tributaria, nadie lo conoce en su integridad. A cuenta gotas lo van soltando a los potentados, mientras lo disfrazan para mostrarlo a las clases populares, que de difícilmente podrán entender semejante galimatías.
Contempla casi todo lo que no lesiona a quienes todo lo tienen, mientras los de abajo, ven evaporar el alza de los salarios para el 2021.
La “canasta familiar”, subió de estatus. En adelante, cabrá en una “chuspa”. Lo esencial no podrá ser adquirido por la población de menesterosos, en que se convertirá Colombia.
Los salarios de la generalidad de los compatriotas, que están por fuera de las nóminas oficiales, se convirtieron de la noche a la mañana, en suntuarios. El Presidente “megapensiones”, a las que están por encima de 7 millones, sin descontarles el castigo del 12% que les aplicó, Uribe.
Quienes manejan la gran producción y el dinero, no se han percatado de que sus inventarios crecerán estruendosamente, porque no habrá consumo.
Este derrochón gobierno, no admite la reducción del gasto público, ni la disminución de los exorbitantes salarios del enjambre de asesores presidenciales, de funcionarios sin funciones que engrosan la nómina y mucho menos controlar la utilización de los aviones, incluyendo el presidencial, para vacacionar. Tampoco tocar la incalculable flotilla de autos de alta gama para funcionarios que ni fu, ni fa, con “megasalarios”. Tampoco se vislumbra una normalización de las compras sin licitaciones, ni control, como se observó durante la pandemia. De la corrupción, ni se diga. Es incalculable el ineficiente servicio diplomático. De los servicios de información del estado, ni hablar, empezando por el vespertino de Duque y el oficial que se acaba de crear, con una nómina de 300 mil millones. Con ellos avanza se consolida el control de las noticias por parte del Estado. Se institucionaliza la “afirmación” en todos los medios, mas no la información, como los denomina el saliente dirección del Washington Post, Marty Baron, para referirse a los estados, totalitarios, dictatoriales y hegemónicos, como el de Venezuela.
Pocos días le quedan a la investigación y a la crítica en Colombia. El gobierno construye una riqueza para montar un Estado sin controles que garantice triunfos electorales inmediatos, y por qué no: para resucitar la ley que amplía los períodos.
Todo esto, cabe perfectamente y con holgura en la tal “agenda”, que nada tiene de social. Si esto persiguiera, restituiría las tierras, para crear de inmediato abundante empleo, producción para consumo y exportación, seguridad, eliminación de cultivos ilícitos, servicios públicos para los campesinos, educación y creación de riqueza.
BLANCO: Tremendo respaldo de las encuestas al Nobel Juan Manuel Santos.
NEGRO: La bofetada del gobierno a la colega Jineth Bedoya en la CIDDHH.
Bogotá, D. C, 27 de marzo de 2021
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por Paloma Valencia*.-Las medidas de aislamiento durante la pandemia lesionaron nuestra economía. En el peor momento -abril 2020- se perdieron 5.4 millones de empleos. En enero de 2021 inició una importante reactivación. La tasa de desempleo fue de 17.3%, es decir que 19.9 millones de personas se ocuparon. Sin embargo, esta buena cifra muestra la pérdida de 1.6 millones de empleos respecto al mismo mes del año pasado. De estos desempleados hay que dolernos especialmente por los 938 mil empleos perdidos de mujeres. Además de la muy siniestra tasa de desempleo juvenil de 22.5%, que extrapolada es de 16.8% para hombres y 30.2% para mujeres.
Además de este tremendo impacto sobre el empleo, perdimos más de una década de política social. De acuerdo con estimaciones de Fedesarrollo, 5.6 millones de colombianos estarían en riesgo de ingresar a la pobreza, lo que equivale a un aumento proyectado a un nivel de entre 47% y 49% para el 2021.
Hablar de reactivación tiene, al menos, dos temas de fondo: empleo y superación de pobreza. El empleo tiene que ver con las Mipymes -máximas generadoras de empleo en el país- la informalidad y el campo. Dejaré esto para una segunda columna. Me ocuparé hoy de la superación de la pobreza.
Algunos hablan de la necesidad de una renta básica mensual, para que cada colombiano en dificultades tenga ingresos y sobreviva. Sostiene que debe alcanzar al menos un salario mínimo y que cada ciudadano disponga de él como considere (lo que se llama un subsidio no condicionado).
Aquello rompe una enorme tradición de nuestro país en términos del condicionamiento de los programas y desconoce la capacidad fiscal de la nación. En esa dirección, tener ingreso para los más pobres, el gobierno hizo un enorme esfuerzo con familias en acción, el subsidio al adulto mayor y la creación de jóvenes en acción y el exitoso ingreso solidario. Ya anunció el Presidente su intención de alargar su duración. Es un buen inicio.
Sin embargo, he venido sosteniendo que Colombia requiere más para superar esas tremendas cifras de pobreza.
Ser pobre no es sólo no tener ingresos; es no tener vivienda, o tenerla en muy malas condiciones. Es no tener agua potable, ni alcantarillado, ser desempleado o informal, tener rezago educativo e incluso trabajo infantil. Creo que en medio de esta pandemia urge superar todas estas falencias, además de garantizar algún tipo de ingreso.
Por eso, debemos empezar a trabajar con las Juntas de Acción Comunal y las asociaciones de vecinos en proyectos de auto construcción: que paguen sueldos, pero además construyan vivienda, las mejoren, hagan los acueductos y los alcantarillados, las vías terciarias, los andenes, los espacios públicos. Sin grandes contratistas, con ingenieros tutores, profesionales de apoyo, pero sobre todo con la ciudadanía interesada.
Quiero que construyamos todo lo que les hace falta a los municipios pobres de nuestro país, a los barrios marginados de nuestras ciudades, que lleguemos a las veredas y las casas campesinas... y que lo hagamos pagándole a nuestros ciudadanos para que construyan lo que les hace falta, de una vez, se formen en un oficio. Este ambicioso proyecto se ha ejecutado antes, y ahora lo necesitamos.
Debemos volcarnos en la construcción de todas las obras que requieren los colombianos más pobres y contratarlos para hacerlo. Sin descuidar los grandes esfuerzos de infraestructura nacional. Tengo la convicción de que los dolores de la pandemia pueden ser sublimados en un gran proyecto de inclusión nacional. La resiliencia, tantas veces demostrada por mis conciudadanos, puede probarse hoy más que nunca soñando y construyendo lo que nos hace tanta falta: obras y cercanía con esa Colombia olvidada.
Bogotá, D. C, 26 de marzo de 2021
*Senadora del Partido Centro Democrático