Opinión
Por Gabriel Ortiz*.- A lo largo de mi vida nunca había visto tantos atropellos contra la niñez: la miseria, la ilegalidad, el maltrato, la falta de educación, la esclavitud, el sicariato, la mendicidad y demás penurias. Nunca se había pregonado oprobio semejante como el que lanzó el ministro de Defensa, para justificar un despropósito del ejército, que se ha denunciado y que se está investigando en torno a un reciente bombardeo en el Guaviare.
“Estaban en el campamento de Gentil Duarte y eran “máquinas de guerra”, dijo, más o menos el ministro Molano, para justificar el bombardeo, que cobró la vida de varios niños. La Convención de Ginebra y el Derecho Internacional Humanitario, son muy claros, sobre el tratamiento que debe darse a la niñez en un país en guerra, como Colombia.
La inteligencia militar, debe comprobar que en los campos de batalla y en los campamentos subversivos, no haya niños, antes de proceder al ataque.
Es entendible que un ministro de Defensa, deba expresar total solidaridad a sus tropas, si está seguro de la evidencia de los hechos, antes de aventurarse a acusar a todo un país, de adelantar campañas para difamar y deshonrar “a nuestro ejército”.
Se apresuró, como lo hizo su antecesor Botero, a inculpar, sin antes constatar. No es afortunada, lógica, sensata, una actuación febril de quien tiene las armas de la patria en sus manos.
Como suele suceder, el “trompo de poner”, han sido los niños; a los que nadie defiende y son las víctimas desde las épocas de Herodes, hasta nuestros días.
El Estado no los preserva, la sociedad apenas los soporta, las élites no los tienen en cuenta, muchos progenitores los detestan, los educadores los utilizan, los narcos, los terratenientes y ganaderos los manejan, explotan y corrompen.
El desplazamiento, el desempleo, la miseria, el hambre, la inseguridad y las amenazas, han convertido a nuestros campesinos y sus niños en los judíos errantes de la Colombia profunda y cercana. El gobierno no mueve un dedo para hacer, que su famosa paz “con legalidad”, permita la restitución de tierras, porque los raptores de ellas se encasillan en puestos burocráticos y camarillas políticas para impedir esa acción justiciera.
Si hubiera ese retorno, Colombia se convertiría en la gran despensa del mundo en esta crisis, al tiempo que mitigaría la indigencia y penuria de nuestros campesinos y garantizaría el tránsito de los niños hacia un nuevo país con próspero futuro, educación de calidad, buenas costumbres, alegría y mentes sanas, que los alejarían de esa execrable guerra que el mismo Estado impide que termine.
Así entraríamos por la promisoria senda, que nos permita limar asperezas, honrar la palabra, entronizar el sincero perdón en la Colombia que queremos, y de paso, acabar con las “máquinas de guerra”.
BLANCO: Sabia propuesta de la alcaldesa: no reforma tributaria, como proponen Uribe y Carrasquilla, sino un préstamo del emisor con el mayor contenido social que se conozca.
NEGRO: La supuesta prolongación del mandato Duque.
Bogotá, D. C, 11 de marzo de 2021
Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y de Notisuper.
Por José G. Hernández*.- Aunque es evidente que no solo por causa de la pandemia sino por muchos otros factores -algunos nuevos, otros estructurales-, Colombia afronta hoy una situación económica y social muy grave que reclama soluciones concretas -muchas de ellas urgentes- y propuestas serias con el objeto de superar enormes dificultades, nuestros políticos y algunos medios están empeñados en plantear desde ya el tema de las candidaturas presidenciales para 2022.
Todo gira alrededor de nombres y figuras, no tanto para escoger a los mejores candidatos sino con el propósito perverso y desleal de bloquear candidaturas o de impedir toda posibilidad electoral a personas que han demostrado aceptación popular. Con tales finalidades, se arman, se desarman y se vuelven a armar coaliciones, grupos y alianzas sostenidas por elementos superficiales -como la supuesta imagen-, adicionados por artificiales posiciones (como la “tibieza” o el “extremo centro”), pero sin consideración ni preocupación alguna por el fondo de las ideas, las propuestas y los programas que en todos los frentes necesita el país real.
El Gobierno, por su parte, también más preocupado por su propia imagen y por la comparación entre cifras, sondeos y estadísticas que por la gravedad de asuntos tales como las masacres y los crímenes de todos los días, prefiere la propaganda, incomprensibles gritos ante las tropas, la “v” de una victoria inexistente y las reiteradas y siempre incumplidas promesas según las cuales “el que la hace la paga”, pese a la endémica impunidad vigente. Esos asuntos, al parecer, no tienen importancia, ni para los actuales funcionarios, ni para los órganos de control, ni para los aspirantes políticos.
Tampoco preocupa al Estado, ni a los partidos políticos, gremios y los posibles candidatos la muy extendida y creciente desigualdad. Ni la existencia de regiones y localidades completamente abandonadas, en donde falta la salud y la educación, y en donde la población sufre, además de la pobreza, el hambre, el desempleo y el coronavirus, por la amenaza y el dominio de organizaciones criminales, narcotraficantes y terroristas que se han adueñado del territorio y que -ante la incapacidad de las autoridades y cuando quieren- matan, persiguen y desplazan a los habitantes, como lo hemos visto en días recientes. Colombianos olvidados por los demás colombianos.
¿Y qué decir de los enormes daños que nos está dejando -porque no se ha ido- la pandemia? Una gran crisis económica, miles de nuevos desempleados, trabajadores informales sin ningún ingreso, familias completamente desprotegidas, niños carentes de medios técnicos para la educación virtual y sin una mínima bioseguridad para la presencial; miles de empresas medianas y pequeñas en quiebra, sin el menor apoyo de un sector financiero cada vez más rico.
Eso sí, alzas desmesuradas en servicios públicos, impuesto predial, peajes, combustibles, alimentos. Y el Gobierno proyectando una reforma tributaria regresiva e inequitativa que extenderá el IVA a los productos de la canasta familiar.
Hace falta, entonces -y esto no es demagogia sino realismo-, volver a pensar en la Colombia de verdad, que no es la misma que se expresa en las redes sociales. Es la Colombia que sufre y llora, sin consuelo. La Colombia real.
Bogotá, D. C, 10 de marzo de 2021
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Víctor G Ricardo*.-Vale la pena hacer un breve análisis sobre la situación política, económica y social en España, para que nos sirva también de reflexión de lo que acontece en países amigos, como lo es España, donde la situación sigue completamente dominada por el tema de la pandemia.
España, al igual que Europa, sigue sumida en numerosas restricciones. A medida que se acerca la Semana Santa y mejora el tiempo, cada vez menos frío y más vida en las calles, crecen los deseos de viajar, visitar a familiares a los que no se han visto en tantos meses. Cada día que pasa, la situación económica está más comprometida, especialmente en el sector del ocio y servicios (restaurantes, cafeterías, hoteles, entretenimiento, entre otros). En España, un país en el que el paro cada vez mejoraba, ya se han hundido más de 600.000 empleos, a pesar de los mecanismos de protección establecidos (ERTEs), desde el inicio de la pandemia y más de 200.000 empresas han cerrado (1 de cada 6).
La vacunación, por su parte, va mucho más lento de lo planeado y esperado por los ciudadanos españoles. Sin embargo, el sentimiento general es que ya queda cada vez menos en el deseado retorno a la normalidad. Una de las medidas que se están barajando para acelerar el retorno a esa normalidad tiene que ver con la movilidad de viajeros. En la Unión Europea está restringida la entrada a viajeros provenientes de otros países del mundo, salvo en determinadas excepciones (residencia legal en el país, visado de larga duración, diplomáticos, entre otros). En Estados Unidos, por ejemplo, varios estados han implementado medidas similares de pasajeros procedentes del exterior. Estas políticas que no restringen del todo pero buscan mecanismos que razonablemente puedan controlar la pandemia se ven cada vez más. La Unión Europea está estudiando la puesta en marcha del pasaporte de vacunación para facilitar los viajes dentro de la UE a quienes ya hayan recibido la vacuna.
Hoy en día, hay mucha preocupación en el sector turístico ante la llegada de la temporada de verano europea. El pasaporte sanitario, supondría entonces un alivio al sector, tan golpeado por la pandemia. Aerolíneas, hoteles, restaurantes y toda la economía que está ligada al turismo, están presionando para que se apruebe, y lograr así mejorar su situación económica. No obstante, existen dudas sobre si esta medida es apropiada y si ofrecería algún beneficio, pues para que su aplicación sea útil habría antes que confirmar, cuánto dura una vacuna, si un vacunado puede ser transmisor del virus y cómo reaccionan los vacunados ante las nuevas variantes del mismo.
Algunos países como Francia cuestionan que se discrimine a los ciudadanos en función de que estén o no vacunados. En Francia la mitad de la población tiene dudas sobre si vacunarse o no. Creen que atenta además contra el principio de libertad de movimientos de la UE. Además, un 75% de las vacunas se han administrado en apenas 10 países.
En EEUU aún no se ha decidido si el estar o no vacunado puede condicionar las actuales restricciones de viaje, ni se habla por el momento de un pasaporte sanitario. En China sí se está trabajando en un certificado que permita a las personas vacunadas viajar. Será importante unificar criterios entre los distintos países para que los vacunados de todo el mundo puedan beneficiarse de una mayor movilidad, incluidos los de América Latina. La OMS por el momento no se ha pronunciado a favor del pasaporte sanitario pero se espera que aborde esta cuestión de manera inmediata y en especial de cara a la campaña de verano. Amanecerá y veremos.
Bogotá, D. C, 9 de marzo de 2021
*Excomisionado de Paz
Por: Guillermo García Realpe*.- A menos de año y medio de que haya relevo de gobierno, es hora de empezar a analizar el mapa político y de sintonizar las realidades del país con los grandes anhelos ciudadanos, el de los cambios y transformaciones sociales tan ausentes en los últimos períodos presidenciales.
Es por eso, que quien aspire a llegar a la Casa de Nariño, el 7 de agosto del próximo año, debe tener claro la realidad nacional, sus potencialidades, sus oportunidades, pero también sus grandes problemáticas, es decir, son muchos los desafíos en todos los frentes que hay que resolver.
Necesitamos que el próximo presidente, además de ser un líder natural, tenga el país en la cabeza, que escuche el clamor nacional, que resuelva problemas, que impulse las grandes reformas que hoy requiere con urgencia Colombia, que este al servicio de los más vulnerables y no del lado de los más poderosos. Los ciudadanos reclaman un cambio en la forma como se gobierna al país y es momento de hacerlo.
Ante este escenario, las fuerzas políticas tienen esa gran responsabilidad de escoger a sus mejores hombres y mujeres para que lleven esa vocería, para que le planteen a Colombia un nuevo escenario, donde recuperemos la esperanza y el rumbo perdido en este gobierno.
En el caso del liberalismo, como es de conocimiento público, han surgido fricciones, divisiones y diferencias internas que desdibujan los verdaderos postulados e ideales de nuestro partido. Es momento de empezar a subsanar los errores del pasado y apostarle a la reunificación liberal y convertirnos de nuevo en alternativa de poder.
Para lograr esto, es necesario que el partido dé un gran salto, que se sintonice con lo que clama el país, que se restaure como un partido progresista y no de derecha, que se tiendan también lazos de diálogo, hay que buscar alianzas con partidos que tengan la misma proyección política, de principios y valores.
Por eso, el liberalismo ha planteado a Cesar Gaviria, a Humberto De La Calle, a Juan Fernando Cristo, a Alejandro Gaviria, a Juan Manuel Galán y a Luis Fernando Velasco que se tomen un café por el bien de Colombia y no cometer los errores del 2018. Que no se impongan los cálculos políticos a lo que requiere el país que es la recuperación del aparato productivo y el empleo nacional, la vida, la democracia, la paz y una lucha frontal contra la pobreza, la marginalidad, la desigualdad y la corrupción.
La reunión entre el expresidente Gaviria y la familia Galán, es un buen augurio y un buen mensaje para el país político, ese tipo de escenarios los necesitamos más, el diálogo siempre será la salida a los problemas, es necesaria la reunificación del partido.
Necesitamos un partido vigoroso, unido, que escuche a nuestras bases liberales, que sea alternativa de poder, que logremos alianzas importantes con otros partidos políticos, no de derecha, sino aquellos que estén conectados con resolver los grandes problemas nacionales.
La presidencia de la República necesita de un colombiano ejemplar, que represente verdaderamente los intereses de los más desamparados, de los compatriotas que habitan la Colombia profunda, que combata las mafias, la corrupción, el narcotráfico, pero que también impulse las grandes reformas sociales que requiere el país.
Todo esto también depende, en buena medida, de una ciudadanía educada electoralmente, de personas con criterio para que no se dejen deslumbrar por cánticos de sirenas de la derecha o por el que diga el señor del Ubérrimo, o el candidato de los conglomerados económicos, le llegó el momento al país de dar un giro de 180 grados y enderezar el rumbo.
Es tiempo de cambiar, tenemos todo para ser un país próspero y más equitativo, pero para lograr eso, necesitamos saber votar, elegir al mejor está en nuestras manos, así que vamos entre todos por ese nuevo país, el de las oportunidades, el de la paz, el de la justicia social, el del empleo y la productividad, el que garantice el respeto a la vida, el de la honestidad. ¡colombianos, el tiempo del cambio se aproxima!
Bogotá, D. C, 9 de marzo de 2021
*Senador Partido Liberal
@GGarciaRealpe
Por Mons. Fernando Chica Arellano*.- Aprovechando la ocasión que nos brinda el Día Internacional de la Mujer, vamos a acercarnos en estas páginas a algunas reflexiones que, al respecto, realiza la encíclica Fratelli Tutti. Se inscribe así en la consistente aportación de la Iglesia, que siempre ha afirmado, en su doctrina, la dignidad inviolable de la mujer y siempre ha apostado, en su práctica, por la promoción de las mujeres.
Efectivamente, el Papa Francisco recuerda que “así como es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer, es igualmente inaceptable que el lugar de nacimiento o de residencia ya de por sí determine menores posibilidades de vida digna y de desarrollo” (FT 121). Por eso, “si toda persona tiene una dignidad inalienable, si todo ser humano es mi hermano o mi hermana, y si en realidad el mundo es de todos, no importa si alguien ha nacido aquí o si vive fuera de los límites del propio país” (FT 125). El análisis de la realidad nos muestra que “la organización de las sociedades en todo el mundo todavía está lejos de reflejar con claridad que las mujeres tienen exactamente la misma dignidad e idénticos derechos que los varones. Se afirma algo con las palabras, pero las decisiones y la realidad gritan otro mensaje. Es un hecho que doblemente pobres son las mujeres que sufren situaciones de exclusión, maltrato y violencia, porque frecuentemente se encuentran con menores posibilidades de defender sus derechos” (FT 23).
En ese sentido, destaca de manera particular la situación de las mujeres rurales, que tantísimo sufrimiento acumulan en sus quehaceres, y que, al mismo tiempo, tantísima energía, esfuerzo, creatividad y audacia encarnan en sus vidas. Logran, de esta manera, abatir el pesimismo, hacer germinar por doquier la fraternidad y abrir horizontes de novedad en nuestros pueblos. Sobre sus hombros de jóvenes, madres, esposas, viudas o abuelas, alentadas por el entusiasmo o revestidas de sabiduría y experiencia, consiguen derrotar el egoísmo, no arredrarse ante las contrariedades y sostener a quienes vacilan, beneficiando de ese modo a sus comunidades, sacando adelante a sus familias e infundiendo en las nuevas generaciones la esperanza en un futuro mejor.
Junto a ellas camina y a ellas sirve la Iglesia, la mayoría de las veces de una manera tan silenciosa como eficiente. Como señala la encíclica, “la afirmación de que todos los seres humanos somos hermanos y hermanas, si no es solo una abstracción, sino que toma carne y se vuelve concreta, nos plantea una serie de retos que nos descolocan, nos obligan a asumir nuevas perspectivas y a desarrollar nuevas reacciones” (FT 128). Porque, lamentablemente, “mientras muchas veces nos enfrascamos en discusiones semánticas o ideológicas, permitimos que todavía hoy haya hermanas y hermanos que mueran de hambre o de sed, sin un techo o sin acceso al cuidado de su salud” (FT 189).
Para evitar la abstracción necesitamos acercarnos a las personas concretas, con sus historias y sus sufrimientos. “Preguntemos a las víctimas. Prestemos atención […] a las mujeres que perdieron sus hijos, a los niños mutilados o privados de su infancia. Prestemos atención a la verdad de esas víctimas de la violencia, miremos la realidad desde sus ojos y escuchemos sus relatos con el corazón abierto” (FT 261). Esta actitud nos abrirá a la verdad, de la mano de la justicia y la misericordia. “Verdad es contar a las familias desgarradas por el dolor lo que ha ocurrido con sus parientes desaparecidos. Verdad es confesar qué pasó con los menores de edad reclutados por los actores violentos. Verdad es reconocer el dolor de las mujeres víctimas de violencia y de abusos” (FT 227).
En esa verdad encontramos no solo sufrimiento y desgarro, sino también espíritu de superación y un creativo anhelo por la vida, que en numerosas ocasiones y de mil formas diversas logran plasmar tantas mujeres en el mundo, y muy especialmente las que se encuentran en contextos de pobreza y marginación. Muchas de ellas simbolizan la actitud y las acciones del Buen Samaritano; en medio del dolor y de la herida “la parábola nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que hacen propia la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se hacen prójimos y levantan y rehabilitan al caído, para que el bien sea común” (FT 128). Así pues, “cuidemos la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, la actitud de proximidad del buen samaritano” (FT 79).
Por ello los cristianos necesitamos volver una y otra vez a “la música del Evangelio” y permitir que suene “en nuestras casas, en nuestras plazas, en los trabajos, en la política y en la economía”. De lo contrario, “habremos apagado la melodía que nos desafiaba a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer” (FT 277). Esta música del Evangelio renueva “la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales” (FT 196). Al comienzo de su encíclica, el Papa recuerda que la expresión “Fratelli Tutti” fue empleada por San Francisco de Asís “para dirigirse a todos los hermanos y las hermanas, y proponerles una forma de vida con sabor a Evangelio” (FT 1).
Con esa música y ese sabor a Evangelio la verdadera caridad cristiana se expresa “en el encuentro persona a persona” y, a la vez, “es capaz de llegar a una hermana o a un hermano lejano e incluso ignorado, a través de los diversos recursos que las instituciones de una sociedad organizada, libre y creativa son capaces de generar” (FT 165). “Reconocer a cada ser humano como un hermano o una hermana y buscar una amistad social que integre a todos no son meras utopías. Exigen la decisión y la capacidad para encontrar los caminos eficaces que las hagan realmente posibles. Cualquier empeño en esta línea se convierte en un ejercicio supremo de la caridad” (FT 180). También en esto son modélicas muchas mujeres empobrecidas, que saben combinar la ternura y la política, la cercanía y la firmeza, con una imaginación y tenacidad admirables. “Es el amor que se hace cercano y concreto. Es un movimiento que procede del corazón y llega a los ojos, a los oídos, a las manos. […] La ternura es el camino que han recorrido los hombres y las mujeres más valientes y fuertes” (FT 194).
Que el Señor nos conceda avanzar en esta dirección. Y que la Virgen María, Mujer fuerte y Consuelo de los afligidos, interceda por nosotros.
Bogotá, D. C, 8 de marzo de 2021
*Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, El FIDA y el PMA
Por Mauricio Cabrera Galvis*.-Enero siempre ha sido un mes difícil para el empleo. Después de las fiestas decembrinas que generan mucho empleo temporal por los viajes, celebraciones y la explosión de las compras navideñas, viene la resaca de la cuesta de enero, donde mucha gente se da cuenta que gastó más de lo que tenía y se aprieta el cinturón. Los negocios vuelven a su ritmo normal y se despiden miles de trabajadores temporales.
Este comportamiento estacional se refleja en las cifras del DANE que cada enero muestran un aumento de la tasa desempleo frente al mes anterior (en promedio 2,7 puntos porcentuales en la última década).
Este enero se agrandó la diferencia, y el desempleo aumentó casi 4 puntos respecto a diciembre de 2020, llegando a un asustador 17,3%, el segundo peor registro para este mes en lo que va corrido del siglo. La situación es peor en las 13 ciudades más grandes del país, en las que el desempleo llegó al 19,5%.
Los porcentajes son números fríos que esconden la tragedia de 1.57 millones de personas que empezaron mal el año nuevo perdiendo su empleo y sus ingresos. De estas 938.000 fueron mujeres y 39.000 hombres, es decir que 6 de cada 10 nuevos desempleados fueron mujeres. Por eso la tasa de desempleo femenino es de 22.7% mientras que la de los hombres es mucho menor, 13.4%.
Varios analistas culpan de esta caída del empleo a la nueva cuarentena y los cierres de actividades económicas que se decretaron en enero para controlar el gran aumento de contagios y muertes por Covid producido por los excesos de diciembre. No es del todo cierto. La actividad económica en la que más se perdieron empleos, comparando con enero del año anterior, fue la Industria manufacturera, con más de 400.000. Es claro que la industria no fue afectada por los toques de queda ni por la ley seca. Por el contrario, aunque se esperaría que el Comercio sufriera más por las restricciones, fue uno de los pocos sectores que registró un aumento de personas ocupadas, 44.000.
La hipótesis alternativa, por lo menos para la Industria, es la falta de demanda, pues en el 2020 sus ventas cayeron 8%. En sectores como restaurantes, hoteles o entretenimiento es una mezcla de las restricciones y de las menores ventas por el autocuidado de la gente o su falta de dinero para consumir. Mientras la gente no recupere sus ingresos y no se reanime la demanda la reactivación será lenta.
* Adenda: 6.402 jóvenes colombianos ya no están buscando empleo. Cuando lo estaban buscando les ofrecieron ir a coger café y otros posibles trabajos. Partieron ilusionados en conseguir algún ingreso para sus familias y fueron vilmente asesinados para mostrar resultados y cobrar unas recompensas. Su sangre clama justicia y saber quién dio la orden.
Bogotá, D. C, 8 de marzo de 2021
*Filósofo y Economista. Consultor
Por Amylkar D. Acosta M*.- Con ocasión de la celebración del Día de la mujer, el 8 de marzo, me permito compartir estas disquisiciones en torno a la vulnerabilidad y a la vulneración de la mujer en Colombia. Hace un año, el 6 de marzo se reportó el primer caso de contagio en Colombia con el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 portador de la COVID -19, declarada como pandemia por parte de la OMS cinco días después. Desde entonces todos los países y Colombia no es la excepción tomaron medidas para contrarrestarla; pero, pese a ello, dicha pandemia alcanzó a cobrar más de dos millones de víctimas fatales antes de poder desarrollar las vacunas contra la misma por parte de la industria farmacéutica.
Los estragos en la salud, en la economía y en los indicadores sociales no se hicieron esperar, siendo mayores en Latinoamérica que en el resto del mundo. Sus repercusiones han sido catastróficas, afectando mayormente a los más vulnerables tanto por estratos sociales como por género. Las cifras son elocuentes y muestran palmariamente que la mujer en Colombia ha llevado la peor parte de los devastadores efectos no deseados, pero no por ello menos impactantes, de las medidas de bioseguridad tomadas por parte del Gobierno.
Cabe advertir que la vulnerabilidad del sexo femenino en Colombia no se le puede atribuir a la pandemia, tal condición era preexistente a la misma, de modo que en el 2020 sólo se dio su empeoramiento y lo que es peor se profundizaron las enormes brechas de genero que aún subsisten en Colombia. Y ello, no obstante que la Constituyente de 1991 consagró en la nueva Constitución Política en su artículo 43 la igualdad de género.
Desde luego se han registrado avances legislativos que han desarrollado tal precepto constitucional, destacándose entre ellos la expedición de la Ley 581 de 2000, más conocida como la Ley de cuotas, la misma que tiene en aprietos al Presidente Duque para su cabal cumplimiento. Pese a ello, el desempleo y la pobreza siguen teniendo rostro de mujer: la brecha de la tasa de participación de la mujer con respecto a la del hombre es de 20.8 puntos porcentuales. El desempleo femenino en el 2019, antes de la pandemia, se situó en el 13.6%, más de 3 puntos porcentuales con respecto al promedio nacional y 5.6 puntos porcentuales por encima de los hombres. En el año 2020 esta brecha se amplió y esta vez fue de 6.1 puntos porcentuales.
El contraste no puede ser mayor, según el DANE, mientras el género masculino trabaja 12:39 horas diarias, de las cuales 9:14 horas son remuneradas, las féminas trabajan 14:49 diariamente, de las cuales sólo 7:35 horas son remuneradas. Es decir, que la mujer dedica la mitad de su tiempo laborado, generalmente en condiciones precarias, a actividades no remuneradas. Llama poderosamente la atención que el tiempo dedicado a actividades no remuneradas por parte de la mujer no varía con el nivel de estudios.
Es de anotar que, a consecuencia de las cuarentenas, de las restricciones a la movilidad y sobre todo debido a la virtualidad de la educación básica y primaria, muchas madres, sobre todo aquellas que son cabeza de familia, han tenido que renunciar a sus empleos o a ganarse la vida en la informalidad o rebusque para poder atender y asistir a sus hijos. Esta es otra razón por la cual su tasa de participación en el mercado laboral se reduce sensiblemente, muchas de ellas entran a engrosar el número de los que la estadística del DANE cataloga como “inactivos”, que no es otra cosa que desempleo disfrazado, los cuales en la práctica se vienen a sumar a los desempleados, así no se refleje en la cifra oficial de la tasa de desempleo.
Y, a propósito de la economía del cuidado, bueno es advertir que el 78% de la misma recae sobre los hombros de las mujeres y como ya quedó dicho un altísimo porcentaje de la labor que demanda es no remunerado. A este respecto, bueno es recordar que el 11 de noviembre de 2010 fue sancionada la Ley 1413 de economía del cuidado, la cual fue impulsada por la ex ministra de Estado Cecilia López y la Senadora Gloria Inés Ramírez. No obstante que en ella se establece que la economía del cuidado, la cual según la ex ministra aporta al PIB entre el 18% y el 20%, mucho más que la industria y la agricultura que a duras penas participan con el 11% y el 6.3%, respectivamente, “el espíritu de la Ley no se ha cumplido, no se le da el valor que tiene la economía del cuidado”. Con razón decía el caudillo Jorge Eliécer Gaitán que “el pueblo no demanda la igualdad retórica ante la Ley, sino la igualdad real ante la vida”.
Lo propio ocurre con la femenización de la pobreza, la cual en tratándose de las zonas rurales del país es más acentuada la discriminación en contra de la mujer. Según el Índice de femeninidad en hogares pobres de la CEPAL, en Colombia por cada 100 hombres que viven en hogares pobres 116.9 mujeres están en una situación similar. Y para rematar, la mujer se ve afectada además por la brecha salarial adversa que bordea en promedio el 16.1% y en las zonas rurales alcanza el 45% (¡!), lo cual incide en su pobreza y empobrecimiento.
Como es bien sabido, a consecuencia de la crisis pandémica, según la misma CEPAL, la pobreza en América Latina alcanzó en 2020 sus niveles más altos en 12 años. En el caso particular de Colombia, según la proyección de FEDESARROLLO, la pobreza que ya había subido desde el 34.7% en 2018 al 35.7% en 2019, se elevaría en 2020 a un nivel que oscilaría entre el 47% y el 49%, desde luego este porcentaje será mucho mayor para las mujeres, ampliándose aún más la brecha.
Barranquilla, marzo 6 de 2021
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía
www.amylkaracosta.net
Por Juan Camilo Restrepo*.- Cuando Porfirio Barba Jacob vivía en San Salvador, en 1917, le tocó presenciar el terrible terremoto que azotó a la capital del que se conoce como el pulgarcito de América Central: El Salvador. De aquella terrible experiencia el poeta dejó un interesante libro de vivencias.
El domingo pasado hubo otro terremoto en El Salvador, ya no de carácter telúrico sino político: el partido del presidente Nayibe Bukele arrasó en las elecciones parlamentarias. Hasta el punto de que borró del mapa político a los dos partidos tradicionales salvadoreños: el frente Farabundo Martí y Arena. Todo hace pensar que podrá inclusive gobernar solo sin tener que recurrir a ninguna coalición política.
Bukele es un personaje sui géneris. Autoritario y mediático. Metió al recinto del Parlamento al ejercitó cuando éste no quería aprobarle alguna iniciativa. Todo hace pensar que irá por su reelección mediante una reforma constitucional, ahora que ha marcado una preeminencia indisputable en la escena política de su país.
Hace poco invitó al expresidente colombiano Álvaro Uribe para asistir como observador a las elecciones que tuvieron lugar el pasado domingo. Uribe se excusó. Pero no me sorprende la invitación. Ambos comparten visiones comunes sobre muchas cosas. La principal de ellas es su desgano con relación a los acuerdos de paz que se celebraron en sus dos países. El acuerdo de paz en El Salvador se suscribió hace diez años luego de una de la más sangrienta guerra civil que haya presenciado Centro América. Bukele descalifica estos acuerdos y los tilda como “una farsa”. Ambos son amantes del Twitter. Bukele no deja de mandar trinos todo el día, y de esta manera orienta la política de su partido y la del país. Se dice que prefiere el mensaje electrónico de las redes sociales a las manifestaciones públicas. Con sus 39 años, hijo de padre palestino, hay quienes lo comparan con un nuevo Fidel Castro pero de derecha.
El uso y el abuso de la fuerza pública por parte de Bukele se han vuelto proverbiales. Y de la mano dura. Tiene a raya a las temibles mafias de los “maras salvatrucha”. La foto de centeneras de ellos amarrados a la espalda en una cárcel del Salvador le ha dado la vuelta al mundo. Los centros de reclusión están llenos de ciudadanos que no cumplieron con disciplina las órdenes impartidas durante el confinamiento del coronavirus. Ha montado una guardia severa en las fronteras para vigilar y castigar a los salvadoreños que pretendan emigrar hacia los Estados Unidos. Mantiene una disciplina de hierro envuelta en un discurso juvenil. Se hace llamar el “presidente cool” de América Central.
Las remesas en estos tiempos de estrechez siguen siendo el principal ingreso de divisas de sus conciudadanos. Mantiene una pelea casada con todos los otros poderes: el legislativo y el judicial. Y no ha necesitado negociar con nadie para nombrar fiscal y contralor de bolsillo. O para conformar su gabinete. No le rinde cuentas a nadie. El único que de alguna manera le ha urgido moderación son los Estados Unidos. Durante los 20 meses que lleva en el poder ha gobernado por decreto, y poco le ha importado que el Congreso no le acepte sus proyectos. Y si es necesario mete su guardia pretoriana al recinto mismo del poder legislativo, como para que quede claro quién manda ahora en el pulgarcito centroamericano.
Bogotá, D. C, 8 de marzo de 2020
*Abogado y Economista. Exministro de Estado
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- Habló “El ñoño” Elías; estaba que se hablaba, pero los procesos kafkianos de nuestra justicia lo mantuvieron callado durante el anterior gobierno y la anterior Fiscalía.
Impresionante la audiencia en la que prendió el ventilador, durante el juicio a Luis Fernando Andrade, expresidente de la ANI, un técnico rolo-gringo que, al parecer, cayó en la telaraña de corrupción de la campaña reeleccionista de Santos, sin que ello lo justifique, pues no solo sirvió dócil a los mezquinos intereses del presidente, sino a los de dos ambiciosas exministras que pusieron “pies en polvorosa” y hoy gozan de su apacible retiro londinense.
Andrade atendió la audiencia desde Miami, impecable, mientras Elías tenía a sus espaldas una pared descascarada y su rostro mostraba las penurias de la reclusión carcelaria. Atrás quedaron los días en que invitaba al primero a su casa y le regalaba cartera Louis Vuitton a su esposa, o se reunía con ministros y bebía wiski con Martorelli, cabeza de Odebrecht en Colombia, y con el jefe de campaña de Santos, Roberto Prieto, un caldense de alcurnia, más conocido por su lenguaje soez, su propensión a la maturranga y su incomprensible lealtad a Santos. Dios los hace y el chanchullo los junta.
En una reciente entrevista, desde el mismo recinto descascarado, el exsenador pidió perdón y responsabilizó de lo que pueda pasarle -está amenazado- a todos los que mencionó, incluido Santos, a quien dejó al descubierto, pues aunque dice no constarle que conociera de la financiación ilegal de sus campañas, pues estamos frente a otro “elefante” de tamaño descomunal; estuvimos otra vez, en 2014, frente a una contundente derrota en primera vuelta y la necesidad apremiante de dinero, que Samper obtuvo del Cartel de Cali y Santos de Odebrecht.
En la entrevista Elías relata que, por esa época, Martorelli le contó que había hablado con Santos en la Casa de Nariño y que no se preocupara porque, con su “refuerzo”, la victoria estaba garantizada. Los abogados de Santos se apuraron a desmentirlo y juran que Martorelli nunca pisó la casa presidencial, pero días después aparece la prueba de su ingreso, poco antes de la firma ilegal del otrosí que enredó a Andrade y a las dos exministras.
Resumen: El viceministro García, el de los 6,5 millones de dólares, condenado con reclusión domiciliaria, mientras la ministra Álvarez y su pareja escurrieron el bulto. Andrade, acusado, pero tranquilo en Estados Unidos. Prieto, condenado y acusado por nuevos cargos que pueden alargar su pena, que paga en condiciones VIP; Otto Bula y Bernardo Elías, pagando sus penas en cárcel ordinaria.
La gran pregunta: ¿y Santos? El escritor Jorge Andrés Hernández publicó el libro “SANTOS EL JUGADOR”, que empieza con una cruda afirmación: “Existen pocos conceptos que surquen la trayectoria y la acción políticas de Juan Manuel Santos como el de traición”.
Santos traicionó a Uribe cuando llegó a la presidencia con su programa y también con la decisión escondida de negociar. Traicionó la democracia cuando despreció la voluntad popular. Traicionó a Colombia cuando, bajó la presión armada de las Farc y la del Socialismo Bolivariano, dejó el país plagado de coca. Traicionó a los “amigos” que abrazaba buscando dinero, votos y apoyos a la negociación. Traicionó al mundo con un Nobel que no merece y debería devolver. Traicionó la paz, porque no la hemos visto.
Pero el traicionero siempre será traicionado por sus cómplices. Otto habló, García habló; “El Ñoño” habló y volverá a hablar; y Prieto hablará, no lo dudo.
Santos: “Tas pillao”. Devuelve el Nobel, porque el daño que le hiciste a Colombia es imposible devolverlo.
Bogotá, D. C, 7 de marzo de 2021
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Paloma Valencia*.- Dime de que presumes y te diré que te falta. Esos que presumen de ser los políticos del amor y que dicen que todos los otros promovemos la política del odio, que se quejan de la polarización y llaman al centro, lo que buscan en sus términos es satanizar los dos “extremos” para polarizar a su favor. Ambos deberían mirarse al espejo.
Ambos han ido sembrando entre los colombianos odio de clases, odio a quienes pedíamos paz, pero con justicia, odio contra todos los dirigentes que han gobernado Colombia, odio contra Uribe y el Uribismo, odio contra nuestro pasado, odio incluso hacia el futuro que presentan turbio e infeliz. El odio es un sentimiento que no construye, que enceguece, que no genera sino destrucción y negación.
Claro que Colombia tiene problemas, claro que necesita cambios; por supuesto que hemos tenido malos gobernantes, y definitivamente hay muchos corruptos... sin embargo, también es cierto que es mucho lo que colectivamente hemos logrado. Somos un país que avanza.
No es la “revolución” que quiere destruirlo todo con la promesa de que todo renacerá mejor, la que nos llevará a superar nuestros problemas. No es la promesa de ensayar algo nuevo, porque todo lo demás no ha servido. La construcción social es gradual y debe tener en cuenta todo lo que se ha hecho. Tampoco es la indefinición política, ni el maniqueísmo de decir que todo lo que es distinto es malo.
Colombia necesita pensar en su futuro con ilusión. Si de mi dependiera escogerle un nombre a la coalición de la que hará parte el Centro Democrático escogería ese: coalición de ilusiones.
Colombia necesita preservar el cambio generacional en la política. La generación que nos ha gobernado durante los últimos años insiste en conservar el poder. Creo que esta nueva generación recién llegada debe consolidar la transición. No para reemplazarlos, pero si para cambiar la forma de hacer política. Esta generación puede representar un verdadero puente para que la nación toda tenga un sueño de futuro. Diferencias todas, pero conciencia de que vamos en el mismo barco y nuestro destino es el mismo.
Me gusta ilusionarme con una coalición que hable desde las regiones. Que conozca lo local, al ciudadano, al campesino. Una apuesta por una profunda descentralización, no de nombre sino de líderes que representen lo regional. Los bienes públicos y los espacios públicos como un mecanismo para la inclusión social. Los encuentros de todos en “lo público” sirven para romper la fragmentación y el clasismo.
Me ilusiona que veamos la política como el mecanismo para transformar la sociedad. Un camino para valorar lo que hemos construido y avanzar y corregir. Una política libre de corrupción y de maquinarias, una política de servicio y diálogo.
Unos políticos que entiendan que el sistema de mercado garantiza la libertad: El crecimiento económico para generar empleo, empleo para superar pobreza, superar pobreza para buscar calidad de vida. Ligado a eso sí, una revolución en la educación y el campo. Pongamos nuestros jóvenes en la primera línea de la revolución de la automatización, y convirtamos nuestros campesinos en artesanos y pequeños empresarios.
Me inspira pensar en nuestro futuro lleno de luz, me inspira la convicción de que es posible una Colombia mejor. Hay demasiadas razones para amar a Colombia y luchar para verla más próspera, más justa, más equitativa. Construyamos una visión de nuestro futuro con ilusión.
Bogotá, D. C, 6 de marzo de 2021
*Senadora del Centro Democrático.