Opinión
Por Fabio Cifuentes.- Aunque la pandemia del Covid-19 ha puesto en riesgo la vida de la humanidad, aún hay personas que no han querido entender que todos estamos en la misma barca y si no nos unimos para salir de esta crisis vamos a naufragar.
En este momento no hay tiempo para debates políticos absurdos, ni para ideas “brillantes” con el fin de figurar en las primeras páginas de los periódicos. Sólo hay tiempo para actuar.
Hoy más que nunca, las horas son valiosas. Ya sabemos cómo controlar la pandemia, quedándonos en casa, se necesita actuar rápido y con toda contundencia.
Ahora lo más grave no es el virus, quien lo creyera, es la irresponsabilidad de la gente que no acatan las órdenes del gobierno. Se está poniendo en riesgo la seguridad sanitaria del país.
El gobierno ya ordenó el aislamiento, ahora es responsabilidad de todos acatarlo y de la fuerza pública hacerlo cumplir.
Todos los gobernantes, en cabeza del presidente de la República, deben concentrarse en ampliar la capacidad de unidades de cuidados intensivos, porque en cuestión de días se va a medir la capacidad del país frente a la pandemia. La crisis hasta ahora comienza.
Por eso, en estos momentos, no hay tiempo para debates y vanidades de nuestros dirigentes. Hoy solo debe haber unión y acción. Les aseguro que el virus no les va a preguntar en qué partido militan o si es rico o pobre.
El gobierno nacional con mucha responsabilidad decidió ampliar el periodo de aislamiento y el país es consciente de que se puede prolongar aún más.
Además de la pandemia hay mucha preocupación, y con justa razón, por el futuro de la economía del país. Acá debemos actuar con cabeza fría y adoptar medidas sensatas y realistas.
El país lo tenemos que recuperar entre todos, por eso hoy, quienes estén en capacidad de pagar impuestos, créditos y servicios públicos, lo deben hacer, eso sería un colchón muy importante para evitar que todo entre en crisis.
No nos crucemos de brazos, si podemos hacerlo, también es una actitud solidaria con el país y con todos los colombianos.
La crisis tiene que pasar y todo debe continuar. Evitemos, hasta donde alcancen nuestras fuerzas, que todo entre en quiebra.
Necesitamos al sector productivo del país en pie para que sostengan los empleos de miles de colombianos. Por eso considero que se debe seguir con el aislamiento para toda la parte administrativa y todo lo que se pueda hacer por teletrabajo.
Y para el sector industrial se debe abrir la posibilidad, después del 27 de abril, de que se manejen turnos mínimos para que reactiven la producción y puedan apalancar, por lo menos, el pago de nóminas.
Si nos unimos triunfaremos. De la mano de Dios seguiremos adelante.
Bogotá, D. C, 16 de abril de 2020
*Asesor en Estrategia de Comunicaciones. Se ha desempeñado como subsecretario de prensa de la Presidencia de la República, jefe de prensa de la Campaña Presidencial Juan Manuel Santos y Periodista Caracol Radio.
Por Jorge Enrique Robledo*.-Los principales poderes económicos y políticos del mundo han dedicado sus descomunales instrumentos propagandísticos –viejos y nuevos– a meternos el cuento de que la humanidad llegó al mejor modelo económico, social y político concebible, sistema que se conoce como la globalización neoliberal. ¿Las pruebas supremas de que estamos ante el máximo grado de civilización posible? Que un puñado de potencias y trasnacionales se quedan con una porción cada vez mayor de la riqueza global, que pululan el desempleo, la pobreza, el hambre y la corrupción, que convirtieron el consumo enfermizo en una droga capaz de idiotizar y que solo algunos países pueden aspirar de verdad a la modernidad capitalista.
Todo iba bien para sus falacias hasta cuando apareció el Covid-19 (Coronavirus). ¡Y ahí fue Troya! A la vista quedaron las lacras de la globalización, en especial las que tanto ocultaron en países como Colombia, a los que nos imponen lo más destructivo que se le pueda imponer a un país: no poder emplear productivamente a su población ni explotar adecuadamente las riquezas de su territorio, desgracias que están en la base de sus restantes y gravísimos problemas. Y que la pandemia nos dará más duro que a otros en términos económicos y sociales y de salud, en razón de nuestras debilidades de todo tipo.
A los países desarrollados –digamos de 30 mil dólares y más de producto por persona al año e industrializados– la pandemia los afecta de forma diferente. Porque ellos sí pueden recurrir a sus fuertes estructuras productivas y de empleo y a sus poderosas tesorerías públicas para enfrentar con vigor las emergencias combinadas. Porque mientras el respaldo oficial por habitante en esta crisis en Colombia apenas llega a 166 dólares, en la Unión Europea y Estados Unidos han aprobado 7.848 y 6.728, respectivamente, es decir, 47 y 40 veces más.
Ante estas realidades, crecen las críticas a la globalización existente, las cuales no rechazan las relaciones internacionales sino que cuestionan cómo deben ser, según sean sus efectos positivos o negativos en las personas y los países, a la par que plantean como derecho humano que todas las naciones podamos acceder, plenamente, a los avances de la modernidad.
Pero también se oyen voces que no comparto que señalan la muerte de las concepciones económicas, políticas e ideológicas que le dieron base al neoliberalismo, simplemente vencidas, dicen, por lo numerosas y repudiables realidades de todo tipo que puso al desnudo la pandemia del Covid-19. Y no las comparto porque ni en Colombia ni en ningún otro país ni uno solo de sus promotores y beneficiarios ha renunciado a esas teorías y prácticas, en tanto sí son muchas las evidencias que muestran que andan aprovechándose de las oportunidades que genera la crisis. Aquí, con esas ideas se sigue gobernando el país y aparecieron el presidente Duque suspendiendo los aranceles al maíz, la soya y el sorgo y el gobierno de Estados Unidos induciendo a sus productores a aumentar las ventas de comida procesada en Colombia (bit.ly/39QaGck), dos ataques más a la seguridad alimentaria nacional.
Es posible que esa apreciación equivocada provenga de la actual y fuerte intervención del Estado en todos los países. Pero porque no entienden que dicha intervención es cada vez más imprescindible en cualquier economía de mercado, en especial en sus crisis, como ocurrió en 2008 y sucede ahora, pero en estos casos no la usan para modificar las concepciones neoliberales sino para apuntalarlas, a pesar de su fracaso para resolver las necesidades de cada país y del mundo.
Lo que nos corresponde entonces a los colombianos es construir el más amplio pacto nacional posible –con los sectores populares, las capas medias y el empresariado–, en torno a defender, entre otros puntos, la producción urbana y rural, el trabajo formal y los derechos ciudadanos, el ambiente, la democracia auténtica y las relaciones internacionales con beneficio recíproco.
Coletilla: no dejen de leer la entrevista sobre estos asuntos del industrial colombiano Jimmy Mayer, con opiniones que le señalan un rumbo acertado al país (bit.ly/3a11gem).
Bogotá, 10 de abril de 2020.
*Senador del Polo Democrático Alternativo
/ @JERobledo
Por: Guillermo García Realpe*.-Cuando el mundo al fin haya superado esta pandemia del coronavirus, cuando las naciones recobren su normalidad, y cuando los países sean libres nuevamente, entonces tendremos que hacer muchas reflexiones acerca de cómo queremos seguir conviviendo.
Esta tragedia que vive hoy la humanidad tiene que en adelante servirnos para cambiar todos nuestros hábitos de vida, a ser sociedades más solidarias y colectivas y menos individuales, a repensar toda nuestra cotidianidad y a valorar cada instante que podamos tener.
En ese orden de ideas, en Colombia, por ejemplo tenemos que replantear una serie de situaciones y de estado de cosas que no han venido funcionando bien, que han presentado fallas constantes y que la ciudadanía en general pide a gritos cambios urgentes.
Lo primero es hacer una profunda transformación al régimen de salud, nuestro sistema hoy es ineficiente, obsoleto, beneficia más el interés privado que el público, se presta para que haya corrupción a gran escala, los recursos de la salud cada vez son más dilapidados, y ante ese oscuro panorama lo que se necesita es hacer una reforma integral a todo el sistema.
Nuestro sistema de salud está en cuidados intensivos y reanimar ese paciente merece del esfuerzo conjunto de toda la sociedad colombiana, la red pública hospitalaria amerita de una generosa inyección de recursos para que mejore su infraestructura, para dotar a las instituciones de equipos especializados, tenemos que triplicar las unidades de cuidados intensivos. Ni qué decir del componente laboral, hoy nuestro personal de la salud en su gran mayoría está mal remunerado, y lo que hay que hacer es mejorarles sus condiciones laborales y prestacionales, que tengan salarios dignos. Pues son ellos, hombres y mujeres quienes están en la primera línea de batalla contra el coronavirus y ese esfuerzo de ahora y de antes, debe ser reconocido de manera amplia.
Ahora en el debate mundial exprofeso de esta crisis de la humanidad también hay que hacer un alto en el camino para replantear profundos cambios al modelo económico y social que trajo consigo la herencia de la globalización y todo el modelo neoliberal. Esas enormes concentraciones de riqueza en unos pocos, que generan enormes desigualdades sociales tienen sin duda, que cambiarse de manera urgente. En ese sentido hay que dejar atrás el capitalismo salvaje y apostarle a un capitalismo social, con un servicio público y un Estado eficiente donde los intereses de la gente estén primero y no anteponer el beneficio económico como único salvador.
Tenemos que dar un gran salto también hacia una sociedad protectora de la naturaleza, no depredadora, donde podamos reemplazar el extractivismo por la agroindustria o las industrias sostenibles, donde cambiemos fracking por combustibles limpios y donde le demos vía libre a las energías renovables, llegó la hora de cesar tanto maltrato ambiental y en esta tragedia el planeta nos dio un mensaje, tenemos que descifrarlo para bien de todos. Pero tal vez una de las más grandes lecciones es que la naturaleza recuperó sus espacios, muchas especies retornaron a sus hábitats, el planeta entero vive un respiro de la acción humana, las aguas volvieron a ser cristalinas, y las ciudades hoy respiran otros aires. Tal vez ha sido lo mejor de esta tragedia, ojalá que al superar esta horrible noche, el mundo reflexione y entre todos pongamos de nuestra parte.
Esta pandemia, nos cambió nuestra cotidianidad, nos enseñó a valorar las pequeñas cosas, nos enrutó hacia una nueva visión del mundo, nos transportó a una sociedad virtual donde gracias a la tecnología el teletrabajo se puso de moda en días de aislamiento, la educación digital fue otro de los componentes utilizados, se puso fin al dinero físico, pues mucha gente ahora prefiere hacer sus pagos y transacciones con otros medios, el internet se posicionó más que nunca y nos acercó de nuevo al mundo.
Ojalá aprendamos experiencias de otras sociedades del mundo que son más disciplinadas y más colectivas.
Esto tiene que cambiar, ¡así no puede seguir!
Bogotá, D. C, 13 de abril de 2020
*Senador de la República
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- Las finanzas públicas también se contagiaron por el COVID-19 y si no se les aplica un tratamiento rápido, van a entrar a cuidados intensivos por la conjunción de dos causas que incrementarán el déficit fiscal: una, el necesario aumento del gasto público para evitar una parálisis del aparato productivo y un estallido social, y dos, la reducción de los ingresos fiscales que causará la recesión económica.
El aumento del gasto público es imperativo ante la magnitud de la crisis del coronavirus y las medidas para contenerla. Recursos para el sector salud, ingresos para la población vulnerable, los trabajadores -independientes y formales- y ayudas para las empresas implican nuevos gastos equivalentes por lo menos al 5% del PIB. Este aumento del déficit fiscal solo puede ser financiado con mayor endeudamiento del gobierno, que debe conseguirse con entidades multilaterales y el Banco de la República.
Por el lado de los ingresos la situación también es preocupante y puede llegar a un aumento del déficit fiscal del 3% del PIB. El recaudo de impuestos caerá por el menor crecimiento, por las menores utilidades de las empresas que pararon o redujeron sus ventas y por el menor ingreso y consumo de los hogares y la contracción del volumen de comercio exterior.
En el 2020 el impacto será solo parcial porque los impuestos se pagan sobre las utilidades e ingresos del año anterior. Aun así, Garay y Espitia estiman que los ingresos del Gobierno disminuirán en unos $7 billones (0.7% del PIB).
En un escenario optimista en el que este año el crecimiento del PIB es cero, en el 2021 el recaudo de impuestos sería unos $10 billones (1% del PIB) menos que el proyectado en el Marco Fiscal de Mediano Plazo.
El derrumbe de los precios del petróleo agrava la situación. El año pasado Ecopetrol entregó a la Nación $20 billones por concepto de impuestos y dividendos y otros $5 billones por regalías. Con un precio promedio del petróleo alrededor de USD 30 por barril, el exministro Amylkar Acosta estima que este aporte se reducirá en unos $12 billones.
Como si esto fuera poco el año entrante caerá en $9.4 billones el recaudo tributario por de las exenciones y beneficios tributarios creados en la Ley de Crecimiento (Ley 2010 de 2019). Según las propias proyecciones oficiales, la disminución de la tarifa de renta a las empresas, el descuento del IVA en compra de bienes de capital y el descuento del Impuesto de industria y comercio (ICA), tendrán un costo fiscal de $1.3, $6.5 y $1,6 billones, respectivamente.
Después de la crisis es imperativo reducir el déficit fiscal y pagar las deudas contraídas, lo cual solo es posible con mayores impuestos. Para ello se deberá realizar la tantas veces aplazada tributaria estructural que, además de aumentar significativamente el recaudo, sí cumpla con los principios constitucionales de Equidad, Eficiencia y Progresividad.
Para reducir un poco el tamaño del déficit fiscal en el corto plazo, el Laboratorio para la Igualdad y el Desarrollo Sostenible –LIDES- propuso al presidente Duque que se aplazarán por dos años los beneficios tributarios de la Ley 2010. La justificación oficial para otorgarlos fue que se pagaban por si mismos pues al incentivar la inversión iban a acelerar el crecimiento y por lo tanto el recaudo, supuesto que es imposible que se haga realidad ahora que enfrentamos una recesión.
Cali, 12 de abril 2020
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por Amylkar D. Acosta M*.- Primero fue la firma calificadora de riesgo S & P Ratings la que rebajó la perspectiva desde estable hasta negativa a la deuda soberana de la Nación, advirtiendo que “la perspectiva negativa indica nuestra visión de los riesgos a la baja para las métricas fiscales y externas de Colombia durante los próximos 18 meses. La reciente caída en los precios del petróleo, junto con el impacto global negativo más amplio de COVID-19, ha debilitado el perfil externo de Colombia a través de menores ganancias de exportación y un déficit de cuenta corriente más amplio y ha aumentado las preocupaciones sobre sus perspectivas de crecimiento económico”.
Como lo advertimos después de conocer la decisión de S & P, Colombia está a un escalón de perder la calificación inversionista de la deuda soberana de la Nación. Registramos con preocupación el hecho que la calificadora Fitch, una de las 4 más grandes del mundo, le rebaje la nota de BBB, alcanzada con mucho esfuerzo en abril de 2013, a BBB- con perspectiva negativa, al igual que S & P. Argumenta Fitch que "la rebaja refleja el probable debilitamiento de las métricas fiscales claves, a raíz de la recesión económica causada por una combinación de conmociones derivadas de la fuerte caída en el precio del petróleo y los esfuerzos para combatir la pandemia de coronavirus".
Agregan, además, que para tomar la decisión tuvieron en cuenta varios aspectos, uno de ellos "un aumento en la carga de la deuda en los últimos años y una caída esperada en los ingresos fiscales, lo que ha dejado al gobierno con menos espacio fiscal para contrarrestar los choques económicos". Así mismo, señala “un debilitamiento de la credibilidad en las políticas fiscales de mediano plazo”, aspectos estos sobre lo cuales hemos venido llamando la atención reiterada e insistentemente.
Cabe preguntarse qué consecuencias se siguen para Colombia con esta rebaja de la calificación de su deuda soberana. Es bien sabido que la caída del rating soberano de la deuda pública tiene como primer efecto la dificultad para colocar sus bonos de deuda y el encarecimiento de esta al tener que pagar más altos intereses para hacerlos atractivos a los inversionistas extranjeros, muchos de los cuales, entre ellos los fondos de renta fija, se abstienen de invertir en aquellos países cuya calificación de su deuda está por debajo de BBB. Su efecto psicológico se extiende al sector privado, que también verá encarecido su endeudamiento, amén del impacto que tendrá en la inversión externa de portafolio.
Esta revisión de la calificación por parte de las calificadoras de riesgo le inflige un duro golpe al país y se da en un momento excepcional, inédito para el país, por ello coincido con el ex ministro de Hacienda y Crédito Público Mauricio Cárdenas, quien expresó que "las calificadoras se están precipitando. Deberían dar un compás de espera a ver cómo se estructura todo el paquete de respuesta a COVID-19" antes de dar su dictamen. Aunque deplora la decisión tomada por S & P, el ex ministro de Hacienda José Antonio Ocampo tampoco la comparte, toda vez que “los efectos de los choques del petróleo y el COVID – 19 deben ser vistos como transitorios”. En ello coincide con el Director de FEDESARROLLO Luis Fernando Mejía, quien agrega que no lo sorprendió “dado que ya estaba anticipado por buena parte del mercado” y, por ello, considera que a corto plazo no va a afectar el spread de la deuda colocada por la Nación.
Así no se comparta la decisión que han tomado estas dos firmas calificadoras del riesgo de la deuda soberana de la Nación, el hecho cierto es que han dejado al país a un solo paso del “grado de no inversión, especulativo”, que es el eufemismo para significar que los bonos de deuda que emita el país objeto de esta descalificación son considerados “bonos basura”. Dicho de otra manera, el país pasaría de ser buena paga a desconfiar de su capacidad de honrar sus compromisos de deuda.
Aunque diga lo contrario el Director de Crédito público del Ministerio de Hacienda César Arias, para quien “es un momento precipitado para preocuparse por perder el grado de inversión”, ello no es irrelevante, este es un duro revés para la política fiscal y le resta margen de maniobra en momentos en los que las finanzas públicas están siendo más exigidas y en su mayor grado de stress a consecuencia del efecto combinado de la pandemia y la caída de los precios internacionales del petróleo. Recordemos que la última vez que Colombia perdió la calificación inversionista fue en 1999, año en que la economía entró en recesión y 21 años después estamos ad portas de una nueva recesión y ojalá no de la pérdida de la calificación inversionista.
Cota, abril, 11 de 2020
*Economista. Expresidente del Congreso y exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por José Félix Lafaurie Rivera*.- Frente al momento difícil que vive el país, el título de esta columna sonará muy optimista para unos y engañoso para otros, más interesados en usar políticamente la crisis que en ayudar a superarla; en atacar al presidente y seguir dividiendo al país, que en cohesionar a la sociedad para derrotar la pandemia y empezar a trabajar en la construcción, cuando vuelva a salir el sol, como en las distopías literarias y cinematográficas, de una nueva economía, una nueva forma de relacionarnos, unas nuevas prioridades, un nuevo país con un nuevo y mejor Estado.
De dónde tanto optimismo, se preguntarán los lectores. Empecé a escribir después de una reunión virtual del Consejo Gremial Nacional con el presidente Duque y sus ministros relacionados con los aspectos estratégicos de la crisis; y aunque yo pueda ser calificado de “gobiernista”, esa sensación de “parte de tranquilidad” no fue solo mía, sino de todo el Consejo Gremial.
Este no es espacio suficiente para detallar el completo informe del Gobierno, pero sí para compartir algunas reflexiones. En principio, al hablar de “parte de tranquilidad”, no me refiero a un “tranquilos, que aquí no pasa nada”. Por el contrario, escuchamos a un presidente realista pero sereno, riguroso en sus análisis, firme en sus decisiones, todas con respaldo técnico y voluntad de acertar.
Fueron claras sus advertencias sobre la gravedad y duración de la crisis -esto no acaba el 27 de abril ni el 27 de mayo-, la necesidad de trabajo conjunto con el sector privado y la corresponsabilidad de todos. Quedó claro el compromiso del Gobierno y sus prioridades: La vida y la salud, la protección de los más vulnerables, la preservación del empleo y una estrategia “inteligente” para no frenar en seco la economía y, más bien, ir reencendiendo motores de sectores prioritarios, con estrictos protocolos de bioseguridad.
En medio del dolor por la enfermedad y las lamentables muertes, al comparar el manejo de la crisis y las cifras de afectados, podemos afirmar que, por la oportunidad y contundencia de las decisiones, Colombia y su presidente salen muy bien librados, a nivel mundial y continental.
Escuchamos también a un ministro de Salud que proyecta seguridad e inspira confianza; informado y comprometido con el papel de su cartera como línea del frente en esta batalla. Sin duda, tres millones de testeos durante las próximas semanas serán definitivos para aplanar aún más la curva y mejorar la capacidad de respuesta hospitalaria y de cuidados intensivos.
La vicepresidenta mostró liderazgo en las acciones para garantizar el abastecimiento estratégico y definir los protocolos para el “reencendido inteligente” de la economía. Comparto, además, su llamado a prepararnos para una “nueva normalidad”.
Quedo en deuda con el tema agropecuario y la proactiva gestión del ministro Zea, pero quiero resaltar el realismo de ministro Carrasquilla, quien afirmó que, yéndonos bien, el crecimiento será de menos 2%, y el déficit crecerá irremediablemente. Aun así, medidas como la capitalización del Fondo de Garantías y la compra de deuda pública y privada por parte del emisor, además de la orientación de recursos hacia la salud, los más vulnerables y el crédito, han sido adecuadas y efectivas. Hacia delante vendrá la revisión de la Regla Fiscal para permitir una expansión del gasto que ayude a conjurar los factores de crisis, seguida de un duro ajuste durante dos años que, seguramente, obligará a rediseñar el papel y el tamaño del Estado.
Sentimos compromiso en el presidente y su gobierno; sentimos que estamos en la misma barca, no vemos la orilla y la tormenta arrecia, pero tenemos buen timonel.
Bogotá, D. C, 12 de abril de 2020
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Gabriel Ortiz*.- Otros 20 días de cuarentena y no se sabe cuántos más. Dura noticia, para quienes se encuentran merodeando por el mundo, arrimados a familiares y amigos, ¨gorreando¨ alojamiento en caritativos hoteles o albergues, agazapados en los corredores de aeropuertos o mezclados con gentes posiblemente infectadas con Covid-19.
A las empresas aéreas, poco o nada les ha importado la suerte de quienes pagaron sus pasajes. De esos a quienes les prometieron cupos confirmados para salir y regresar a su patria -Colombia-. Ni siquiera les anunciaron que suspenderían sus vuelos, por cierre de Eldorado. La Aeronáutica, no se ha enterado de esta situación. Tampoco, se ha ¨molestado¨ en pedirle cuentas a las aerolíneas sobre la suerte de los pasajeros que hoy se encuentran errantes por el mundo.
Aparentemente la Cancillería ha echado una mirada a más de 2.600 compatriotas que deambulan por el mundo expuestos a los peligros que representa la desenfrenada coronavirus. Muchos confían en la ministra Blum, mientras contemplan mentalmente un pronto regreso a su Colombia adorada. Cada extensión de la cuarentena se convierte cuchillada para los errantes compatriotas.
Solo Caracol, Blu, LaW, RCN y Noticias Uno en televisión, dan un poco de aliento a quienes meses atrás querían turistear o a realizar otras actividades.
Ni infectólogos presagiaban el desastre que como una daga amenazaba al mundo. Nadie imaginó que un virus tan insignificante, tan despreciable, tan indeseable, pusiera a esta humanidad al borde del desastre.
Tal vez se esperaba una tercera guerra, la acción un gobernante frenético lanzando un misil nuclear, o una naturaleza estremeciendo con el peor de los cataclismos, uno de los lados de la tierra. Se pensó en que el hambre y la pobreza nos aniquilaran, o que el odio, la injusticia y el deseo de riqueza y poder nos llevaran a la hecatombe.
Lo que podría ser obvio, no sucedió. Un diminuto bicho se adelantó y hoy tiene a millones de habitantes enmascarados, afiebrados, tosiendo, asfixiados o mecanorespirando y estrangulados por el pánico.
Esto no es un amago, intimidación o advertencia. La sombra del desastre cubre el planeta e invade sin distingo alguno a la humanidad. A los de arriba y a los de abajo. A esos que se creen inmortales, que no han tomado conciencia de lo que está sucediendo. Que no respetan las normas que podrían evitar el desastre, la adversidad, la devastación.
Y para completar, los habitantes no toman conciencia de lo que está sucediendo. Poco les importan las consecuencias que trae la contravención a las normas que se imparten para evitar la contaminación general.
Se observa la alegría de los sanos, de esos que se creen indestructibles y todopoderosos. Violan las disposiciones y se dedican a la rumba y a disfrutar de fincas y veraneaderos. Nada les importa llevar el virus a regiones y habitantes sanos. Quienes deambulan por el mundo y los que habitan Colombia, dependen de los rumberos. Covid-19 no es un juguete.
BLANCO: Hay que reconocer la labor de la llave Duque-Ruiz.
NEGRO: Que esta Semana Santa aleje la guerra que nos quieren armar con Venezuela.
Medellín, 9 de abril de 2020
*Periodista. Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por José G. Hernández*.- Como lo hemos expresado, el Presidente de la República hizo bien en acudir a las facultades de excepción consagradas en el artículo 215 de la Carta Política. Era lo que indicaba la razón, si se tiene en cuenta la enorme gravedad de la amenaza que representa la rápida expansión del virus Covid-19 para la salud y la vida de millones de personas en nuestro territorio. Se trata de una pandemia que ha estremecido al mundo, que sigue causando numerosos muertos en varios países y que ha afectado -también de manera grave- la estabilidad social, así como la economía individual, familiar y general, el trabajo, la actividad empresarial, la educación, los servicios públicos y la administración de justicia, para mencionar apenas algunos de los sectores que han sufrido y continuarán sufriendo el impacto del coronavirus.
Pero, para lograr que ese valioso instrumento de gestión estatal cumpla en efecto la función para la cual ha sido concebido -atacar y contrarrestar las causas de la perturbación generada por la calamidad en referencia en el orden público económico, social, ecológico, e impedir la extensión de sus efectos- es necesario que el Gobierno no pierda de vista el carácter extraordinario y delimitado de las facultades constitucionales que ha asumido, y que no pretenda convertirse en una especie de monarca transitorio, que pueda disponer sin restricciones de toda la institucionalidad.
No se olvide que, durante los estados excepcionales contemplados en la Constitución, el uso de las atribuciones extraordinarias de las que goza el Ejecutivo está sujeto a un doble control: el político -a cargo del Congreso- (que puede ser ejercido de manera virtual en las actuales circunstancias), y el jurídico -a cargo de la Corte Constitucional-, que ya inició su actividad al respecto. Esperamos que, si declara inexequibles algunas de las normas dictadas, que son inconstitucionales por falta de conexidad con las causas de la emergencia o por quebrantar de manera directa las normas superiores, no difiera los efectos de los fallos para cuando la pandemia haya desaparecido, porque eso significaría que en estados de excepción no rige la Carta Política.
Durante los estados de excepción no se interrumpirá el normal funcionamiento de las ramas del poder público ni de los órganos del Estado. En el Decreto 417 del 17 de marzo, declaratorio del Estado de Emergencia, no fue convocado el Congreso, suponemos que por estimar el Gobierno que no era necesario, en cuanto el día 16 se habría iniciado el segundo período de sesiones ordinarias. Pero vino el debate sobre si durante la cuarentena podrían los congresistas reunirse virtualmente, como lo estamos haciendo los profesores universitarios con nuestros estudiantes, o tendría que ser reunión presencial.
Es verdad que la Ley 5 de 1992 -Reglamento del Congreso- no contempla esa posibilidad, por cuanto sus autores no imaginaron siquiera una situación como la actual, de obligado alejamiento físico entre los seres humanos, pero ya el Presidente dictó un decreto con fuerza de ley -el 491, art. 12-, que la autoriza en todas las corporaciones públicas (entre ellas el Congreso), y en esa medida modificó temporalmente la Ley 5ª. El Congreso, entonces, debe ejercer el control político y sus demás funciones.
Bogotá, D. C, 8 de abril de 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Fabio Cifuentes *.- Dicen que en las crisis se conocen los verdaderos líderes. En esta dura situación por la que atraviesa Colombia y el mundo hemos podido conocer el talante de las personas que nos gobiernan.
A nivel mundial hemos visto gobernantes que lo entregan todo por su pueblo, otros que la incertidumbre no los deja tomar decisiones a tiempo y los más nefastos, los populistas que han puesto la economía por encima de la vida.
En el caso específico de Colombia, la indecisión del presidente Duque de no cerrar los vuelos internacionales desde el momento que se declara la pandemia será un error que se lo cobrará la historia del país.
Claro, uno entiende que nadie estaba preparado para esta crisis, pero un líder debe tener la claridad suficiente para tomar las decisiones en el momento justo, así le cueste todo su capital político.
Las indecisiones de los gobernantes son la principal causa de los miles de muertos y contagiados del coronavirus en Colombia y el mundo. A eso se suma la indisciplina social de un gran número de ciudadanos que poco valoran la vida.
A pesar de las indecisiones, el presidente de Colombia se la jugó por el aislamiento total, gran decisión, y gracias a eso hoy no estamos viviendo una tragedia tan grave como la de Italia y España.
Eso nos queda como lección, que ante una pandemia o desastre natural, que se pueda prevenir, no se debe dudar un segundo para tomar decisiones radicales, por duras que sean.
Hoy todos tenemos que apoyar con decisión absoluta las medidas del gobierno nacional, no hay tiempo para polarización y discusiones políticas absurdas. En este momento todos somos Colombia y entre todos vamos a salir adelante.
Creo que lo más lógico para que esta cuarentena no se pierda es que se amplíe el aislamiento total hasta los primeros días de mayo y ahí si comenzar a mirar otras opciones que permitan controlar la pandemia y comenzar a reactivar la economía.
En este momento todos debemos agotar nuestra cuota de sacrificio y paciencia, todos estamos gastando lo poco que nos quedan de nuestros ahorros, pero hay un motivo, la vida de nuestros seres queridos.
Un aislamiento total de más de dos meses sería un fracaso total, porque no hay bolsillo que aguante y pasaríamos de un problema de salud a uno de orden público, porque muy seguramente las personas desesperadas comenzarían a tomarse las calles.
Por eso tenemos que aguantar este mes en aislamiento total, no nos dejemos llevar por el pánico y la desesperación, mientras le damos un respiro al gobierno para que instale más unidades de cuidados intensivos y mire como reactivar la economía.
También debemos tener mucho cuidado con propuestas populistas como las de la alcaldesa Claudia López, quien ha planteado el no pago de servicios públicos, que el aislamiento total debe ser por tres meses o que los bancos paguen todo.
Un líder responsable debe plantear soluciones reales, si dice que no paguen servicios públicos debe aclarar de dónde van a salir los recursos para no llevar a la quiebra a las empresas.
Si propone tres meses de aislamiento total debe decirle a la gente como los va a sostener durante este tiempo encerrados, que va a pasar con la economía del país. De eso nada se le escucha.
Si plantea que los bancos deben financiar parte de la crisis porque tienen utilidades billonarias, tengamos mucho cuidado con estas propuestas, porque la peor sería un país sin crecimiento económico y la banca quebrada.
Por eso debemos ser muy responsables como ciudadanos, para evitar el pánico y el populismo, porque cuando pase el coronavirus, porque tiene que pasar, no tengamos que enfrentar otra crisis más grave como la hambruna.
La decisión es: controlar la pandemia y reactivar la economía lentamente. Difícil, pero lo tenemos que lograr.
Se valora la solidaridad de miles de colombianos para garantizar alimentos a las personas más pobres del país. No podemos parar.
*Asesor en Estrategia de Comunicaciones. Se ha desempeñado como subsecretario de prensa de la Presidencia de la República, jefe de prensa de la Campaña Presidencial Juan Manuel Santos y Periodista Caracol Radio.
Por Víctor G. Ricardo*.- Entristece, por decir lo menos, ver o escuchar a algunos personajes que han sido o son importantes en la vida política del país, tratando de tomar protagonismo en unos y otros campos, aprovechando de manera inaudita la pandemia que estamos padeciendo no sólo en Colombia sino en el mundo entero.
Entre estas personas podemos mencionar algunos Alcaldes que creen que esta situación la pueden aprovechar para sus intereses políticos personales.
Y es que no de otra manera podemos entender cómo proponen que ninguna persona debe pagar los servicios públicos sin importar su estrato y sin decir quién va a asumir esos costos, propuesta ésta que puede llevar a la quiebra o a tener una difícil situación financiera a las empresas que prestan estos servicios. No solamente es una propuesta absurda sino anti jurídica e irresponsable. Otra cosa es que se ordene el restablecimiento del servicio a aquellas personas a quienes se les ha cortado, por motivos extraordinarios de salud pública.
O incluso decir que hay que proteger a los hermanos venezolanos y de inmediato olímpicamente se convoca al Gobierno nacional a prestar esa atención, como si eso no fuera problema de todos.
Una cosa es estar ejerciendo una labor política o parlamentaria y otra muy distinta es ser responsable de los destinos de los distintos niveles de la administración pública.
Estos momentos de angustia nacional, como es la pandemia que estamos viviendo, no son para crear controversias entre los funcionarios de los distintos niveles de la administración o protagonismos innecesarios, sino para actuar como una sola persona, con seriedad y responsabilidad de patria, que permita que salgamos no tan mal librados de esta situación grave y extraordinaria que estamos viviendo de la pandemia
Una de las cosas que yo aprendí de la experiencia que he tenido en el Estado es que uno ‘no’ debe opinar sobre temas que no conoce o está suficientemente enterado, pues puede llevar a decir o proponer cosas sin las bases necesarias por las cuáles se toman las decisiones.
Por estas razones cuando un mandatario toma determinaciones como la que acaba de tomar el señor Presidente de prorrogar el aislamiento obligatorio hasta el 26 de abril, ordenando que las personas se queden en sus casas, con las excepciones necesarias para el funcionamiento de los servicios básicos y la posibilidad de comprar los víveres necesarios para la vida de los ciudadanos, todos debemos ser solidarios pues es en defensa de nuestras propias vidas.
Ha sido una decisión inteligente y de alta responsabilidad que seguro fue tomada basada en la información que tienen sobre el desarrollo del coronavirus, porque la verdad es que la etapa de contención ya la pasamos y entramos a la de propagación que debe ser controlada para no llegar a una situación como la de Italia, España o Estados Unidos y con el agravante que en Colombia por falta o insuficiencia de pruebas médicas, no se le ha podido practicar a todos los que se quisiera, el examen correspondiente.
Como consecuencia de todo lo ocurrido, tanto los gobiernos locales como el nacional deberán tomar acciones con el propósito de proteger al máximo posible la economía para que cuando salgamos de esta horrible noche del coronavirus tengamos posibilidad de recuperarnos.
Que Dios nos ayude y que los colombianos seamos responsables en nuestro comportamiento y las medidas que debemos tomar para protegernos.
Bogotá, D. C, 8 de abril de 2020
*Excomisionado de Paz