Opinión
Por: Guillermo García Realpe*.- Desde que se declaró la cuarentena preventiva nacional obligatoria, son muchos los hábitos nuevos a los que la población colombiana tuvo que someterse y es que una situación de esta naturaleza ha sido única en el país y de una magnitud histórica.
Calles inundadas de carros, o avenidas repletas de gente, mercados y centros comerciales abarrotados de compradores, ahora, son recuerdos pasajeros de lo que hace algunos días era nuestro diario vivir. Los saludos, también los abrazos y besos han quedado prohibidos por cuenta del aislamiento social como medida preventiva para no contagiarnos con el COVID-19. Ojalá pasadas unas cuantas semanas se haya superado esta emergencia que tiene al mundo colapsado y a la salud pública de los países en cuidados intensivos y que pronto retorne la calma y la normalidad.
El brote no sólo ha alterado la cotidianidad de las familias en el mundo, sino que ha dado un duro golpe a la economía del globo y una fuerte amenaza a la empleabilidad y al sistema productivo de las naciones. Tanto así, que todas las bolsas sufrieron desplomes y esa caída en pique tardará mucho en recuperarse, adicionalmente el deporte mundial y sus millonarias taquillas hoy están paralizadas, los Juegos Olímpicos de Japón han sido aplazados, ni qué decir de la industria del turismo y el transporte aéreo y terrestre.
Las grandes potencias como China y Estados Unidos, están maniatadas y esperando que el panorama se despeje en el menor tiempo posible, sin duda, además de Italia y España, han sido los países más afectados por personas contagiadas de COVID-19 y por el número de personas muertas.
En el caso colombiano la expansión del virus, a pesar de las medidas, ha ido en franco crecimiento y todos los días vemos reportes oficiales de nuevos contagios en ciudades y pueblos con incremento en el número de casos, situación que lamentamos y por la que elevamos votos para que el brote no se expanda en nuestro territorio ni en ningún lugar del planeta.
En éste momento de crisis, se hace más que necesario unificar esfuerzos que apunten a superar la emergencia, es por eso que hemos venido planteando respetuosamente al Gobierno Nacional una serie de sugerencias y recomendaciones que permita a la población colombiana unos alivios económicos y así poder mitigar en algo la contingencia.
En ese orden de ideas, una de las primeras propuestas fue solicitar el retraso en los pagos del impuesto predial en todo el país y celebramos que haya tenido éxito, también pedimos a la banca y al sector financiero la moratoria, ampliación de plazos de pagos, renegociación de intereses y cuotas de capital como medida económica para que los usuarios tengan un soporte en estos momentos de crisis y hoy resalto que muchas entidades bancarias así lo hayan determinado.
También planteamos al Gobierno Nacional que el proyecto de regalías que se tramita en el Congreso fuera incluido en las medidas de emergencia para liberar recursos que le permitan al país hacerle frente a la contingencia, especialmente para que los recursos no ejecutados sean empleados de manera prioritaria en temas de vida, de salud, en temas sociales, en fin, en temas de recuperación económica, empleo y apoyo a las microempresas.
Hemos articulado esfuerzos conjuntos con la bancada Liberal en el Congreso y pedimos también que se eche para atrás la Reforma Tributaria para que el Gobierno Nacional pueda recuperar entre diez y doce billones de pesos que hoy necesita el país ante la falta de ingreso y así no se le meta la mano al FONPEP y afecte a las regiones. También se solicitó la suspensión del IVA para los productos de la canasta familiar, especialmente alimentos, elementos de aseo, medicinas y todo lo que incluye la canasta familiar básica para mercados semanales de 50 mil pesos, o cien mil pesos quincenales o 200 mil pesos mensuales para los estratos 1, 2 y 3 en Colombia.
Ahora bien, se hizo un pronunciamiento público colectivo entre congresistas de diversas bancadas para solicitar entre otras medidas, suspender durante el tiempo que dure esta crisis y por un término adicional el pago de parafiscales, igualmente que los contratistas puedan pagar la seguridad social una vez pase la crisis, pero que continúen accediendo al servicio y que se garantice su estabilidad laboral.
Finalmente más de 40 congresistas suscribimos una carta al Presidente de la República, para que pida por dos años sin intereses, la moratoria de la deuda externa de Colombia con el Fondo Monetario Internacional, el BID, Banco Mundial, etc, pues es indignante en estos momentos que el país siga priorizando sus compromisos con la banca multilateral internacional y sacrificando el gasto social.
¡Primero nuestra gente!
Bogotá, D. C, 31 de marzo de 2020
Senador de la República
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- Las primeras medidas tomadas por el Gobierno para proteger los ingresos de la población ante el frenazo de la actividad económica ocasionado por la cuarentena obligatoria han estado dirigidas a los grupos más pobres y vulnerables de la sociedad. Van lentas y todavía no los incluyen a todos (faltan, por ejemplo, muchas de las víctimas y desplazados del conflicto), pero la prioridad era necesaria y son un paso en la dirección correcta.
Faltan medidas para auxiliar a otros dos grupos de personas que también han perdido o van a perder sus ingresos: uno, los trabajadores informales e independientes que ya han superado el nivel de pobreza, pero que dependen de su labor diaria para comprar el mercado. Dos, los trabajadores formales de empresas que han suspendido actividades por la cuarentena; las hay de todos los tamaños, desde Avianca y grandes cadenas hoteleras hasta el salón de belleza o el restaurante de la esquina.
Para el primer grupo, informales e independientes, existe la solución teórica -transferencias monetarias como a los más pobres- pero no el mecanismo práctico para implementarla, pues no existe ni el registro de quiénes son ni el canal para entregar el dinero. En Estados Unidos dentro del paquete de estímulos de USD2 billones se incluye la entrega de USD1.200 a cada ciudadano, pero tampoco saben cómo hacerlo. Aquí hay que empezar por apropiar los recursos y aprobarlos, al mismo tiempo que se diseña el mecanismo para realizarlos.
En el caso de los trabajadores formales, la estrategia para mantener sus ingresos es clara: hay que proteger sus empleos y que no sean despedidos. Por eso son acertadas, aunque insuficientes, las restricciones que ha establecido MinTrabajo a las suspensiones de contratos de trabajo o despidos masivos. No así, el permitir que los trabajadores recurran a sus cesantías para sobrevivir, pues esto es conseguir el pan de hoy con el hambre de mañana.
Empresas con gran solidez financiera, y sobre todo recursos en caja, deberían seguir el ejemplo de Arturo Calle y comprometerse a mantener a sus trabajadores así haya parado la producción. Pero es imposible pretender que un restaurante, un almacén o una fábrica que han reducido sus ventas o su producción sigan pagando la nómina si no tienen ingresos. Esa es la situación de la mayoría de las empresas y por eso se requiere la intervención del Estado, porque la solución de la mano invisible del mercado sería despedir a los trabajadores. Los gremios han presentado al Gobierno numerosas propuestas para ayudar a las empresas; algunas pueden ser necesarias, pero ninguna garantiza que se mantengan todos los empleos. Para lograrlo se necesitan medidas radicales de parte del Estado como las que están adoptando en países como Dinamarca o Inglaterra.
Cali 29 de marzo de 2020
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por Amylkar D. Acosta M*.- La confluencia del COVID - 19, el desplome de los precios del crudo hasta los US 25 el barril y la incertidumbre que han generado, provocó la caída de las bolsas en todo el mundo y de paso disparó la cotización del dólar, atribuible a la correlación inversa del 84% que tiene con el precio del petróleo y a la huida de las inversiones de portafolio desde los activos de mayor riesgo (como las acciones y el petróleo), buscando refugio en el dólar y en el oro. El peso colombiano perdió peso, convirtiéndose en la moneda más devaluada del planeta después del rublo ruso, llegando al record histórico de $4.000 por dólar la cotización de este.
Ante semejante amenaza que acecha a la economía colombiana, el Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla declaró que “la economía mantiene un grado de solidez lo suficientemente importante como para soportar estos eventos”. El Viceministro de Hacienda Juan Alberto Londoño se apresuró a decir que “los fundamentales de la economía están bien”. En ello coincidió el Gerente del Banco de la República Juan José Echavarría, según él “los fundamentos de la economía colombiana se mantienen sólidos y permiten absorber los choques externos descritos sin traumatismos severos sobre la actividad real y la estabilidad financiera”.
Nos recuerdan con tales aseveraciones la desatentada declaración del ex ministro de Hacienda Oscar Iván Zuluaga, quien ante los embates de la crisis financiera de 2008 afirmó categóricamente que “el país está blindado contra la crisis” y ya sabemos lo que pasó. El crecimiento del PIB en 2008 cayó 5 puntos porcentuales con respecto al del 2007, al pasar del 7.5% del PIB al 2.5% (¡!), al tiempo que la tasa de inflación cerró el año en el 7.7%, desbordando el rango – meta de la inflación - objetivo del Banco de la República que era la horquilla 3.5% - 4.5% (¡!).
Por ello, conviene establecer qué tan “blindada” está la economía colombiana frente a este choque externo. Empecemos por decir que, aunque el Ministro de Hacienda se vanagloria del magro crecimiento del 3.3% del PIB en 2019, porque supera el crecimiento tanto de la economía global como el de Latinoamérica, lo cierto es que venimos de un crecimiento potencial de la economía del 4.8% en 2012 a otro de 3.5% y lo que es peor ya completamos 4 años consecutivos creciendo por debajo de este crecimiento potencial. Además, la tasa de desempleo que supera, según el DANE, el 13% es la más alta en los últimos 6 años y mientras el crecimiento del PIB siga por debajo del 3.5% se va a seguir destruyendo empleo en lugar de generarlos.
El déficit de la Cuenta Corriente de la Balanza de pagos, según el Banco de la República, viene in crescendo, del 3.3% en 2017, al 3.8% en 2018 y cerró 2019 en el 4.39% (US $13.800 millones) y con tendencia a su agravamiento es alarmante. Según el Banco de la República se espera un déficit del 4.4% y según el propio Ministerio de Hacienda de 4.6% para el 2020. Las exportaciones colombianas no han sabido o no han podido sacarle partido a la competitividad que derivan de una tasa de cambio tan competitiva como la actual, dado que el peso colombiano sigue estando entre las más devaluadas del mundo. Pese a ello el monto de las importaciones siguen superando el monto de las exportaciones, con el agravante que estas siguen concentradas en los productos primarios, encabezados por el carbón y el petróleo, superando este último el 40%.
De allí la gran vulnerabilidad de la economía colombiana frente a la amenaza externa que representa la desaceleración del crecimiento de la economía global, que puede derivar en una recesión. Recordemos que la apuesta del Ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla de un crecimiento del PIB el año anterior del 3.6% no se alcanzó y el registro fue del 3.3%; la proyección para el 2020 era del 4% y ahora, según el Plan financiero 2020 se rebajó al 3.7%, asaz difícil de alcanzar y ahora menos con los negros nubarrones que se ciernen.
Como lo advierte el Presidente de ANIF Mauricio Santamaría, el COVID-19 y la guerra de precios del petróleo “nos están dando duro. Sobre todo están poniendo de presente temas como la vulnerabilidad externa y la fiscal, que no nos ayudan a sobrellevar estos choques”.
De hecho, ANIF acaba de revisar su previsión de crecimiento para este año del 3.4% al intervalo entre 1.8% y 2%. Por su parte FEDESARROLLO cambio su proyección desde el 3.5% al 2%, como escenario optimista y al 0.4% como escenario pesimista. Pero, la tendencia es hacia un agravamiento de la crisis, que puede conducir a la economía al estancamiento o lo que es peor a una recesión peor que la de 1999.
La Junta directiva del Banco de la República acaba de tomar varias medidas, en línea con la intervención que han dispuesto los demás bancos centrales en el mundo, entre ellos la Reserva Federal en EEUU y el Banco Central Europeo, tendientes a inyectarle liquidez a la economía y contener los brotes devaluacionistas e inflacionarios.
En efecto, la Junta le ha salido al paso a la actual coyuntura, reduciendo su tasa de interés de intervención desde el 4.25% al 3.75%, que no se veía desde 2014, aumentando el cupo de endeudamiento de la banca comercial, como prestamista de última instancia que es, aumentando la disponibilidad de $9 a $23.5 billones, de los cuales $12 billones corresponden a repos de deuda pública y $5 billones de deuda privada, a los cuales podrán acceder mediante subastas.
Complementariamente se activaron unos mecanismos de Forward, a través de los cuales tanto a los bancos como a los cambistas se les ofrece la opción de hacerse a coberturas que les permita protegerse frente a la volatilidad de la tasa de cambio, producto del nerviosismo y el stress del mercado. Estas medidas van en la dirección correcta, pero dada la magnitud del reto que se enfrenta pueden llegar a ser insuficientes, razón por demás para no bajar la guardia por parte de la Junta.
Cota, marzo 28 de 2020
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía
www.amylkaracosta.net
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- Cuando están en riesgo la seguridad y las libertades, las sociedades acuden al soldado como “héroe patrio”. Hoy, frente al riesgo del coronavirus, así calificamos a los médicos y al personal de salud, y cuando se suma la amenaza del hambre, también graduamos de héroes a nuestros campesinos, como bien hizo el presidente en una de sus sesiones informativas. Nada más justo y reivindicatorio.
Aunque sea transparente para el “ciudadano”, solamente los ganaderos producimos anualmente más de 900.000 toneladas de carne y más de 7.000 millones de litros de leche, pero los paperos producen 2,8 millones de toneladas y los arroceros 1,7 millones, hablando solo del PAC (papas, arroz y carne) de nuestro “corrientazo”; sin el cerdo y el pollo, las frutas del trópico medio, los cereales del altiplano, el banano de “las zonas”, el azúcar del occidente, el “cafecito” que llena las horas de aislamiento, y esa abundancia tropical de productos del campo que no sabemos apreciar.
Por ello vuelvo a la palabra “ciudadano”, que se refiere, como sustantivo, a quien pertenece a un país, pero como adjetivo se limita a su sentido original de “ciudad”, de lo “citadino”, expresando la dicotomía urbano - rural, que en Colombia es sinónimo de inequidad y abandono del campo.
Por ello, aunque el aislamiento forzoso para combatir la pandemia es para todos “los ciudadanos”, se me antoja que es más citadino que rural, porque el campo ha estado en aislamiento forzoso desde hace décadas, qué digo, siglos…, desde siempre. Para su fortuna, en este caso, el campesino abre la puerta de su casa y está aislado; su vecino está lejos, el puesto de salud y la escuela están lejos, ir al pueblo es paseo dominguero por vías pésimas, y la señal de celular, si lo tiene, es deficiente o inexistente.
Y como si fuera poco, la paz no asoma en muchas regiones, azotadas por el narcotráfico que florece en ese “aislamiento forzoso rural” y que, además, no es solo territorial, institucional y económico, sino social y estigmatizador. El campo, cuando no es asociado al “veraneadero” de las ciudades, se percibe como esa Colombia lejana y peligrosa, donde hay guerrilleros, narcotraficantes y mafiosos; es como la oveja negra que avergüenza a la familia, y el campesino como el hermano pobre, al que se mira con algo de conmiseración y mucho de distancia “social”.
Ser “gran empresario” urbano es enaltecedor y amerita medallas; serlo en el campo, gracias a las perversas narrativas de la izquierda, es sinónimo de terrateniente, explotador, paramilitar, despojador y un largo etcétera de ignominias.
La denuncia de este aislamiento rural forzoso, estructural y discriminatorio, hace parte del discurso gremial ganadero. Por eso hoy reclamamos que el reconocimiento del campesino, del trabajo rural y del sector agropecuario por su aporte a la seguridad alimentaria, no sea flor de un día ni se limite a la gratitud por su heroísmo anónimo.
El campesino que madruga al ordeño o dobla su espalda en el cultivo sin reparar en pandemias, es un microempresario que necesita crédito, porque los insumos se encarecen y parte de su esfuerzo queda en intermediarios inescrupulosos; y el mediano y el gran empresario rural también necesitan preservar el empleo. Las medidas de apoyo deben cobijar al sector agropecuario, con papel protagónico del ministro Zea a través de Finagro y el Banco Agrario, irrigando liquidez y esperanza a esa Colombia aislada, con el apoyo de los alcaldes para facilitar el trabajo campesino y la recolección y distribución de alimentos.
Como la salud y la seguridad, el esfuerzo rural es un asunto de vital subsistencia “ciudadana”.
Bogotá, D. C, 27 de marzo de 2020
*Presidente de Fedegan
@jflafaurie
Por Jorge Enrique Robledo*.- Los enfermos y muertos por el Covid-19 serán menores o mayores en cada país dependiendo de qué tanto se acierte en la prevención y curación y de la calidad de su sistema de salud. Afortunadamente, Claudia López y otros mandatarios lograron que Iván Duque aceptara el aislamiento que se había resistido a aprobar.
Pero ojalá que quienes requieran de cuidados intensivos no aumenten mucho en Colombia, porque el sistema de salud deberá quedarse corto al no haberse puesto al mando la salud como derecho ni haberse protegido la red pública hospitalaria. Así hagan todos los esfuerzos los médicos, personal de enfermería y demás trabajadores de la salud –tan maltratados de todas las formas durante décadas–, como estoy seguro de que los harán.
Complejísimo será además en todo el mundo tratar las consecuencias económicas y sociales de la pandemia y el aislamiento ciudadano, pero en especial en países como Colombia, que no cuentan con los grandes recursos necesarios para enfrentarlas, a la par que tienen más necesidades que atender, tanto para gasto social –subsidios a informales, desempleados viejos y nuevos, deudas, arriendos, facturas…–, como para proteger y estimular la actividad económica en trance de estancarse y arruinarse. Y como sal en la herida, a los colombianos también nos cayó encima la baja de los precios del petróleo, ingreso en exceso importante, por error, en las cuentas nacionales.
En el debate mundial que estimula la pandemia sale cuestionado tanto el propio modelo económico y social de la globalización neoliberal como la soberbia de sus promotores y grandes beneficiarios, que lo consideran inamovible, a pesar de que no tienen cómo defenderlo si se piensa en beneficiar a todas las personas y países. Y las potencias económicas –a través del FMI y la OCDE– son capaces de decidir que esta crisis la paguen los países y personas más débiles, así lo que venga sea una depresión económica peor que la de 1929, crisis en la que Colombia puede sufrir más por su debilidad estructural y porque hoy tiene mayores relaciones económicas de mercado que en ese entonces.
Si se comparan los gastos que los países desarrollados y Colombia han aprobado por el Coronavirus, se confirma que sin la intervención del Estado el capitalismo no se desarrolla y hasta se autodestruye, aun cuando los neoliberales engañen al respecto. Y se confirma cuán mediocre es la economía colombiana, debilidad que está en la base de los problemas nacionales de pobreza, miseria, corrupción y hasta de violencia que nos avergüenzan.
El monto del subsidio que en Colombia recibirá de más cada pobre escogido será de 63 dólares. En EEUU acordaron 1.200 por persona y en el Reino Unido se darán hasta 3.000 al mes a 3,8 millones de trabajadores por cuenta propia. En cuanto a las pequeñas y medianas empresas, en Colombia se estima prestarles 500 millones de dólares, EEUU otorgará créditos que podrán no ser reembolsables por 367.000 millones y el Reino Unido les dará hasta 30.000 a cada una. En la base de estas notables diferencias aparece que los respectivos productos percápita de estos países, en dólares, son de 6.700, 62.700 y 43.000. Y que quede claro que no es que allá no padezcan por una gran desigualdad social, asaz escandalosa.
¿Por qué terminó este país así de mal, no obstante su gran territorio y abundantes recursos y un pueblo que en el único país del mundo donde no consigue trabajo ni se le respeta como buen trabajador se llama Colombia? Porque ningún gobierno se ha propuesto desarrollarlo de verdad, para alcanzar el nivel de los países exitosos, decisión empeorada por la globalización neoliberal, que impuso más que antes un mundo de países ganadores y perdedores, extrema concentración de la riqueza, enormes desigualdades sociales, gran corrupción y una deuda externa como espejismo que nos impone decisiones y nos esquilma e incluso algo peor: impedirnos emplear a nuestra gente productivamente y crear riqueza, al obligarnos a importar los bienes industriales y agrarios que podemos producir, así como atarnos al atraso educativo y científico y tecnológico y al maltrato ambiental.
La crisis del Coronavirus debe estimularnos a los colombianos, sin distingos de ningún tipo, a unirnos en el propósito de construir un país moderno de verdad que, con sus particularidades, preservando lo positivo que tenemos, transite por los caminos que se sabe deben recorrerse para alcanzar una Colombia próspera y democrática.
Bogotá, 27 de marzo de 2020.
Senador del Polo Democrático Alternativo
@JERobledo
Por Lorena Rubiano.- Yo di lo mejor de mí y Dios puso el resto. Hattie McDaniel.
Difícil era, casi imposible pensar, o imaginarse que los habitantes del planeta tierra cambiaran sus criterios y estándares de vida y su desprecio por el planeta y sus habitantes, de un momento a otro. Tampoco era cuerdo pensar que podían cambiar sus ansias de riqueza y de poder a través de las armas, y menos aún pensar en regresar a creer en la existencia de un ser superior.
Pero apareció, creado por el capital, el Covid-19, que reducirá la población, muchos serán los fallecidos por culpa de esta pandemia, pero, los que queden vivos tendrán que replantear el manejo económico comercial y humanitario del mundo. Hay que reducir la desigualdad entre los que sobrevivan, tendrán que aprender de esta terrible experiencia o no sobreviran a la próxima guerra biológica que ya debe estar siendo planeada por los dueños de la economía mundial. Nacerá otro orden económico mundial, Dios quiera que sea más humanitario y menos explotador, más consiente de la responsabilidad social y más responsable con nuestro planeta tierra.
Ante esta pandemia, ¿de qué servirá el dinero a los banqueros? ¿Las armas nucleares a las grandes potencias? Porque las guerras serán biológicas, un virus creado por el dinero, es el causante de esta pandemia que sabemos dónde se inició pero no donde terminara, pero será suficiente para que aparezcan los salvadores del mundo a ordenarnos que hacer y cómo hacerlo.
¿Qué hará Colombia con los aviones f16 y submarinos nucleares para combatir el coronavirus, la pobreza y el hambre, el dengue y las demás epidemias en nuestro país?
Lo que no pensaban ni calcularon los creadores del Covid -19 es que se les saliera del control y que iba llegar a sus propios y sofisticados estratos sociales, a todos sin excepción ninguna, y la vacuna no estaba lista o no la quieren sacar aun, para crear más pánico y más incertidumbre.
Es hora de escuchar a la naturaleza, de escucharnos entre seres humanos, de no ser indiferentes y mezquinos ante la necesidad de los países vecinos como Venezuela, de recibir las experiencias medicas de Cuba, de China y otros países, es el momento de la grandeza espiritual y no de la mezquindad política. No hay que aprovechar la situación para terminar de avasallar al enemigo político. Hay que dar la mano, con grandeza, a quien la necesite.
América Latina que parecía o miraba lejos el problema, no estaba preparada para esta pandemia, y puede ser devastadora, una vez que se expanda, entre la pobreza y la falta de recursos médicos. ¿Si Europa, especialmente Italia y España no han podido, contener el coronavirus, con mayores y mejores recursos, que podemos esperar nosotros los latinos?
En cuanto a nuestro país, hay que apoyar con toda fortaleza al presidente Duque, él es el capitán del barco y tiene una gran responsabilidad, debe tomar toro por los cuernos.
Debemos ya un gran reconocimiento, un aplauso a nuestros médicos y a todo el personal de hospitales y clínicas, son los verdaderos héroes.
Bogotá, D. C, 27 de marzo de 2020
Por Fabio Cifuentes*.- Estamos enfrentando una grave crisis que amenaza la vida y la estabilidad del mundo, pero ya está demostrado que con solidaridad, calma y aislamiento podremos vencer la pandemia del Covid-19.
Ahora no queda más que concentrarnos en las soluciones, acatar las recomendaciones, especialmente la del aislamiento y lavado de manos que sin duda son las más efectivas y comprobadas hasta el momento para controlar la pandemia.
Todos debemos estar unidos con un espíritu solidario y de responsabilidad con nuestra vida y la de los demás. Si hay conciencia de la gravedad de esta crisis vamos a salvar muchas vidas.
Aunque el gobierno ha tomado varías medidas para neutralizar el virus, todos debemos, conscientemente, quedarnos en casa y lavarnos las manos. No podemos destinar toda la fuerza pública a perseguir irresponsables.
La decisión del gobierno de aislar todo el país, es la más dura pero la más efectiva, por eso tenemos que apoyarla. Y lógico esto trae paralelamente muchos problemas para miles de colombianos.
Hay muchas personas que realmente viven con lo que ganan diariamente, adultos mayores solos, habitantes de calle, abriendo un gran boquete a este tipo de medidas, porque el hambre puede llevar a que el aislamiento fracase.
Por eso, acá es donde las autoridades deben reaccionar muy rápido para solucionar esta necesidad vital.
La unión de las familias y vecinos es esencial en estos momentos, los que tengan como ayudar deben apadrinar por lo menos a un hermano, sobrino, primo o una persona que esté sin recursos para adquirir productos básicos, mientras los gobernantes comienzan a distribuir la ayuda.
Es un tema de vida, y si nos unimos vamos a superar la crisis. Si no nos solidarizamos con los más necesitados el hambre los obligará a salir a las calles y ahí estaríamos fracasando en la derrota del coronavirus. Así de sencillo.
Debemos valorar de corazón que las plazas de mercado, supermercados y droguerías sigan operando, por eso debemos actuar con excesiva responsabilidad.
Solo debe salir una persona por familia y comprar lo necesario, porque si hay desabastecimiento dejaremos mucha gente sin alimentos y vamos a “reventar" al sector productivo y ahí si generaríamos una crisis mucho más grave.
La calma es VITAL en estos momentos, cualquier riesgo de pánico individual o colectivo nos estaría poniendo una lápida en el cuello a todos. Debemos expresar siempre tranquilidad a quienes nos rodean, no podemos llenar de miedo a nuestras familias.
Por eso no debemos enviar ni compartir por redes sociales noticias falsas, ni vídeos y nada que nos quite la tranquilidad. Que las redes y grupos de WhatsApp se usen solo para acciones solidarias y buscar soluciones, lo demás es basura que en nada ayuda en este momento.
La policía, que es la institución que tiene contacto directo con la población civil, debe iniciar ya una labor informativa y pedagógica de cómo van a salir a la calles y veredas las personas que van a comprar alimentos y medicamentos.
Hay incertidumbre y temor, especialmente en las zonas rurales, porque no saben cómo van a movilizarse, si les aclaramos evitaremos desplazamientos masivos que pueden ser muy riesgosos.
Sé que muchos están preocupados por sus empleos, empresas y propiedades, pero si reflexionamos por un instante lo que estamos viviendo uno entenderá que cuando está en riesgo la vida lo material es insignificante. ¡Primero la vida!
Bogotá, D. C, 25 de marzo de 2020
*Asesor en Estrategia de Comunicaciones. Se ha desempeñado como subsecretario de prensa de la Presidencia de la República, jefe de prensa de la Campaña Presidencial Juan Manuel Santos y Periodista Caracol Radio.
Por Gabriel Ortiz*.- Covid-19 despertó a los pensadores del mundo, que afanosamente trabajan para salvarlo de los depredadores que lo explotan sin cesar.
El virus, cuya vacuna buscan incansable y afanosamente los científicos de todos los países, ha dejado ver cierta debilidad cuando lo enfrentan a un barato jabón con su brillante espuma. No sucede lo mismo con la mente y con la actitud humanas. A ellas solo les importa lo material, lo que replete al hombre de bienes y riquezas, bien o mal habidos. Ahí es donde entra a jugar la desquiciada política.
Ruines, aciagos e infaustos líderes, surgen, penetran y se mantienen al pie de las contiendas, sin miramiento alguno por las matanzas y carnicerías, semejantes a las pandemias que con frecuencia castigan a la humanidad.
Esta vez, cuando aparece el covid’19, el Secretario General de la Onu, Antonio Guterres, levantó su voz para pedir al mundo un cese global inmediato al fuego, porque hay que preservar a los civiles de los países en conflicto. ¨La guerra es una locura¨, ha dicho a los habitantes del globo. Ese lenguaje fastidia a muchos; a gobernantes y gobernados cuya única misión es el poder y la riqueza. ¨Silencio a las armas, detengan la artillería¨, les suplicó. Muchos pensábamos que la voz de Guterres era un grito en el desierto, que nadie lo acompañaría. El Alcalde de Dallas, Texas, cuando hizo un vehemente llamado a sus conciudadanos para luchar contra Covid-19, les solicitó apartarse de la política. ¨Olvidemos al rojo y al azul y enfrentemos unidos la pandemia, que es la menaza que se cierne contra nuestra población¨.
Durante esta emergencia son muchos los políticos que quieren cortar ramas del árbol seco. Aspirantes a altas posiciones que salen a la televisión a mostrar generosidad con las víctimas del virus, anunciando precarios mercados a cambio de futuros votos.
El camino es otro. Duque ha tomado medidas acertadas y a tiempo. Los resultados empiezan a observarse. El virus retrocede, gracias al aislamiento social, los planes de emergencia, las alertas y el humanismo.
El Fondo de Emergencias, actúa y busca impedir parálisis económica, aunque hay qué aclarar que el dinero que maneja -como se ha dicho- no irá para el sector financiero, al que la sufrida población colombiana, refinanció cuando estuvo al borde de la quiebra.
La gran empresa ha respondido, el gobierno, la gente. Falta el apoyo a los compatriotas que deambulan por aeropuertos internacionales, sin lograr un vuelo para su patria. Américan Airlines, suspendió vuelos anticipadamente, sin siquiera avisar a los viajeros. Y según se dice, esta hecatombe se prolongará un mes más. ¿La aeronáutica pedirá cumplimiento a Américan?
El planeta sigue en vilo. No aparece la vacuna, los colombianos rodean al gobierno, aunque algunos burlan las acertadas medidas, la guerra sigue, no se silencian las armas, coronavirus puede perderle el miedo al jabón.
¡El fuego y la política siguen unidos con cavid-19!
BLANCO: El acertado nombramiento de Luis Alberto Moreno como embajador en USA.
NEGRO: Los injustificados saqueos por las medidas contra la pandemia.
Atlanta 26 de marzo de 2020
*Periodista Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper
Por José G. Hernández*.- Quizá como nunca antes, está justificada la declaración del Estado de Emergencia previsto por el artículo 215 de la Constitución. La irrupción del virus Covid-19 en nuestro territorio constituye una verdadera calamidad pública y afecta de manera grave el orden público económico y social. Así que la decisión adoptada por el Presidente Iván Duque tiene pleno fundamento en los preceptos superiores y responde a una obligación básica de las autoridades: la de proteger a todas las personas residentes en Colombia en su vida, su integridad y su salud.
El Ejecutivo debe ser apoyado en esta materia. Todos estamos amenazados, y resulta imprescindible que todos aportemos, de buena voluntad, para superar las difíciles circunstancias que vive el país, como muchos otros, como consecuencia de la rápida expansión de la pandemia por la vía del contagio.
Desde luego, hubiéramos preferido que las medidas se adoptaran antes. El Gobierno esperó demasiado. Ha debido cerrar la frontera aérea de manera oportuna, y mucho se habría evitado, pues no cabe duda acerca de la puerta de entrada del virus: el aeropuerto Eldorado. Y era de esperar que nuestra administración hubiese aprendido algo de la experiencia vivida por países europeos, como Italia o España, en que la tardanza e irresponsabilidad oficiales desencadenaron una tragedia todavía vigente.
Aunque después fueron desautorizados mediante un decreto mal redactado y completamente alejado del objetivo en que ha debido ocuparse el Presidente, fueron los gobernadores y los alcaldes -en especial la burgomaestre de Bogotá, Claudia López- quienes tomaron las primeras decisiones con miras a la protección de la gente. La cancelación de eventos que congregaban a muchas personas -con el inmenso peligro que ellos representaban-; la suspensión de clases presenciales en establecimientos educativos; las justificadas restricciones a los actos de culto religioso; los cierres y toques de queda en los municipios; el ensayo colectivo sobre aislamiento voluntario… fueron medidas muy útiles y sirvieron para que el Gobierno Nacional tomara conciencia acerca de la necesidad de actuar con diligencia y rapidez.
No pudimos entender las razones de funcionarios como la Ministra del Interior, quien sostenía que lo indicado era esperar a que llegara el virus a un municipio para proceder a su cierre, o al toque de queda. Ni tampoco la negativa a establecer contacto con las autoridades venezolanas para luchar de común acuerdo y con mayor eficacia contra la extensión de la enfermedad en la frontera. Haciendo prevalecer la política sobre la urgencia, querían pactar los procedimientos de control sanitario con el señor Guaidó, que nada hace ni puede hacer a ese respecto.
Lo cierto es que ahora el Presidente y sus ministros tienen en las manos la herramienta constitucional con la que pueden actuar. Pero hay que advertirlo: los decretos legislativos que puede dictar deben guardar relación directa, exclusiva y específica con las causas de la perturbación, y estar dirigidos a sofocar la crisis y a impedir la extensión de sus efectos. Se trata de proteger a toda la población, respetando las normas constitucionales y evitando disposiciones tan negativas como la reciente -contenida en Decreto 444 de 2020- , que quita recursos a los municipios para trasladarlos a las instituciones financieras, en vez de exigir a los bancos su solidaridad y apoyo para los más necesitados.
Bogtá, D. C, 25 de marzo de 2020
*Expresidente Corte Constitucional
Por Víctor G. Ricardo*.- Hace solo tres meses nadie en Colombia o en el resto del mundo se imaginaba que íbamos a vivir una crisis tan grande como la que estamos enfrentando con la llegada del coronavirus. Ningún país, ni siquiera los más avanzados, estaba preparado para manejar un problema de salud pública como el que se ha venido generando.
Pocas personas alcanzan a dimensionar el mal que está causando esta pandemia. Lo que a todos nos ha quedado claro es lo frágil que es el ser humano ante un virus como este. Ni las grandes potencias económicas, ni los países “del primer mundo”, en su poderío militar, ni los más desarrollados en tecnología han podido dar una respuesta inmediata al control y exterminación a este virus.
La China, por su parte, nos ha dado ejemplo y una lección al mundo entero de cómo comportarse, del cuidado que se debe tener, para que un virus de esa naturaleza no se propague a la velocidad que lo ha venido haciendo en otros países. Además, ha dado ejemplo de cómo reaccionar ante una emergencia de esta naturaleza, montando hospitales para poder atender a los infectados y tomando las medidas de control ciudadano necesarias para hacer que el daño que causa el virus no sea tan grande. Hasta el momento, gracias a todas las medidas tomadas, China está controlando la situación.
Otra cosa muy diferente es lo que ha ocurrido en Europa, fundamentalmente en países como Italia y España e incluida Alemania en menor escala, en los cuales las muertes a diario superan las 600 y hasta 750, como ha acontecido en los últimos días y, no han podido controlar que siga expandiéndose la infección. Colombia ya tiene más de 250 infectados y, a través de medidas extraordinarias, como es la del aislamiento de la personas, la prohibición de reuniones, la prohibición de traslados de una ciudad o municipio al otro, la suspensión tanto de vuelos nacionales como internacionales, está tratando de contener que el virus se expanda más rápido y que haya menos infectados.
Al principio veíamos contradicciones entre los distintos niveles de la administración pública, pero ahora estamos presenciando que pasada las tormentas entre estas y las vanidades de quien hace mejor la tarea que el otro, nos estamos poniendo de acuerdo en que para el bien de la salud de todos los colombianos. Antes que controversias lo que necesitamos es unirnos para a través del cumplimento de las medidas de contención podamos afrontar en gran problema de salud pública que proteja vidas, tratando de organizar a la mayor brevedad una ampliación de las camas hospitalarias que permita atender a los infectados y así procurar que la lista de muertos, victimas del virus, sea la menor posible aunque sabemos que desafortunadamente irá creciendo la mortalidad.
También tenemos que ser conscientes que al igual que en una guerra hay que tomar decisiones muy drásticas en el aspecto económico y que, seguramente, vamos a quedar al final de toda esta pesadilla, que ojalá sea lo menos grave, y frente a la cual debemos pedirle a Dios que nos ayude, golpeados y muchas empresas o personas en condiciones difíciles y angustiantes. Pero lo primero es que podamos mantener nuestras vidas para continuar luchando por nuestro desarrollo y futuro.
Es aquí donde quiero expresar que en el marco de tan malas noticias y angustia en que nos encontramos, los colombianos ha sido, en su mayoría, disciplinados y están acatando las instrucciones que el Gobierno nacional y los regionales han venido dando. Y es que si nos las cumplimos, la cuenta de cobro nos es otra que un resultado mayor de víctimas.
Solo la actitud coordinada y responsable de todos, bajo el liderazgo del Gobierno nacional y el cumplimiento de la ciudadanía hará que podamos tener mejor atención a los infectados y menos víctimas.
Estamos en la etapa de la contención al virus tratando que no se extienda a mayor velocidad, pero los días más graves están por venir. Si así entendemos lo que estamos viviendo y seguimos cumpliendo las instrucciones, tendemos menores sufrimientos.
Bogotá, D. C, 25 de marzo de 2020
*Excomisionado de Paz