Opinión
Por Jairo Gómez*.- Mientras la pandemia acorrala a cerca de tres mil millones de seres humanos en la tierra, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acolitado por el presidente de Colombia, Iván Duque, quiere confinar a los 31 millones de venezolanos para someterlos a la implacable epidemia, y a la más atroz e inhumana injusticia de ponerlos a aguantar hambre, reducirles cualquier posibilidad de que puedan controlar el coronavirus y al aislamiento total.
Todo, porque, según Trump, Nicolás Maduro, es el cabecilla de un cartel del narcotráfico que desde su país pone, a diario, en las calles de Nueva York y Washington cientos de toneladas de cocaína que envenenan la humanidad del ciudadano estadounidense. Ese es el argumento que esgrimió frente a la prensa; pero los analistas internacionales advierten que detrás de sus intenciones de mover al Atlántico portaaviones y un contingente de marines armados hasta los dientes, tiene una narrativa que va más allá de la guerra contra los narcotraficantes: el objetivo es invadir territorio venezolano y sacar del poder a la cúpula chavista.
Bueno, que el presidente Trump se permita esas locuras y excesos es explicable en un hombre cuya grandeza la mide por el tamaño de las torres que construye y, para hacerlas más notorias, las bautiza con su propio nombre; pero que Iván Duque, que salió del cubilete de su mentor, Álvaro Uribe Vélez, se dé estos lujos poniendo en riesgo, no solo la seguridad de su país sino la de sus ciudadanos, es de una frivolidad mayúscula.
Por la espectacularidad del operativo en marcha se dice en círculos de poder estadounidense que la acción montada por la Casa Blanca nada tiene que ver con la lucha contra el narcotráfico y es valorada como una estrategia eficaz de la oficina oval para desviar el foco de las críticas por el fatal manejo que Trump le ha dado a la crisis de la pandemia, que en menos de quince días convirtió a la gran potencia en epicentro de la epidemia.
Dado el culiprontismo de Duque, si llegase a ocurrir esta acción bélica, sin duda, pondría a Colombia en un escenario de confrontación delicado de insospechadas consecuencias. Por eso, parodiando lo dicho por el propio Duque, le sugiero que practique el “aislamiento inteligente” y no nos meta en esta vaca loca mientras el país apenas empieza a decantar la gravedad que nos revela la presencia del virus.
Dedique sus esfuerzos presidente a resolver la situación crítica en que se encuentran millones de hogares colombianos que hoy no tienen con qué comer; alivie los gastos que no dan espera como la energía, el agua, el gas y la conexión digital; congele los arriendos que no se pueden pagar, pues fueron cientos de miles los colombianos echados de sus trabajos y millones de contratistas OPS que se quedaron por fuera de una posibilidad de obtener ingresos. Eso es urgente.
Si no está enterado lo pongo al tanto, un grupo de líderes mundiales, por ejemplo, reclaman de los gobernantes del mundo que administran la pandemia unidad en el tratamiento de la crisis y proponen de inmediato hacer inversiones que impacten, de entrada, la salud pública, hoy en evidente debilitamiento.
“Todos los sistemas de salud —incluso los más avanzados y mejor financiados— están tambaleándose bajo la presión del virus. Ahora bien, si no hacemos nada mientras la enfermedad se propaga por ciudades pobres de África, Asía y Latinoamérica y en comunidades frágiles con muy pocos equipos para realizar pruebas, respiradores y suministros médicos, y en los que el distanciamiento social e incluso el lavado de manos son difíciles de garantizar, el coronavirus persistirá en esas zonas y reaparecerá para atacar el resto del mundo con nuevos brotes que prolongarán la crisis”, dicen en la carta que expresidentes, científicos e investigadores sociales le envían al G-20 (Grupo de los 20 países con economías más fuertes).
Esa es la lógica presidente Duque, además de recoger la propuesta económica que lanzan para que el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial asuman esta crisis con mayor generosidad. “La emergencia económica no podrá resolverse hasta que se haya resuelto la emergencia sanitaria”, dice el documento que usted presidente Duque debe asumir con responsabilidad y evite esos vientos guerreristas que le llegan desde la Casa Blanca.
Bogotá, D. C, 8 de abril de 2020
*Periodista y Analista Político.
Por Guillermo García Realpe*.- Hace unos días un destacado portal colombiano de noticias nos trajo una muy importante lectura de Jacques Attali, economista muy autorizado de Europa en el que planteaba que el mundo está además de una tragedia en salud, de vida y social, en una situación de “economía de guerra”.
Ante circunstancias económicas y sociales extraordinarias se deben tomar decisiones, medidas y acciones extraordinarias, por lo tanto el Gobierno Nacional, el Estado Colombiano en uso de las facultades extraordinarias del Decreto de declaratoria de emergencia económica debe tomar todas las medidas necesarias para atender esta muy grave crisis de orden social, de salud, de vida y económica que ha golpeado mucho al mundo y en particular al pueblo colombiano.
Es una muy grave tragedia en temas alimentarios, en temas de seguridad alimentaria de nuestros conciudadanos, amplísimos sectores del país hoy están sufriendo la falta de aprovisionamiento porque definitivamente como no tienen los recursos disponibles, no hay empleo, no hay ingresos seguros pues hoy va depender la seguridad alimentaria en altísimo grado de lo que el Estado colombiano pueda proveerles.
También es muy grave la situación de los ingresos y de las disponibilidades de recursos de la población vulnerable, de los desempleados, de los informales, de la gente de la tercera edad, definitivamente se tiene que proveer los recursos para girar y ampliando los censos a todos los beneficiarios posibles, porque de lo contrario, vamos a tener una calamidad de salud, una calamidad alimentaria, es decir, una verdadera hambruna.
Se tiene que disponer también recursos para que no se destruya el aparato productivo tanto industrial, agroindustrial, agropecuario, tiene que haber por supuesto inyección para que no haya despidos, para que no se promueva, por las circunstancias que está afrontando el país los despidos masivos de trabajadores, especialmente del sector privado y también deben haber recursos para el desarrollo de la infraestructura en salud, de los equipos de dotación de todo lo que se requiere hoy para atender la situación humanitaria en materia de salud.
Asimismo se debe empezar a promover desde ya una prima especial, unos mejoramientos salariales para todo el recurso humano dedicado a la salud, a los médicos, a las enfermeras, los camilleros, la gente de las ambulancias, los droguistas, en fin, porque ellos en un altísimo grado, se cree que un 70 u 80% tienen vinculación laboral precaria, no estable, no en plantas de personal, incluso a través de intermediarios, cooperativas para burlar muchas veces los dignos niveles salariales y prestacionales. Tiene que haber desde ya una inversión de coyuntura, es decir, una prima en salud para todos estos colombianos que están arriesgando la vida, la salud porque están en la primera línea de batalla frente al coronavirus.
Se requieren otras muchas cosas ante esta coyuntura, ante esos absolutos gastos extraordinarios, enorme recursos de billones de pesos, el Estado colombiano tiene que echar mano a fuentes también absolutamente extraordinarias y entre esas esta ver la posibilidad que, mediante decreto extraordinario se suspenda los efectos de la Reforma Tributaria que, por vía de exenciones y beneficios tributarios se les perdono a los ricos y a los grandes empresarios, especialmente internacionales diez billones de pesos que hoy requiere el país para atender esta grave emergencia social, de salud y económica.
También el Gobierno Nacional tiene que considerar la autorización de una proporción racional de las reservas internacionales que tenemos los colombianos, porque son recursos no del Gobierno, no del Estado, son de todos nosotros que ha ido acumulando la nación durante muchos años y que están invertidos en títulos en la Reserva Federal de los Estados Unidos, en los bancos mundiales, representados en divisas o en oro monetario, etc. Tiene que promover que una decena o una veintena de billones de pesos de estas reservas internacionales se apliquen a las circunstancias actuales y también en materia de la deuda externa Colombia en el año 2020 tiene presupuestado pagar 50 billones de pesos, conjuntamente con todos los países de Latinoamérica tiene que acordar con el BID, con el Banco Mundial, con el Fondo Monetario Internacional una renegociación del pago de esa deuda, tanto de intereses como de capital. Ojalá, que no se pague este año 50 billones de pesos en materia de deuda externa, que se paguen 20 o 30 billones y el resto que se liberen para poder atender esta gravísima emergencia.
Igualmente, le estamos diciendo al Gobierno Nacional que procure tomar decisiones alrededor de agilizar las inversiones de doce billones de pesos que hoy representan los recursos del Sistema General de Regalías que no se han invertido, tiene que agilizarse esos procedimientos para que departamentos y municipios inviertan a su vez en materia de obras de infraestructura, especialmente de salud, por supuesto que todos estos recursos tienen que tener control por parte de los organismos respectivos como la Procuraduría, la Contraloría, la Fiscalía, las veedurías ciudadanas para que no mal aprovechen ciertos vivos que en circunstancias como la actual hacen de esto una oportunidad de fechorías.
El Banco de la República también puede prestarle al Gobierno Nacional, tienen recursos de crédito y también puede meterse la mano al dril para promover unos créditos importantes. La economía debe tener las circunstancias que permita a las empresas públicas y privadas promover el mantenimiento de su actividad productiva, por eso vemos con muy buenos ojos que el Banco de la República haya rebajado los intereses de préstamo como banca central de 4.25 a 3.75% anual para que los bancos re descuenten y hagan sus operaciones financieras y a su vez hagan fluir estos recursos hacia la economía, hacia la demanda de los colombianos, la demanda no puede frenarse porque se frena la producción y por supuesto se estaría con eso escalando un gran desempleo mayor al que hoy tiene el país entero. Muy buena decisión del Banco de la República, poner a disposición de los bancos liquidez, no hay que tener una posición de rechazar que los bancos tengan fuente de liquidez, porque sino la tienen no pueden prestarle al consumidor, al pequeño empresario, al que fomenta la producción y empleo en Colombia, por lo tanto buena medida la tomada por el Emisor.
Esperamos que todas estas iniciativas y propuestas que se han planteado desde diversos sectores ayuden a palear la difícil situación que hoy vive el país por cuenta de esta emergencia en salud.
Bogotá, D. C, 6 de abril de 2020
Senador Liberal de Colombia
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.-Para descansar un poco de análisis científicos, de pronósticos económicos y de debates políticos sobre el coronavirus, una mirada desordenada a algunas paradojas y hechos curiosos que va dejando la pandemia y las medidas para combatirla.
El virus obliga al homo sapiens a recluirse y frenar sus actividades y la naturaleza florece: con menos emisión de gases disminuye la polución del aire, vuelve a ser transparente el agua de los canales de Venecia, pájaros y animales pasean por las calles vacías de pueblos y ciudades.
La pandemia demostró lo inservible que son las armas, lo débil que es el poder, lo inútil que es la riqueza, lo importante que es un médico y lo necesario que son los campesinos que nos surten de comida.
Después de décadas de tratar de reducir al Estado, de desmontar las redes de protección social, EE.UU., y Europa comprueban con miles de muertos que el mercado no es suficiente, que la salud es un bien público no un negocio, y que el Estado de Bienestar no es un lujo sino una necesidad.
El virus saca lo mejor y lo peor de la naturaleza humana: emocionantes muestras de solidaridad y apoyo a los más débiles, pero también aumento del 70% en los casos de violencia doméstica contra mujeres y niños.
Las grandes potencias cierran sus fronteras y una pequeña isla, Cuba, da ejemplos de solidaridad recibiendo barcos con enfermos que todos los países rechazan y enviando a sus médicos a ayudar a Italia, el país con más muertos por el virus.
También aprendemos a apreciar más lo público. Ciudades como New York o Tokio tienen enormes y hermosos espacios públicos donde la gente escapa de la estrechez de sus pequeñas viviendas. Con el virus se perdió ese privilegio y la cuarentena es más dura.
Guerrillas en Colombia y Filipinas acogieron el llamado de la ONU a un cese al fuego para concentrarse en la lucha contra el coronavirus. Trump endurece el bloqueo a Cuba y despliega la fuerza naval gringa para amenazar a Venezuela, todo por ganar los votos cubanos en la Florida.
El vivo bobo la acaba pagando: empresas gringas, como las de los grandes cruceros, que para evadir impuestos en Estados Unidos se domiciliaron en paraísos fiscales, ahora por la pandemia necesitan las ayudas y subsidios del gobierno pero no los pueden recibir por ser extranjeras.
Se cierran todas las fábricas de automóviles y todas las que producen bienes no esenciales, pero Trump decide que la producción de armas debe continuar.
Por el virus China paró su producción y frenó la cadena de abastecimiento mundial para muchas empresas. Ahora quiere reactivarla, pero está limitada porque los pedidos del resto de mundo han caído por el virus.
La iglesia católica cierra templos y suspende ceremonias de Semana Santa. El gobernador de Florida permite los cultos religiosos y algunos pastores evangélicos obligan a sus fieles a que les sigan pagando el diezmo. En Israel, el mayor contagio es entre los ultra ortodoxos que confían en sus ritos para protegerse del virus.
La retórica de Trump de ignorar la gravedad del virus para no parar la economía y no perjudicar su reelección ha logrado que ‘América First’ sea realidad: primera en número de contagiados y pronto será la primera en muertos. El Brasil de Bolsonaro ya ocupa ese primer lugar en América Latina.
Cali 6 de abril de 2020
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- Entre confundido y aterrado, el mundo enfrenta un enemigo no muy letal pero sin fronteras. Morirán menos que en las pestes medievales, en anteriores epidemias y en las guerras “mundiales”, pero morirán en todo el planeta y, mientras se encuentra la vacuna y la cura para los infectados, todo es zozobra.
Una zozobra que la izquierda y otros sectores atizan en los medios y las redes, a contrapelo del equilibrio presidencial en el manejo de la crisis, compartiendo siempre sus decisiones con los ciudadanos, con serenidad, sin altisonancias y asesorado por expertos.
La alcaldesa de Bogotá le echa leña a esa candela con su advertencia de prórroga hasta junio, para lo cual “Si hay que ir apagando la economía, lo hacemos”. López, que comparte con la izquierda esa miope posición de identificar “la economía”, con unos “oligarcas” protegidos del Gobierno, introduce el falso dilema entre “salud o economía”, generando una discusión pública con mucho de populismo y poco de ética.
No. La economía es como el aire; todo lo que hacemos es “económico”: comer, vestirnos, viajar, divertirnos. No creo en videos sensibleros de volver a “la vida sencilla”, cuando somos 7.000 millones en el mundo. Podemos comer un año en casa, pero los meseros y cocineros pasarán hambre; vivir un año con dos mudas, como muchos colombianos pobres a quienes, paradójicamente, les negaríamos la oportunidad de trabajar en una tienda de ropa. Podemos dejar de divertirnos, pero los que nos divertían pasarán hambre.
No se trata entonces de un dilema ético entre la salud de muchos y la riqueza de unos pocos, con un perverso factor de juzgamiento social para acorralar al Gobierno. El presidente ha reiterado que no abrirá totalmente la economía el 14 de abril, pero si no sigue la “recomendación” de López, le endilgarán los muertos del coronavirus.
Si apaga la economía y enciende la imprenta de billetes, como algunos recomiendan para financiar subsidios directos, definitivos en esta primera etapa pero insostenibles, enfrentaremos una hiperinflación a lo “Venezuela”, con sus secuelas de desempleo y pobreza, y entonces le endilgarán los muertos del hambre.
Este no es un problema de ricos, que perderán, pero pueden resistir diez pandemias. Es de las pequeñas y medianas empresas que mueven la economía, aunque invisibles al abrigo de la informalidad. Sus empleados son prescindibles, pero hacen parte de las estadísticas, al lado de los informales “informales”, los de calle: la señora de las arepas, la “de por días”, el del carro de perros, el del agache... Un inmenso problema social, tan grave como la enfermedad misma, que exige una economía funcionando, a media marcha quizás…, pero funcionando.
Frente a las escalofriantes cifras de otros países -Estados Unidos registró 245.000 infectados y ¡1.169 fallecidos en 24 horas!-, debemos reconocer que el país lo está haciendo bien. A un mes del primer contagio, apenas cruzamos el umbral de 1.000 infectados, no pasamos la veintena de muertes, el sistema de salud se prepara con juicio y con apoyo del gobierno y los privados; y lo más importante: lo seguimos haciendo bien, porque las pruebas masivas, que ya comienzan, permitirán encontrar y aislar a los asintomáticos que, pareciendo sanos, son propagadores ambulantes.
No dudo que el presidente, curado de arrogancias, no escuchará los cantos de sirena del populismo y se amarrará al palo mayor de su serenidad y el consejo de los expertos, a los que se suma el apoyo bienvenido del gobierno de Corea del Sur, país amigo y agradecido con Colombia desde la guerra de los 50 del siglo pasado. Ayer por ti, hoy por mí.
Bogotá, D. C, 5 de abril de 2020
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie.
Por Amylkar D. Acosta M*.-Si algo caracteriza a los precios del petróleo es su volatilidad y esta está determinada por los fundamentales del mercado y/o por las viceversas de la geopolítica. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), se preveía que, a consecuencia del enfriamiento de la economía global, atribuible a la guerra comercial que el Presidente Donald Trump le había declarado al resto del mundo, la demanda de petróleo en el 2020 se reduciría, por primera vez desde 2009, aproximadamente en 90.000 barriles/día, retrocediendo desde casi el millón de barriles/día de 2019 a los 99.9 millones de barriles/día.
De hecho ya veníamos con una sobreoferta de crudo que presionaba el precio a la baja, lo que condujo a la OPEP y a otros 10 países más, encabezados por Rusia, que no hacen parte de ella, a hacer causa común para atajar la caída de los precios. Con tal fin acordaron desde 2017 reducir su oferta y esta medida les venía funcionando, al punto que el año anterior el promedio del precio fue de US $64 el barril.
Con lo que nadie contaba era con que en los albores del 2020 se iba a desatar la pandemia del COVID-19 que, al obligar a tomar medidas extremas por parte de todos los países para contener su avance, se afectaron las cadenas de valor a nivel global, contagiando a la economía. Hemos llegado al punto que, al limitarse la producción y circulación de personas, bienes y servicios, según la Directora del FMI Kristalina Georgieva, “hemos entrado en una recesión igual o peor que la del 2009”. Y esta recesión, todavía en ciernes, afecta la demanda de petróleo arrastrando consigo los precios a la baja, repitiéndose la historia de 2008, cuando la economía global tuvo un decrecimiento de - 0.6% y los precios del crudo cayeron de un promedio de US 94.10 el barril en 2008 a US $60.86 en 2009 .
Pero, como por la Ley de Murphy todo aquello que anda mal es susceptible de empeorar, el desencuentro entre los jeques de Arabia Saudita, que lidera la OPEP y Rusia, impidió que se extendiera el acuerdo alcanzado, que expira hoy, hasta el mes de diciembre de este año y desató una guerra de precios que ha puesto en jaque a los productores y exportadores de petróleo en todo el mundo. Los precios del crudo se deslizan con tanta rapidez como si bajaran por un tobogán desde los US $68.9 el barril de la referencia BRENT, el más elevado desde septiembre de 2019, el 6 de enero de este año hasta los US $22.76 al cual se cotizó el 30 de los corrientes, su menor nivel desde noviembre de 2002. Y no es para menos, luego de conocerse el anuncio de parte de Arabia Saudita de llevar su producción a un nivel record de 10.6 millones de barriles diarios para el mes de mayo. Esta semana tuvo un repunte hasta los US $34 el barril, pero muchos lo interpretan como el rebote del gato muerto, al considerar que los fundamentales del mercado impedirán que la tendencia a la baja se revierta.
Así las cosas, la economía colombiana va a tener que soportar este año un choque externo a consecuencia de la caída de los precios del petróleo muy severo, después de cerrar el año anterior con los déficits gemelos a cuesta: 4.3% de déficit en la cuenta corriente de la Balanza de pagos y un déficit fiscal aparente de 2.5%. De mantenerse los precios del crudo alrededor de los US $30 el barril por el resto del año, lo que es muy probable y siendo que este renglón de las exportaciones representa el 40%, aproximadamente, se teme que el déficit de cuenta corriente puede llegar a superar el 5% (¡!). Huelga decir que también impactará el ritmo de crecimiento de la economía, toda vez que por cada US $10 que baja el precio del barril de crudo reduce en un 0.4 puntos porcentuales el crecimiento del PIB.
Además, si tenemos en cuenta que el precio de referencia que se tuvo en cuenta en la actualización del Plan financiero de 2020 fue de el doble (US $60.5 dólares el barril), esta diferencia entre el uno y el otro le pasará factura al Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia de 2020 por valor de $12 billones. Empero, la situación se complicaría aún más el año entrante, dado que será entonces cuando se sentirá con todo su rigor el costo fiscal, por cuenta de las exenciones y beneficios tributarios a las empresas, de la Ley de crecimiento aprobada el año anterior, que se calcula en unos $10 billones y también la caída de los ingresos al fisco por concepto de impuesto de rentas, dividendos y regalías que paga la industria petrolera.
Como es bien sabido, por cada dólar que baja el precio del barril de crudo se dejan de recibir $429.000 millones y por cada 10.000 barriles que se dejan de exportar se dejan de recibir $301.000 millones. Y Colombia se verá afectada por partida doble, porque a la baja de los precios, que es ineluctable, se vendrá a sumar la caída de la producción y las exportaciones de crudo porque los pozos que produzcan petróleo a costos por encima de los US $30 el barril, que son muchos, seguramente dejarán de bombear. En suma, este bajonazo de los precios del crudo ha puesto a la economía colombiana a sudar petróleo.
Como afirma Daniel Guardiola, economista de BTG Pactual, “la economía colombiana enfrenta un período desafiante, con un empeoramiento del déficit de cuenta corriente, un aumento del déficit fiscal, una desaceleración de la actividad económica y, finalmente, un deterioro de la calificación crediticia del país y tal vez la pérdida del grado de inversión”. Y estamos a un solo escalón de perderlo.
Como dijo el inversor y empresario estadounidense Warren Buffet, según la cual “sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo” y lo que es claro es que, después del largo ciclo de precios altos del petróleo, que duró desde 2003 hasta junio de 2014, que no supimos aprovechar para corregir los déficit gemelos, la economía colombiana sigue dependiendo en exceso del crudo, sujeta a las oscilaciones de sus precios internacionales cuya curva se comporta como si fuera una montaña rusa.
Cota, abril 5 de 2020
*Expresidente del Congreso de Colombia, Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por Gabriel Ortiz* Ojo por ojo le ha dicho el planeta a todo el mundo. Quién lo creyera. Esos millones de habitantes que durante tanto tiempo venían asfixiándolo, buscan afanosamente la pastilla que derrote al Covid-19.
Durante años se han burlado de los estudiosos, que prevén las catástrofes contra la tierra que habitamos, pisoteamos y agredimos. Arrogantes gobernantes, usurpadores de la riqueza a compartir equitativamente y arúspices e iluminados, no cesan en su empeño de hurgar el más recóndito espacio para ubicar y conducir a sus congéneres a pisotear, destruir el globo.
La belleza, las comodidades, la fraternidad, la convivencia, la felicidad y la vida fueron exprimidas por quienes lo querían todo, a cambio de nada. Convierten los bosques en desiertos, los ríos en cloacas. Fauna y flora, se marchitan. La fetidez domina el ambiente, el aire escasea y el mundo se calienta. El hombre se vale de su ingenio, pero no para cesar en su acción destructora, sino para tratar a escapar a la destrucción. Compra aire, acondicionado, agua, artificialmente potabilizada, comodidades artificiales y general cosas modificadas.
El ambiente se envilece por la acción del hombre. Los elementos vitales para la existencia humana se agotan. Por las ciudades y zonas industriales avanzan como fantasmas unos habitantes con las caras cubiertas y la piel embadurnada de pomadas. Los páramos se derriten y las fuentes de agua se agotan.
En países como el nuestro y como Brasil, aparecen supuestos ¨creadores de riqueza¨, que gozan con las fogatas alimentadas con lo poco que nos queda. Incendian grandes extensiones de selva virgen, para formar potreros que llenan de vacunos que surtirán los nuevos mercados de carne de Rusia y China. No solo son depredadores se nuestra naturaleza, sino que malogran y contaminan el aire de ciudades, como ocurre ahora con el oxígeno de Bogotá.
El hacha, la mano del hombre y el débil cerebro humano dañan lo que tocan.
Aparecen entonces las plagas, los virus y las pandemias que, como esta vez, acicateados y fortalecidos por las redes sociales, ocupan la inteligencia de nuestros científicos, para salvar a grupos humanos que quieren sobrevivir para invadir La Tierra y repetir la tarea de los invasores salientes.
El mundo era un territorio cristalino, poblado por primitivos humanistas natos, amantes de la paz y la convivencia, gente amigable que, por azares de congéneres como los actuales, crearon el odio, la guerra, la destrucción y las plagas.
El propio planeta les fue poniendo pruebas: guerras, conflictos, cataclismos, abismos, desastres naturales. Ahora quiso respirar y busca un poco de aire contaminado para compartirlo con el hombre. Pero llegó coronavirus, que al igual que sus antecesores gérmenes, quiere recuperar lo perdido. No se requieren cuarentenas, sino racionalidad y equidad. No podemos paralizarnos.
En esa batalla estamos. La guerra está en el aire. ¡El planeta quiere respirar!
BLANCO: Nuestros empresarios han respondido en esta emergencia. Sarmiento se lució con sus $80 mil millones.
NEGRO: A los colombianos varados en el exterior por falta de vuelos ¿quién podrá defenderlos?
Atlanta, 3 de abril de 2020
*Periodista, exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper
Por José G. Hernández*.- Para quienes creemos que la Constitución Política –norma de normas, según su artículo 4- se debe respetar de verdad, y no apenas en apariencia, lo que viene sucediendo desde hace unos años en Colombia resulta preocupante y debería ser materia de reflexión.
A título de ejemplo (traeremos más):
-El artículo 5 del A. L. 1/16 dispuso que sus normas no entrarían a regir sino “a partir de la refrendación popular del Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. No obstante, en el plebiscito de ese año el Acuerdo fue negado. Por tanto no hubo refrendación popular. No podía entrar a regir el Acto Legislativo sino cuando se pronunciara el pueblo para refrendar el nuevo texto. Pero el Congreso, a ciencia y paciencia de la Corte Constitucional –guardiana de la supremacía e integridad de la Constitución- hizo, sin competencia, las veces del pueblo y lo sustituyó, “refrendando popularmente” el Acuerdo.
- Alias “Jesús Santrich” se burló de todas las corporaciones y órganos judiciales. Incurrió en delito de narcotráfico -como ahora lo dice la justicia norteamericana-, después de haber entrado en vigencia el Acuerdo. Luego no tenía acceso a la jurisdicción de la JEP, pero la JEP lo dejó en libertad en vez de certificar –como le correspondía, según el A.L. 1/17- la fecha precisa de los hechos. El Consejo de Estado no lo despojó de su investidura como congresista porque, a su juicio, la privación de su libertad era un caso fortuito. La Corte Suprema de Justicia, que le había negado inicialmente un recurso de “habeas corpus” por no ser aforado, terminó diciendo que tenía fuero de congresista, amparándolo con su jurisdicción y dejándolo por segunda vez en libertad, tras la captura que se había producido minutos después de su salida de la Picota.
- La Corte Constitucional ignoró el Bloque de Constitucionalidad y el artículo 93 de la Constitución, y decidió hace unos años declarar, mediante sentencia de tutela, que el aborto es un derecho de la mujer, aunque la Constitución declara que el derecho a la vida es inviolable; y aunque el Pacto de San José de Costa Rica y la jurisprudencia reiterada de la misma corporación habían sostenido que el derecho a la vida se tiene desde la concepción, y que desde entonces debe ser protegido. Después, la Corte filtra una ponencia en que se despenaliza el aborto por completo, contra la cosa juzgada constitucional (Art. 43 C.P.); genera un debate nacional y termina inhibiéndose, cuando la demanda ha debido ser rechazada desde el principio por ese mismo motivo.
- Aunque el artículo 24 de la Constitución señala que solamente la ley puede establecer restricciones al derecho a circular libremente por el territorio, y a pesar de que el Gobierno tiene plenas facultades legislativas con base en el declarado Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica por causa de calamidad pública, lo que se expide para decretar la cuarentena es un acto administrativo reglamentario.
- Un juez administrativo de Bogotá niega tutela para proteger el derecho de petición porque, "aunque se contestó tarde, se contestó". ¿Y el artículo 25 de la C.P.? ¿Y el derecho “a obtener pronta resolución”? ¿En qué quedan?
Bogotá, D. C, 2 de abril de 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Víctor G. Ricardo*.- Cuando se publique este artículo, seguramente ya muchos habremos cumplido dos y tres semanas en cuarentena y, aun así, desafortunadamente el número de contagiados por el Covid-19 superará los 1.000. Para responder a esta cifra en caso de que se continúe incrementando de esta manera, el Estado y las EPS están adecuando lugares e implementando a gran velocidad camas hospitalarias de emergencia para atender a los enfermos y perder el mínimo número de vidas posible. Incluso reconocidas empresas privadas, como lo es Corferias, están aportando a la causa, facilitando algunos pabellones del recinto ferial, para que operen como centro hospitalario, si la situación se agrava, como muchos predicen que sucederá.
El Gobierno del Presidente Duque en coordinación con los Gobernadores y Alcaldes está trabajando día y noche para poder brindar ayuda y apoyar tanto a las familias más pobres como a los trabajadores informales, que posiblemente son quienes más sufren económicamente las circunstancias actuales.
Uno de los temas más urgentes es conseguir las pruebas de diagnóstico necesarias y suficientes para identificar a las personas que están infectadas, ya que hay personas a las cuales no se les ha podido hacer el examen del coronavirus por falta de los reactivos necesarios, sin poder identificar si han contagiado más personas del censo que se lleva. También es de alta urgencia contar con los respiradores que permitan atender a los pacientes. Se que se están haciendo los esfuerzos para lograr obtener estos elementos lo más rápido posible, pero ojalá lleguen al país en el tiempo adecuado para poder afrontar esta situación.
Por su parte, las pequeñas y medianas empresas ya tienen problemas incluso para pagar sus nóminas. El Presidente de la República ha anunciado mecanismos de financiación, como también los ha anunciado para los créditos blandos, mayores plazos, con tiempos muertos de intereses que permitan sobrevivir a los empresarios. Sin embargo, ya hay empresarios acudiendo a entidades bancarias en búsqueda de un apoyo y han recibido respuestas que no concuerdan con la política de Gobierno. Por el contrario, la respuesta no refleja disposición de refinanciar en iguales o mejores tasas, sino que como las condiciones financieras de las empresas han cambiado y ahora tienen mayores riesgos, las tasas de intereses les son incrementadas. Cuidado señores miembros del sector financiero, porque lo que les puede ocurrir es que se les acabe su negocio al enterrar financieramente a todos sus clientes.
Por último, es claro que de aquí al 13 de Abril no veremos el fin de la pandemia. Ya la Alcaldesa de Bogotá, atribuyéndose funciones que en mi concepto le corresponden el Gobierno nacional, anunció que las restricciones de movilización así como las disposiciones de aislamiento irían mínimo hasta el mes de junio.
Es verdad que está situación se puede presentar, pero el Presidente de la República tiene que medir las consecuencias no solamente sanitarias sino también económicas y de seguridad. No quiero decir que el aislamiento no sea de vital importancia, pues sino queremos que la pandemia nos coja absoluta ventaja en esta guerra, cada uno de nosotros debe comportarse adecuada y responsablemente.
Que Dios nos ayude y podamos los colombianos salir de la mejor manera de esta pandemia. Sin la colaboración de todos nosotros, aunque se dicten medidas adecuadas, si no se cumplen, corremos el riesgo de sufrir más.
Y si se presenta hambre en las familias, por penas que se anuncien aún de cárcel, a la gente no la detendrá nadie.
Bogotá, D. C, 2 de abril de 2020
*Excomisionado de Paz
¡Cada dificultad, trae grandes oportunidades!
Por Óscar Villamizar Meneses*.- El crecimiento esperado de la población en el planeta para 2030 será aproximadamente de 8.500 millones de habitantes, esto implica un crecimiento constante de la demanda de alimentos.
Colombia tiene grandes ventajas, de los 22 millones de hectáreas cultivables, sólo están sembradas 4,8, las otras se deben poner a producir; adicional el gran potencial de la altillanura colombiana para desarrollos forestales y agrícolas estimado en 3,5 millones de hectáreas, la gran oferta de recursos naturales como agua y biodiversidad, son fortalezas que nos privilegian a nivel mundial, nos hacen mas competitivos y que debemos aprovechar
Según el Banco Mundial el crecimiento económico originado en la agricultura es 2,7 veces más efectivo para reducir la pobreza, que el que se presenta en otros sectores, cada peso que se invierte en el agro se traduce en empleo y, por lo tanto, en estabilidad social.
Según el FIDA (Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), el efecto multiplicador que tienen las inversiones en la agricultura, impacta entre el 30% y el 80% el resto de la economía
Nuestro sector productivo rural para ofrecer mayor productividad debe mejorar las vías, los distritos de riego, ayuda real en titulación de tierras, bienestar para las familias, promocionar la asociatividad, mejoras genéticas, tecnologías de punta, agricultura de precisión, automatización, economías de escala y la apertura de mercados internacionales
Teniendo en cuenta lo anterior, propongo que el gobierno nacional, con el apoyo de países que requieran seguridad alimentaria y el Congreso de la República, pongamos todos los esfuerzos financieros y humanos para trasformar a Colombia en la gran despensa mundial.
Bucaramanga, 3 abril de 2020
*Primer vicepresidente Cámara
Por Jairo Gómez*.- Es tal el aislamiento que un ladrido de un perro se escucha a lo lejos nítidamente; y es tal la ausencia de la vida cotidiana que los animales más exóticos se tomaron las calles de las ciudades, esas que otros llaman las selvas de cemento. Es un silencio sepulcral saturado de muchos mensajes que aún no logramos descifrar; tampoco al virus que hoy nos confinó en nuestros propios ombligos.
Es inverosímil lo que estamos experimentando, sí. Es aventurado prever el inmediato futuro, sí. Un mundo en estado de hibernación lo dice todo, cero certidumbre. Ya China “superó” el coronavirus, y ahora ¿qué se pone a hacer? Seguramente a producir, que es de su esencia: ser la despensa comercial del mundo entero. Y para qué si en el resto del mundo no hay quien les compre. Su principal comprador, Estados Unidos, entró en cuarentena y su aparato económico (el consumo) se paralizó; y Europa, frenético consumidor de los productos chinos, vació sus calles y nadie va a trabajar.
Ese es el efecto colateral del coronavirus que pasó de ser un problema de salud a convertirse también en un revulsivo económico, social y político inesperado y sorprendente. Tanto, que hoy muchos gobiernos se están jugando su continuidad en el poder dependiendo de cómo administren y resuelvan los estragos de la pandemia.
Por ejemplo, Trump, que montó su reelección sobre la cresta del pleno empleo, hoy ve amenazada su continuidad tras paralizarse la economía trayendo consigo la destrucción de millones de puestos de trabajo. Un golpe bajo del que le va a costar mucho reponerse, esto sin contar las críticas que le lloverán por la displicencia con que manejó la presencia del Covid-19 en Estados Unidos. Hablan de 200 mil los muertos al final de la epidemia.
Ni qué decir de los gobiernos de España, Francia, Alemania e Italia, entre otros, hoy cuestionados por la manera tardía en que reaccionaron. La actividad económica está prácticamente paralizada y el creciente número de contagios que desbordó el sistema sanitario, en unos países más que otros, llevarán a los ciudadanos a repensar sus posiciones políticas presionadas por unos bolsillos vacíos y un creciente desempleo.
Ni que hablar de los países de América Latina o africanos, netos proveedores de materias primas; Pekín no los mira ni de reojo; menos Washington que apenas comienza a sentir los latidos frágiles de una economía entrando en recesión, ni qué decir de los países europeos, epicentro del contagio viral, que hoy no tienen cabeza para pensar en cosa distinta a paliar una crisis que se antoja crítica y duradera.
“Nosotros hemos hecho unas proyecciones preliminares y hemos visto que, simplemente calculando el impacto en China y Europa, que son dos de los socios principales de la región, (el Producto Interno Bruto en) en América Latina caerá en 1,8 por ciento”, estimó Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de la CEPAL en Naciones Unidas, quien advirtió que en las economías locales el crecimiento será negativo (-3% es la proyección).
Si a esto se le suman los efectos negativos sobre economías clave de América Latina como Brasil y México por culpa de su inacción contra la pandemia, el panorama económico será sombrío y por muchos años. Bolsonaro y López Obrador la pagarán caro.
En Colombia el reto de Duque no es menor. El presidente no puede seguir mostrándose como el asalariado del gran capital dueño de esta economía mediocre y dependiente del petróleo y la minería, además del sector financiero y de La banca. Tendrá que reinventarse y mirar hacia adentro, no podemos seguir en la lógica de importar 14 millones de toneladas de alimentos al año, cuando aquí los podemos producir, por ejemplo.
Ese es el gran mensaje que trae la presencia del coronavirus, que también invita a renegociar un nuevo contrato social porque la recesión que se nos viene acompañada de destrucción de puestos de trabajo no da tregua y esperamos que, como siempre ocurre, no seamos los colombianos de a pie quienes términos pagando la crisis.
Bogotá, D. C, 1 de abril de 2020
*Periodista y Analista Político.
@jairotevi