Opinión
Por: Mons. Luis Fernando Rodríguez Velásquez *.- ¡Llegó diciembre con su alegría! Es el clamor de muchos cuando desde noviembre se comienzan a escuchar los villancicos. Pero, ¿qué debe significar realmente el mes de diciembre para nosotros los católicos? Con el tiempo de adviento se ofrece a todos la posibilidad de una preparación espiritual, de manera que los corazones y los espíritus se dispongan adecuadamente para recibir al Dios Niño, que de nuevo quiere nacer en todos, para ratificar el amor que nos tiene, para decirnos que renueva su presencia paternal y protectora entre nosotros, para recordarnos que sigue siendo nuestro compañero de camino.
Así las cosas, diciembre, con la solemnidad de navidad, es un tiempo especial donde la alegría y la esperanza son los rasgos propios de estos días. Oración y júbilo, expresados en la caridad solidaria, más allá de los aguinaldos, son los que deben sobresalir.
Pero también este debe ser el mes de la familia. En general se tiene la oportunidad de compartir juntos varios días, muchos alrededor del pesebre se reúnen para adorar el misterio de la encarnación y nacimiento del Hijo de Dios y para compartir con los demás el gozo de una misma fe; otros lo hacen en su casa de descanso o en viajes, pero en general en familia. Que no se olviden de orar juntos, de dar gracias a Dios porque les ha dado la posibilidad de terminar otro año con vida, y en él les propició la dicha de haber superado las distintas situaciones alegres y difíciles que se presentaron.
Pero qué bueno que este mes fuera también el de la solidaridad. Cuántas personas no tienen quien les diga ¡feliz navidad,! o les desee un ¡feliz año nuevo! Cuántos tienen que pasar estos días solos, abandonados de los seres queridos o enfermos, o en una cárcel o trabajando.
Cuántos no tienen nada que comer, y muchos dilapidando el dinero en cosas suntuosas o innecesarias. El misterio de la navidad nos tiene que llevar a todos a mirar a los que sufren a los pobres, a los hambrientos, a los que no tienen un techo donde dormir. Que los que tienen alguna posibilidad, enseñen a los hijos a dar el aguinaldo del amor y la caridad, no de lo que les sobra o no les gusta, sino de lo que tienen con amor. Un desprendimiento con sentido produce un inmenso gozo, según aquello del apóstol cuando afirma que “hay más alegría en dar que en recibir” (Hch. 20, 35). Ese sentimiento lo tenemos que recuperar.
En fin, a todos los fieles de la Arquidiócesis de Cali, a todos los que hacen parte de esta Iglesia Arquidiocesana, Obispos, clérigos, religiosos, religiosas y laicos, mis mejores deseos de una santa Navidad. Y que en el nuevo año, el Señor a todos nos regale el don maravilloso de la paz.
Bendiciones a todos.
+Obispo Auxiliar de Cali
Por Gabriel Ortiz*.- Mientras todos creían que el burrito sabanero llegaría a Belén, un Presidente con sus funcionarios y muchos parlamentarios embadurnados hasta el alma con la mermelada “made in Duque”, engañaron a un pueblo que esperaba equidad económica y social.
El clamor de una juventud, que acompañada por sus mayores, recorría calles, parques y avenidas en forma civilizada y creativa pregonando y reclamando con música y cacerolazos sus derechos, quedó burlado y a la espera de nuevos gobernantes que entiendan las necesidades de una nación empobrecida que está despertando. Ojo: está despertando y excitándose.
En estos últimos días son muchas las cosas que se han presentado y que pueden conducirnos a la ira social, con todas sus consecuencias.
Esta Ley de crecimiento económico para venerar a los más ricos y arruinar al grueso de la población, ley que mengua a la clase media, que deprime a los pensionados, que -como la anterior- no creará un solo empleo, que encandila a los menesterosos con supuestas devoluciones de un IVA imposible de retornar, que mengua aún más la educación, que degrada la salud y que tanta vida arranca a los colombianos.
Nada diferente podría esperarse de un ministro que por acción de la “nueva mermelada” se salvó de una moción de censura. De ese que empobreció 117 municipios con sus bonos de agua. Municipios que por ello no pueden entregar líquido potable a sus ciudadanos.
A todo esto se suman otros hechos muy preocupantes, como la aparición de nuevos falsos positivos. En buena hora aparece la JEP, que tenía acta de defunción. Este gobierno quiso borrarla de tajo, incluyendo la paz y las curules para las víctimas. El último falso positivo, el de Valdivia, pone a muchos a pensar sobre el paradero de los responsables, muchos de los cuales aún están en las filas.
Los asesinatos de los líderes sociales y defensores de los Derechos Humanos, continúan a diario, sin que haya responsables identificados.
El millón de cooperantes -sapos- parece estar actuando. Este cuerpo que fue armado por Botero y respaldado por Duque, capturó a un venezolano que se atrevió a tomar una foto de la residencia del Presidente en norte de Bogotá. ¿Por qué no se irá a vivir en Casa de Nari? Parece que en Colombia, como en el Chile de Pinochet, no se pueden tomar fotos de ciertos lugares.
Pero en esta amarga navidad, hay cosas buenas, como el espejismo económico que en Mompox soltó Duque, que a decir de muchos, ¿para qué entonces la retardataria reforma tributaria? La cárcel para los corruptos, con mico y todo, los 104 puntos de los marchantes sobre los cuales solo conversará el presidente.
Algo es algo, en este mar de desaciertos. ¡Mejor vamos a Belén!
BLANCO: El acogedor mensaje del Papa Francisco a través de Julito en La W: “Colombianos: no se dejen robar la esperanza, ni la alegría”.
NEGRO: El peaje que establecerán en las calles de Cartagena.
Bogotá, D. C, 20 de diciembre de 2019
Por José G. Hernández*.-Tienen lugar las reuniones de concertación -entre Gobierno, empresarios y centrales sindicales-, con el objeto de procurar un acuerdo que permita la fijación del salario mínimo para 2020, de conformidad con lo previsto en el artículo 55 de la Constitución. Si no hay acuerdo, el salario mínimo será fijado por el Presidente de la República mediante decreto.
Como lo expresó la Corte Constitucional (Sentencia C-815 de 1999), “la atribución del Ejecutivo es, en el contexto aludido, netamente subsidiaria, lo cual significa que no adquiere competencia para dictar el decreto que fije el salario mínimo unilateralmente si no se han agotado las etapas anteriores, que buscaban el consenso como primer objetivo. No goza el Gobierno en esta hipótesis de una facultad discrecional y menos todavía arbitraria. Está sujeto a unos límites que la misma norma legal introduce (...) y con los criterios constitucionales propios del Estado Social de Derecho, la especial protección al trabajo y la remuneración mínima vital y móvil a la que tienen derecho los trabajadores; todo lo cual significa que la motivación del decreto que el Gobierno expida los deberá contemplar en su totalidad y considerando la prevalencia que tienen los criterios constitucionales enunciados”.
Hacemos votos porque, en esta ocasión, se llegue a un acuerdo, en bien de los trabajadores y sus familias. Pero, además, para que se calcule un ajuste que tenga en consideración la consabida cascada de alzas en bienes y servicios, la cual, como ocurre todos los años, anula muy pronto el ajuste salarial y disminuye, en términos reales, el ingreso de los asalariados.
De todas maneras, es necesario insistir en la aplicación de los artículos 25 y 53 de la Constitución, que consagran como principio fundamental el derecho de los trabajadores a una remuneración digna, mínima, vital y móvil, que les permita enfrentar los altos costos de la inflación y mantener por lo menos el poder adquisitivo de la moneda. Así lo ha exigido reiterada jurisprudencia constitucional.
Desde 1998, la Corte ha señalado con carácter obligatorio - en sentencias que han hecho tránsito a cosa juzgada constitucional- que el ajuste del salario mínimo debe partir, hacia arriba, del índice de precios al consumidor del año que termina. Es decir, de la inflación causada. Por debajo de ese índice no puede quedar el ajuste. Y se debe tener en cuenta la productividad - punto en que este año se controvierte la cifra entregada por el Dane.
Lo que busca la Constitución es una remuneración justa y equilibrada para los trabajadores. Un objetivo propio del Estado Social y Democrático de Derecho, pero que -infortunadamente- sigue siendo una utopía, porque en realidad el Estado colombiano no dirige la economía, como lo exige el artículo 334 de la Carta, ni es capaz de intervenir en ella para poner en ejecución mecanismos adecuados de control sobre los precios y la especulación.
Bogotá, D. C, 18 de diciembre de 2019
*Expresidente de la Corte Constitucional.
Por Víctor G. Ricardo*.- Con el inicio de las novenas, se acerca la época favorita de todo colombiano: la navidad.
Tanto Bogotá como el resto del país se viste de luces, y la comida que llena el alma como la natilla y el buñuelo se pone de moda, mientras los villancicos suenan en cada esquina.
Para los colombianos esta es una época muy representativa, una época para reflexionar, para recogerse en familia, dar gracias por lo que tenemos y empezar a pensar que queremos continuar o cambiar en el nuevo año que llega.
Yo le propongo a los colombianos que empecemos por lo más íntimo, pues reflexionar en nuestros valores y nuestros principios, en el ejemplo que le damos a nuestros hijos, en cómo hablamos de los otros, en cómo debemos empezar por juzgarnos a nosotros mismos antes que a los demás. En esta navidad yo le propongo a los colombianos que hagamos un compromiso de conciencia con el futuro de nuestro país, las instituciones, las campañas y actos anticorrupción, los compromisos y actos de construcción de equidad, de reconciliación y sobre todo de pensar no solo en uno mismo sino en un país y su futuro.
Por los colombianos, no me refiero solamente al pueblo colombiano, me refiero también y fundamentalmente a los líderes, familiares, políticos y de cualquier otra índole, porque son ellos quienes tienen la responsabilidad de dar ejemplo y mediante el ejemplo liderar a todo un pueblo.
Éste año le deseo a todos los colombianos vivir en paz, que el motor de su vida sea el amor, el cariño, las buenas intenciones, les deseo que puedan acceder a todo aquello que les falta hoy; bien sea educación, salud, el trabajo, justicia, paz y equidad.
Tenemos que superar la polarización para unirnos todos en un solo propósito: Colombia.
Solo así podremos construir un mejor país para nuestros hijos y una Nación donde podamos trabajar por su desarrollo y mejoras que les podamos heredar.
Nuestro país y nosotros somos muy afortunados. También es un tiempo para agradecer, para valorar todo lo que tenemos. Como país, contamos con recursos naturales e interesados en crear empresa aquí, tanto pública como privada.
Estos deben ser nuestros compromisos para el año 2020 que está por llegar.
Destruir es bastante fácil. Difícil es construir mirando el futuro.
Bienvenido el año que viene, pero sobre todo bienvenido el compromiso de todos, que conjuntamente genere un espacio de mejora para un futuro sólido y garantice que las costumbres sanas sean las que imperen en nuestra sociedad.
Bogotá, D. C, 18 de diciembre de 2019
*Excomisionado de Paz.
Por Raúl D. García S*.-Por segunda vez en mi vida, me ha tocado vivir fuera mi querido País y es inevitable para una mente inquieta, preguntarse y comparar desde lo más complejo hasta las cosas en apariencia más simples, como el agua potable o los intereses de las personas en cada región que he visitado.
En esta oportunidad he viajado a España movido por motivos muy personales, sumados al gran desmantelamiento del que está siendo víctima nuestra Venezuela y por consiguiente el incalculable robo del que somos sujeto cada uno de los venezolanos. Lo que ha generado una cotidianidad invivible y desgastante para todos. Costándonos nuestra calma, estabilidad mental, bienes, unión familiar, la vida, entre tantas cosas. Que no son mediáticas pero que están allí y suceden todos los días a muchos de nosotros.
Lo primero que impacta al llegar a un país como España desarrollado es la sensación de orden, que las cosas cumplen el objeto la misión para lo que fueron hechas. No sólo elementos como las calles, los tramos peatonales, los postes, los drenajes sino las leyes, se observa que los ciudadanos propios y ajenos tienen cuidado de no transgredirlas es algo que está siempre presente, una barrera invisible, omnipresente.
Estos elementos ya no se perciben en Venezuela, esa barrera no existe desde hace ya un tiempo, otro aspecto muy notable es la naturaleza de los muebles y objetos que edifican una ciudad, en Venezuela predomina lo desechable lo perecedero en corto plazo, las edificaciones, calles, plazas, alumbrado, construidas con caducidad planeada o durabilidad limitada, materiales poco duraderos. Mientras en España Observo que todo está construido para durar, las calles (asfaltados) soportan las constantes lluvias, los cambios de climas durante las estaciones, los pasamanos son de acero inoxidable, las señalizaciones, los faroles, hay drenajes coherentes.
En general pareciera que unos construyeran lo que aman, una ciudad para vivir y los otros simplemente construyen para comisionar sin importarles que resulta y cuánto dura. Esta gran diferencia nos lleva a reflexionar, caemos en lo humano, observamos que los “líderes” políticos revolucionarios o de oposición, en su mayoría los más poderosos tienen a sus hijos fuera de Venezuela, buscan una vida de calidad que ellos no están construyendo en nuestro país. Allí radica el cáncer que padece nuestra hermosa Venezuela: Necesitamos políticos, gerentes, que les importe que deseen criar y educar a sus hijos en este país. Por ley debería exigirse a los ocupantes de cargos públicos la obligatoriedad de vivir en la región a la que le deben su cargo.
*Periodista Independiente
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Por Guillermo García Realpe*. -El sur del país, es una de las regiones más lindas y con la mayor riqueza hídrica y ambiental de Colombia, pero vive desde hace meses, una oleada de violencia e inseguridad que desde hace mucho tiempo no veíamos con tanta intensidad, particularmente en departamentos como el Cauca y Nariño, pueblos hermanos que comparten además de fronteras, muchas tradiciones sociales y culturales.
Allí en tiempos del proceso de paz, se respiraba eso: Paz, pero con el cambio de gobierno y su poca voluntad de continuar fortaleciéndolo, fue caldo de cultivo para los violentos que se apoderaron nuevamente de estos territorios, aprovecharon que la Paz se está haciendo trizas, para volver a imponer el miedo y sembrar violencia entre la población.
Y es que en Cauca y Nariño convergen todos los problemas; delincuencia común, guerrillas, disidencias, paramilitares, pobreza, marginalidad, coca y por ende narcotráfico, el peor de todos y el responsable de la oleada de inseguridad principalmente en poblaciones de la costa pacífica.
Ese maldito negocio, es el que copta a muchas familias, a muchos de nuestros jóvenes que ante la falta de oportunidades no les queda más salida que aceptar la oferta e internarse en las más inhóspitas selvas donde lo único que pueden ver son cultivos ilícitos. Aquel círculo del mal tiene que detenerse, pero lo complejo del caso es que la única ayuda que ofrece el Estado a las regiones de la otra Colombia cuando se le reclama por inversión social, es enviar pelotones de soldados armados hasta los dientes para tratar de contener lo incontenible y mientras se mantenga esa dinámica será muy difícil hacerle frente a ese poderoso negocio que lo único que deja en nuestras regiones es pobreza, muerte y desolación.
Cauca y Nariño son escenarios hoy de un baño de sangre generalizado, no sólo con los líderes y lideresas sociales, sino también contra los pueblos indígenas y afros, pero también contra líderes ambientales, de restitución de tierras y defensores de Derechos Humanos, todos han caído abatidos por las balas asesinas de los violentos que se oponen a que estos territorios tengan autonomía y vivan en paz.
En los últimos días en Nariño, por ejemplo, ha sido también uno de los departamentos donde se vive una confrontación generalizada, sobre todo en la cordillera occidental y el piedemonte pacífico que han generado muchos muertos y muchos desplazados.
Hace poco, como lo denunció la comunidad, hubo el asesinato de por lo menos ocho militantes de la estructura ilegal Steven González y la muerte de su comandante alias “Sábalo” a manos del ELN, se dice que no hay una cifra oficial, pero sí decenas de muertos en la zona, que es la misma zona del río Patía, en la ruta que comunica al Piedemonte Pacífico, pero también hay frentes de guerra de varias disidencias de las FARC, de las gaitanistas, de la guerrilla unida del Pacífico, de la Oliver Sinisterra, y se anuncia por parte de ciertas disidencias la creación de otro frente de guerra autodenominado “Alfonso Cano”, eso además de los muertos, ha causado el desplazamiento de cientos de familias que han tenido que huir de sus territorios y buscar refugio en las cabeceras municipales de Roberto Payán, Magüí y Chachagüí y esta situación no se ha atendido debidamente por parte de los organismos correspondientes.
Entonces, mientras el Estado colombiano siga indiferente a estas realidades y mientras los gobiernos sólo les interesen combatir estás grandes tragedias por la vía militar, esto no tendrá fin. Aquí lo que se necesita, además de soldados y de no hacer trizas el proceso de paz, es conocer las regiones a fondo, sintonizarse con las comunidades y articular esfuerzos en lo que ellas reclaman, que son vías en buen estado, infraestructura, proyectos productivos legales y rentables, acceso a salud y buena educación, y desde luego la reconstrucción del tejido social, sólo así las futuras generaciones de esos territorios ya no serán presa de los violentos y del narcotráfico, los grandes culpables de arrebatarle sus sueños.
Bogotá, D. C, 16 de diciembre de 2019
*Senador de la República
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- La semana pasada señalaba al señor Gini como el peligroso agitador extranjero que con su índice de desigualdad estaba desestabilizando el país, y decía además que este índice se había vuelto subversivo porque hoy la desigualdad era mucho más visible, notoria e hiriente.
Un amigo lector rechazó la tesis de que la desigualdad hubiera aumentado porque, de acuerdo con el Dane, entre el 2010 y 2017 mejoró la distribución del ingreso medida con ese índice Gini, que pasó de 56 a 51, y solo el año pasado volvió a subir un punto hasta 52. Lo que olvida mi amigo es que en los años 80 del siglo pasado el índice estaba por debajo de 50, es decir que con el esfuerzo de esta última década solo hemos corregido parcialmente los desastrosos efectos de la apertura neoliberal.
Sin embargo, aunque el Gini haya bajado un poco o se mantenga igual, sigue siendo cierto que la desigualdad ha aumentado. ¿Cómo explicar esta aparente contradicción? Muy sencillo: el Gini mide la desigualdad relativa que puede no haber cambiado, mientras que lo que la gente siente y sufre en carne propia es la desigualdad absoluta que si ha aumentado.
Una sencilla aritmética ilustra esta realidad. Hoy en Colombia el 1% más rico de la población se queda con, el 20% del ingreso, y el 1% más pobre solo con el 0.1%, es decir, que los más ricos ganan 200 veces más que lo que reciben los más pobres. Como hace 30 años esta diferencia era similar, entonces la distribución porcentual de ingreso no ha cambiado y el Gini se debe mantener en los mismos niveles.
Pero la conclusión es muy diferente cuando se miran los pesos en el bolsillo de cada grupo y no los porcentajes. A partir de las cifras del Dane se puede estimar que en 1994 el ingreso anual per capita del 1% más rico era $144 millones de hoy, es decir unos $12 millones mensuales. El del 1% más pobre era 200 veces menos, $720.000 anuales o $60.000 mensuales.
En el 2018 el ingreso anual de los más ricos había aumentado a $250 millones (unos $20.8 millones al mes), y el de los más pobres llegó a $1.25 millones al año (un poco más de $100.000 al mes). En porcentajes los ingresos de los dos grupos aumentaron el mismo 72% y la desigualdad relativa se mantuvo igual (el más rico sigue ganando 200 veces más).
Como el mercado no se compra con porcentajes sino con pesos, lo que ve la gente es la diferencia entre lo que puede comprar con los pesos que recibe, y esta desigualdad si aumentó mucho.
En efecto, en 1994 el más rico recibía $144.1 millones más que el más pobre, diferencia que se incrementó a $248.5 millones en 2018. El pobre sigue sin poder comprar la canasta familiar mínima mientras que el rico ha aumentado su capacidad de gasto y consumo de bienes de lujo y suntuarios. Por eso algunos pueden pagar $600 millones por un carro o $10 millones por un palco para un concierto y otros no tienen para una bolsa de leche.
Cali 15 de diciembre de 2019
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por Amylkar D. Acosta M*.- La Ley de financiamiento primero y la reforma tributaria que la suple ahora no se contentan con mantener las onerosas gabelas impositivas a las grandes empresas, que siguen vigentes y que no son pocas, sino que, las amplía generosamente. Las exclusiones, deducciones, exenciones y descuentos tributarios en vigor, 229 según el inventario de la DIAN, las cuales, según la misma le abren un boquete al fisco nacional del orden de los $60 billones anuales. Con razón, después tantas reformas tributarias, el recaudo apenas sí pasó de 4.1% del PIB en 2000 a 5.3% en 2016. Y lo más preocupante, por no decir alarmante, es que dichos beneficios fueron blindados a través de los contratos de estabilidad jurídica, amparados en la Ley 963 de 2005.
Con la reforma tributaria 2.0 que se debate, con mensaje de urgencia, en el Congreso de la República, se le da otra vuelta de tuerca a un sistema impositivo regresivo y profundiza la inequidad. Y no es para menos, toda vez que el costo fiscal del cúmulo de nuevos beneficios tributarios contemplados en la misma supera los $9 billones. Entre las nuevas gabelas tributarias se cuentan: la reducción de la tarifa del impuesto de renta corporativo desde el 33% al 30% en 2022 y cada punto porcentual representa $1.2 billones, descuento del IVA a la importación de equipos y maquinaria, con un costo aproximado $6.5 billones. A ello se le vienen a sumar los 3 días sin IVAy la devolución del IVA a los más pobres. Así las cosas, nos parece demasiado optimista el cálculo del Ministro Carrasquilla según el cual con esta reforma se recaudará $11.4 billones más.
Huelga decir que para la aprobación tanto estas gabelas impositivas como las que se otorgaron en el pasado, siempre se adujo que tienen como motivación principal el mayor crecimiento de la economía y la generación de empleo. Sin embargo, aunque el Gobierno se ufana porque la economía está creciendo por encima del promedio de la región, no se puede perder de vista que el crecimiento potencial del PIB pasó del 4.8% en 2012 al 3.5% en 2018 y lo que es peor en los últimos cuatro años el débil crecimiento del PIB ha estado muy por debajo de este menguado crecimiento potencial.
Pero, el otro caballito de batalla sobre el cual se ha venido cabalgando para sustentar la decisión de dar más beneficios a las grandes empresas, es que de esta manera se incentiva la generación de más empleo, objetivo este que no sólo no se ha venido cumpliendo sino que la tasa promedio de empleo volvió a los dos dígitos hasta alcanzar el 10.2% en el mes de septiembre de este año, la más alta tasa de desocupación para este mes desde 2010. Recordemos que, según el Observatorio del Mercado de trabajo y la Seguridad social de la Universidad Externado, en el trimestre abril – junio de este año se perdieron 360 mil empleos y en el siguiente trimestre, julio – septiembre, se perdieron 475 mil más.
Bogotá, diciembre 14 de 2019
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía
www.amylkaracosta.net
Por José F. Lafaurie*.-En el debate contra el Esmad, el Gobierno fue acusado por “honorables” representantes de asesino, por la infortunada muerte de un joven que hacía parte de los disturbios, pero no se les oyó ninguna condena a los vándalos que dieron pie a la participación del Escuadrón, ni contra los organizadores de protestas “pacíficas” que saben que no lo serán; ni expresiones de solidaridad con los policías heridos y muertos.
Otros honorables se sumaron a los líderes del paro en su amenaza extorsiva al Gobierno y, sin pelos en la lengua, vociferaron que mientras no se desmonte el Esmad, “el paro sigue”; y no faltaron los que, traicionando su misión constitucional de generar, a través de las leyes, los cambios que necesita el país, le exigieron al Gobierno “negociar” con los líderes del paro.
Negociar qué; ¿que tienen para poner sobre la mesa?; ni siquiera propuestas, solo la amenaza de la movilización. La exigencia misma de negociar es extorsiva y los trece puntos no lo son menos. Pero “la negociación”, por su aroma a democracia, se volvió obsesiva para muchos medios y formadores de opinión, sin reparar en la intención extorsiva de los líderes del paro, como en la eliminación del Esmad. “Si el Gobierno no negocia, el paro sigue”. Me dio grima la insistencia de la presentadora de un noticiero en preguntarle a Diego Molano por qué, si era tan sencillo -para ella-, el Gobierno no aceptaba negociar en lugar de dialogar.
No quiso entender que la democracia tiene al legislativo como mecanismo de representatividad y los gobiernos, por mandato constitucional, planes de desarrollo, y que esos planes se pueden modificar a partir del diálogo, como ha ofrecido con generosidad el presidente Duque, pero no bajo la amenaza extorsiva.
En el Senado, en el debate sobre la Ley de Crecimiento, la amenaza de Petro fue expresa: la movilización “pasará al año que viene y escalará”, mientras que, al igual que Robledo, no ahorraba irrespeto y menosprecio -su estilo- hacia los Ministros de Hacienda y Trabajo. Ellos tienen la verdad; ellos saben cómo se maneja un país; si en Bogotá lo demostraron con lujo.
En reciente entrevista, el presidente Piñera insistió en que lo de Chile fue una ola de violencia "sistemática, profesional". Una multitud espontánea no quema siete estaciones del metro en forma simultánea y con eficiencia de explosivista, para arremeter luego contra 36 supermercados y un hospital. Por eso decretó Estado de Emergencia, decisión que produjo la caída de su ministro estrella y le podrá acarrear una acusación ante el Congreso, como ya recomendó una comisión dominada por la izquierda.
Movilización permanente que produce caos y destruye riqueza, vándalos que salen de la nada, exigencias extorsivas y muchas imposibles, censura de ministros, bloqueo parlamentario, llamado al odio y la lucha de clases, desconocimiento taimado de los avances sociales y del compromiso del gobierno, y trabajo mediático que utiliza a ingenuos y a malintencionados intereses políticos.
Aunque Petro se burle para esconder su complicidad, se trata de un libreto para desestabilizar dos países que se convirtieron en muro de contención del Socialismo Bolivariano y, en nuestro caso, de un Gobierno que decidió luchar contra el narcotráfico que financia ese régimen y también la “violencia sistemática, profesional” que denuncia Piñera.
Mientras tanto, el chafarote de la vecindad anuncia sin recato su satisfacción porque el Plan del Foro de Sao Paulo se cumple a cabalidad, pero como no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni sordo que el que no quiere oír, seguimos andando, ciegos y sordos, hacia el abismo.
Bogotá, D. C, 14 de diciembre de 2019
*Presidente de FEDEGAN
Por Jairo Gómez*.- Se acerca la navidad, el fin de año, el año nuevo, acontecimientos que mueven la fibra de las familias, de los amigos, incluso de la solidaridad, pero pocos se dan cuenta de que detrás de estos hechos subyace un calvario del cual el país no es consciente: la desdicha de cientos de miles de contratistas (familias) que a través de OPS (Órdenes de Prestación de Servicios), impotentes, comienzan a parir una tragedia que afecta directamente sus ingresos, con la terrible consecuencia de pasar dos y hasta tres meses en el asfalto, mientras las obligaciones no dan espera y te carcomen como la pus.
Todos los años es igual y lograr llegar a fin de mes es una hecatombe: no hay con qué pagar el arriendo, el colegio de los hijos, la matrícula, la pensión, la salud o ese tumbadero que se llama EPS; los alimentos se esfuman y las relaciones familiares se fracturan. Este es un legado que nos dejó Álvaro Uribe Vélez con su nociva reforma laboral cuando se inventó el modelo de las OPS con el argumento de flexibilizar el trabajo para darle más gabelas a los empresarios con el compromiso de generar empleo. No ocurrió ni lo uno ni lo otro y volvió la noche día para no pagar horas extras.
Decía por estos día el presidente Duque que “hoy los debates no son tanto entre izquierda y derecha, sino entre demagogos y pedagogos”. Expresión que le cae como anillo al dedo a su mentor que por las épocas que decidió inventarse las OPS nos dejó en manos de los poco pedagogos empresarios y sometió a la mayoría de los colombianos a los políticos demagogos auspiciadores del clientelismo más denigrante, humillante e inconsecuente con el derecho universal a un trabajo digno. Resultado: creció la informalidad y el rebusque se convirtió en el método más práctico para sobrevivir.
Esa es la tragedia del contratista (OPS): termina el año y el contrato se acabó. No hay derecho a vacaciones y el dinero del último ingreso guárdelo para subsistir de dos a tres meses. Amárrese el cinturón. Coma mierda y eructe pollo. Enero y febrero en la calle. Entonces viene el calvario que hay que acompañar con una buena dosis de estoicismo porque comienza el viacrucis: dele paso a la mansedumbre, no se empute y péguese a la cola del político, el gran proveedor de empleos; de eso depende lograr un contrato del cual deberá compartir un porcentaje de los ingresos pactados; ¡ah! y no se le olvide, hay que abonar esfuerzos para ayudar a la consecución de votos al demagogo que te hizo el favor.
Superada esa etapa, la de la humillación, la del despojo de la dignidad y la sumisión a unos intereses corruptos, le espera el purgatorio llamado Estado, representado en el papá Gobierno. Este, regularmente en manos de desalmados gobernantes, con su desmesurado pragmatismo le interpelará para decirle: señor contratista, si su contrato vale $8.289.000 pesos, debe pagar: El 29% para su seguridad social (salud y pensión) que se liquida del 40% de sus honorarios: $963.000 pesos; 10% de retención en la fuente: $829.000 pesos; y el 1% de ICA: $82.900 pesos. Y por ser régimen común o retenedor del IVA debe pagar al gobierno 19%, es decir, $1.571.900 pesos. En plata blanca su ingreso mensual se reduce en términos reales a 4.850.000 pesos. Esto quiere decir que el Gobierno le quitó en impuestos directos $3.439.000 pesos. Sin sumarle algunas estampillas y el pago de la póliza de seguros. Así lo contempla la Reforma Tributaria del Gobierno Duque.
Los trabajadores colombianos independientes (OPS) se cuentan por millones; haga usted los cálculos, o preguntémosle a la calle, en su mayoría jóvenes, que entendieron lo que hacen con sus padres y no quieren que se repita con ellos.
Esa es la tragedia del contratista, del trabajador marginal que no tiene prestaciones sociales, tampoco primas técnicas ni de vacaciones y mucho menos bonificaciones especiales; una realidad que le tocará sufrir por esa infranqueable distancia entre las expectativas y los hechos.
Bogotá, D. C, 11 de diciembre de 2019
*Periodista y Analista Político.
@jairotevi