Opinión
Por Guillermo García Realpe.-Por estos días en el Congreso de la República se da tramite a muy importantes iniciativas, pero también proyectos de ley muy polémicos como la reforma tributaria y la mal llamada “Ley Arias”, esta última no es otra cosa que una ley de impunidad para cerca de 700 políticos condenados por diferentes motivos, especialmente por delitos de corrupción y que tendrían, como la reforma tributaria, gabelas para salir airosos.
Ahora bien, insistir en estos tiempos tan convulsionados del país, en la aprobación de la Ley de Financiamiento o Reforma Tributaria es desafiar a las más grandes movilizaciones históricas de Colombia. Sin duda, es un salto al vacío, es ser ajeno a la protesta social nunca antes vista, salvó la ya sucedida en 1977, pero el Gobierno Nacional parece ciego, sordo y mudo y sigue empeñado en no atender las justas reclamaciones del pueblo colombiano.
Ya en reuniones pasadas de la bancada liberal del senado, muchos hicimos observaciones a ese proyecto de ley de reforma tributaria, a eso no hay que llamarla de otra manera, con eufemismos de ley de crecimiento o de ley de financiamiento, es una reforma tributaria honda y bironda de más de 130 artículos que modifica el estatuto tributario.
Ya la Corte Constitucional había modulado el fallo que tumbó la anterior ley, este año operó las determinaciones del contenido del nuevo proyecto y no hubo factor de crecimiento, no hubo incidencia en el crecimiento en la economía colombiana, salvó el sector financiero que fue el único que obtuvo millonarios dividendos. Segundo, no hubo empleo y ahí están las estadísticas del disparo en los índices de desempleo en Colombia. Por ejemplo, en el trimestre de abril a junio se destruyeron 350 mil empleos y en el siguiente de julio a septiembre, 450 mil empleos. Sin duda, un desastre supremamente lamentable.
Nos están tratando de vender una reforma tributaria justa y equitativa, pero no es así, porque en temas de equidad, de redistribución, en temas de empleo no es cierto que el meollo central de esta reforma tributaria, que es perdonarles 9 billones de pesos a los ricos y al gran empresariado en Colombia tenga influencia en el crecimiento del empleo y la economía nacional y de formular equidad en los colombianos, ya lo vimos y las cifras lo corroboran, es una fórmula errónea.
En la ponencia aprobada en este primer debate por las comisiones económicas de Cámara y Senado, se incluyen medidas para avanzar en la disminución de la desigualdad como la devolución del IVA a 2,8 millones de hogares vulnerables, incentivos para contratar jóvenes en su primer empleo y la reducción de los aportes a salud que hacen los pensionados que reciben una mesada de 1 salario mínimo, es decir, se les va a reducir gradualmente los aportes a salud del 12% al 4%. En principio, el próximo año se reducirá al 8% y en 2022 al 4%. Esa sin duda, es una buena medida que celebramos, pero en términos generales está iniciativa es nociva para el país y sobre todo para el colombiano promedio.
Ahora, el descuento del IVA en los bienes de capital nos dicen que no se trata de una ‘gabela’ para los ricos, sino para abaratar los costos de producción que tienen los empresarios, desde el más pequeño al más grande, ¡mentira! en Colombia hay 229 gabelas impositivas tanto de exenciones, exclusiones, beneficios tributarios y agregarle algo más, que no producen ni empleo ni crecimiento, pues es absolutamente irracional en la parte administrativa, en la parte de ingresos y también en la parte social.
Lo cierto es que ya esta iniciativa superó sus primeros debates en las comisiones conjuntas económicas y hay que mirar qué posición se asume, sobre todo al interior del liberalismo. Porque en este momento, se convierte la reforma tributaria en un desafío a los ciudadanos colombianos que han planteado desde el 21 de noviembre grandes interrogantes alrededor de la reforma tributaria y de otros temas nacionales. Yo pienso que, por lo menos es inoportuno que el Congreso de la República y el Gobierno Nacional sigan impulsando una reforma tributaria cuando hay tantas insatisfacciones nacionales a todos los niveles y uno de los puntos centrales es el de la reforma tributaria.
En segundo lugar, otro desafío del Gobierno Nacional para la sociedad colombiana es el trámite de la “ley Arias” que ya superó el primero de cuatro debates, eso va a seguir haciendo roncha en el país, es un mal mensaje, ese proyecto de ley estatutaria lo que da a entender es que, un sector del Congreso de la Republica no está luchando contra la corrupción, yo pienso es que esa ley va a favorecer a mucha gente condenada por éste flagelo tan detestable por los colombianos
Los políticos condenados, y con pérdida de investidura, podrían recuperar sus derechos políticos alegando el derecho a la igualdad, porque no pueden darle la oportunidad en el tema penal a quienes fueron condenados y a quienes con una sanción administrativa prácticamente sufrieron la misma sanción.
Por eso, a estos dos proyectos que desafían la voluntad de la mayoría de los colombianos les diré no, y mi posición se mantendrá firme hasta el final.
Bogotá, D. C, 10 de diciembre de 2019
*Senador Liberal
@GGarciaRealpe
Por Juan Camilo Restrepo*.- Con habilidad que no puede desconocerse, el gobierno logró que los ponentes de la ley de financiamiento le echaran a última hora una capa de “barniz social” a la ley que discute el Congreso sobre asuntos tributarios.
En efecto, se introdujo una norma que había sido desechada anteriormente por virtud de la cual se devolverá el IVA pagado por el 20% más pobre de los contribuyentes; se desmonta gradualmente la contribución de los pensionados para salud que ganen menos de un salario mínimo del 12% al 4%; se establecen los tres días al año sin IVA; y se otorgan algunas ventajas a quienes generen empleos juveniles.
Este es el barniz. Ante la emergencia social que estamos viviendo no le quedó mal al gobierno la maniobra de retoque. Pero, desde luego, esa capa de barniz social aplicada a última hora y de urgencia no le quita al conjunto de las normas tributarias que se discuten su condición de ser intrínsecamente regresivas.
La devolución del IVA es efectista. Pero entraña un complejo montaje administrativo para hacerla realidad. En efecto, se calcula mediante la encuesta de hogares del Dane cuál es el pago promedio de IVA de una familia pobre en Colombia y ese monto se le devuelve a sus cuentas (si es que las tienen) a través del Sisbén o de familias en acción. O de un patrón similar. Teóricamente es factible hacer esa maniobra pero técnica y administrativamente es algo supremamente complejo. Y muy costoso: $2 billones.
La reducción que será gradual del aporte de pensionados de menores ingresos para salud ya estaba anunciada y en rigor no entraña ninguna novedad. Fuera de representar un costo también inmenso para el fisco.
Y lo de los tres días sin IVA, iniciativa del centro democrático que el propio gobierno había desechado en el pasado, suscita más preguntas que respuestas: ¿en realidad sí reactivará el comercio? Si alguien tenía pensado hacer alguna compra simplemente se va a esperar hasta el día sin IVA para hacerla. Lo cual asegura el costo para el fisco aunque no necesariamente una reactivación del comercio. Para esto último ya existen los viernes negros o las promociones de fin de año.
Pero la reforma tributaria que contra el tiempo estudia el Congreso sigue siendo intrínsecamente regresiva a pesar de la mano de barniz social que ha recibido. Según información que se ha dado en los últimos días, las solas gabelas que contiene y mantiene la ley de financiamiento valen la friolera de 9 billones de pesos. En balance es una ley mucho más amable y generosa con los ricos que con los pobres. Con un altísimo costo fiscal que ya preocupa a entidades como Fedesarrollo.
Con ciertas medidas que incluye el proyecto de ley se parte del supuesto (costosísimo por lo demás) que algunas de estas gabelas están reactivando la economía y la inversión. Como es el caso de la eliminación del IVA para cualquier importación de bienes de capital.
Un estudio reciente de la revista Dinero demostró, por ejemplo, que el aumento de la inversión que se ha dado en el último año se debe principalmente a la importación de equipo rodante de las grandes municipalidades, principalmente Bogotá con sus buses eléctricos. Importaciones que de todas maneras se hubieran hecho con o sin la gabela de la exclusión del IVA para estas adquisiciones.
El Chile se llegó recientemente a un acuerdo político para financiar los costos de las medidas adoptadas por el gobierno Piñera para atender el clamor social (principalmente la ampliación del pilar solidario del sistema pensional en beneficio de los más pobres), mediante un incremento de los impuestos que deberán pagar los contribuyentes más acaudalados.
En Colombia parece que vamos a contravía: para apaciguar la tensión social de los últimos días estamos aplicando de urgencia una capa de barniz social sobre la agrietada estructura de la equidad tributaria. Y al mismo tiempo estamos reduciendo impuestos y aumentando las gabelas en provecho de los más ricos.
Bogotá, D. C, 9 de diciembre de 2019
*Abogado y Economista. Exministro de Estado.
Por Amylkar D. Acosta M*.- Como es bien sabido, el año anterior el Gobierno nacional presentó al Congreso de la República para su trámite el proyecto de ley de “financiamiento” que, como lo calificaron el ex ministro Guillermo Perry Rubio y el Presidente de ANIF Sergio Clavijo, era más bien de desfinanciamiento. Y no les faltaba razón, pues lejos de arbitrarle mayores recursos al fisco la misma erosiona la base impositiva otorgando con largueza a las grandes empresas gabelas adicionales a las otorgadas con antelación.
El contenido de este proyecto de ley lo delataba, pues de lo que se trataba era de aprobar la 16ª reforma tributaria de los últimos 28 años. Pero, por aprobarla en volandas al cierre de las sesiones del Congreso en diciembre pasado se saltaron a la torera la norma prescrita en la Ley 5ª de 1992, que reglamenta su funcionamiento, así como los debates de los proyectos. Por esta razón y al considerar viciado el procedimiento que se siguió en su trámite la Corte Constitucional declaró su inexequibilidad. No obstante, en aras de no generar un traumatismo mayor, la Corte moduló su fallo, extendiendo la vigencia de dicha Ley 1943 de 2018 hasta el 31 de diciembre de este año, fecha esta en la que expirará, dando pábulo para que se tramitara nuevamente.
El Ministro de Hacienda y Crédito público Alberto Carrasquilla anunció entonces que presentaría de nuevo a la consideración del Congreso de la República el mismo texto y le pidió a este que no le cambiara ni una coma, es decir que el Congreso se abstuviera de debatirlo, cuando precisamente la Corte Constitucional tumbó la Ley porque en su último debate en la plenaria del Senado no fue debatida. Esta vez el Ministro Carrasquilla llamó sin ambages las cosas por su nombre, esto dijo: "acabamos de radicar el proyecto de reforma tributaria, esperamos con mucho entusiasmo que se inicien los debates para que rápidamente podamos tener una ley de tributación en línea con lo que se aprobó el año pasado".
Como carta de presentación de esta reforma tributaria 2.0 y para salvar las apariencias se habla de una Ley de crecimiento, para engañar incautos, cuando la verdadera finalidad de la misma es asegurarle a las grandes empresas los beneficios logrados por ellas en la Ley a la que se procura extender su vigencia más allá del 1º de enero de 2020. En ello se parece la una a la otra como una gota de agua a otra gota de agua. Lo más preocupante es que esta reforma es de la misma estirpe de las anteriores, que no han contribuido a la redistribución ni a la equidad en la medida que acentúa el carácter regresivo del Estatuto tributario. A ello han contribuido el aumento sucesivo del IVA, impuesto indirecto y regresivo por excelencia, que pasó del 3% como tarifa general en 1963 al 19% que se decretó en la reforma tributaria de 2016 y la proliferación de gabelas tributarias a favor del capital.
No hay que llamarse a sorpresa, entonces, cuando la Comisión de expertos para la Equidad y la Competitividad Tributaria concluye que “el sistema tributario no es progresivo o equitativo verticalmente, pues quienes tienen mayor capacidad de pagar impuestos no aportan relativamente más que aquellos con menores posibilidades”. Ello contraría lo dispuesto por la Constitución Política en su artículo 363, que consagró los principios de equidad, eficiencia y progresividad que deben caracterizar el Estatuto tributario. Y la desigualdad es uno de los factores que más está contribuyendo, sirviendo de catalizador, al descontento y a la inconformidad que se viene poniendo de manifiesto con la eclosión de la conflictividad social.
Este proyecto no se contenta con mantener las onerosas gabelas impositivas a las grandes empresas, que siguen vigentes y que no son pocas, sino que las amplía generosamente. Las exclusiones, deducciones, exenciones y descuentos tributarios en vigor, 229 según el inventario de la DIAN, las cuales, según reporte de la misma al Ministerio de Hacienda para el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) de 2018, le abren un boquete al fisco nacional del orden de los $60 billones anuales, de los cuales $13 billones corresponden a impuesto de renta. Con razón, después tantas reformas tributarias, una cada 18 meses, el recaudo apenas sí pasó de 4.1% del PIB en 2000 a 5.3% en 2016. Y lo más preocupante, por no decir alarmante, que dichos beneficios fueron blindados a través de los contratos de estabilidad jurídica, amparados en la Ley 963 de 2005.
Con la reforma que se debate, con mensaje de urgencia, en el Congreso de la República, se le da otra vuelta de tuerca a un sistema impositivo regresivo y profundiza la inequidad. Y no es para menos, toda vez que el costo fiscal del cúmulo de nuevos beneficios tributarios contemplados en la misma supera los $9 billones. A estos beneficios tributarios se vienen a sumar los introducidos a última hora en la ponencia en respuesta al paro del 21 – N, cuyo costo fiscal se estima en $3 billones más. Así las cosas, nos parece demasiado optimista el cálculo del Ministro Carrasquilla según el cual con esta reforma tributaria 2.0 se recaudará el año entrante $11.4 billones más, cuando el recaudo esperado con la que se está refrendando a duras penas era de $7.3 billones(¡!).
Bogotá, diciembre 7 de 2019
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía.
www.amylkaracosta.net
Por Mauricio Cabrera Galvis.*- Cuando en Colombia llevamos más de dos semanas de manifestaciones sociales, paros, marchas, cacelorazos y hasta conciertos sinfónicos de protesta, sigue la discusión sobre si esta explosión social sin antecedentes es un fenómeno con motivaciones puramente domésticas, o si detrás de ella hay manos extranjeras, por ejemplo infiltrados del Foro de Sao Paulo, que promueven las protestas tanto en Chile como en Colombia.
En general no soy amigo de las teorías conspirativas, pero en este caso sí creo posible que haya un agitador extranjero, muy peligroso por cierto, por la capacidad de influencia que tiene no solo en Latinoamérica, sino en otras latitudes donde también ha inducido protestas.
No pretendo reclamar ningún crédito por desenmascarar a este alborotador profesional, pues su nombre ya se hizo público en un mensaje que se volvió viral en las redes sociales: “No demoran en decir que el promotor del paro es un extranjero de apellido Gini, quien con su índice desestabiliza el país”.
Corrado Gini fue un estadístico italiano que murió en 1965 y que desarrolló un índice para medir la desigualdad en la distribución de los ingresos y la riqueza. El índice va de 1 a 100, y el valor de Uno corresponde a la perfecta distribución donde todos tienen por igual, mientras que 100 representa la desigualdad total donde una persona es la dueña de todo.
Este índice se ha vuelto subversivo por dos razones: primera, porque en casi todo el mundo viene creciendo, pues la desigualdad se ha agudizado desde que se implantaron las políticas neoliberales desde los años 80 del siglo pasado. Colombia tiene una mayor concentración del ingreso que hace 60 años, y hoy tiene un índice de 53 que, si bien disminuyó un poquito en el segundo gobierno de Santos, sigue siendo el peor de Suramérica, que es la región más desigual del mundo. En materia de distribución de la riqueza los índices son casi obscenos: 88 en la propiedad de la tierra y 97 en la de los depósitos bancarios.
La segunda razón es que, más allá de índices que pueden ser desconocidos por la mayoría de la población, lo cierto es que la gente hoy ve, vive y siente más la desigualdad, por la rápida difusión de las noticias y las redes sociales. Antaño un campesino, seguramente analfabeto, sabía que los patrones se vestían mejor, tenían carro y que en la casa de la hacienda había nevera y no tenían que cocinar con leña, pero hasta ahí llegaba su percepción de la desigualdad.
En Colombia o en Chile, la pobreza puede haber disminuido, pero la desigualdad no solo ha aumentado sino que es más visible, más hiriente, más injuriosa. Gini mide esa desigualdad y por su culpa millones salen a la calle a protestar.
Cali 8 de diciembre de 2019
*Filósofo y Economista.Consultor.
Por: José Félix Lafaurie Rivera.- Aunque se haya convertido en lugar común a fuerza de repetirlo como letanía sin consecuencias, es una verdad de a puño que, en una sociedad normal, la educación es el motor de movilidad social y, también, factor de cambio entre la eterna condición de país “en desarrollo” y la deseable de país “desarrollado”.
Ahora bien, la referencia a una “sociedad normal” se debe a que la nuestra no lo es, principalmente por la maldición del narcotráfico, que ha trastocado profundamente sus valores, lo cual, más allá de la acción de las autoridades contra el delito, no ha logrado ser neutralizado como y donde se debe: con la educación y en la escuela.
Llegamos entonces al tema de la educación: su cobertura, infraestructura y, sobre todo, su calidad, asuntos en los que, así falte mucho, es mucho lo que se ha avanzado, aunque pretenda negarlo Fecode, el sindicato que, literalmente, ha “secuestrado” la educación y, en su incapacidad para mirarse el ombligo, insiste en que la calidad es apenas un problema presupuestal, dejando a un lado la altura moral y la solvencia profesional del “maestro”, es decir, su propia importancia. En 2017, Hong Kong “invirtió” en educación el 3,3% del PIB y Japón el 3,6%, mientras Colombia, a juzgar por los pobres resultados en las pruebas PISA, “gastó” el 4,6%. No todo es dinero.
No es un secreto la orientación izquierdista de Fecode, su alineación política con Petro y, claro, su papel protagónico en el paro, pues Fecode no solo hace parte de la CUT con el 50% de sus afiliados, según se lee en su página oficial, sino que ejerce una influencia natural sobre el estudiantado. Es decir, Fecode es el principal instrumento de Petro para cumplir su amenaza de movilización permanente en un paro que, según el titular de un diario capitalino, “nadie logra explicar”.
¿Por qué marchan Fecode y los estudiantes, si ya obtuvieron con su propio paro un incremento histórico en el presupuesto para educación? Los más de 44 billones para 2020 no solucionarán todo, porque probablemente la deuda histórica no se podrá saldar en un año ni en un cuatrienio, pero esa decisión responsable del Gobierno es una señal de compromiso que, de hecho, marcó el final del paro estudiantil y de Fecode. Entonces, ¿por qué vuelven a marchar?, ¿por qué los insultos al presidente que les cumplió?, ¿por qué las arengas de “Fuera Duque”?
¿Por qué Fecode se pronuncia contra ¡el holding financiero!, la ley que garantiza sus propios recursos y once temas más que poco o nada tienen que ver con educación? ¿Por qué su presidente evade la respuesta de hasta cuándo las movilizaciones y evita comentar sobre los perjuicios a la economía y al ciudadano de a pie?
No le importa. Su consigna y su mandado es otro: desestabilizar; y ahora, para blindarse, se victimiza. Da grima; los educadores de Colombia ya no educan…, adoctrinan; apenas callan cuando Petro invita a los estudiantes de secundaria a abandonar las aulas y salir a marchar. ¡Irresponsable!
Los educadores, que evalúan a nuestros hijos pero no se dejan evaluar; primeros responsables de convertir la educación en círculo virtuoso para sus educandos y para la sociedad; los que deberían atajar en la escuela la degradación de los valores; los encargados de construir sociedad, han caído en el círculo vicioso de la agitación política y el odio de clases que la destruyen; están distraídos en la revuelta callejera, dizque pacífica, como si no fuera violento atacar el derecho a la movilización y al trabajo de sus compatriotas. En esas están.
Bogotá, D. C, 7 de diciembre de 2019
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Mons-Darío de Jesús Monsalve Mejía .- “Grande es el misterio de la piedad: Él (Cristo) ha sido manifestado en la carne, justificado en el Espíritu, aparecido a los ángeles, proclamado a los gentiles, creído en el mundo, levantado a la gloria” (1a.Timoteo 3,16).
Este fragmento de un himno primitivo, recoge, con brochazos iluminados, la obra de Dios cumplida en Cristo Jesús. Desde su descenso de la divinidad para hacerse hombre, hasta su elevación a la gloria para “sentarnos con Él a la derecha del Padre”, todo está centrado en la persona del Señor.
El tiempo litúrgico del Adviento, preparación a la solemne fiesta del Nacimiento de Jesús en Belén, trae a nuestras almas y corazones una visión de la historia de la salvación que nos da Dios, desde la experiencia de la presencia de Jesucristo: a los humanos nos será posible encontrarnos con Dios, porque Él está entre nosotros y con nosotros. Ahora el “Yo soy” del Éxodo a Moisés, se convierte plenamente en el “Yo estaré con ustedes, día tras día, hasta el final del mundo” (Mateo 28,20).
En clave de presencia, el Adviento nos hace mirar en tres tiempos:
- El Adviento del Verbo hecho hombre: La Encarnación de Dios, del Verbo que sale del Padre y entra al mundo en nuestra carne y naturaleza humana, es el acontecimiento que se vuelve memoria.
Es la conmemoración del acontecimiento humano y divino llamado Jesús de Nazaret, nacido en Belén. Navidad es el Adviento del esperado, del que “tenía que venir al mundo”. Es el ingreso a la naturaleza humana, tomándola de la iniciativa amorosa del Espíritu Santo y de la respuesta generosa de María y de José su prometido esposo. Un ingreso al amor de unos esposos, a una genealogía y ciudadanía, a una historia vivida desde la espiritualidad y el amor de los más humildes y fieles servidores del Señor, los pobres de Dios, los siervos de su voluntad, que acogen al Pobre y Siervo de Dios, Jesús.
Que vivamos estos domingos de Adviento y entremos en el clima del Señor que ya vino y se adentró en todo lo humano, revelando su sentido y orden, desde esa unión indisoluble entre Dios y toda persona. Esta existencia terrena de Jesús es salvadora y liberadora, en toda su dimensión y evolución, culminando en la cruz y en la tumba vacía, conduciéndonos al Jesús de la resurrección, al Espíritu de Pentecostés, a la comunidad de creyentes y discípulos que nace y se consolida con la Pascua y con la misión que Jesus les participa: “Como el Padre me envió, también yo los envío” (Juan 20,21).
Este Adviento de la Encarnación y de Navidad concluye con la adoración, con el gesto de doblar la rodilla y guardar silencio emocionado, al recitar el Credo, cuando profesamos que “Dios Hijo se encarnó y se hizo hombre”.
- El Adviento de “Jesús en medio” de su comunidad: es el sentido presente del Adviento. Ya desde el mismo domingo de la resurrección, “se presentó Jesús en medio de ellos”, dándoles su paz, mostrándoles sus manos y costado, llenándolos de alegría. Es el Adviento (Juan 20, 19-20). Es la certeza de que “donde dos o más se reúnan en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,20).
Este estar Jesús con nosotros, resucitado y Señor, Maestro y Pastor, mediador y servidor, lo vive la comunidad en la Palabra, en los sacramentos y en sus ministerios y, de manera muy especial, en el pobre y el débil, en la víctima y el que sufre. Es el Adviento del Espíritu Santo y del Cuerpo de Cristo que lo hace visible en medio de la humanidad, proclamando el amor de Dios e impulsando la civilización del amor en pueblos, culturas y en todo el cosmos.
A vivir este presente de Jesús es a lo que convocamos desde nuestras familias, comunidades, instituciones y territorios. En este 2019, marcado por la inconformidad social y por el conflicto político ante sistemas económicos, en todo el continente, la Navidad se convierta en esa espiritualidad ciudadana que ilumina la convivencia y la integración de todos, en los espacios y territorios, en barrios y veredas.
La Navidad en mi barrio, en mi sector, en la casita católica o en el lugar público indicado, ayude a pasar de la protesta al encuentro, de la cacerola a la pandereta, de la espontaneidad al intercambio de dones y plegarias.
- El Adviento de la paz y del mundo nuevo: el profeta Isaías, figura del Adviento junto a Juan Bautista, a María y José, abre el primer día del Adviento con el anuncio de la Nueva Jerusalén, el advenimiento de la ciudad de paz, significado del nombre de la capital de Israel. A ella confluirán los pueblos, para conocer los caminos de Dios, ser instruidos en su Palabra, tener un árbitro de su paz, transformar las armas en herramientas de trabajo, dejar de prepararse para la guerra y de enfrentar a un pueblo con otro (Isaías 2, 1-5).
Y Mateo, el evangelista del ciclo A de la liturgia, inicia con Jesús que nos llama a estar en vela, esperando y preparando la llegada de la nueva humanidad, esa que significa hombres y mujeres que se liberan de la sociedad meramente temporal y humana, ajena a la relación con Dios, a la trascendencia del Reino de Dios (Evangelio del primer domingo).
El Adviento no solo es memoria y actualidad, sino también espera y futuro. Vivirlo así es movilizar todas nuestras energías y recursos, toda nuestra unidad y decisión colectiva, para superar la noche y entrar al pleno día, a la luz de la verdad de Cristo Jesús, en donde hagamos visible nuestro testimonio del Reino de Dios y seamos buen ejemplo para la humanidad.
Como Obispo y Pastor llamo a todos a vivir este mes de diciembre 2019 con profunda cercanía en los territorios a todos, acompañando y leyendo juntos los signos de Dios en estos tiempos y realidades. Una Navidad que enriquezca la esperanza en todos y aliente la solidaridad y unidad en la construcción del bien y bienestar comunes, de la convivencia y la alegría del amor de Dios. ¡Dichosa y bendecida Navidad para todos!
Cali, 7 de diciembre de 2019
+ Darío de Jesús Monsalve Mejía
Arzobispo de Cali
Por Jorge Enrique Robledo*.- En el gran paro nacional convocado para el 21 de noviembre, que se ha prolongado por dos semanas, no han participado solo jóvenes. Porque otros también podremos contarles a nuestros hijos y nietos que tuvimos el honor de respaldar esta formidable movilización democrática. Pero es irrefutable que sin el valor, la generosidad y el patriotismo juvenil, el reclamo no habría logrado el enorme éxito que alcanzó. Gracias a ellos.
Estamos ante la mayor movilización social de la historia de Colombia. Por las multitudes que la han respaldado, la diversidad de los sectores sociales que la hicieron suya, los numerosos municipios movilizados y el tiempo transcurrido. Y con ella se dio el primer gran cacerolazo nacional, forma de protesta que les permite participar a los que no pueden hacerlo de otra manera. Esta es la verdad de lo sucedido. Así Duque y sus alfiles utilicen ardides para negarlo, hasta caer en osos peludos. La otra conclusión innegable indica que ha de haber un malestar muy grande para darse una protesta de este calibre, cuyos motivos respalda el 74 por ciento de los colombianos (Gallup).
A los jóvenes los movilizaron que 550 mil de ellos son ni-ni, ni estudian ni trabajan porque el país se lo niega. El desempleo juvenil llega al 18 por ciento. 394 mil le deben hasta la camisa al Icetex y ven en su futuro los duros pagos de estas deudas y el desempleo o los malos empleos. Aunque parezca mentira, aumentan los profesores a los que solo les pagan diez meses al año. Son inicuas las condiciones laborales de los médicos y demás trabajadores de la salud. Y el paro derrotó el proyecto de ley del senador Álvaro Uribe, que ponía a los jóvenes a trabajar por menos del salario mínimo, la misma propuesta de Luis Carlos Sarmiento Angulo.
Los neoliberales dicen que quieren mucho a los niños y a los jóvenes, pero el 72 por ciento de sus padres sufre por el desempleo y la informalidad y entre ellos pulula la pobreza. Carrasquilla explicó que “la gente se pensionará con lo que ahorre” (https://bit.ly/356jYiM, http://bit.ly/2YqNmha ), es decir, que los que de chiripa logren adquirir ese derecho, recibirán pensiones miserables, del orden del 25 por ciento del sueldo promedio de los últimos diez años.
También llenó las calles el repudio juvenil a la inmensa corrupción en el poder, la privatización del sector financiero estatal, el omnipresente maltrato ambiental y la reforma tributaria, que les reduce los impuestos a los súper superricos del mundo que operan en Colombia (https://bit.ly/2Ro9nvR) y se los sube a los pobres y a la clase media. Y la impulsó bastante que Colombia sea el cuarto país más desigual del mundo y que lo hayan sometido a las orientaciones de la OCDE. Es obvio que los jóvenes, con razón, no creen que Duque busque ofrecerles un futuro amable o siquiera parecido al de antes de la globalización neoliberal.
Esta movilización se agiganta al saberse que Duque y los suyos actuaron como Herodes, al intentar matarla en la cuna, mediante falsedades y manipulaciones, la forma solapada con la que atentaron contra el derecho constitucional de los colombianos a protestar, con lo que mostraron la poca estima en la que tienen la democracia. Que además no insistan en la falacia de negar que la movilización ha sido pacífica y democrática, como con acierto la promovió el Comité Nacional de Paro. Y ningún daño a la propiedad pública o privada –que repudiamos y que es por completo ajeno al reclamo y a sus orientaciones– justifica los excesos de fuerza del Esmad y menos la muerte del joven Dilan Cruz, víctima de un arma diseñada para que pueda matar y que el Estado no ha debido entregarle al Esmad, que se supone es una fuerza de carácter civil ante reclamos de civiles.
Entre los peores yerros de Duque, resalta su actitud soberbia de desconocer al Comité Nacional de Paro como el vocero de la gente que reclama, utilizando una fórmula hasta ridícula para hacerlo. Porque un gran porcentaje de los invitados a opinar votaron por Duque, se opusieron a la protesta y pueden ser sometidos por la mermelada de la Casa de Nariño. Muy bien por la alcaldesa Claudia López al decirle a Duque que no le actuaba de comparsa en esa pantomima, porque la gente que estaba en la calle tenía sus voceros.
Y no es que Duque no pueda pedirle opinión a quien quiera sobre lo que desee. Es que las 13 peticiones del Comité Nacional de Paro que promovió la protesta tienen todo el respaldo democrático para tramitarse por aparte, en razón del gran reclamo que las respalda, nunca antes visto en Colombia, y porque el Presidente debe asumir, con respeto, la atención del derecho a protestar que la Constitución le otorga a la ciudadanía.
Bogotá, 7 de diciembre de 2019.
*Senador del Polo Democrático Alternativo
@JERobledo
Por Gabriel Ortíz* .- Hemos llegado a los primeros 15 días del paro nacional y “no pudieron” entender a la juventud. “No pudieron”, dijo en desafiante trino la mininterior. No podrán entender como es la cosa, cómo transcurren los acontecimientos que nos han llevado a un paro interminable por falta de diálogo.
El propio Presidente Duque, fijó un plazo de 115 días que se cumplen el 15 de marzo, para alcanzar un acuerdo. Entre tanto, la ciudadanía sufre las consecuencias de una semiparálisis con consecuencias económicas, políticas y sociales que crispan, convulsionan e irritan a la población colombiana.
Estamos frente a un nuevo hecho: los manifestantes son, por primera vez, las generaciones Y y Z, frente a unos adversarios de la generación X que no entienden la manera de proceder, actuar, reclamar y proyectarse, que aplican los millennians y centenial. Estos son hoy el 59% de nuestra población. Son narcisistas, consentidos, independientes, consumidores exigentes y aspiran a empleos que aún no existen. Están preparándose para el país del futuro. Están pegados a las redes y son protagonistas de ese movimiento que les permitirá vivir en una patria en paz, progreso, reconciliación, educación, salud, tierra, empleo, pensiones justas, medioambiente, servicios públicos de calidad. Una nación que impida el cambio climático, la minería ilegal, el fracking, la pesca de tiburones, la corrupción, etc.
Repudian las armas, se inclinan por una ciudadanía racional, que no se deje amedrentar, que rechace el miedo, que no sea temerosa, que no se deje amenazar con militarismos, ni con Farc, ni ELN, ni guerra. Piensan en un país vivible, antes de atreverse a traer descendencia a esta patria que sigue metida en un conflicto armado, abonado por el odio, la discordia, el desprecio, el resentimiento contra los que han logrado cimentar una mentalidad de paz y reconciliación.
¿Cuál es nuestro futuro? se preguntan y alcanzaron a abrigar una esperanza cuando llegó Duque. Bordeaba sus edades y podría entenderlos, e invitarlos a sumarse a su causa y a acompañarlo. Pero Duque tendría que alejarse de la rancia mentalidad de quienes lo rodean.
Infortunadamente pudieron más las tradiciones politiqueras y las manipulaciones de quienes se apoderan legal e ilegalmente de ciertas instituciones, torpedeando las intenciones del Jefe de Estado. Por ello no ha existido diálogo sincero y humilde, que permita al gobierno, al presidente, escuchar y liderar la situación, que ahora se agrava con la aplicación de nuevos castigos económicos a las clases media y popular, mientras se ofrecen ventajas y beneficios a los más ricos, con una reforma tributaria retardataria.
El Presidente, sus consejeros, ordenadores y asesores, no entienden a los jóvenes que marchan y “cacerolean” en paz y sin descanso para alcanzar un futuro. Un futuro que no se traduzca en ese trino amenazante de “no pudieron”, de la ministra y de quienes creyeron que iban a derrocar a Duque.
BLANCO: El complejo turístico de Cafán en Villa de Leyva.
NEGRO: El ingreso a la funeraria del Cantón Norte. Es otro martirio para los dolientes.
Bogotá, D. C, 5 de diciembre de 2019
*Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por José G. Hernández.- La acción pública de inconstitucionalidad no es una generosa concesión de la Corte Constitucional sino un derecho esencial del ciudadano en el sistema que consagra nuestra democracia.
Si, según el artículo 2 de la Carta Política, objetivo estatal de primer orden consiste en la efectividad de los derechos y garantías consagradas en ella, y si, de conformidad con lo previsto en los artículos 40-6 y 241 de la Constitución, cualquier ciudadano puede formular demanda de inconstitucionalidad, es claro que obstaculizar o bloquear en la práctica el acceso del ciudadano a la acción, pese al pleno cumplimiento de los requisitos mínimos señalados en la ley -artículo 2 del Decreto 2067 de 1991-, configura una forma de violación del derecho. Y resulta inconcebible que quien vulnere el derecho del ciudadano sea la corporación a la cual el propio Constituyente confió la defensa judicial de la Constitución.
El ciudadano tiene derecho a la vigencia efectiva de la Constitución, y su derecho -sin que deba acreditar un interés personal- se materializa cuando puede actuar ante el órgano que garantiza el imperio de aquélla, con el objeto de lograr que, previo el proceso correspondiente, se declare (con fuerza de cosa juzgada) si una determinada disposición quebranta o no los principios y preceptos constitucionales.
Por tanto, basta que el ciudadano cumpla los requisitos exigidos en el mencionado precepto -con sus palabras, de modo informal y en términos sencillos- para que la Corte tenga la obligación de tramitar su pedimento y resolver de manera definitiva, mediante sentencia de Sala Plena, previo concepto del Procurador General de la Nación, si la norma acusada es exequible o inexequible. Ha de dictar, entonces, un fallo de fondo mediante el cual se concrete la eficacia del control constitucional y se cumpla la función que justifica la existencia de ese tribunal.
De allí que, cuando los magistrados se empeñan en exigir al ciudadano del común que cumpla con unos requisitos de carácter técnico especializado y formalista, no previstos en la Constitución ni en la ley (“suficiencia”, “pertinencia”, “especificidad”, “claridad”, “dualidad”, etc.), sino añadidos caprichosamente por ellos, examinados, apreciados y valorados en cada caso con criterio eminentemente subjetivo (como ha venido ocurriendo en los últimos años), omiten el ejercicio de la función pública que se les confía, quebrantan el derecho del ciudadano y permiten que, al eludir su responsabilidad, sigan rigiendo normas contrarias a la Constitución que deberían resguardar.
De allí que resulte necesario recordar algo que, al parecer, han olvidado: la especial trascendencia que reviste para la democracia, para la Justicia y para el Estado Social de Derecho, un vigoroso y eficiente sistema de control judicial de constitucionalidad.
Los magistrados de la Corte deben levantar el bloqueo que impide al ciudadano –el ama de casa, el estudiante, el obrero, el oficinista, el trabajador- ejercer un derecho garantizado en la Constitución.
Bogotá, D. C, 4 de diciembre de 2019
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Víctor G. Ricardo.- Las marchas que se han venido realizando en diferentes lugares de nuestro país, incluida nuestra capital, son muestra de una democracia e, indudablemente, de la libertad de expresión.
Ahora bien, en muchos de los casos se han visto desórdenes con violencia y vandalismo, objetivos de desestabilización y actos de criminalidad, como son el daño de bienes públicos y privados. En estas marchas se presentaron hasta casos de destrucción de instalaciones y saqueo de almacenes de víveres y electrodomésticos.
Los inmensos daños hechos al Transmilenio son inconcebibles y además se constituye en un atentado contra una empresa que lo que hace es prestarle un servicio a la gente más necesitada y trabajadora de Colombia, que requiere de un sistema de transporte para ir tanto a su trabajo como para regresar a sus casas y movilizarse por la capital. La pregunta que uno se hace es ¿qué justifica esas acciones? Pues nada. Su único objetivo es el de atentar contra los más necesitados y la clase trabajadora del país.
Sabemos bien que parte central y estructural del acuerdo de paz con las Farc es haber cambiado la lucha de armas y el rugir de los fusiles por el mecanismo de la protesta social y el ruido de las voces. Un gran paso para acabar con la triste historia de las muertes en combates y los ataques a los municipios e infraestructura de la Nación, pero no se puede permitir que personas con perversidad aprovechen estos actos para generar anarquía y hacerle creer a la comunidad internacional que Colombia entró en una etapa de autodestrucción. Eso no lo podemos permitir.
En momentos en que los países del continente no tienen cifras que sean muy positivas, Colombia estaba creciendo alrededor del 3.4% en el año 2019 y hoy las noticias con las marchas y paros que se han dado, han puesto en congelador muchas inversiones tanto nacionales como internacionales que se estaban realizando. El mal que se le ha causado a Colombia con esta estrategia de paros y sobre todo de parálisis de distintas actividades es incalculable.
Aquellos dirigentes políticos que se han prestado a las pérdidas sucedidas o ingresos e inversiones dejadas de realizar son los grandes responsables que nuestra velocidad de desarrollo y generación de empleo se vea disminuida.
Mi invitación no es a que dejemos de estudiar y resolver las inquietudes y solicitudes que se hacen, sino que seamos responsables con nuestro país no creando el caos que se ha venido presentando.
Los colombianos que no estamos de acuerdo con que cuando mejor nos está yendo para la economía y el desarrollo con equidad, cuando el área de la educación nunca antes se había visto tan bien atendida por el gobierno dándole la contribución y participación económica como nunca antes, se le cobre a este gobierno lo que se ha dejado de hacer en el pasado.
No es el momento de seguir destruyendo, es el momento de ser innovadores, emprendedores, fortalecer la institucionalidad y unirnos alrededor del futuro de nuestra amada Colombia.
Es el momento de acabar con la polarización, construir gobernabilidad, conversar y consolidar soluciones entre todos pero no de destruir, o lo que es peor por parte de dirigentes políticos, que es acabar con el buen momento que ante el mundo estamos viviendo en nuestro país.
Bogotá, D. C, 4 de diciembre de 2019
*Ex comisionado de Paz