Opinión
Por Víctor G. Ricardo*.- El coronavirus continúa, los nuevos contagios han bajado pero en los últimos días también se ha visto un repunte. Los fallecidos como consecuencia del mismo también han disminuido, pero si no nos cuidamos, ambas cifras pueden aumentar.
Las aglomeraciones son el mayor peligro y no se puede pensar que porque se puede salir todo pasó. La gente se queja por las circunstancias que estamos viviendo y hasta comentan que mientras a nosotros nos ha tocado vivir esta pandemia, los abuelos vivieron sin mayores dificultades en la vida, pero no se dan cuenta que a los que les ha tocado las menores dificultades es a los jóvenes.
Por eso es importante recordar todo lo que vivieron nuestros abuelos o tatarabuelos.
Hace 104 años, cuando un ser humano tenía entre 14 a 18 años, les tocó vivir la priemera guerra mundial que tuvo como resultado además de la destrucción de muchos lugares, veintidós millones de muertos y poco después se presentó la una pandemia llamada la gripe española que dejó cincuenta millones de muertos.
Cuando las personas tenían 29 años se vino la peor crisis económica del mundo, se derrumbó la bolsa de New York y se incrementó a cifras inimaginables la inflación, el desempleo y por tanto el hambre.
Cuando las personas tenían treinta y seis años se presentó la guerra civil española, tres años después la segunda guerra mundial, el holocausto con la muerte de seis millones de judíos y trece años más tarde se desata la guerra de Corea y Vietnam.
En el caso colombiano además debemos agregarle la guerra que tuvimos con el Perú, la guerra entre liberales y conservadores en la que se mataban unos con otros por el solo hecho de pertenecer a un partido, el conflicto de más de sesenta años con las guerrillas colombianas como las Farc, el Eln, el M19, el Quintín lame, el Epl y algunas otras, ya que en nuestro país ha tenido influencia las distintas vertientes ideológicas, como la revolución cubana, la China, la liberación indígena, entre otras.
Y la peor que hemos vivido que es el narcotráfico y la corrupción. Un niño que nació en los 80 piensa que los abuelos no tienen ni idea de lo difícil que es la vida hoy, pero la mayoría de ellos han sobrevivido a varias guerras y catástrofes. Hoy tenemos todas las comodidades en la mayoría de países, con un mundo moderno, y se presenta la pandemia del coronavirus, que hasta ahora muchos vivimos o conocemos y la gente se queja porque hemos estado en cuarentenas en nuestras casas para que el virus no se propague; pero en sus casas tienen electricidad, teléfono, comida, viviendas con techos sólidos, agua caliente, etc. Nada de esto existía en muchos de la 120 años anteriores; sin embargo la humanidad sobrevivió y nunca perdió su alegría de vivir y menos pensó en organizar protestas donde la violencia destruyera lo bienes que son de todos.
Hoy nos quejamos porque tenemos que usar tapabocas para estar en reuniones o entrar a los supermercados, cuando deberíamos entender que es así que podemos evitar contagiarnos del coronavirus y así podemos estar seguros de salvarnos.
Bogotá, 6 de noviembre de 2020
*Excomisionado de Paz
Por José G. Hernández*.- Como el sistema vigente en Colombia para la elección de presidente y vicepresidente de la República es directo -es decir, los votos de los ciudadanos inciden directamente en la definición correspondiente-, no es fácil para muchos en nuestro país entender lo que está pasando en los Estados Unidos, ni la razón para que todavía no se haya producido una decisión oficial, pese a la votación de este 3 de noviembre.
En el sistema estadounidense, a la luz de la Constitución, complementada por una ley de 1845, los ciudadanos no votan directamente por presidente y vicepresidente, ni se contabiliza ese voto ciudadano para los efectos de establecer quiénes resultaron elegidos. Los ciudadanos, en cada uno de los Estados, eligen a los miembros del Colegio Electoral -538 miembros-, y es el Colegio Electoral el que elige presidente y vicepresidente de los Estados Unidos. Un candidato necesita, para ser elegido, la mitad más uno de los votos de los compromisarios escogidos en las elecciones, es decir, 270.
El total de integrantes del Colegio Electoral es de 538, 435 a nombre de la Cámara de representantes y 100 a nombre del Senado -dos por cada Estado-, a los cuales se suman tres por el Distrito de Columbia, en que está ubicada la ciudad capital, Washington.
Puerto Rico no goza de los derechos políticos de los Estados, pues corresponde a la figura del Estado Libre Asociado, y, en consecuencia, sus ciudadanos no votan para elegir presidente y vicepresidente de los Estados Unidos.
Ahora bien, ya en lo relacionado con la elección por parte del Colegio, cada Estado se encuentra representado por cierto número de electores, según el censo de población.
Los ciudadanos en cada Estado eligen un cierto número de integrantes del Colegio Electoral, quienes, a su vez, representan con sus votos a dicho Estado. No todos los Estados eligen el mismo número de compromisarios. Los electores escogidos por mayoría de votos populares en cada Estado votan en el mismo sentido -por el candidato que haya resultado triunfador, según el voto popular en ese Estado-.
Así que no alcanza la presidencia el ciudadano que obtiene mayor número de votos ciudadanos, como sí ocurre en Colombia, sino el que triunfa en los Estados que postulan el mayor número de integrantes del Colegio Electoral en tal forma que ese número pase de los mencionados 270 votos colegiados.
Importa destacar que, salvo en el caso de Maine y Nebraska, en todos los demás Estados la totalidad de los electores depositarán sus votos en el Colegio Electoral por el mismo aspirante presidencial y su fórmula. En otros términos, tales votos apoyan al candidato presidencial que haya ganado por mayoría absoluta (mitad más uno) en el Estado al que representan. En Maine y Nebraska los compromisarios votan en el Colegio de manera que se refleje, de manera proporcional, la votación por los candidatos en su Estado.
Este complejo sistema viene siendo criticado en los Estados Unidos. Algunos lo consideran contrario a la democracia, pues se presta para que ocurra lo de 2016, cuando ganó Donald Trump, aunque en el voto ciudadano triunfó -y no por pocos votos- Hilary Clinton.
Veremos lo que pase ahora.
Bogotá, D. C, 4 de noviembre de 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Guillermo García Realpe*.- El posible retorno de las fumigaciones con glifosato ha vuelto a revivir el debate nacional sobre la conveniencia o no de usar este químico como mecanismo de combate al narcotráfico, sin lugar a dudas, el tema genera voces a favor y en contra por lo que este relevante tema representa para el país.
En el caso nuestro, como defensor de la vida, del ambiente, de nuestra biodiversidad, hemos manifestado siempre nuestra oposición a las aspersiones aéreas porque estamos seguros que este herbicida no es la salida para enfrentar ese flagelo tan dañino, tan perverso y tan gigante como lo es el narcotráfico.
En primer lugar, el glifosato es un instrumento absolutamente ineficiente, costoso, y que deja mucha más pobreza y que puede promover los fenómenos de la resiembra, y eso está más que verificado. Pero hacer oposición al uso del glifosato para combatir los cultivos ilícitos, no nos hace defensores del narcotráfico, por el contrario. Estamos contra el narcotráfico de manera clara y rotunda, estamos contra la presencia de los cultivos de uso ilícito, estamos diferenciándonos es cómo combatimos ese flagelo de manera integral y cómo, no únicamente basamos la estrategia simplista del gobierno nacional en manifestar que los cultivos de uso ilícito son los únicos responsables de los problemas del país o son los únicos responsables de toda la cadena de narcotráfico o que las fumigaciones son la única solución. Estamos contra esta solución simplista que ha presentado el gobierno nacional.
Ahora bien, los campesinos no son culpables de este flagelo, grandes líderes del país han caído a manos del narcotráfico, grandes carteles se han enquistado en el Estado colombiano y hoy están echándole la culpa a nuestros campesinos de ser los principales responsables. Los campesinos, los indígenas y los afros, antes de ser responsables, son víctimas del narcotráfico, de los carteles y victimas de su necesidad de su falta de ingresos, de capacidad económica, social y por eso les toca adoptar esta conducta de subsistencia para su familia.
Entonces, si esto no se resuelve, va a hacer imposible sacar a los territorios de esta crisis, lo que pasa es que el gobierno no ayuda mucho. Por ejemplo, Nariño es el segundo departamento, después de Norte de Santander con más siembra de coca, es una economía de subsistencia, una economía que tienen que asumir para poder sobrellevar su vida, esto se convierte en una opción obligada por el abandono del Estado, en Nariño aproximadamente 50 mil familias están vinculadas, lo que representan 200 mil personas que constituyen el 10% de la población del departamento.
En el PNIS se inscribieron 30 mil familias, pero solo resultaron beneficiadas 17 mil y de esta cifra, sólo el 50% ha recibido una ayuda mensual, pero como la cifra lo indica, quedaron por fuera más de 30 mil familias vinculadas a la economía ilegal en Nariño.
Lo que demuestra que no hay voluntad de brindarle al campesino una alternativa de ingresos, de sostenibilidad y seguridad alimentaria, por el contrario, lo que se hace es prologar en el tiempo sus dificultades como se ha demostrado en 30 años con este mecanismo ineficiente, que también prolonga las circunstancias del conflicto por la presencia de grupos armados ilegales, que se dedican a explotar y a acosar, amenazar y matar a los campesinos de las zonas con presencia de cultivos ilícitos.
Eso en el componente social, y ni qué decir del tema ambiental. Por eso, para evitar un gravísimo daño a las aguas, los bosques, la fauna, la flora, a la biodiversidad, a los polinizadores, al hombre, ese instrumento no debe ser la salida al grave problema del narcotráfico.
Ya se ha confirmado que el glifosato, es un instrumento ineficiente, las fumigaciones no demuestran efectividad económica, ni social, ni como instrumento de combate al narcotráfico, porque es evidente lo perjudicial, como lo han manifestado muchos estudios, en los campos de salud, social y ambiental, por citar solo algunos.
En lo económico, para sacar efectivamente una hectárea de cultivos de uso ilícito tiene que fumigarse 33 veces, en cambio, cuando hay programas de sustitución como los ha habido y que vinieron funcionando gran parte en el gobierno pasado e inicios de este gobierno, pues la resiembra es de menos del 1%, entonces para fumigar una sola hectárea, el costo promedio es de 2 millones 300 mil pesos, pero como hay que fumigar 33 veces para sacar una hectárea de producción, eso equivale a más de $70 millones, con esos recursos se puede atender a más de dos o tres familias campesinas con programas y proyectos legales y rentables.
Lo que estamos diciéndole entonces al gobierno nacional es que nos oponemos a este mecanismo porque definitivamente no llegamos a la sustitución efectivamente y no promovemos una economía legal y rentable y por otro lado los temas de salud, como cáncer, los abortos, los problemas respiratorios y dermatológicos según investigaciones científicas se incrementan como consecuencia del herbicida.
Es por eso que en el Congreso cursa el proyecto de ley 120/2020, con el apoyo de múltiples sectores, de diversas bancadas, aún no se le da trámite porque primero estamos adelantando una serie de audiencias públicas para recoger la voz de expertos, investigadores, ambientalistas, líderes sociales de las regiones y congresistas para enriquecer el debate. Por lo pronto, en días recientes en la Comisión Quinta realizamos la primera de tres audiencias para analizar los impactos en el componente ambiental del glifosato, lo propio haremos en las próximas semanas para analizar las implicaciones en el tema de salud, económico y social. Surtido este proceso, iniciaremos el debate amplio, riguroso y con todas las garantías para decidir sobre este complejo, pero importante tema.
Bogotá, D. C, 4 de noviembre de 2020
*Presidente de la Comisión V del Senado
@GGarciaRealpe
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- Lo que era imprevisible en América Latina; lo que no podía pasar…, pasó. Su economía más estable, el país con los más altos niveles de bienestar, miembro de la OCDE desde 2010, con un PIB per cápita en 2019 de cerca de 14.900 dólares, el cual, para referencia de los lectores, es más del doble del nuestro, de apenas 6.432 dólares; Chile, el “de mostrar”, fue presa, a finales de 2019, del “Estallido social”, que no es sino un eufemismo para la vorágine de violencia orquestada que recorre el mundo tratando de “socializarlo”.
En esta parte del continente la dirección oculta de esa orquesta estuvo a cargo del Foro de Sao Paulo (1990), que hoy renace con cara lavada bajo el nombre de “Grupo de Puebla” (2019), ciudad donde nació también –qué casualidad– el “Documento de Puebla” (1979), el manifiesto de la “Teología de la Liberación”, por la que se hizo matar Camilo Torres en 1966 y en la cual militaron el “cura Pérez”, comandante del ELN en los 80, y su compatriota Domingo Laín, en cuyo nombre todavía cometen los elenos toda suerte de atrocidades.
¿Qué pasó en Chile? ¿Por qué un aumento en las tarifas de transporte en octubre de 2019 terminó en un “borrón y cuenta nueva” constitucional sin participación del actual Congreso, como ya ordenó el pueblo en el plebiscito con una aplastante mayoría de más de 7 millones de votos?
¿Cuál es el problema con la Constitución? Sencillo. Su único problema es haber sido expedida durante la dictadura, lo que la hace “ilegítima” para la izquierda y para muchos “centristas” –en todas partes se cuecen habas–, aunque los llamados “enclaves autoritarios” que limitaban el quehacer político hayan sido eliminados en 1989 y 2005.
El problema es la concepción de economía de mercado y democracia liberal que la inspira, de “Estado subsidiario”, es decir, del Estado que no se mete en todo y le abre puertas a la iniciativa privada con debidos controles, inclusive en los temas sensibles de salud y educación, algo que aborrece la concepción estatista de la izquierda, que prefiere un Estado metido en todo, aunque en todo sea paradigma de ineficiencia y corrupción.
Hacia allá apunta la protesta callejera violenta: educación exclusivamente pública y gratuita; salud exclusivamente pública y gratuita, pensión universal a costillas del Estado y salario mínimo universal a costillas del Estado, objetivos deseables pero imposibles, populistas, inclusive para economías boyantes.
Hacia ese populismo costoso se orientó Piñera con la “Nueva Agenda Social”, una serie de medidas adoptadas bajo la presión extorsiva de la violencia y acompañadas de un “mea culpa” injustificado que se percibió más como debilidad. Un sacrificio fiscal inmenso en plena pandemia, que no fue suficiente para la izquierda, pues de lo que se trataba no era de pedir, sino de “rebarajar” para inducir el cambio hacia el progresismo.
Así es; Chile dio un peligroso salto al vacío en medio de esa idea de que “El cambio es el progresismo”, la cual –adivinen– es el eslogan del Grupo de Puebla, que ni dictado por Petro, quien, curiosamente, no registra entre sus fundadores.
Una nota final. Durante décadas el país “de mostrar” en Latinoamérica era Venezuela, destronado hasta 1998 del primer puesto en PIB per cápita. Hoy es el cuarto más pobre de la región, superando apenas a Honduras, Nicaragua y Haití, todo gracias al Socialismo Bolivariano “progresista”.
Son muchas lecciones. Hoy asusta Chile y asusta también Colombia, si no logramos aglutinar los valores de la economía de mercado y la democracia liberal, de cara a las elecciones de 2022.
Bogotá, D. C, 1 de noviembre de 2020
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- Se supone que los libros de terror pertenecen al género de ficción, es decir que cuentan historias imaginadas y construidas con maestría para asustar por un rato a los lectores. Pero, confirmando aquello de que la realidad supera a la ficción, resulta que un informe científico, con hechos y datos evidentes, puede ser el libro de terror más asustador de este año, con la enorme diferencia de que es un susto que no desaparece cuando se termina de leer, sino que permanece y crece.
El informe es la “Cuarta Evaluación Nacional del Clima” (https://nca2018.globalchange.gov), un texto de 1700 páginas producido por científicos de 13 agencias del gobierno estadounidense encargadas de hacer seguimiento a los temas del medio ambiente y el clima. Por mandato legal desde los años 90 deben presentar este informe al Congreso y al Presidente, y esta es la cuarta vez que lo hacen.
Los hechos en que se fundamenta el informe son incuestionables: en el último siglo la temperatura de la Tierra ha subido más de 1 °C y cada vez son más intensos y frecuentes los fenómenos naturales como huracanes, incendios forestales, inundaciones o sequías.
Acorde con esta explicación, las proyecciones para el final de este siglo estiman que la temperatura global puede llegar a incrementarse hasta 5°C si no se controla la emisión de gases de invernadero, e inclusive si se cumplieran las metas y compromisos del Acuerdo de París, habría un aumento de 2 °C. Por lo tanto continuarán procesos como el calentamiento y acidificación de los océanos, con la consecuente subida del nivel del mar, el deshielo de glaciares y la reducción de las lluvias, o más poderosos y frecuentes huracanes.
Estos hechos y pronósticos son bien conocidos. Lo aterrador del informe es la cuantificación económica y social de sus consecuencias. En el escenario de no reducción de emisiones, los Estados Unidos podrían perder hasta el 10% de su PIB. No hay estimaciones para otros países, pero las pérdidas serian similares e incluso más graves en aquellos que no tienen tantos recursos para mitigar o compensar los efectos del cambio climático.
En casi todos los sectores de la economía habría pérdidas enormes. Por supuesto en el agropecuario, donde las cosechas de maíz, trigo o soya se reducirían hasta en un 25%, y el calor afectaría la producción de leche y carne vacuna. La situación más aguda se presentaría en todos los sectores que viven del mar, pues la acidificación reduciría la población de peces, camarones, ostras y todas las fuentes de comida marina; además el aumento del nivel del mar inundaría poblaciones completas y afectaría la industria del turismo.
Otro canal de impacto sería la salud: se multiplicarían los problemas respiratorios y los digestivos por la contaminación de la comida del mar; oleadas de calor y frio aumentarían los muertos y disminuirían las horas trabajadas; insectos transmisores de enfermedades tropicales llegaría a zonas hasta ahora inmunes.
Lo que hace más terrorífico el informe es constatar que muchas de sus afirmaciones no son solo pronósticos de lo que puede llegar a ocurrir, sino que ya son realidad. El Apocalipsis ambiental ya ha comenzado.
Bogotá, D. C, 1 de noviembre de 2020
*Filósofo y Economista. Consultor.
Por Juan Camilo Restrepo*.- La muerte del guerrillero Uriel, a manos de las fuerzas de seguridad e inteligencia del Estado, suscita varias reflexiones:
En primer lugar, hay que comenzar por felicitar de manera entusiasta a las fuerzas de seguridad por este importante golpe. Fueron precisamente golpes repetidos como éste los que hicieron posible la mesa de negociaciones de la Habana con las Farc. Las acciones exitosas contra las cabezas del ELN habían estado especialmente pobres últimamente. Por eso la arrogancia y la renuencia de este grupo a avenirse con un proceso de paz negociada. Solo la presión militar fuerte y constante, como la que condujo a la baja a Uriel, es lo que termina convenciendo a grupos como el ELN que es mejor la paz que la guerra.
En segundo lugar, el frente occidental del ELN -aliado muy cercado del frente oriental comandado por alias Pablito- ha sido históricamente uno de los mayores enemigos al interior del ELN de los diálogos de paz. De hecho, durante las conversaciones que se desarrollaron en el Ecuador en 2017, cuyos pormenores relato en mi libro “Diálogos de Cachapamba”, el frente eleno del Chocó fue el que se manifestó siempre más reacio a la búsqueda de la paz por la vía negociada. Es un grupo pequeño en contingentes militares pero altamente agresivos, que ha encontrado capacidad financiera a través del narcotráfico.
Los fundadores del ELN fueron contrarios en sus orígenes a que el ELN se inmiscuyera en negocios del narcotráfico. El frente occidental del que Uriel era el tercero en mando, en ocasiones tomó inesperadas vocerías urbanas como sucedió con los disturbios de Bogotá el pasado mes de septiembre o el atentado a la escuela de cadetes general Santander. Este frente entró también con intensidad al negocio del narcotráfico dada su ubicación en el corredor que conduce a las costas pacíficas, lo que le permite tener un papel predominante en el trasiego de alcaloides.
A pesar de ser el del Chocó uno de los frentes más nuevos del ELN, las frecuentes y altisonantes declaraciones de Uriel y su afán enfermizo por los medios de comunicación y las redes sociales, le llevó a dar una dimensión de su importancia ante la opinión pública desproporcionada ante su real peso militar. Estaba también muy involucrado en el secuestro y en el reclutamiento de contingentes subversivos urbanos.
Por último, hay que mencionar que el frente occidental del ELN se caracteriza por su ferocidad para con la población civil no combatiente de esta azotada región de la patria. Gran parte de los desplazamientos (claramente reñidos con el derecho internacional humanitario de la población indígena del Chocó, y la siembra de artefactos explosivos antipersonales como ha sucedido en la población de Riosucio) son atribuibles a las luchas que contra otros grupos mafiosos comprometidos también en el tráfico de la droga libra el ELN en los corredores terrestres y fluviales del sufrido territorio del chocoano.
El haber dado de baja al arrogante Uriel debe ser interpretado apenas como el comienzo- no el final- de las acciones represivas de las fuerzas militares que se esperan de nuestras fuerzas. Es necesario que otros golpes ojalá de igual jerarquía se repitan contra las cabezas de esa guerrilla en todos los territorios donde opera este grupo alzado en armas. Estos cabecillas muy probablemente (los que queden al menos en Colombia) se van a replegar hacia Venezuela bajo el ala protectora de Maduro. Pero la pelea deben seguirla dando nuestras fuerzas legítimas con toda contundencia. Es la única manera de hacer entender al ELN que no existe futuro para un grupo alzado en armas que practica un irrespeto permanente del derecho internacional humanitario. Y que de seguir las cosas como van definitivamente los dejará el tren de la historia.
Bogotá, D. C, 1 de noviembre de 2020
*Abogado y Economista. Exministro de Estado.
Por Amylkar D. Acosta M* “El arte es largo y la vida es breve” : Goethe. No resistí la tentación de pergeñar estas dos cuartillas para compartir con mis lectores unas reflexiones y disquisiciones a propósito de los años, la edad y el paso del tiempo, ahora que arribo a mis primeros 70. Bien dice el cantautor vallenato Jorge Oñate que “bonita es la vida cuando uno está niño y cuando uno está niño quiere crecer ligero”, para después, con el paso de los años, añorar aquellos años mozos cargados de sueños e ilusiones sin límites ni barreras.
Esta es la contradicción que embarga a los humanos y que se repite en la edad provecta, que, al decir de Rodolfo V. Talice, en su magistral obra El arte de vivir intensamente 100 años, “el hombre la detesta, aunque parádojalmente se obstine en alcanzarla, por que ve en ella la imagen de su cruel despojamiento”. Entonces es cuando nos percatamos de la idea copernicana de que no es el tiempo el que pasa, somos nosotros los que pasamos mientras el tiempo permanece impertérrito.
No obstante, viéndolo bien, no hay motivos para detestar la vejez y mucho menos para rehuirla, pues nacemos a la vida para llenarla y darle sentido y contenido. Con ella viene la paciencia, la madurez de juicio, el mayor conocimiento y la mayor capacidad de discernimiento, coadyuvante imprescindible a la hora de la toma de decisiones trascendentes y trascendentales. Este es el estadio de la vida que se ve compensado y recompensado con la inteligencia madura, aquella que está más cerca de la sabiduría. De allí el aprecio que tienen los pueblos indígenas por los ancianos de la tribu, por ser ellos portadores de los saberes ancestrales.
Coincido con nuestro laureado premio Nobel de la literatura Gabriel García Márquez en que uno nunca debe pensar “en la edad como en una gotera en el techo que le indica a uno la cantidad de vida que le va quedando”. Y más aún cuando remata diciendo que “la edad no es la que uno tiene, sino la que uno siente”. Al fin y al cabo, como afirma el gran pensador español José Ortega y Gasset, “la vida no es una suma de lo que hemos sido, sino de lo que anhelamos ser”.
Es muy triste llegar a la cima de los años, cuando estos se han desperdiciado inútilmente en naderías; pero es muy satisfactorio, cuando se ha tomado la vida como misión y no como carrera, pues en concepto de Ortega y Gasset “vivir implica tener una misión, en la medida en que se evite luchar por un propósito valioso, la vida será vacía”. Cuanto más cuando ese propósito ha sido “aprender a seguir aprendiendo, a hacer del aprendizaje”, como lo hizo Thomas Huzley, “una forma de vida, tal vez la mejor forma de todas las vidas posibles”. Justo este año completo 45 años ininterrumpidos dedicados a la docencia y a la investigación universitaria, después de los cuales he llegado a la conclusión de que lo que a uno le queda mejor aprendido es aquello que enseña!
Bien se ha dicho que, por definición, el verdadero académico es “no sólo aquel que necesita de los libros, quien suspira por ellos, sino aquel a quien una sola idea, por elemental que sea, ordena y compromete la vida”. Y este es mi caso, las ideas con las que comulgo y he comulgado han ordenado y comprometido mi vida, pues siempre he militado en ellas, procurando siempre que guarde coherencia y rime lo que pienso con lo que hago, con lo que digo y lo que escribo, que siempre llevan la impronta de mis propias convicciones. Definitivamente nadie envejece por vivir un mayor número de años que sus coetáneos; las personas envejecen cuando abandonan sus ideales!
Eso sí, respetando y tolerando las ideas y las opiniones ejenas, por antagónicas que sean con las mías, pues estoy tan convencido como el Poeta cantor Joan Manuel Serrat que “lo que más enriquece el pensamiento de uno es la pluralidad de pensamiento de los demás”.
Finalmente, como buen guajiro, mi totem es el cardón, el mismo al que nuestro juglar Leandro Díaz le compuso una de sus más hermosas composiciones, la que a la letra dice : “yo soy el cardón guajiro, que no marchita el sol…el cardón en tierra mala ningún tiempo lo derriba. En cambio en tierra mojada nace de muy poca vida. Por eso es que en La guajira el cardón nunca se acaba. Es que la naturaleza a todos nos da poder. Al cardón le dio la fuerza p´a no dejarse vencer. Yo me comparo con él, tengo la misma firmeza”!
Bogotá, noviembre 1 de 2020
*Expresidente del Congreso y Exministro de Estado.
www.amylkaracosta.net
Por Gabriel Ortiz*.- Ya pasamos en Colombia por una contaminación electoral que aún estamos soportando, sufriendo y padeciendo. El mundo moderno, la inteligencia artificial, la carantoña, la zalamería y las redes sociales han dado licencia a diestra y siniestra para que cualquier novato con ganas de figurar meta las narices en debates electorales.
Los colombianos somos campeones mundiales. No nos perdemos una sola intromisión. Desde el Ecuador, hasta Cabo Verde o los lagos que han aparecido en la Luna aparecen, el oportunista, o la oportunista.
Sin conocimiento alguno sobre el lugar o la zona, pontifican y buscan payazos para conformar grupillos políticos en donde su índice señale sobre un planisferio. Siempre, desde luego, buscando un beneficio económico.
En esta época electoral, especialmente la que se desarrolla en los Estados Unidos, hasta el propio Trump se dejó llevar, o engañar de los afanes de ciertos colombianos, que aspiran a una visa –los que aún no la tienen- o a pingües negocios entre las dos naciones. Hay mucha arma o equipo militar en oferta.
La zalamería cargada de halagos y productivas transacciones, convierte a muchos de nuestros paisanos nacionalizados o no, en organizadores e 9instaladores de productivas y lujosas “suits” en Miami y demás regiones, en las cuales a veces se habla español, y que tienen línea directa con Bogotá, Cali, Palmira, Buga, Medellín y desde luego la costa atlántica.
Por ello, no es difícil entender cómo muchos de ellos toman partido y se entrometen en las campañas de los actuales candidatos norteamericanos. Parlamentarios, embajadores, gobernadores, lagartos y charlatanes conforman ese ejército.
Tradicionalmente los Estados Unidos, han mantenido relaciones bipartidistas con Colombia. Quien suba, maneja las cosas sin modificación. La Alianza para el Progreso o el Plan Colombia se conservaron con los diferentes mandatarios estadounidenses.
El dirigente político Víctor G. Ricardo, en magnífica columna de esta semana, retrata muy bien la forma como se mantienen las relaciones entre Colombia y los vecinos del norte.
Bien vale la pena que los colombianos (as) áulicos de Trump, aprendieran a leerlo. Con seguridad se apuntarían mejor y podrían preparar sus bolsillos sin dejarse retratar.
Gane quien gane, nuestro Estado, nuestro gobierno, nuestra estructura económica y política, seguirán el rumbo con el que se han mantenido. Se sabe que ello depende del cumplimiento de los designios, intenciones y propósitos del ganador. Además allá si juega, y con todo el poder, el legislativo. Nadie lo desconoce y nadie puede obligarlo, o convertirlo, en “gato dócil” con sesiones virtuales que absuelven a los altos funcionarios.
Gane Trump o Biden, el presidente Duque, deberá durante los dos años que le restan, manejar las cosas como han transcurrido: bipartidistamente.
Las enseñanzas de Víctor G. deben aprenderse por parte de los oportunistas que se fueron a vivir o a “gorrear” estadía en Miami, Nueva York y otras ciudades. Lo demás, será un simple intento de “contaminación electoral” colombiana.
BLANCO: El adelanto de la prima.
NEGRO: Lo que se nos puede venir mañana. Todos quieren celebrar las brujas y el covid los espera.
Bogotá, D. C, 29 de octubre de 2020
José G. Hernández*.- Lo dijimos. No es correcto, ni nos conviene, que Colombia -cuyas relaciones internacionales se fundan, entre otros principios, en el de autodeterminación de los pueblos (Art. 9 C.P.)- esté interviniendo en la política interna de otros Estados. Lo ha hecho nuestro actual gobierno con Venezuela, tomando partido al lado de la oposición y descalificando los procesos electorales internos -que, sin perjuicio de buscar solución al masivo ingreso de venezolanos a nuestro territorio, en lo propiamente político no nos interesan-, y ahora tenemos un problemita con los Estados Unidos, cuyo Embajador acaba de reclamar:
"El éxito de relaciones entre EEUU y Colombia a lo largo de muchos años ha sido basado en apoyo bipartidario. Insto a todos los políticos colombianos evitar involucrarse en las elecciones estadounidenses", ha señalado el embajador norteamericano en Bogotá, Phillip Goldberg.
A lo dicho por el diplomático estadounidense se agrega que, según algunos medios de comunicación colombianos, no solo se trata de políticos -de uno y otro extremo de nuestra interminable y perjudicial polarización-, sino de funcionarios públicos. Si éstos lo han hecho sin consultar a sus superiores, estarían actuando indebidamente, y si hubo autorización, sería muy grave.
Algunos han opinado que los Estados Unidos no tienen autoridad moral para reclamar ese respeto de Colombia, pues en el pasado han intervenido en nuestra política interna. A lo cual se debe responder que, si ha sido así, ello no nos autoriza para hacer lo mismo, toda vez que lo indebido es indebido, sin que sea excusa tal sindicación. Ni Colombia, ni su Gobierno, ni sus funcionarios, ni sus políticos deben tomar partido en esas, ni en otras elecciones, de ningún país. No debe nuestro país romper su tradición de respeto hacia el Derecho Internacional y a la autodeterminación de los pueblos.
Debo reiterar lo escrito en esta misma columna días antes de la declaración del Embajador:
“Un postulado insustituible, cuya vigencia es necesaria para la pacífica convivencia en el seno de la comunidad internacional, como los expresan declaraciones Tratados y declaraciones de Derechos Humanos.
Aunque la actual denominación del principio de Derecho Internacional no existía, el concepto plasmado en las declaraciones de independencia y en las primeras constituciones era el mismo: la plena libertad en el ejercicio de la soberanía, sin injerencia ni gestión de otros estados.
En cuanto a procesos electorales, aunque puede haber observación imparcial de los mismos con la anuencia del respectivo Estado, debe ser respetada la soberanía. En tal sentido, así como Colombia no puede aceptar la intervención de potencias extranjeras, tampoco debe tomar partido en procesos de otros estados”.
Todo esto debe ser tenido en cuenta por el Presidente de la República y la Canciller, para que impidan -y, en su caso, sancionen- que haya funcionarios involucrados en esas gestiones, tomando partido por uno u otro candidato. Y, desde luego, por las colectividades políticas, con el mismo propósito de imparcialidad. Otra cosa es que, sin haber intervenido, informemos o comentemos después -en ejercicio de las libertades o en la Academia- lo hechos políticos, como acaba de ocurrir, por ejemplo, respecto a la decisión del pueblo chileno sobre su Constitución.
Bastantes problemas tenemos en Colombia, que deben ser atendidos con urgencia y diligencia, para que a ellos agreguemos nuestra injerencia en problemas políticos foráneos.
Bogotá, D. E, 29 de octubre 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional
Por Robinson Castillo* Vivimos tiempos de polarización. La opinión pública asume posiciones de acuerdo con lo que la identifica con los extremos. La opción intermedia o moderada es marginada. El grito herido es lo que prevalece.
Son esporádicos los momentos de unión. Tal vez un triunfo de la Selección Colombia enciende el sentimiento patriótico, pero si pierde, también se divide la opinión. Nuestra sociedad, hay que admitirlo, está dividida.
Pensar diferente, se ha convertido casi en una ofensa personal. Los desacuerdos aumentan a una velocidad sin fin. Un sector no le gusta Duque, otro lo defiende sin parpadear, los petristas reclaman a diario, uribistas los confrontan. La antipatía crece en cantidades industriales. Parecemos fábrica de odios, y lo peor de todo, sin caducidad.
A mayor desigualdad mayor polarización, a esa conclusión han llegado varios expertos. Entonces esto desemboca en el reclamo permanente de la gente y; en consecuencia, la búsqueda de culpables. Si se gestiona mal o bien la pandemia, el desempleo, la seguridad. Todo es motivo de crispación y por supuesto, hay razón para el descontento, pero eso no justifica tanta rabia de unos contra otros.
Todos pelean por tener la razón. Eso se nota mucho más en la inmediatez de las redes sociales, pues al tratarse de contenidos cortos, esto ayuda a incrementar la imposición de los extremos. Son mensajes radicales, venenosos y ofensivos, en su gran mayoría.
La polarización es de la élite y la sociedad. Evidenciamos a todo momento las confrontaciones verbales entre líderes de distintos partidos o pensamientos ideológicos, pero estos desacuerdos viscerales, se trasladan sin intermediarios hasta la ciudadanía. Nos insultamos y nos dividimos. Se viraliza el resentimiento.
Los reclamos furiosos no buscan consenso, todo lo contrario, siempre intentan desestabilizar, ridiculizar y desacreditar al adversario. Los argumentos, la razón y la opinión serena, jamás se contemplan como mecanismos de diálogo social. No hay paz política.
No hay contrastes. La diferenciación de ideas que es lo razonable en una democracia, no es una opción. La pretensión es aplastar a quien opina o piensa distinto. La tolerancia tampoco se contempla, ganas o pierdes con los agravios. Hay sobredosis de discusión.
Existe la libertad de enojo. Hay un marco de creencias sobre lo que la sociedad estima que está mal o bien. En ese escenario se da prioridad a las emociones para emprenderla contra el contrario. Lo racional se borra por completo. Se construye puro sentimiento ideológico. Ideología y emociones.
El Papa Francisco advirtió recientemente los peligros de estos extremos: “Es muy triste cuando las ideologías se apoderan de la interpretación de una nación, de un país y desfiguran la patria”, y recalcó “Las ideologías sectarizan, las ideologías deconstruyen la patria, no construyen”.
El consultor Mario Riorda también aporta su análisis al respecto: “ Se tenga una visión optimista o pesimista de la ideología, inicialmente se puede afirmar que todo el lenguaje político tiene una función ideológica. Lo ideológico es inherente a la comunicación política, sin la cual no puede desarrollarse, sostenerse o ser desafiada”
Lo que viene es impredecible. Con unos ánimos tan sensibles, es complejo jugar a la futurología, pero si no se calman estas aguas sin control, lo que podría venir con consecuencias inimaginables, es un tsunami social. Panorama sombrío.
¿Quién gana con la polarización? Ojalá los que se dejan contagiar por este virus del odio se tomen un minuto de reflexión sobre este interrogante. El gran desafío como sociedad es encontrar algo que nos una como país. Por ahora, ese anhelo tiene que esperar.
La pregunta incómoda
¿La pandemia nos ha convertido en más o menos solidarios?
Bogotá, D. C, 29 de octubre de 2020