Opinión
Por Gabriel Ortiz.- ¡Los años durante los cuales nos mantuvieron divididos han terminado! Colombia tomó el camino de la unidad para derrotar las fobias, los odios, la polarización, la corrupción, la inequidad y todos esos vicios y lacras que por años nos han llevado a la guerra y a la decadencia.
Echar una mirada a los resultados electorales del domingo, nos trae un panorama contrario al que querían institucionalizar los profetas de la hecatombe, la ruina y la adversidad. La gente se cansó. No quiere continuar apegado a delirantes dirigentes que los mantenían cegados y encandilados.
Esta vez, fueron pocos los que salieron a votar “emberracados”. Desaparecieron los agravios entre los candidatos. Las encuestas que quisieron contaminar el ambiente, quedaron completamente manchadas y desprestigiadas.
Nuestra nación, sus gentes, sus agrupaciones políticas y los electores, encontraron el verdadero norte que ofrece la paz. Y salieron complacidos a votar en paz. Las consignas de “paz sin impunidad”, “castrochavismo” y demás epítetos utilizados para agredir y desacreditar a los seguidores de ciertas tendencias, agonizan; perdieron credibilidad. Los falsos mensajes de las redes sociales fueron recibidos con cautela. La exagerada soberbia de los dirigentes, al igual que sus vanidades y sus humos, no surtieron mayor efecto. La gente los repudia, los silba y abuchea.
Con inusitada frecuencia se afirma que el Presidente Duque y su gestión gubernamental, son culpables del deterioro de la imagen del Senador Uribe y su Centro Democrático. Cuanto hace el Jefe del Estado es manipulado, por el uribismo para inculparlo.
La gente, la juventud, los nuevos y pensantes electores, ya no “tragan entero”. Saben que los bajos índices de popularidad del, gobierno, son producto de las actuaciones de Uribe y sus áulicos del CD.
Cada vez más colombianos urgen un cambio. Consideran que ha llegado la hora de que el Presidente Duque, se libere de las amarras que lo atan al “eterno”. Que no continúe soportando y asumiendo ese desprestigio. Que debe actuar como Presidente de todos los Colombianos, como se lo prometió a Claudia, “la triunfadora” y a los demás alcaldes elegidos el domingo, es decir que gobierne con todas las tendencias, no solo con uribismos, Macías, monjas voladoras y demás cortesanos. Así actúan los gobernantes jóvenes, independientes y modernos. No es sano continuar manejando el país con un grupo derrotado, que nada aporta.
Duque tiene la batuta de un nuevo país, que ansía otro rumbo y otra orientación amable y amistosa. Un capitán que lo conduzca sin odio, sin corrupción, con apertura total al nuevo amanecer de esta nueva Colombia, que de inmediato lo rodeará y acompañará con lealtad y sinceridad.
La creciente ola de protestas que recorre el mundo, nos rodea, porque los pueblos buscan bienestar e igualdad en lo político, económico y social. Debemos actuar antes de un maretazo.
Bajo estas premisas, bienvenido Presidente a esta nueva Colombia que quiere construir un gran futuro.
BLANCO: La nueva generadora de energía limpia de Ecopetrol en el Llano.
NEGRO: La deficiencia de Peñalosa frente a Claudia.
Bogotá, D. C, 31 de octubre de 2019
*Exdirector del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por José G. Hernández*.- Son varios los gobiernos -no solamente Ecuador, Chile, Brasil, Argentina, y también Colombia- que deben revisar su política económica y social, replanteando las relaciones con la población, independizando sus decisiones de organismos como el FMI o la Ocde -que recomiendan medidas como “la reducción de los costos laborales”, la “revisión del salario mínimo” o regresivas reformas pensionales-, y dando prioridad a la solución de las necesidades insatisfechas de la población (en especial la de menores recursos), a la salud, la seguridad social, la educación, el trabajo en condiciones dignas, con miras a la realización del Estado Social de Derecho. El capitalismo salvaje y el neoliberalismo -que en el caso colombiano no responden a los principios constitucionales- ya no son la respuesta frente a los reclamos y protestas de la ciudadanía.
La Constitución colombiana consagra, como característica esencial de la organización política, el Estado Social y Democrático de Derecho, que la Corte Constitucional colombiana ha descrito con claridad:
“La acción del Estado debe dirigirse a garantizarle a los asociados condiciones de vida dignas. Es decir, con este concepto se resalta que la voluntad del Constituyente en torno al Estado no se reduce a exigir de éste que no interfiera o recorte las libertades de las personas, sino que también exige que el mismo se ponga en movimiento para contrarrestar las desigualdades sociales existentes y para ofrecerle a todos las oportunidades necesarias para desarrollar sus aptitudes y para superar los apremios materiales”. (Sentencia SU-747 de 1998).
El Estado de Derecho resalta la sujeción de las autoridades y de los gobernados a la Constitución y a las leyes, el equilibrio en el ejercicio del poder público; el señalamiento previo y específico de las competencias, facultades y deberes de quienes lo ejercen; el respeto a la libertad y el principio de legalidad.
El Estado Social de Derecho, sin desconocer esos postulados, pone su acento en la dignidad de las personas, en la efectividad material e integral de los derechos humanos y sus garantías -más allá de su formulación teórica-, y en la realización de las finalidades esenciales de la sociedad como conglomerado participativo y pluralista, todo lo cual justifica la existencia misma de la organización estatal.
En esa perspectiva, el Estado está obligado a concebir y cumplir una normatividad de contenido social que asegure la igualdad real y material, a la vez que establezca un clima propicio a la cristalización de los derechos básicos. Y, por supuesto, ello exige el establecimiento de unas condiciones sociales y económicas que permitan a los asociados el real, igualitario y equitativo disfrute de esos derechos y garantías, no menos que la permanente búsqueda del mejoramiento de su calidad de vida, su trabajo y sus conquistas laborales, tanto individuales como colectivas, mediante la fijación y ejecución de políticas adecuadas a los expresados fines.
A juicio de la Corte (Sentencia T-406 de 1992), la Constitución está concebida de tal manera que su parte orgánica sólo adquiere sentido y razón de ser como aplicación y puesta en obra de los principios señalados en la parte dogmática de la misma, uno de los cuales es justamente el Estado Social y Democrático de Derecho.
Ojalá nuestro Gobierno piense en estas cosas.
Bogotá, D. C, 31 de octubre de 2019
*Expresidente de la Corte Constitucional.
Por Víctor G. Ricardo*.-Escasos minutos después de las 4:00 p.m. del pasado domingo, la Registraduría inició la expedición de los primeros boletines que contarían, horas más tarde, la historia y lecciones que nos dejaron las elecciones del 27/10.
Debemos comenzar con un reconocimiento al registrador Galindo, quien se despide de su cargo con una organización electoral impecable y cuyos resultados le ofrecen garantía a los ciudadanos y solidez a la democracia colombiana.
También merece una mención especial el ambiente generalizado de tranquilidad en el que transcurrió el proceso electoral. El país se empieza a acostumbrar a elecciones sin los sobresaltos del pasado.
No obstante lo anterior, la falla más notoria estuvo a cargo de aquellas autoridades cuya falta de acción permitieron que salieran elegidos gobernadores, alcaldes, diputados y concejales que tienen procesos pendientes -algunos de ellos por casos de corrupción y abuso de autoridad-. Esto nos llevará seguramente en un próximo futuro a ver cómo deben ser removidos de sus cargos o sancionados.
Ahora bien, respecto de los resultados, tengo que destacar en primer lugar el remezón que sufrió el mapa político del país, ahora teñido de verde. La centro-izquierda ganó terreno, sus propuestas guiarán las principales capitales del país, un tema de reflexión para los partidos políticos tradicionales que, a su vez, recibieron un golpe general y muchos desencantos en municipios y departamentos donde sus candidatos no fueron escogidos.
Por otra parte, es muy significativa la derrota que sufrió el expresidente Álvaro Uribe con sus candidatos del Centro Democrático, más aún cuando el Presidente de la República es de esa extracción política. Otro que acusó el golpe de los electores fue el senador Petro, quien quedó en la foto de los olvidados con muchos de sus adversarios políticos. El país está aburrido de los discursos altisonantes que llaman a la polarización de fuerzas.
Y qué decir de las derrotas de los otros partidos. La estrategia de las coaliciones no funcionó y confundió al ciudadano. El caso que más preocupa es el del Partido Conservador, su resultado prende las alarmas pues de seguir como va, tendremos que acompañarlo al cementerio.
En el caso de Bogotá, el triunfo de López refresca la política local y, aunque le gusta la polémica, esperemos que la nueva Alcaldesa que tiene para el futuro aspiraciones mayores, haga una buena administración, pues es algo que necesitamos todos los habitantes de la capital de la República. El alcalde Peñalosa aparece en la lista de los derrotados. Nos deja una ciudad donde las calles parece que hubieran sufrido un bombardeo, ya que hay huecos -o por qué no mejor llamarlos cráteres- por todas partes. Ya es notorio que cuando uno llega al territorio de Bogotá empieza el mal estado de las vías y los carros empiezan a sufrir daños y desajustes por culpa del mal estado de las calles y vías de la capital de la República.
Los otros derrotados sobre los cuales será muy difícil rescatar su credibilidad son las firmas encuestadoras. Podríamos decir que en algunos casos gracias a ellas o mejor por su responsabilidad, muchos electores cambiaron su voto. Por último, lo que es claro es que los electores ya están cansados de los tradicionales líderes políticos, de la corrupción y de la deshonestidad y ahora votan por candidatos nuevos. Todos estos hechos el Gobierno nacional los debe tener en cuenta para tomar sus propias decisiones.
Colombia requiere del concurso de todos sus habitantes para poder lograr un mayor desarrollo territorial y regional. La invitación es que nos convirtamos en supervisores de los mandatarios y les exijamos cumplir con sus promesas de campaña.
Bogotá, D. C, 30 de octubre de 2019
*Excomisionado de Paz
Por Jairo Gómez*.- Ganó Claudia López la alcaldía de Bogotá y, sin duda, es una buena noticia para la ciudad; el más de millón de votos con el que fue elegida es importante, pero más allá de esa legitimidad que logró, su elección representa un cambio en la política colombiana: primera mujer en gobernar la capital del país y, además, es gay.
Ésta última consideración no es un asunto menor, es un cambio significativo en las costumbres y percepciones culturales de la sociedad; pasamos de la mojigatería a romper paradigmas tóxicos que nos impuso la camándula en este país; hoy llega al poder una fiel representante de la Colombia diversa; esa es una buena noticia para la democracia.
Pero también es una buena noticia la lucha contra la corrupción que simboliza Claudia para que le ponga el freno a prácticas como la de lograr apoyos a través de negociar puestos con los concejales, de abrirle la cómoda puerta de la contratación a los contratistas y, por supuesto, repartirle pauta a los más importantes medios de comunicación; ese chantaje es una realidad y para romper con ese paradigma no le temblará la mano.
Como tampoco le debe temblar para revisar a fondo la licitación del metro elevado que nos impuso Peñalosa, exigiendo que se le presente en detalle la información (¿privilegiada?) sobre el contrato (¿ya firmado?); su investidura de mandataria electa la faculta para conocer los pormenores de una adjudicación con muchos interrogantes. Preguntar por qué se anticipó la adjudicación de la obra y por qué se hizo como se hizo: en horas de la noche, bajo la penumbra y sin órganos de control presente, es pertinente para despojar de cualquier manto de duda esa adjudicación. La alcaldesa sabe que de ese informe, muy seguro, dependerá su propuesta de ampliar la primera línea del metro hasta Suba y Engativá.
Si la alcaldesa logra, de entrada, aclarar ese asunto, la construcción del metro transitará sobre la alfombra de la transparencia y lejos de la incertidumbre de la corrupción. Ahora, un tema que no es menor: debe disipar las dudas sobre la propiedad de las líneas férreas que atraviesan la ciudad, porque son muchas las voces que aseguran que esos rieles le pertenecen a la nación y por tanto se hace imposible que la administración distrital pueda disponer de ellos. Es un tema crucial para su proyecto y desde el gobierno central, poco amigo de su administración, podrían ponerle un palo a la rueda del tren.
Ese tren que debe servir de eje para derrotar la desigualdad, la razón de un transporte masivo y decente. No más buses! “Que no quepan dudas: el cambio y la igualdad son imparables”, dijo la nueva alcaldesa en su discurso y le creo, porque el tema de la desigualdad es la pepa de las movilizaciones en Chile, Ecuador y Colombia.
En fin, la nueva alcaldesa no la tiene fácil, pero en ella hay fundada esperanza de que a la ciudad la gobernará una mujer decente y con carácter. La mejor intérprete de una nueva manera de hacer política, lejos del populismo, pero comprometida con la idea de cerrar la brecha social que hoy afecta la ciudad y, eso, será un gran avance.
Bogotá, D. C, 30 de octubre de 2019
*Periodista y Analista Político
@jairotevi
Por Guillermo García Realpe.-Los colombianos cumplieron su deber con la democracia y asistieron a las urnas a ejercer su derecho al voto en unas elecciones territoriales que terminaron definiendo a las próximas autoridades regionales y locales en toda la geografía nacional.
Hombres y mujeres recibieron ese empoderamiento por parte de los electores, y con ello, recibieron también el gran reto y compromiso de trabajar arduamente por el desarrollo de sus entes territoriales en el siguiente cuatrienio.
Sin duda, serán grandes los desafíos que tendrán a la hora de gobernar, no es fácil, pero tampoco es una labor imposible. Liderar procesos y asumir responsabilidades públicas es una tarea dispendiosa y compleja. Hoy los ciudadanos reclaman de sus gobernantes, en primer lugar transparencia, que la corrupción este distante de los gobiernos, que ejecuten sus programas de gobierno a cabalidad, que impulsen planes y programas que permitan a sus departamentos y municipios alcanzar una mejor calidad de vida a sus habitantes, pero sobre todo que sean personas humanas, que se pongan en el lugar de los más necesitados y que ayuden a mejorar las condiciones de los más vulnerables.
Además de esto, los (as) nuevos mandatarios (as) tendrán que ejecutar proyectos de desarrollo en varios ámbitos, como infraestructura, vivienda, vías terciarias, productividad y empleo, agua potable y saneamiento básico, apoyo a las víctimas, a la mujer rural, a la infancia, al adulto mayor, en fin, es un abanico enorme de planes a ejecutar y alcanzar un alto impacto en cada sector de inversión amerita de buenos gobernantes, capaces de liderar estos procesos que hoy reclama la ciudadanía en cada rincón de Colombia.
Adicionalmente, serán los coequiperos para consolidar la Paz en sus regiones, para dar garantías de que en sus territorios se ejecuten los planes y programas del posconflicto, para que se reconstruya el tejido social desde las bases, asimismo ser garantes para que los líderes y lideresas sociales adelanten su labor.
Colombia requiere hoy de una profunda transformación social y económica, es momento de aunar esfuerzos por el bien del país y entre todos contribuir a consolidar una nación más prospera, equitativa y sobre todo en Paz.
Atrás ha quedado una larga campaña política llena de discursos, promesas, manifiestos, pactos y diferentes posiciones que hicieron que los ciudadanos colmaran la plaza pública, pero a partir del primero de enero del próximo año, todas esas propuestas tendrán que ser cristalizadas, llevarlas a la práctica y sobre todo terminar en ejecuciones reales y palpables.
Ahora bien, necesitamos de gobernantes con posiciones claras y contundentes frente a grandes y graves amenazas que se ven venir, otras que ya están, por ejemplo, en materia ambiental necesitamos de mandatarios que le digan NO al fracking, no a las fumigaciones con glifosato, no a la minería ilegal, no a la depredación de bosques y las consecuencias que conlleva la deforestación a gran escala, hay que tener una posición firme frente a estas situaciones que día tras días acechan al planeta.
Ellos y ellas tienen una enorme responsabilidad frente a estos temas, y otros de gran relevancia. Serán los encargados de unir y no polarizar, de construir y no destruir, de gobernar y no perseguir, de generar oportunidades para todos y lograr una construcción colectiva del desarrollo local y regional.
Pero para lograrlo se requiere del concurso y del apoyo decidido del Gobierno Nacional, sólo así habrá un verdadero trabajo colectivo, donde las instituciones del orden nacional se vinculen y se conecten con los desafíos regionales, esa articulación institucional es necesaria para que los nuevos mandatarios hagan buenos gobiernos y muestren resultados efectivos.
Finalmente, espero y aspiro que a los nuevos gobernantes les vaya bien, porque si les va mal, cosa que no queremos, muy seguramente a las regiones les irá mal, confiamos en sus liderazgos, en sus ejecuciones y en las metas propuestas para cada uno de sus entes territoriales. Los mejores éxitos y que las buenas gestiones los acompañen en los próximos cuatro años.
Pasto, 28 de octubre de 2019
*Senador Liberal
Por Mauricio Cabrera Galvis.- ¿Qué pasó con el milagro chileno? ¿Por qué en el país más próspero de América Latina, millones salen a las calles a exigir cambios radicales en el modelo económico? ¿Por qué un pueblo que derrotó a la dictadura y ha vivido 30 años en democracia estalla en multitudinarias protestas contra el gobierno que ellos mismos eligieron?
Son preguntas demasiado complejas, pero se pueden aportar elementos para esclarecerlas. El primero es que lo más significativo del estallido social en Chile no son los incendios a las estaciones del Metro de Santiago, ni los actos vandálicos de una minoría. Esos son los más vistos en la televisión y las redes y son totalmente repudiables como también lo es la violencia de la represión militar que ya ha asesinado a 18 personas, pero no representan el sentir de la inmensa mayoría de los manifestantes.
El segundo aspecto notable es que esta vez no se trata de una revolución proletaria de quienes no tienen nada que perder salvo sus cadenas, y suenan ridículas tanto las acusaciones de quienes ven las protestas como el resultado de una conspiración de infiltrados castro chavistas, como las pretensiones de Maduro de que el ejemplo de Venezuela está incendiando el continente.
No se trata tampoco de una invasión de alienígenas, calificativo lamentable que le dio la esposa del presidente chileno. Es el estallido de una clase media empobrecida y vulnerable que no protesta por $30 sino por 30 años de promesas incumplidas y expectativas frustradas a pesar de los avances en crecimiento económico y disminución de la pobreza.
Vulnerabilidad y Desigualdad son dos conceptos claves para entender que pasó con el milagro chileno. Es cierto que Chile es el país de crecimiento más estable y con menores tasas de pobreza en la región, pero los millones de personas de esa nueva clase media saben que están muy cerca del límite, y que cualquier accidente que reduzca sus ingresos o cualquier aumento de precios los puede egresar a no tener suficiente para cubrir sus necesidades.
Son vulnerables y las políticas neoliberales de privatización de casi todos los servicios básicos no han permitido crear una red de protección social suficiente en materia de pensiones, salud o educación.
También saben esas personas que con el aumento del tamaño de la torta ellos han podido mejorar un poco su situación, pero que la tajada más grande se la han llevado unos pocos. Hace más de 30 años la canción El baile de los que sobran presagió esta situación: “... y no fue tan verdad, porque esos juegos al final terminaron para otros con laureles y futuro y dejaron a mis amigos pateando piedras”. Por eso esta canción vuelve a sonar en las calles chilenas reviviendo las esperanzas de que el Pueblo unido jamás será vencido.
Cali, 27 de octubre de 2019
*Fílósofo y Economista. Consultor.
Por Amylkar D. Acosta M*.-La Subasta para la contratación de energía de fuentes no convencionales de energía renovable (FNCER) a 15 años, es la primera en su género que se realiza en el país. La misma tiene como característica especial que, a diferencia de las convencionales, esta es convergente, como dice la Ministra de Minas y Energía María Fernanda Suárez “de dos puntas”, en donde participaron 20 empresas generadoras y 23 comercializadoras de energía, determinándose el precio de $95.65 por KWH promedio ponderado, mediante el libre juego de la oferta y la demanda en la puja.
Este precio está muy por debajo del tope máximo individual de $200 KWH y del tope máximo promedio de $160 KWH fijado por la CREG. Huelga decir que dicho precio está dentro del rango de precios de la energía de FNCER en el resto del mundo. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), en promedio, los precios internacionales de la energía solar – fotovoltaica y eólica a septiembre de este año se cotizaron a $190 KWH y $165 KWH, respectivamente.
Con ello se desmitificó la creencia, bastante arraigada, de que la generación de energía de FNCER era demasiado costosa y que insistir en integrarla a la matriz energética significaba encarecerle la tarifa al usuario final, cuando es todo lo contrario, habida consideración de que su costo ha bajado dramáticamente en la última década merced a los avances disruptivos de la tecnología y gracias a ello los precios del KW de esta electricidad son ampliamente competitivos .
Esta subasta estuvo precedida de dos anteriores que tuvieron lugar en el mes de febrero de este año. La primera de ellas fue el primer intento de subastar energías de FNCER, exclusivamente, pese a que concurrió a la misma un mayor número de proponentes del que se esperaba y a que los precios ofertados eran competitivos, no fue posible adjudicar contrato alguno debido a las normas regulatorias demasiado restrictivas. Tanto fue así que en la subasta subsiguiente, con carácter diferente, puesto que era para ofertar energía firme con cargo de confiabilidad y en el que participaban por igual oferentes de energía proveniente de fuentes convencionales y de no convencionales, se adjudicaron en la misma 1.398 MW.
Ya con las lecciones aprendidas del proceso anterior y hechos los ajustes requeridos por parte de la autoridad competente fue menos penoso el ascenso de la curva de aprendizaje. Así quedó allanado el camino para la realización de esta última subasta, sólo para contratos de largo plazo de generación de electricidad a partir de FNCER.
Pues bien, con la adjudicación de 5 proyectos de generación de energía eólica y 3 de granjas solares-fotovoltaicas a 7 empresas generadoras y 22 comercializadoras, con una capacidad de generación de 10.186 MWH/día, que se vienen a sumar a los adjudicados el 26 de febrero pasado, Colombia está dando el gran salto adelante, al mejor estilo de Caterine Ibargüen. Y no es para menos, pues de un 1% de participación que hoy tienen las FNCER en el consumo diario del país se pasará en el 2022, cuando los proyectos asignados empiecen a operar, al 6%.
Este es un hit que se anota el Gobierno del Presidente Iván Duque, que sobrepasó su meta para este cuatrienio (de 1.400 MW) en más de un 50%, al alcanzar los 2.250 MW, que se debe en gran medida al empeño puesto por parte de la Ministra de Minas y Energía María Fernanda Suárez de apretar el paso a la Transición energética que ella puso en marcha, apoyándose en la Ley 1715 de 2014 y en la Ley 1955 de 2018 del Plan Nacional de Desarrollo 2018 – 2022. Y, según lo anunció la Unidad de Planeación Minero-energética, tiene en lista de espera proyectos similares por más de 7.000 MW. Enhorabuena!
Finalmente, es de advertir que, habida cuenta que los proyectos ya adjudicados deberán entrar a generar y a comercializar dicha energía en 2022, se requiere para ello contar con la infraestructura de transmisión que permita inyectarla al Sistema de Transmisión Nacional (STN). Por ello, el primer hito y tal vez el más importante para posibilitar la integración de las FNCER a la matriz energética y la reconversión de esta, era contar con una estación “colectora” de la energía generada en la Alta guajira, en donde se concentra el mayor número de proyectos a instalar y las líneas “conectoras” para evacuar la energía que se genere. El Grupo Energía Bogotá es el responsable de estos proyectos, para transportar la energía hasta la Subestación de Cuestecitas en La guajira y de allí a La loma en el Cesar, en donde se empalmará con la red del STN.
Bogotá, octubre 25 de 2019
*Expresidente del Congreso y Exministro de Minas y Energía
www.amylkaracosta.net
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- En el gran México, el izquierdista López Obrador, quien había prometido independencia, dignidad nacional y mil cosas más, no solo cedió pronto a las presiones de Estados Unidos frente a la migración masiva, sino que terminó sometido a la extorsión del narcotráfico, que lo obligó a liberar al hijo de 'El Chapo' bajo la amenaza de un baño de sangre.
Argentina, ahogada en la corrupción y la crisis económica, se apresta al regreso casi seguro del Socialismo Bolivariano con Alberto Fernández y ¡Cristina Kirchner! como fórmula vicepresidencial. ¿País amnésico, o será que, de verdad, “veinte años no es nada”? Entre tanto, también acosado por la corrupción del Lava Jato y la censura internacional, que lo acusa de “extrema derecha” y de culpable directo del desastre amazónico, Bolsonaro se defiende frente a una oposición y un país que mitifica a Lula y añora a Roussef.
Guatemala y Honduras no logran librarse de la violencia del posconflicto –cualquier parecido…– y se han convertido en protagonistas de la migración masiva hacia Estados Unidos, en caravanas de miles de acosados por la pobreza y la falta de oportunidades.
Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia son vulgares “demodictaduras”, dictaduras mal vestidas de democracias, bajo el sello del Socialismo Bolivariano, donde las libertades solo están en el discurso, aunque, en mala hora, ese discurso haya sido suficiente para el reconocimiento miope de la ONU, aceptando a ¡Venezuela! en su Consejo de Derechos Humanos.
En Bolivia se encienden las protestas callejeras frente al atropello electoral, montado sobre la burda interrupción del conteo por “problemas técnicos”, que atornilló a Evo en el poder, motivó la renuncia del vicepresidente del Consejo Electoral y la solicitud de segunda vuelta por parte de la OEA y la Unión Europea. Frente a los incendios y la violencia callejera, el gobierno responde con represión policial soportada en el uso de la fuerza legítima de un Estado que, paradójicamente, luce ilegítimo.
En Chile, país de mostrar en la región, un alza preestablecida por Ley en los precios del metro genera una ola de violencia sin precedentes, que el analista local, Fernando Villegas, no duda en calificar de “ensayo general de insurrección” que no se explica por el descontento espontáneo, sino que responde a claros elementos de planeación, dirección, sincronización y participación de agitadores “profesionales, como los de nuestras marchas de todos los días.
Si por Chile llueve por Ecuador no escampa. Los indígenas, infiltrados por la izquierda, como también sucede en Colombia, y aupados a distancia por Correa, levantaron al país con violencia callejera y hasta retención de policías y periodistas, en respuesta a las medidas económicas del Gobierno.
¿Por qué se me antojan coincidencias con nuestra realidad? ¿Será que las manifestaciones estudiantiles, violentas, vandálicas y agresivas contra la Policía; y las de Fecode y las centrales obreras, obedecen al espontáneo descontento?; ¿será que nada tienen que ver con la amenaza petrista de mantener al pueblo en la calle?; ¿será que no son apoyadas por el narcorégimen del vecindario?; ¿será que no buscan desestabilizar al gobierno Duque y no cuentan con el beneplácito silencioso y ladino del “centrosantismo”?
Uhmm…, mucho me temo que sí. En Chile se detectaron, entre los manifestantes, seis agentes armados del SEBIN venezolano, y un comunicado de la OEA ratifica la participación de Cuba y Venezuela en la organización y financiación de la violencia en Chile y Ecuador.
Por ello, en este momento en que “arde Latinoamérica” y la inestabilidad política está a la orden del día con sospechosa sincronización continental, los colombianos debemos acercarnos a las urnas con responsabilidad y sentido de futuro.
Bogotá, D. C, 27 de octubre de 2019
*Presidente FEDEGAN
@jflafaurie
Por Jorge Enrique Robledo*.-Este artículo se terminó de escribir el viernes antes de las elecciones del 27, que han sido tanto o más corruptas que siempre, por cuenta de los mismos con las mismas, el nombre con el que, hace 80 años, Gaitán marcó con hierro al rojo a la cúpula liberal-conservadora, cuya crisis la llevó a dividirse y a cambiarse de nombres pero no de prácticas.
Si algo se sabe, es el alto costo de las elecciones y su muy extendida y profunda corrupción, con fraudes antes de votar, a la hora de votar y después de votar, según dijera un Procurador General. Además es norma que quienes controlan el Estado, como sátrapas, arreen los electores a las urnas, sometiéndolos mediante el gasto público y las más burdas prácticas clientelistas y hasta el pago al contado de los votos. Y los contratistas de las obras públicas suelen ser los financiadores de las campañas electorales, a cambio de que les entreguen la contratación y el derecho a saquearla, negocio que incluye convertirlos en amos de los jefes de la administración pública y los dirigentes políticos.
A tanto ha llegado la descomposición, que no ha tenido consecuencias mayores que el consorcio de Odebrecht-Grupo Aval financiara las dos campañas presidenciales de 2014. Porque el curubito del poder –todos los mismos con las mismas– ha impuesto el más cínico tapen-tapen, tanto, que ahora le ayudan al ex fiscal Martínez a que se pavonee como lo más respetable del país, porque tiene –según ellos y no es un chiste– méritos de sobra para montarlo en la Presidencia en 2022.
Y el sistema legal que rige las elecciones en Colombia –el Consejo Nacional Electoral y la Registraduría– no representa la democracia sino la partidocracia, forma de control del Estado que concuerda bien con los otros dos componentes constitutivos del régimen: plutocracia y cleptocracia. ¿No es el colmo que acaben de nombrar como Registrador Nacional a un jefazo del partido de la U, cargo desde el que debe repartir el poder de esa institución según los votos de los partidos que eligieron y sostienen a Duque, es decir, del Centro Democrático y de los que fueron santistas? ¿No está diseñado el Consejo Nacional Electoral para favorecer las componendas de las fuerzas que conforman la partidocracia, antes que para garantizar la rectitud de los procesos electorales? Urge una reforma constitucional que cree un poder electoral independiente, que no represente los intereses de unos cuantos sino de todos los colombianos.
Pero lo peor de esta historia, que convirtió en sistémica la corrupción en Colombia, no es lo mucho que se roban ni el inmenso costo de la mediocridad clientelista con la que gobiernan. Lo más destructivo consiste en que es la forma que crearon para poder gobernar contra el progreso nacional y aun así ganar siempre las elecciones, negando la esencia misma de la lógica electoral democrática, que señala que quien gobierna mal no se sostiene en el poder.
Su mal gobierno ha sido tanto, como resultado de que nunca han tenido como propósito desarrollar de verdad el capitalismo nacional, que Colombia está lejísimos de la capacidad de crear riqueza y empleo de los países desarrollados, pero sí está entre los primeros en corrupción pública y privada y padece por un gran atraso industrial, agropecuario y científico técnico, 70 por ciento entre desempleo y rebusque, 4,7 millones de trabajadores expulsados a otros países, 2,4 millones aguantando literalmente hambre (bit.ly/2JkCnjm), sistema tributario regresivo, educación privada casi toda cara y mediocre, sistema de salud inicuo, grave crisis ambiental, transporte urbano indigno y costoso, inseguridad y violencia desmedida, etc. En contraste, se padece una de las peores disigualdades sociales del mundo, dato que prueba que hacen política para separar su suerte personal de la suerte de la Nación, con lo que al país le va mal pero a ellos les va muy bien. Y como han controlado el 99,99999 por ciento de toda la administración pública colombiana, es obvio que son ellos los únicos culpables nativos de las desgracias de tantos compatriotas.
Pero como son hábiles para crear argucias, andan con la mentira de que “todos los políticos son iguales” –ellos y los que les hacemos oposición–, para que el elector escoja por lo único que marca la diferencia según esa falacia: la plata que los mismos con las mismas, en dinero o en especie, les dan por sus votos. Porque si somos la misma cosa, por ejemplo, ¿cómo se explica que preferimos crear al Polo y hacerles oposición a Uribe, a Santos y a Duque que unirnos a sus combos y a sus políticas dañinas para Colombia? ¿Será que no sabíamos ni sabemos que a todo el que se apandilla con ellos alguna teta del presupuesto le toca?
Bogotá, D. C, 25 de octubre de 2019.
*Senador del Polo Democrático Alternativo
@JERobledo
Por Mons. Víctor Manuel Ochoa Cadavid* - Estamos a las puertas de un momento muy importante en la vida de nuestra comunidad: Las elecciones a los cargos de las autoridades locales, aquellos que tienen la responsabilidad directa del entorno cercano a nuestras comunidades. Seremos llamados a expresar nuestra elección en los próximos días, y es necesario entrar a reflexionar sobre la gran responsabilidad que tenemos al escoger a quienes tienen que cuidar y gestionar los recursos de la comunidad.
Deseo presentar en estas sencillas reflexiones, algunos elementos para los lectores de LA VERDAD, que susciten una profunda lectura de esta realidad social que nos toca. Con las elecciones entramos en el ejercicio de la democracia, el sistema político que hemos elegido para nuestra expresión como estado; por el voto, elegimos a algunos que tienen que administrar y buscar el bien de todos. En nuestra comunidad, los gobernantes deben buscar el desarrollo humano integral, un compromiso con las realidades superiores que animan nuestra sociedad, pero que se concretizan en las necesidades de los hombres y mujeres de nuestra comunidad. Como ciudadanos, pero también como cristianos, seguidores de Jesús y de su Evangelio, tenemos que asumir con mucha responsabilidad este momento decisivo.
En la democracia, algunos son encargados por la comunidad de velar por los derechos y los deberes de todos. La democracia es también participación, fortaleciendo formas y modos en los cuales se lleve a que todos los ciudadanos participen con su aporte, y con el cumplimiento de las normas y leyes entregando su valioso aporte a la vida del entorno en el cual vivimos, ayudando a que todos tengan lo necesario y fundamental para su existencia.
Esa decisión que tomamos con las elecciones, deben ser libres, garantizando que este proceso elija a los mejores, a aquellos que por sus valores y capacidades respondan a todas las necesidades. No debe ser sólo una elección basada en agrupamiento de ideas o de principios políticos, siguiendo solo una bandera o una persona. Deben manifestarse principios y elementos superiores en esta elección, repasando ideas, propuestas, programas de acción y de gobierno. Esta elección no puede estar marcada por beneficios políticos, por dádivas o cosas que creen una corrupción de la escogencia que hacen los ciudadanos. Tendríamos que superar esta forma de buscar la expresión del voto por los miembros de nuestra comunidad. Debemos extirpar toda forma de pago o de intercambio por el voto, además de ser un delito, rompe con los altos principios éticos de este delicado momento de la comunidad.
La elección de los mejores, es el principio, tener claramente marcada la verificación que los ciudadanos deben realizar en el tiempo. Los responsables del Gobierno deben rendir cuentas de forma clara y constante a todos, incluso aquellos que no han votado por ellos. Algunos principios deben estar siempre presentes: quien administra la realidad de los bienes públicos tiene que mostrar que su obrar y acción son correctos y responden a la construcción de un ideal social.
Al momento de expresar nuestra voluntad en las urnas, debemos tener en cuenta que la acción de los gobernantes tiene que defender temas y principios que para nosotros los cristianos son fundamentales:
- La defensa de la vida humana (desde su concepción en el primer instante de la fecundación, hasta el término natural de su fin), esto comporta claramente un NO al aborto y a la eutanasia, a los experimentos médicos en el campo de la vida humana.
- La defensa de la familia humana (constituida por un hombre y una mujer, abierta a la vida, con acceso a los bienes fundamentales para su realización en la vivienda, la justa remuneración, la educación).
- La educación y acceso a los bienes que como cristianos defendemos en la doctrina social de la Iglesia, la libertad religiosa y el respeto de los espacios para los que somos creyentes (en todas las condiciones religiosas y de vida espiritual).
- Que todos puedan participar de los beneficios de la salud, sus desarrollos y medicamentos; comenzando con los más pobres.
- Los gobernantes tienen también que procurar la ejecución de los recursos públicos con total eficiencia y honestidad, buscando el bien común en obras que sirvan a todos y no a unos pocos o a segmentos de una determinada comunidad.
- Deben igualmente garantizar que todos los miembros de la comunidad reciban los bienes y beneficios sociales, especialmente los que por razones históricas o los complejos momentos de nuestra Patria, están excluidos de ellos. Es la búsqueda del ejercicio de la justicia social (Números 81, 82).
Estos principios y elementos están muy bien expuestos en el Compendio de la doctrina social de la Iglesia, publicado por mandato de San Juan Pablo II en 2004 (números 408 y siguientes).
Es necesaria la participación de todos con una afluencia masiva a las urnas, así garantizamos que exista verdaderamente una representación de todos en la elección de nuestros gobernantes. Un voto necesario, pero que también tiene que ser respetado y acompañado con gran honestidad por las autoridades responsables de su registro y conteo.
Nuestro país, Colombia, vive una polarización política desde hace muchos decenios. Es justo que en las elecciones y en la lectura de las realidades políticas (que comporta la lectura de hechos económicos, sociales, de derecho y justicia), se garantice el derecho de la agrupación de ideas y de líneas de acción (partidos políticos), pero debe tenerse en cuenta también la búsqueda del bien común y de la construcción del desarrollo humano integral.
Existen bienes superiores que tenemos que buscar con urgencia: el bien de todos, la paz, el orden y la adecuada aplicación de las leyes, la reconciliación y la reparación de los derechos de las víctimas de la violencia, la verdad (en todos los espacios) para construir sólidamente el futuro. Los discursos y las palabras del Papa FRANCISCO en su visita apostólica a Colombia, son un precioso tesoro que tenemos que repasar cada vez más, buscando su profunda enseñanza.
El servicio político en el Gobierno y la representación que se ejerce, tiene una importante tarea y horizonte: BUSCAR EL BIEN COMÚN, donde se ayude a todos. San Juan Pablo II, hablando de los fieles laicos, nos dio algunas características para este servicio en la comunidad política: la paciencia, la modestia, la moderación, la caridad, la generosidad (Carta Apostólica Christifidelis laici, n. 42).
De frente a nosotros, en nuestra comunidad concreta, tenemos grandes retos y grandes problemas en el horizonte, no podemos alejarnos de ellos y no tenerlos en cuenta a la hora de expresar nuestra voluntad en las urnas: la emigración y retorno de tantos a esta región, la pobreza en nuestras periferias, la falta de empleo y de oportunidades para muchos, la pérdida de valores cristianos y de fe, la corrupción, la violencia e irrespeto de la vida humana -don sagrado de Dios-, la falta de vivienda digna y de oportunidades.
A la hora de emitir nuestro voto, pensemos en la alta responsabilidad de todos. Cada voto es importante y necesario, debe ser animado por principios de altos principios del bien común. Un voto que debe ser animado no por intereses de parte o por beneficios materiales debe contribuir al beneficio de todos, y al desarrollo de una comunidad en forma integral.
Nos asista Dios, con su Espíritu Santo en esta elección al expresar nuestra voluntad escogiendo los gobernantes que necesitamos.
Cúcuta, 25 de octubre de 2019
+ Víctor Manuel Ochoa Cadavid
* Obispo Diócesis de Cúcuta