Opinión
Por: Guillermo García Realpe*. – El pasado miércoles 22 de julio, por la generosidad de mis compañeros de la Comisión Quinta del Senado fui elegido unánimemente como su nuevo presidente para el período 2020-2021.
Agradezco enormemente a esa pluralidad de voces de mis colegas por su confianza y respaldo en mí postulación para tal dignidad, nos honra enormemente presidir una de las células legislativas más importantes del Congreso de la República. De mí parte tendrán todas las garantías para adelantar los respectivos debates y el control político, bajo la premisa del respeto que siempre hemos mantenido a pesar de las diferencias ideológicas.
Serán muchos los temas que concentrarán la agenda de trabajo, muchos los retos por superar y esperamos adelantar un trabajo juicioso, serio, responsable, disciplinado y que este a la altura de las expectativas de los colombianos.
En la Comisión Quinta se discuten los temas agrarios, ambientales, de minas, energía e hidrocarburos, ecología; recursos naturales; adjudicación y recuperación de tierras; recursos ictiológicos y asuntos del mar; corporaciones autónomas regionales, en fin, toda una serie de asuntos de gran interés nacional como lo ven.
En esta tercera legislatura esperamos que proyectos de gran cálao como el que promovemos para prohibir el fracking en Colombia sea una realidad, nuestro país no puede permitir que esta práctica de extracción de hidrocarburos se dé por esta vía. Es un enorme riesgo, no sólo para la salud humana, sino también por la grave contaminación que ello traería a todos nuestros ecosistemas.
De la misma forma radicamos un proyecto de ley para prohibir en Colombia el uso del glifosato y sus derivados en la implementación de la política nacional de drogas, creemos que la aspersión aérea con este herbicida tan nocivo no es la salida al grave flagelo del narcotráfico, vemos que la salida más efectiva es la sustitución voluntaria, la erradicación manual y una conversión de la economía ilegal a legal, con proyectos productivos rentables.
Junto a varios congresistas vamos a impulsar una iniciativa de reforma tributaria donde se obtengan recursos a través de tributos focalizados sobre el grupo de personas jurídicas y naturales con la mayor concentración de ingresos que permitan financiar la inversión social, sobre todo el programa de Renta Básica de Emergencia. Este proyecto tiene componentes importantes como el impuesto al patrimonio, a los dividendos, a la renta, a las herencias y una lucha frontal contra la evasión y la elusión tributaria. Una reforma que tocaría básicamente el bolsillo del gran empresariado y de los ricos de este país.
Asimismo, el proyecto que crea la licencia ambiental para la fase de exploración minera, actualmente en Colombia se desarrolla la etapa exploratoria sin necesidad de licencia ambiental, se hace necesario entonces prevenir, mitigar y compensar impactos socioambientales de la actividad autorizada.
También el proyecto de establecer medidas para la reducción de la producción y consumo de plásticos de un solo uso en Colombia, ya logramos una ley piloto para San Andrés, Providencia, Santa Catalina e islas menores, la ley 1973 de 2019 y la idea es replicarla en todo el país.
Tenemos también el proyecto de reducción de emisiones vehiculares contaminantes provenientes de motores a gasolina, buscamos con ello resguardar los derechos fundamentales a la vida, salud y el goce de un ambiente sano.
Otra iniciativa muy importante será el proyecto para otorgar el reconocimiento jurídico diferencial a los niños, niñas y adolescentes en situación de desplazamiento forzado en Colombia, necesitamos defender sus derechos y garantizar su vida de nuestros menores y que el Estado asuma toda una política de defensa y protección para ellos.
Adicionalmente el proyecto de Regulación y control del cannabis de uso adulto, con el fin de proteger a la población colombiana de los riesgos de salud pública y de seguridad asociados al vínculo con el comercio ilegal de sustancias psicoactivas.
Y como bancada liberal hemos radicado el proyecto de reforma política que busca mejorar las costumbres en esta materia, donde se establezcan las listas cerradas, el voto obligatorio y electrónico, la financiación estatal de campañas, entre otros, creemos que es una reforma urgente para el país y necesitamos sacarla adelante.
Nos vamos a oponer a la intención de privatización de varias entidades del Estado, entre ellas ECOPETROL, ISA, ICA y CENIT, estás son patrimonio de los colombianos y no permitiremos su enajenación.
Como ven, será una intensa agenda legislativa la que impulsaremos, esperamos que al final de esta legislatura todos estos proyectos sean Leyes de la República por el bien del país.
Pasto, 27 de julio de 2020
Senador Liberal
@GGarciaRealpe
Por Mauricio Cabrera Galvis*.- El Programa de Apoyo al Empleo Formal (Paef) es una de las medidas bien orientadas que ha tomado el Gobierno para hacer frente a las consecuencias económicas y sociales de la crisis del coronavirus, en particular para tratar de evitar la pérdida de empleos. Sin embargo sus resultados han sido muy inferiores a lo esperado: se ha podido utilizar solo el 40% de los recursos asignados y no se evitó la destrucción de 5 millones de empleos.
Creado mediante el decreto 639 del 8 de Mayo, el Paef consiste en una ayuda monetaria a las empresas para cubrir una parte del salario de sus trabajadores. El monto de la ayuda es de $350.000 por trabajador y tiene dos condiciones: que los ingresos de la empresa se hayan reducido por lo menos 20% frente al año anterior, y que no se despidan ni se suspendan los contratos de esos trabajadores. Inicialmente se planteó para 3 meses y el 4 de junio se extendió por un mes más (decreto 815 de 2020).
El Paef colombiano es un programa en el que el Estado asume el pago de una parte del salario, similar al que adoptaron algunos países europeos para proteger el empleo, pero con resultados mucho menos satisfactorios. En efecto, en los 19 países europeos que hacen parte de la OECD el aumento de la tasa de desempleo fue de menos del 1%, mientras que en Colombia fue del 10%. (En ambos casos el incremento real fue mayor puesto que el indicador no incluye a las personas que dejaron de buscar trabajo). Dos son las razones que explican esa diferencia tan grande: el monto del subsidio y la demora en otorgarlo. En cuanto al monto, en países como Inglaterra o Dinamarca el Estado asumió hasta el 100% del salario básico, acá solo fue el 40% del salario mínimo. Muchas empresas que no tenían ingresos para cubrir el resto del salario, tuvieron que despedir trabajadores y no pudieron solicitar el subsidio.
La demora en definir el programa fue evidente: a pesar que desde finales de marzo se plantearon diversas propuestas, el Paef solo se creó dos meses después de la llegada del virus a Colombia y el primer giro correspondió a la nómina del mes de mayo, muy tarde para los 5 millones de colombianos que habían perdido su empleo en el mes de abril.
Según los estimativos oficiales se esperaba que las empresas solicitaran el subsidio para 6 millones de trabajadores, por lo que tendría un costo de unos $2 billones mensuales. La realidad resultó muy diferente: en el mes de junio solo recibieron el subsidio 2’437.187 trabajadores, y un número similar en el mes de julio (solo 20.000 más que el mes anterior), de manera que el valor girado fue de solo $860 mil millones, solo el 40% de los recursos presupuestados, como ya se dijo.
El bajo número de beneficiarios solo se explica en una pequeña parte porque las empresas solicitantes no hubieran cumplido las condiciones requeridas. La UGPP, la entidad designada para verificar este cumplimiento, realizó una labor titánica al procesar y revisar en solo 15 días solicitudes de unas 115.000 empresas, de las cuales solo fueron rechazadas el 14% en junio y el 7% en julio.
Cali, 26 de julio de 2020
*Filósofo, Economista y Consultor.
Por Juan Manuel Galán*.- Desde que se declaró el estado de emergencia el pasado 17 de marzo, entramos en nuestro país en un régimen hiperpresidencialista. En un periodo un poco mayor de cuatro meses, el Ejecutivo ha promulgado más de cien decretos sobre múltiples temas con el fin de mitigar la grave crisis generada por el COVID-19 y aunque se presume la buena fe en su expedición, varios han causado polémica en el país.
Uno de los más controversiales en la opinión pública fue el que recientemente declaró inconstitucional la Corte Constitucional sobre la reducción durante dos meses de los aportes pensionales de 16% a 3% y que obligó a las Administradoras de Fondos de Pensión (AFP) a trasladar los recursos de sus jubilados por retiro programado a Colpensiones.
Así, en su decisión declaró su inexequibilidad porque “este es un crédito que toma el Gobierno, que en última instancia es el que va a responder por el dinero”. De esta manera se salvan los recursos de todos los colombianos. En cuanto al control político a los citados decretos ley, se destaca la ausencia del Congreso de la República. Sorprende que el Legislativo a la fecha no haya ejercido control con el rigor, la seriedad y responsabilidad que exige la crisis y que se haya dedicado a hacerlo por redes sociales y no en una sesión formal. De no ser por la Corte Constitucional, el estado de derecho estaría seriamente amenazado.
Además de lo anterior, el viernes pasado muchos congresistas criticaron que se haya declarado inconstitucional el decreto de subsidios en servicios públicos, con el argumento de no tener completas las firmas de todos los ministros. Desconocen estos “legisladores” del partido de Gobierno que este es un requisito formal que no puede ser subsanado “mágicamente” y que además la misma Secretaría Jurídica de Presidencia le solicitó al alto tribunal que lo tumbara por esa “pequeñez”.
Un gesto honesto, de lealtad procesal pero incomprensible. ¿Cómo entender que la Presidencia expida un decreto y se le olvide completar la firma de los ministros? De acuerdo a lo anterior, no se entiende como estos congresistas de forma mezquina buscan desacreditar el trabajo de la Corte. Buscan acabar la institucionalidad con afirmaciones que como hemos visto en nuestro país, ponen en peligro la integridad de todos los magistrados y sus familias.
Bogotá, D. C, 26 de julio de 2020
*Exsenador Liberal.
Por Amylkar D. Acosta M*.- Este 24 de julio se conmemoraron 197 años de la hazaña del Almirante guajiro José Prudencio Padilla López en el Lago de Maracaibo, en donde se libró una feroz batalla naval entre las fuerzas sutiles patriotas bajo su mando y una escuadra de la Armada de la Corona española, volviéndola trizas y consolidando con su fulgurante victoria en el mar las albricias de la derrota infligida a los realistas en tierra firme.
El 20 de julio de 1810 y el 7 de agosto de 1819 son dos hitos históricos de nuestra naciente República, fueron los albores de la independencia recién alcanzada del sojuzgamiento de los territorios que hacían parte hasta entonces del Virreinato de la Nueva Granada. Pero sería sólo el 24 de julio de 1823 cuando, después de una porfiada lucha entre patriotas y realistas, que se trenzaron en una cruel y cruenta batalla, los primeros por conquistar su libertad y los segundos por aherrojarlas, fue posible pasar del grito de independencia al afianzamiento y ejercicio de la misma.
El Prócer de la patria José Prudencio Padilla, a muy temprana edad y llevado por su alucinación por el mar, como caribe al fin y al cabo, se incorporó en la Real Marina española. Allí hizo sus primeras armas, iniciando su rauda carrera como Oficial de Marina y a poco andar como Contramaestre de navío, gracias a su habilidad, destreza y arrojo demostradas en su desempeño, sin sospechar siquiera que años más tarde habría de confrontarla en el proceloso mar que conocía como la palma de su mano.
Tuvo su bautizo de fuego en la célebre Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, estando al servicio del Imperio del cual se decía que era tan vasto que nunca se llegaba a ocultar el sol. Allí se libró la madre de todas las batallas de las guerras napoleónicas, entre la gran alianza franco – española y la poderosa Armada inglesa, al mando del Almirante Horatio Nelson, poniendo a prueba su valentía y capacidad de lucha. La aplastante victoria inglesa, al cabo de 6 horas de combate en mar abierto, frustró la tentativa de la invasión francesa a Gran Bretaña y le permitió a esta erigirse en la gran potencia, gracias al dominio de los mares, que lo fue hasta el advenimiento de la segunda guerra mundial.
No tardó en abrazar la causa de la emancipación, después que conoció al Libertador Simón Bolívar en 1813. Entre las batallas que enfrentó se cuenta la que libró durante la resistencia del sitio de Cartagena por parte de las tropas españolas expedicionarias, al mando nada menos que del Pacificador Pablo Morillo, que durante 105 días con sus noches, estuvieron empeñadas como lo estaban en reconquistar el dominio sobre sus antiguas colonias.
Participó también en la Batalla de Angostura en julio de 1817, al término de la cual es ascendido a Capitán de fragata. Más adelante, fue muy activa y altiva su participación en la batalla de la Laguna Salada, en las goteras de su natal Riohacha, liberando a esta de la coyunda realista el 25 de mayo de 1820. Más tarde, el 4 de mayo de 1821, fue la retoma de Cartagena por los patriotas después del sitio y ocupación por parte de las fuerzas realistas. Y allí también estuvo Padilla para derrotar, como las derrotaron, estruendosamente.
Pero, definitivamente, la batalla del lago de Maracaibo fue en los mares, lo que la batalla de Boyacá en tierra firme, sin el triunfo de aquella, no se habría podido consolidar ni recoger los frutos de esta última. El Mariscal de campo Francisco Tomás Morales, el último español en ocupar el cargo de Capitán General de Venezuela y el Almirante Ángel Laborde, su brazo derecho, fueron quienes le hicieron frente a la ofensiva patriota, comandada por el avezado combatiente en los mares el Almirante José Prudencio Padilla, el 24 de julio de 1823 en la batalla naval del Lago de Maracaibo.
En medio del fragor de la guerra por la independencia y pese a los reveses de sus diezmadas huestes, en una actitud temeraria Morales lanzó una contraofensiva con el propósito de recuperar el terreno perdido, abrigando la esperanza de que muy pronto arribarían los refuerzos que había solicitado desesperadamente a Cuba. Estos nunca llegaron o por lo menos no los que esperaba para emprender semejante aventura, que por lo demás estaba condenada al fracaso. Maracaibo, que se había convertido en santuario de los realistas, cayó en manos de los patriotas, luego de la capitulación por parte de Morales el 3 de agosto, abandonado a su propia suerte por parte de Laborde, quien se replegó con lo que le quedaba de su averiada escuadra hacia Puerto Cabello, hasta donde fueron perseguidos por los patriotas, obligándolo a zarpar hacia Cuba.
El Almirante José Prudencio Padilla López, el Nelson colombiano, como lo calificó el Libertador Simón Bolivar después de su proeza, se coronó de gloria en la batalla del Lago de Maracaibo y desbrozó el camino para la independencia definitiva. Ello le mereció su ascenso a General de División y fue condecorado con la medalla de oro al mérito. Y no es para menos, pues su victoria en el Lago de Maracaibo se constituyó en el punto de inflexión y en la piedra angular de la independencia de las cinco naciones hispanoamericanas que libertó Simón Bolivar. De este modo, nimbado por la gloria, Padilla se constituyó en uno de los artífices de nuestra primera República.
Cota, julio 25 de 2020
*Economista. Expresidente del Congreso y exministro de Minas y Energía
Por: José Félix Lafaurie Rivera*.- Está sobre el tapete en medios y redes la discusión sobre las importaciones de leche en plena pandemia y su afectación sobre el pequeño productor ganadero; discusión de siempre sobre un problema de siempre. ¿Qué pasa realmente?
Primero: pasa que los ganaderos sacamos al mercado 7.300 millones de litros y la industria solo acopia 3.241 millones. Es decir, que más de ¡4.000 millones! se comercializan en los canales informales, sin ningún tipo de higienización.
Segundo: pasa que esos 7.300 millones de litros son producidos por 320.000 ganaderos, la mayoría pequeños campesinos para quienes la leche es su “quincena” de subsistencia. Pasa entonces que más de la mitad de ese esfuerzo productivo no recibe la retribución que merece, porque la leche cruda se vende a bajo precio y, por tanto, los “cruderos” la pagan a un precio muy bajo al ganadero, lo cual contribuye a más pobreza rural.
Tercero: pasa que los productores de los 3.241 millones de litros que acopia la industria tampoco la tienen fácil, pues hacen parte de un “mercado imperfecto” en el que seis empresas concentran el 60% del acopio, es decir, muchísimos proveedores detrás de pocos compradores a los que, desde su posición dominante, se les facilita imponer las condiciones del mercado.
Cuarto: pasa que, además, esos 3.241 millones de litros están mal repartidos, y hasta la leche, alimento natural por excelencia, es símbolo de inequidad. Mientras un colombiano estrato 5 y 6 consume 189 litros/año, en los estratos 1 y 2 no consume más de 40. ¿Por qué? ¿Porque no les gusta la leche? No; porque la industria prefiere vendérsela a los estratos altos en variedades, quesos y otros derivados de elegante empaque, reforzando la inequidad y dejando a 30 millones de consumidores en manos de los tradicionales “cruderos”.
Y qué de malo tiene. ¡Mucho! La leche es determinante en la dieta humana y, sobre todo, en el desarrollo infantil, y el consumo de leche cruda no solo es otra expresión de inequidad, sino un riesgo para la salud. La “pasteurización”, inventada hace siglo y medio, además de evitar la descomposición de la leche y “alargar” su vida, permitió controlar enfermedades asociadas a las bacterias presentes en la leche cruda.
Aquí no hay quinto bueno, pues a ese escenario adverso al esfuerzo ganadero, se suman las importaciones con bajos aranceles negociados en los TLC. La industria, que no compra siquiera la mitad de la producción, no desaprovecha oportunidad para “autoenlecharse” con importaciones que afectan el precio al ganadero. Hasta mayo se habían importado 42 mil toneladas de leche y derivados, equivalentes a 383 millones de litros, más del 5% de la producción total, casi el 12% del acopio formal y más de 2,5 millones de litros diarios; ¡2,5 millones de litros diarios que dejaron de comprarse a campesinos colombianos! Grave…, y mucho más en plena pandemia.
Hacia delante la amenaza es inmensa. En 2026 entrará toda la leche que pueda y quiera vender Estados Unidos, y en 2028 la que pueda y quiera vender la UE. Sin embargo, hoy no discuto la lógica de utilidades de la industria, sino la política pública que no permite disminuir el anacronismo riesgoso de la leche cruda; ni entronizar el consumo universal de leche higienizada como expresión de equidad; ni una distribución de las utilidades de cadena que retribuya el aporte del eslabón primario.
Eso pasa con la leche. En el próximo encuentro con mis lectores le daré una mirada al vaso medio lleno (de leche), al vaso de las soluciones, de un mejor futuro para la ganadería colombiana.
Bogotá, D. C, 25 de julio de 2020
*Presidente de FEDEGAN
@jflafaurie
Por Gabriel Ortiz*.- Pasamos por una semana de aturdimiento ante la cascada de acontecimientos acumulados quizás por un Covid-19 revuelto con desaciertos gubernamentales, desconcierto político, paz amenazada, corrupción desenfrenada y desórdenes emocionales que nos han cambiado el camino.
Todo empezó el mes de nuestra independencia, con masacres y desplazamientos que, como relámpagos, nos regresaron a la Colombia preacuerdos de paz. Las violaciones de una niña indígena habían marcado al ejército. Quienes quieren volver trizas la paz, acarician su objetivo antes de que Duque cumpla 2 años.
Colombia esperaba un 20 de julio con certeros anuncios del Presidente, ante un Congreso cuya virtualidad nos aleja, a saltos de canguro, de la democracia que entregamos en el 2018. Equivocado o confuso, producto del exceso de televisión -ya sin rating- el Presidente Duque virtualmente se despachó por más de 40 minutos, con anuncios que pocos entendieron. Billones de pesos, millares de obras, planes de recuperación y fantasías de progreso, para crear un simple millón de empleos a un país que necesita colocar a 7 millones de cesantes. Agregó una limosna de 160.000 pesos mensuales para los más pobres.
De fortalecer la agroindustria con tecnología para garantizar la seguridad alimentaria, como lo planifica Hernando Pedraza, Secretario de la Comunidad Andina, ni una palabra. Por ahí, tocó una vez la paz, a la que le colocó como remoquete: “con legalidad”. Eludió el fatídico día sin IVA y los asesinatos de líderes y afros.
La confusión del Jefe de Estado lo hizo olvidar que debía instalar el Congreso. Tuvo que regresar y hacerlo, ante la perplejidad del presidente de la virtual congregación. La oposición hizo sus observaciones a través de la senadora Avella, quien fue fastidiada por Duque con patronímico de “vieja”, según grabación de la Vicepresidenta.
La sesión del Congreso continuó eligiendo presidente a un cuestionado, pero acaudalado barranquillero y a la viuda de “tirofijo”, para la segunda vicepresidenta. Esta audacia ocasionó visible división entre el expresidente Uribe y sus muchachos.
Y son muchas las confusiones y equivocaciones por estos días: cayó un helicóptero, tembló la tierra en 8 departamentos, nuevamente Duque atacó a la Jep, los gringos le prohibieron fumigar con glifosato y usar sus fondos para las chuzar personajes. Difícilmente puede un buen gobernante conservar la calma con la cantidad de hechos registrados en una semana, y el tropel de equivocados asesores que lo rodean.
BANCO: La oferta impositiva de la Andi para la recuperación.
NEGRO: Nadie entiende la prohibición de los autocines. Nos agita la pandemia.
Bogotá, D. C, 24 de julio de 2020
*Periodista. Ex director del Noticiero Nacional, Telematinal y Notisuper.
Por: Mario Ramírez Arbeláez*.- Es indudable que el covid-19, ha traído unos fuertes cambios en el diario vivir de los habitantes del planeta.
Igualmente ha traído la ruina para unos y la riqueza para otros. Farmacéuticas, funerarias, centros médicos y empresas de ambulancias, entre otros, se han beneficiado económicamente de la pandemia, pero también a traído la oportunidad para que algunos políticos aprovechen la pandemia para llenarse los bolsillos y otros para quedarse en el poder, como la presidente de Bolivia cuyo paso era provisional ,debió convocar a elecciones y no lo ha hecho, para ganar tiempo, gastarse los préstamos internacionales y tratar de desprestigiar a Evo Morales , su antecesor.
América Latina, lleva más de 130.000 muertes por COVID-19, siendo así la zona más afectada del mundo, al superar a EE.UU. y a Europa en cantidad de contagiados, con unos 3 millones de casos, lo que representa más del 50 % del continente americano y un 26 % del total en el mundo.
Brasil es el país más afectado de la región, con 72.100 decesos (sobre 1.864.681 casos), es decir casi la mitad del total para América Latina. México (35.006), ubicarse en el cuarto lugar en el mundo, Perú (11.870) y Chile (6.979).
Aprovechando la pandemia Washington continúa fortaleciendo su influencia en los países de América Latina utilizando palancas políticas y económicas, así como otros medios "democráticos" para crear gobiernos leales a sus políticas.
Un claro ejemplo de ello, es lo que está implementando actualmente en Bolivia, con once millones de habitantes, donde tratan de imponer a los candidatos pro- estadounidense J. Añez, C. Mesa y L. Camacho a través de la manipulación informativa, financiera y política. Aprovechan la pandemia para robarse el erario y por eso los escándalos diarios por corrupción. La alianza entre Jeanine Añez, hoy con covid 19 y el expresidente Carlos Mesa busca evitar que el MAS movimiento al socialismo gane las elecciones, además acusando a Evo Morales de terrorismo.
La incapacidad de la administración provisional para resolver los problemas reales del país, no le impide justificar su debilidad por las acciones del liderazgo anterior de E. Morales y el legado supuestamente "malo" de tiempos de entonces. El equipo que llegó al poder como resultado de un golpe de estado, respaldado por la Organización de los Estados Americanos y los Estados Unidos, no tiene pretexto para ocultar su fracaso.
Sin ética alguna, el gobierno provisional utiliza la pandemia del coronavirus con fines políticos para llevar a cabo su campaña electoral. Por ejemplo, el gobierno en funciones, con la alianza "Juntos", utilizan la cuarentena como una oportunidad para hacer campaña en áreas rurales en las que las Fuerzas Armadas distribuyen ayuda material entre los residentes.
Finalmente, Chile es el sexto país más afectado por la pandemia a nivel mundial y el tercero en el ámbito regional. El presidente, Sebastián Piñera, rehusó declarar una cuarentena nacional pero sí ha ordenado el confinamiento por territorios en función de la incidencia del virus en cada uno de ellos.
Nuestro continente americano, sufre por el coronavirus y sufrirá muy pronto por los escases de alimentos. Llegará el virus del hambre y ese es más peligroso que el COVID.19.
Bogotá, D, C, 23 de julio de 2020
*Abogado y Periodista.
Por Jairo Gómez*.- El discurso del presidente Duque el pasado 20 de julio tiene una evidente carga neoliberal y, en lo político, de intolerancia a la pluralidad, además de concebirse con el claro propósito de desvirtuar la implementación del Acuerdo de Paz y certificar el desprecio por la matanza de líderes sociales, campesinos, indígenas, afros y desmovilizados de FARC.
Es más de lo mismo y quienes pensaban en un cambio de rumbo tras la crisis generada por la pandemia, se equivocaron. No se acercó siquiera a una rendición de cuentas; fue, más bien, la notificación de políticas apoyadas en el libre mercado sin los cambios de fondo que exigen las circunstancias.
Se nota a leguas que al presidente lo afectó el distanciamiento social, su mandato de salón a través de una cámara de televisión lo alejó de las necesidades de la calle y de las verdaderas angustias de la mayoría de los colombianos que, resignados a paliar la crisis viral, en su mayoría viven del rebusque y las empresas y el comercio vitales motores de la economía, quebrados y andando en los rines.
Inmerso en su burbuja, Duque habla de las bondades económicas tras una pandemia que la puso patas arriba, evidenció la desigualdad social, acabó con el empleo, le cerró las puertas a la economía de subsistencia -informal- y destapó las carencias infinitas en que se debate un sistema de salud controlado por el capital privado ineficaz y corrupto, al tiempo que destapó el abandono en que están los hospitales y el sistema de salud público al que acceden la mayoría de los colombianos.
Como si hiciera caso omiso de esa realidad, con añoranza cínica el presidente nos recuerda que la economía colombiana creció un 3,3 en 2019 por encima del promedio de la región, pero desconoce deliberadamente las cifras del DANE (2020) en las que demuestra una dramática caída de la economía, el desempleo por encima del 23 por ciento y el desplome en picada de la pequeña y mediana empresa, sector este que soporta sobre sus hombros la generación de empleo más importante del país (hoy son más de cinco millones sin trabajo).
Sin duda, Duque se tomó en serio el aislamiento social que exige el virus y lo desconectó del país real. A cambio de diseñar un escudo social para mitigar la crisis de millones de familias se viene con una reforma tributaria enfocada en tres frentes: enajenar los bienes del Estado (la venta de Ecopetrol etc.), aplicar austeridad en el gasto (cerrar puestos de trabajo-contratos) en momento en que incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI) le dice a los estados que en “medio de la pandemia gasten hasta donde más puedan y guarden los recibos”, y el empequeñecimiento del Estado, es decir comenzar a privatizar entidades y servicios estatales por doquier. Neoliberalismo puro y duro acompañado de una ampliación de la base gravable para poner a más colombianos a pagar más impuestos, provocando una creciente disparidad social y ahondando el modelo de lucha clases aparentemente ya superado; es decir, va camino a proletarizar la clase media y a lumpenizar a los pobres.
Mientras las previsiones del FMI y la CEPAL son negativas y dramáticas sobre el crecimiento de la economía, la desigualdad y la pobreza en la región, este gobierno pretende paliar la crisis con un subsidio mensual de 160 mil pesos para tres millones de familias que en promedio la componen cuatro personas (12 millones de pobres); un dinero que debe alcanzar para solventar gastos de alimentación, salud, educación, transporte etc. Qué daño le hizo a Duque el aislamiento social, pues no se enteró que en otros países acogieron la Renta Básica Universal permanente tasada en un salario mínimo mensual. 117 billones de pesos se han gastado en esta crisis pandémica y los colombianos no sabemos en qué se invirtieron, tampoco de dónde salieron y a quienes favoreció.
Lejos de haber encontrado un equilibrio en el manejo de la crisis, el presidente Duque parece estar convencido que las cosas van por buen camino, nada más falso. Se avecina una crisis social de inmensas proporciones, el trapo rojo se asoma a las ventanas, y las ollas comunales están comenzando a hacer parte del paisaje en los barrios más pobres de las grandes ciudades, la clase media se ahoga en deudas y las supuestas ayudas económicas, que en realidad son prestamos con intereses, colman la paciencia; El Gobierno debe recordar que el paro del pasado 21 de noviembre sigue presente y sus reclamos, hoy más profundizados por razón de la pandemia, siguen vigentes; en cualquier momento la inacción gubernamental volverá a marcar la pauta de las protestas y las movilizaciones.
Es tal el aislamiento social de Duque que su respirador artificial no le alcanzó para hablar con vehemencia en su discurso sobra la masacre contra los líderes, lideresas, indígenas, afrodescendientes y los desmovilizados de FARC que le apostaron a la paz, asunto que también convocará al país para que se respete el Acuerdo de Paz e impedir que el presidente y su partido el Centro Democrático lo vuelvan trizas.
Bogotá, D. C, 23 de julio de 2020
*Periodista y Analista Político.
@jairotevi
Por Alfredo Benavides C*.- En medio de esta pandemia ocasionada por el virus covid-19, las Universidades y todo el sistema educativo tienen un reto por delante, transformarse en lo fundamental; Alta Calidad Educativa a bajo costo con sostenibilidad, cuestión que desde siempre ha tenido la institución Universidad de Investigación y Desarrollo UDI. Haciendo honor a su nombre investigación y desarrollo es innovadora en ciencia y tecnología aplicada, sus características o fortalezas principales son; alta calidad académica ocupando según pruebas saber-pro, posiciones de privilegio en el Departamento de Santander y a nivel nacional con matrículas muy económicas.
Matricularse en una Universidad Privada es difícil para la gran mayoría de Colombianos, sumado a que seguramente habrá deserción a consecuencia del golpe económico provocado por el cese laboral a consecuencia de la pandemia.
La UDI tiene quizás las matrículas menos costosas de Universidades Privadas en Colombia, posee sedes en; Bucaramanga, Barrancabermeja, San Gil, y Villavicencio con 10 hermosos, modernos e inteligentes edificios y dos infraestructuras, su profesorado es de experiencias, con especializaciones y maestrías, cuenta con acuerdos y convenios internacionales, estudiantes y profesores de otros países.
Tiene pregrados presenciales; Diseño Industrial, Diseño Gráfico, Ingeniería Industrial, Administración de Empresas, Derecho, Ingeniería Civil, Ingeniería de Sistemas, Publicidad y Marketing Digital, Comunicación Social, Ingeniería Electrónica, Negocios Internacionales, Criminalística, Psicología. Pregrados virtuales; Administración de Empresas, Administración de Empresas Turísticas y Hoteleras, Psicología y Maestrías presenciales en; Administración, Gestión de Tecnologías de la información, Gestión del Diseño. Especializaciones en; Alta Gerencia, Criminología y Política criminal, Diseño Publicitario, Telecomunicaciones, Gerencia Integral de Proyectos, Seguridad Informática, Sistemas Integrados de Gestión HSEQ, Neuropsicología Clínica. Posgrados virtuales; Maestría en Tic para la educación, Especialización en Seguridad y Salud en el Trabajo y Especialización en Logística.
Enfrentando el Coronavirus
La UDI está aplicando un riguroso protocolo de bioseguridad, virtualidad y semipresencial, es posible que haya sido la primera universidad privada en tener parqueaderos cubiertos y ahora está construyendo residencias estudiantiles para estudiantes de bajos recursos, suministrará bicicletas y computadores a estudiantes seleccionados, tiene beneficios económicos con mecanismos fáciles de créditos.
El constructor de todo esto es el Ingeniero Jairo Castro Castro, gran jugador de ajedrez y rector-fundador desde los inicios, ahora Presidente Institucional visionario pragmático que practica administrativamente lo que me atrevo a llamar “Gerencia Educativa Total” a semejanza del fútbol de la otrora selección de Holanda llamada la naranja mecánica en donde todos podían ser defensas, pero a la vez delanteros.
No tengo duda que esta sorprendente Universidad acreditada y vigilada por el Ministerio de Educación saldrá avante y fortalecida por el bien de Colombia, de la desestabilización educativa provocada por el coronavirus.
Bucaramanga 22 de julio de 2020
*Ingeniero.
Por José G Hernández*.- El 20 de julio -Día de la Independencia- debería ser celebrado por los colombianos con toda solemnidad y entusiasmo, exaltando y haciendo valer la soberanía popular, el imperio del Derecho, la libertad, la igualdad, la justicia, los derechos y los valores que fueron reivindicados hace doscientos diez años por el pueblo.
No es así, sin embargo, porque -en su gran mayoría- las familias, los establecimientos educativos, el Estado y los medios de comunicación han venido incumpliendo un deber cívico primordial: la divulgación y pedagogía -con miras a la formación de las nuevas generaciones- sobre los acontecimientos históricos que incidieron en la formación y desarrollo de nuestras instituciones democráticas. Para corroborarlo es suficiente recordar la pálida celebración -el año pasado, cuando no había coronavirus- de los doscientos años de las batallas del Pantano de Vargas y Boyacá.
Pensando en eso, a propósito de la proclamación de nuestra Independencia, vale la pena dedicar unos renglones a rememorar el sentido de la declaración consignada en Acta del Cabildo Extraordinario de Santa Fe del 20 de julio de 1810:
Ciertamente, la ruptura con la metrópoli no fue inmediata, ni contundente. Se reclamaba la libertad y la ruptura de las cadenas y los grillos a que se refirió ese mismo día el Tribuno José Acevedo y Gómez, y se declaraba la soberanía, aunque se seguía hablando del Reino y se protestaba “no abdicar los derechos imprescindibles de la soberanía del pueblo a otra persona que a la de su augusto y desgraciado Monarca don Fernando VII, siempre que venga a reinar entre nosotros”. Y se depositaba el poder interinamente en una Junta de Regencia, “mientras la misma Junta forma la Constitución que afiance la felicidad pública”. Fernando estaba en poder de Napoleón, preso, y las tropas francesas habían invadido a España desde 1808, de modo que de ninguna manera querría ni podría haber venido a gobernar. Tanto es así que más tarde, cuando Bonaparte le devolvió el poder (Tratado de Valençay), se ocupó en la reconquista de las antiguas colonias y tuvo la amabilidad de enviarnos a Pablo Morillo, para “pacificar” estas tierras, cuando en realidad lo que se emprendió no fue otra cosa que una reconquista violenta y asesina a la que solamente pusimos fin con la campaña libertadora liderada por Bolívar y Santander.
La Constitución de Cundinamarca de 1811 seguía refiriéndose a Fernando VII como “Rey legítimo de España y de las Indias, llamado al trono por los votos de la nación”, y en su artículo segundo ratificaba “su reconocimiento a Fernando VII en la forma y bajo los principios hasta ahora recibidos y los que resultarán de esta Constitución”. En 1812, bajo el liderazgo de Antonio Nariño, el Serenísimo Colegio Revisor y Electoral, modificando ese texto, proclamó al Estado de Cundinamarca como “República cuyo Gobierno es popular representativo”. Más que una reforma, como se la llamó, la de 1812 fue una nueva Constitución, porque, desde el punto de vista material, no era lo mismo proclamar una independencia con reconocimiento del monarca extranjero y dentro de la concepción de pertenecer a un reino, que declararse de una vez por todas como República independiente, soberana y libre.
Bogotá, D. C, 23 de julio de 2020
*Expresidente de la Corte Constitucional.